Millonario por castigo Chapter 48
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Chapter 48

Son las siete y doce de la tarde cuando me doy cuenta de que llevo quince minutos mirando la puerta de entrada de El Portal como un puto perro abandonado.

Y eso que todavía faltan casi dos horas para la inauguración oficial.

Qué dignidad tan espectacular manejo últimamente.

—¿Sabes qué es lo más preocupante? —pregunta Sergio apareciendo a mi lado con una copa en la mano.

No aparto la vista de la entrada.

—¿Ya estás bebiendo? —le pregunto.

—Madre mía… ¡Espabila, tío! ¡Que estamos de inauguración! Bueno, lo que te iba a decir…

—¿Qué? —pregunto de forma cansina.

—Que tienes cara de tío enamorado que normalmente termina tatuándose frases en latín o comprando vinilos de Sabina. Y que basta.

—Vete a la mierda.

Sergio sonríe tranquilamente, ignorándome mientras observa el local alrededor.

Y, sinceramente… entiendo por qué todo el mundo está impresionado.

El Portal parece otro mundo esta noche.

Las luces cálidas bañan las paredes oscuras y la madera envejecida y la música en directo llenará el ambiente sin tapar las conversaciones, las copas chocarán entre risas y el local entero vibrará con esa mezcla rarísima entre lujo, barrio y vida real que llevamos meses intentando construir.

La barra estará llena, las salas privadas funcionando, la zona de boxeo estará abierta al fondo, las asociaciones mezcladas con empresarios, influencers haciéndose fotos junto a chavales de Cañada Real y yo sintiendo que algo mío realmente funciona.

Lo auguro y pasará, porque no existe otra opción en mi cabeza, así que debería estar feliz, en serio, esta noche será el tipo de momento que he estado imaginando: éxito, revancha y reconocimiento.

Los ingredientes perfectos para hacer dos peinetas al cielo y decir: QUE TE JODAN, ANTONIO SANTAMARIA.

No obstante, noto ansiedad, porque quiero que aparezca ella.

Y cada minuto que pasa empiezo a convencerme un poco más de que quizá no va a venir.

Dani aparece entonces ajustándose la camisa negra mientras revisa algo en el móvil.

—Los de prensa quieren hacerte más entrevistas.

—Luego.

—Y hay un actor famoso preguntando quién decoró el local.

—No sé cómo se llama, me lo recomendó Ve… —me callo inmediatamente.

Hostia.

Sergio y Dani me miran exactamente igual que dos hienas emocionales detectando debilidad.

—Ay —dice Sergio llevándose una mano al pecho—. Qué bonito. Ya ni siquiera puede hablar de decoración sin pensar en ella.

—No os aguanto.

—Oliver —dice Dani completamente serio—. Como sigas mirando la puerta vas a desgastarla.

Quiero ignorarlos, pero fracaso, porque sigo mirando la entrada cada treinta segundos como un psicópata romántico.

Desde esta mañana no he dejado de pensar en ella, en cómo estaba en Cañada Real, en la escuela, en su voz y en esa forma de mirarme como si todavía no hubiera terminado de rendirse conmigo.

¿Era una señal?

Yo qué sé.

Voy a prepararme, mi noche empieza en breves.