Millonario por castigo Chapter 43
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Chapter 43

Cinco días después

Hay una parte muy divertida de tocar fondo y es descubrir que puedes hacerlo mientras tu vida aparentemente mejora.

Porque sí: El Portal funciona.

Funciona muchísimo.

Los últimos arreglos terminan antes de lo previsto, los proveedores dejan de darme ganas de cometer delitos fiscales y, por algún motivo que todavía no comprendo, media ciudad parece obsesionada con el concepto de “el chico conflictivo que abre un espacio cultural y social mientras se pelea con millonarios”.

Marketing accidental, supongo.

Llevo días durmiendo menos de cuatro horas, sobreviviendo a base de café, ibuprofenos para el dolor de cabeza y problemas de apego mal gestionados.

Y aun así todo el mundo me felicita.

Qué experiencia tan rara.

—¿Has dormido hoy o sigues intentando convertirte en murciélago? —pregunta Dani entrando en El Portal con una caja enorme entre los brazos.

Estoy subido en una escalera terminando de colocar una de las luces de la zona principal, que de pronto ha empezado a parpadear.

Me bajo de la escalera lentamente.

—Dormí ayer —miento.

Dani me mira.

—Y una mierda.

Lo ignoro mientras reviso unos papeles encima de la barra: horarios, empleados, cuadrantes, reservas, entrevistas, colaboraciones…

Todo sigue creciendo.

Cada día más.

Ayer salió un artículo hablando de El Portal como “el nuevo espacio alternativo de referencia en Madrid” y esta mañana una influencer con ocho millones de seguidores ha subido un vídeo desde la entrada diciendo que el sitio tiene “vibes de millonario emocionalmente inaccesible” y que está loca por venir y contarles todo a sus followers .

No sé si sentirme halagado o demandarla.

Dani deja la caja sobre uno de los sofás.

—Marisa viene luego a revisar la carta definitiva.

Asiento distraído.

—Y tu madre quiere hablar contigo.

—¿Sobre qué?

Dani me mira unos segundos.

—Sobre por qué tienes cara de haber perdido una guerra.

Aparto la vista inmediatamente.

Se me nota, claro que se me nota. ¿Cómo coño no va a notarse?

Llevo días funcionando como una versión defectuosa de mí mismo.

Trabajo, entreno, firmo cosas, sonrío cuando toca y después vuelvo a casa sintiendo que alguien me ha vaciado el pecho con una cuchara.

Qué maravilla el amor romántico.

El móvil vibra sobre la barra y el corazón me hace una cosa tan ridícula que me dan ganas de pegarme a mí mismo, porque durante una fracción de segundo todavía espero que sea ella.

No lo es.

Claro que no.

Es Ezequiel recordándome la entrevista de esta tarde.

Perfecto.

Otra vez fingiendo estabilidad emocional delante de periodistas.

Mi especialidad.

*

La entrevista sucede a las seis en una de las salas privadas del local.

La periodista lleva aproximadamente cuarenta minutos haciéndome preguntas sobre emprendimiento, responsabilidad social y “el fenómeno Oliver Luque”.

Fenómeno, dice.

Me encanta cuando convierten los traumas ajenos en conceptos de marketing.

—¿Esperabas esta repercusión cuando empezaste el proyecto? —pregunta sonriendo.

Miro alrededor del local.

Las luces ya encendidas, terminando preparativos y el escenario listo dentro de este sitio que hace unos meses ni siquiera existía.

Entonces pienso automáticamente en ella, como si se hubiera convertido en un pensamiento intrusivo molestamente recurrente.

Joder.

Hasta las putas cortinas me recuerdan a ella.

—No esperaba nada de esto —respondo finalmente.

La periodista sonríe.

—Pues parece feliz.

Bien , pienso.

Es exactamente eso lo que debo parecer: un hombre exitoso, seguro y enamorado de su proyecto, no alguien que lleva noches enteras despertándose con ganas de llamar a una chica y decirle: “Perdóname. No sabía cómo quererte sin asustarme.”

Me apoyo un poco hacia atrás en la silla.

—Supongo que las cosas están saliendo bien.

Mentira.

Bueno, no exactamente.

Las cosas están saliendo perfectas, todo lo que soñé profesionalmente empieza a funcionar justo cuando mi vida personal parece una puta demolición.

Qué timing tan espectacular el mío.

Más tarde, cuando la entrevista termina y todo el mundo empieza a marcharse, me quedo solo dentro de El Portal.

Otra vez.

Cojo el móvil por pura inercia.

Error.

Porque la conversación con Veva sigue arriba del todo.

No la he borrado ni pienso hacerlo.

Abro el chat y ahí siguen sus audios, sus fotos, sus mensajes absurdos, los vídeos riéndose…

¡Dios!

Me paso una mano por la cara soltando aire despacio.

Hice lo correcto.

Tengo que haber hecho lo correcto.

Ella merece algo mejor que enfrentarse a su padre, algo mejor que un tío que sigue esperando que las cosas buenas desaparezcan en cualquier momento, que alguien que convierte el miedo en distancia antes de que puedan abandonarlo.

¿Verdad?