Chapter 51
Madrid está preciosa esta noche.
Y yo siento el corazón completamente fuera de control durante todo el trayecto hacia El Portal.
Porque no sé qué va a pasar cuando lo vea.
No sé si vamos a arreglar las cosas, si vamos a discutir, si va a rellenarme como un bollo suizo (esta frase es de Maira y es su deseo) o si vamos a volver a rompernos.
Pero sí que tengo clara una cosa, y es que no quiero seguir huyendo de lo que siento.
El coche se detiene frente a la entrada y durante unos segundos me quedo quieta mirando el local iluminado.
Desde que me contó lo que quería hacer, siempre he pensado que El Portal se parece muchísimo a Oliver.
Desde fuera parece duro, caótico incluso, pero dentro está lleno de lugares donde cualquier persona podría quedarse a salvo.
Rememoro ese pensamiento cuando nuestras miradas se encuentran antes de cortar la cinta.
Y tengo más claro que nunca que, pase lo que pase, nunca me voy a enamorar de nadie como lo estoy de él.
Me espero a entrar la última tras la apertura oficial, siento que estoy más cómoda si todo el barullo se dispersa un poco.
¿Estará esperando a verme?
Uff.
En el instante en que atravieso la puerta todo cambia, las conversaciones se hacen más bajas, las miradas se giran y algunas cámaras me enfocan inmediatamente.
Madrid está obsesionada con convertir cualquier emoción privada en contenido público, pero esta vez no me escondo, no bajo la cabeza ni sonrío por compromiso.
Tampoco finjo.
Simplemente sigo caminando.
Y entonces lo veo.
Oliver está al otro lado del local hablando con varias personas cerca de la barra
Traje negro, camisa oscura remangada y las manos moviéndose mientras habla.
Noto un latigazo de placer en el centro de mi sexo en cuanto poso la vista sobre él.
Es irremediable.
Está rabiosamente guapo y lo siento rabiosamente mío también, aunque todavía no sepamos cómo hacer esto.
Justo en este momento levanta la vista y el corazón me explota dentro del pecho.
La forma en la que me mira debería estar prohibida por ley.
Bueno, él por entero debería estar prohibido por ley.
Me pregunto cómo he sobrevivido estos diez días sin tocar su piel, sin besar su boca, sin mirar de cerca sus ojos azules.
Se disculpa con sus acompañantes y empieza a caminar hacia mí.
Juro que cada paso suyo me desordena un poco más por dentro.
La gente sigue hablando alrededor, las luces continúan brillando y la música no se detiene, pero cuando Oliver llega frente a mí, ya no existe absolutamente nada más.
Solo él.
Siempre él.
Nos quedamos quietos unos segundos
Y Dios… lo he echado tanto de menos.
—Hola —susurro.
—Has venido.
—Me has dicho que viniera. Enhorabuena, es… increíble.
Oliver suelta una risa pequeña y entonces me mira de esa manera otra vez, como si quisiera tocarme y pedir perdón al mismo tiempo.
—Estás preciosa.
El corazón me late tan fuerte que probablemente puede escucharlo media ciudad.
—¿La chica más guapa de Madrid? —pregunto sintiendo cómo me arden las orejas.
—Siempre.
Sonrío y nos quedamos en silencio unos segundos.
—Yo… —intento decir.
—Ven conmigo —me pide, cogiendo suavemente mi mano.
Sin pensarlo ni un segundo, me dejo llevar por él.
Ya no tengo opciones, mi corazón es suyo.