Milagro en Auschwitz Capítulo 15 - Reflexiones
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Capítulo 15 - Reflexiones

Reflexiones

¿Quién estaba preparado para creer que millones de personas eran capturadas sin motivo alguno para luego asesinarlas por múltiples métodos? ¿Quién estaba preparado para creer que todo un pueblo se enfrentaba a la destrucción debido a la voluntad diabólica de una banda de criminales despreciables?

¿Quién estaba preparado para creer que todo un pueblo iba a ser exterminado para compensar un fracaso en la lucha por el poder y la supremacía? ¿Quién estaba preparado para creer que un pueblo obedecería ciegamente una ley que conducía a la muerte y a la destrucción?

Es posible que esto, estas líneas que escribo, sea el único testimonio de lo que ha sido mi vida.

Pero me daré por satisfecho si mis escritos llegan a ti, ciudadano libre del mundo.

Tal vez una chispa de mi fuego interior se encienda en ti y cumplas al menos una parte del deseo de nuestra vida: vengar, vengar nuestras muertes.

La venganza de Dugo se había consumado mediante una larga vida y el incansable relato de su historia. La ceremonia le pareció respetuosa y sincera, aunque demasiado formal y encorsetada. Le faltaba alma y transformó al hombre de noventa años en el niño rebelde de nueve que había sido en su día.

— Am Yisrael chai —gritó en un momento de silencio, desafiando el protocolo.

Se trata de una expresión cuya traducción literal es «El pueblo de Israel vive» y que sintetiza su espíritu de resistencia.

En el plazo de tres días, el mundo se vería sumido en una crisis sin precedentes al declararse una emergencia sanitaria mundial por la aparición de la COVID-19.

Muchos supervivientes, vulnerables debido a su edad y su deteriorada salud, se convertirían en víctimas de la pandemia.

Solo cincuenta y seis pudieron asistir el 27 de enero de 2025 a la conmemoración del 80.

° aniversario, durante la cual se reunieron en la llamada Puerta de la Muerte de Auschwitz-Birkenau.

Sus voces se están silenciando poco a poco.

Según datos oficiales, el diez por ciento de los supervivientes del Holocausto residentes en Israel fallecieron al año siguiente del Día de la Memoria nacional de abril de 2024.

Esta estadística tan desalentadora incluía a Josef Lewkowicz, una inspiración personal, que murió el día de San Esteban con noventa y ocho años.

Dugo Leitner era una institución nacional cuando falleció el 27 de julio de 2023.

Su ritual anual de comer falafel en el aniversario del inicio de la marcha de la muerte desde; Auschwitz-Birkenau se sigue recordando en todo el mundo.

Honra la memoria de su madre, así como la de incontables víctimas anónimas.

Su sentimiento de pesar es evocador:

Tras la guerra aprendimos muy deprisa tres cosas: casi nadie quería escuchar nuestras historias y la mayor parte de quienes sí querían no creía lo que le contábamos; ni siquiera los que estaban dispuestos a escuchar eran capaces de entender lo que oían.

Tener alimentos para comer era un milagro.

Y, aunque no hablábamos, recordábamos. Constantemente.

Conservaba en mi corazón el recuerdo de aquellos que cayeron por el camino en las marchas de la muerte.

Marchaban a mi lado y, de pronto, su lugar lo ocupaba una ráfaga de nieve que giraba en el vacío donde antes había un judío renqueante que respiraba.

Decidí celebrar mi propio día de los caídos para esas almas judías perdidas. Fijé la fecha el 18 de enero. Ese sería el día y ese día comería. Comería por ellos y por mí hasta no poder más.

Con sus rasgos marcados, su rostro transparente y su mirada firme, Dugo encamaba a la perfección la figura de militar veterano y contaba sus historias de guerra con entusiasmo.

Citaba muy a menudo los Salmos para dar un contexto filosófico a su supervivencia no solo como prisionero del campo de concentración, sino también como soldado en primera línea.

Inspirado por su padre, en Auschwitz recitaba el salmo 23:

El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce, restaura mi alma.

Me guía por senderos de justicia por amor a su nombre.

Aunque pase por el valle de la sombra de la muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me confortan.

En marzo de 1970, durante una batalla de la llamada guerra de desgaste, recitó el salmo 50 —«Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás»— como un acto de fe y resistencia.

Dugo estaba al mando de un puesto avanzado en la península del Sinai cuando atacaron las fuerzas egipcias, decididas a recuperar los territorios perdidos tres años antes en la guerra de los Seis Días.

Su pelotón de diez hombres, ampliamente superado en número por «decenas de terroristas», combatió desde detrás de una serie de terraplenes de arena.

Dos atacantes murieron al activar una trampa explosiva en la entrada, que consistía en un cable detonador oculto entre una plantación de sandías, pero Dugo sintió que su pelotón corría el riesgo de verse superado.

«Daba la sensación de que el puesto se hallaba en el fin del mundo», recordaría.

El tiroteo estaba en su apogeo cuando una granada, arrojada por encima de los terraplenes defensivos, cayó entre ellos, pero no explotó.

Dugo lo interpretó como una señal de la providencia divina y no paró de recitar el salmo mientras repelían al enemigo.

Aquello lo llevó de vuelta al momento de su salvación en el campo de exterminio.

«Una historia real», diría.

El mundo siempre busca lo que más le conviene. Puede que a algunos les convenga más no ser religiosos, así que era importante que nosotros mantuviéramos la fe. Llevo el judaísmo en la sangre. Está dentro de mí; crece conmigo. No puedo huir de él ni quiero huir de él. Es algo maravilloso.

¿Qué es ser judío? Para mí, lo primero es amar la tierra de Israel.

Es nuestro hogar. Me encantaría que los demás nos mostraran un poco más de amor.

Yo amo a la gente. Siempre he tenido buenos amigos.

Si preguntas a cualquier niño de por aquí «¿Quién es Dugo?

», lo sabrá. Siempre tengo una palabra amable para cada uno de ellos. Siempre les dedico una sonrisa afable.

Es el fruto de mi educación en un hogar judío lleno de afecto.

Mi padre era un hombre justo, un hombre increíble, muy muy fuerte.

Me enseñó a disfrutar de los placeres sencillos.

¿Has visto a mis nietos y bisnietos? Son mis amigos.

Todos ellos. Me tienen cautivado. Te lo digo: los jóvenes te dan fuerza.

Las familias son fundamentales para los supervivientes. Aquellas destruidas durante el Holocausto permanecen en la memoria y hablan a las que se han reconstruido como una prueba tangible del triunfo de la esperanza y de la indomabilidad.

El impacto emocional se reflejaba en el rostro de Eva Bobby Neumann siempre que mostraba una fotografía de su familia extensa.

Era su concesión a una contradicción básica.

Puede que el simbolismo del tatuaje de Auschwitz en su brazo la dejara indiferente y que considerara el campo de exterminio, en su forma actual, una «atracción turística» que desmerece las brutales realidades que vivió allí, pero esa fotografía, del tipo que se encuentra en innumerables hogares, tenía un significado especial y único.

No es moco de pavo. Estos son todos mis hijos, nietos y bisnietos.

Cuando sostengo esta foto debería sentir algo, pero no soy capaz de mostrarlo todo.

Los sentimientos están ahí, pero son demasiado grandes, así que los reprimo.

No puedo explicarlo bien, aunque sí recuerdo el amor que sentía mi padre por los niños.

¿Por qué no está él aquí? Habría sentido mucho nachas [término hebreo que se refiere al orgullo por los logros de los demás].

Después de salir de Auschwitz, fingía que mi madre y él iban a volver.

Los busqué por todas partes, pero solo te engañas.

Lo principal era que quería complacerlos. Quería ser como ellos.

Al final, el tiempo pasa y uno acepta las cosas tal como son. Mis padres no habrían querido que me regodeara en todo lo malo y soy quien soy gracias a ellos. Hay que seguir adelante y, si quieres seguir adelante, piensas en las cosas bonitas, en la simcha [alegría o felicidad] de la familia.

Mi padre era muy estricto y muy cariñoso. Todavía tengo grabada la imagen de él casi suplicándome que sobreviviera. Hace falta fuerza de voluntad para lograr cualquier cosa que te propongas, pero ¿velaban los ángeles por mí? No lo sé, pero sí dije que Hashem [Dios] debió tener algo que ver.

Cuando te encuentras en una situación como esa, todo el mundo necesita a alguien.

Y, si ya no te queda nadie, Él siempre está ahí.

Nunca lo cuestioné, porque esa creencia es lo que siempre tuvimos y lo que siempre tendremos.

Es Dios quien decide lo que quiere hacer conmigo.

Tengo que aceptarlo y sacarle el máximo provecho.

Chaim Schwimmer era un hombre que no se andaba con rodeos, para quien la fe no era un ornamento espiritual, sino una parte esencial de la vida.

La fe definía quién era, cómo se comportaba y por qué mantenía su resolución.

Se levantaba cada mañana a las cinco, leía los Salmos y rezaba durante dos horas antes del desayuno.

Después rezaba dos horas más, entre las diez y las doce, y solo entonces sentía que podía dar prioridad a su trabajo como director de una gran y próspera empresa de productos de papel.

Trabajó durante cinco horas, de una a seis de la tarde, hasta casi los noventa años.