Millonario por castigo Chapter 49
95%

Chapter 49

El piso de mi madre huele a libros antiguos, café que he hecho a medio día y libertad.

Todavía no sé cómo explicar exactamente la diferencia entre este sitio y la casa de mi padre, porque técnicamente ambos son apartamentos caros en Madrid decorados por gente que probablemente cobra más que la felicidad media de un ser humano.

Pero aquí el silencio no pesa.

Eso es.

Aquí las habitaciones no parecen diseñadas para impresionar a nadie.

Las lámparas son cálidas, hay discos antiguos apoyados junto a la estantería del salón y una manta azul doblada sobre el sofá que claramente nadie colocó pensando en una revista de decoración.

Simplemente está ahí porque alguien la usaba, porque alguien vivía aquí.

La he lavado, claro.

Y poner mi primera lavadora ha sido una experiencia gratificante gracias a un vídeo de Youtube.

Y quizá por eso me siento menos rota dentro de estas paredes.

Estoy sentada en el suelo de mi habitación rodeada de ropa desde hace cuarenta minutos mientras observo el desastre absoluto que he provocado sobre la cama.

Vaqueros. Vestidos. Blazers. Zapatos de tacón.

Parece que una influencer haya sufrido un colapso nervioso en Zara.

Miro el móvil otra vez.

Y otra.

Y otra más.

Oliver no ha vuelto a escribirme desde esta mañana en Cañada Real.

Lo cual tiene sentido porque: uno, es la inauguración de El Portal y, por lo tanto, uno de los días más importante de su vida y dos, probablemente está demasiado ocupado siendo un hombre guapísimo y emocionalmente agotado delante de medio Madrid.

Uff.

El móvil vibra entonces sobre la cama.

El corazón me da un vuelco, también mi bajo vientre y…

Nada, es Maira.

Claro.

MAIRA:

Bueno, entonces qué????????

VEVA:

No sé si ir.

MAIRA:

¿Tengo que ir a buscarte y arrastrarte personalmente? ¿Cómo no vas a ir?

VEVA:

¿Y si esto sale mal otra vez?

MAIRA:

Cariño, lleváis semanas mirándoos como si fuerais los protagonistas de un drama romántico francés subvencionado por el gobierno. ¿Me estás jodiendo?

VEVA:

Eso no me tranquiliza.

MAIRA:

Pues debería.

Porque ese hombre está enamorado de ti hasta el DNI.

VEVA:

Tengo miedo.

MAIRA:

Normal. Tú y él tenéis más problemas de apego que una playlist triste de Spotify. Pero gordi, que es la inauguración, que no es que te haya pedido matrimonio ni nada.

VEVA:

Gracias por tu apoyo. Y con él sí me casaría, por el amor de Dios.

MAIRA:

De nada. Ahora arréglate y ve. Y ponte guapa.

VEVA:

¿Y si no sabemos arreglarlo?

MAIRA:

Entonces aprendéis. Pero deja de darle oportunidades al miedo antes que al amor, que me tienes harta.

Me quedo mirando el último mensaje unos segundos larguísimos.

Y ahí está otra vez esa sensación rarísima que llevo semanas descubriendo: la de poder decidir cosas yo sola.

No porque mi padre quiera, no porque la prensa espere algo y no porque deba quedar bien.

Solo porque quiero.

Y la verdad es muchísimo más simple de lo que esperaba: quiero ir.

Muchísimo.

Aunque esté muerta de miedo y de nervios por volver a verlo.

Qué guapo estaba en Cañada, el muy maldito.

Respiro hondo levantándome del suelo mientras aparto ropa de la cama y, por primera vez en muchísimo tiempo, dejo de pensar qué versión de mí resultaría adecuada para esta noche.

No quiero parecer perfecta.

Quiero parecer yo.

Treinta minutos después termino delante del espejo ajustándome una americana negra oversized encima de un top satinado color champagne y un pantalón oscuro de tiro alto.

Simple, pero elegante y cómoda.

Libre.

Llevo el pelo suelto y apenas maquillaje porque, como dice Maire, la que es guapa es guapa.

Me observo unos segundos en silencio.

Sigo pareciéndome físicamente a la misma mujer de siempre, pero ya no me siento igual, ahora parezco alguien capaz de marcharse de sitios donde no la quieren bien.

Y eso da muchísimo vértigo.

Cojo el bolso justo antes de salir y entonces veo un mensaje sin leer en mi móvil.

Es de Oliver.

Dios.

El corazón me da un vuelco tan fuerte que tengo que cerrar los ojos un segundo.

Pero después leo muy despacito:

No sé si vas a venir y tampoco voy a presionarte para que lo hagas, pero si aparece Veva Castelló, la chica más guapa de Madrid, prometo reservarle la mejor mesa del local.

Y probablemente también el resto de mi vida.