Milagro en Auschwitz Capítulo 10 - Milagro #3
69%

Capítulo 10 - Milagro #3

La realidad de su situación se confirmó poco después, cuando Josef Mengele entró en el bloque.

La temperatura pareció desplomarse y el murmullo de excitación se acalló de inmediato.

Mientras el doctor se subía a una estufa en el centro del espacio a modo de plataforma, Hershel percibió su agitación y confusión.

Era la primera vez que se hacían evidentes las grietas en su fachada de autoridad.

Había un tono amargo en la voz de Mengele cuando se dirigió a los chicos que estaban ante él.

Les dijo que un tren, cargado hasta arriba de patatas, había llegado a las vías desde Grecia.

Iban a formar un Kartoffel Kommando . Una parte de las patatas estaba destinada a las tropas alemanas y se enviaría al frente.

El resto se trasladaría a la cocina o se plantaría alrededor del perímetro del campo.

El médico casi parecía ofendido por la supervivencia de los chicos.

— Sie müssen sich keine sorgen um das krematorium machen [«No tenéis que preocuparos por el crematorio»] —les dijo, antes de advertirles—: Wenn ihr nicht arbeitet, mach ich euch alle aus [«Si no trabajáis, os mataré a todos»].

El trabajo no comenzaría hasta la mañana siguiente, tiempo suficiente para que fermentaran las teorías conspirativas.

Yosef Zalman Kleinman gozaba de cierto grado de protección, ya que se contaba entre los sesenta prisioneros asignados a la cocina, una vía de paso desde donde a menudo se propagaban rumores.

Kleinman oyó hablar a uno de los guardias sobre una lucha de poder entre Schwarzhuber y Mengele; el primero había querido dejar clara su posición salvando a los chicos.

En opinión de Wolf Greenwald, esta teoría cobró fuerza a principios del mes siguiente cuando reasignaron a Schwarzhuber a Dachau, donde se hizo cargo de varios de los once subcampos del complejo de Kaufering.

En enero de 1945 lo trasladaron al campo de mujeres de Ravensbrück.

Hacia el final de la guerra, miles fueron asesinadas en una cámara de gas provisional; Schwarzhuber asumió personalmente el mando del programa de exterminio cuando varios subordinados se negaron a supervisarlo.

Fue declarado culpable de crímenes de guerra por un tribunal militar británico y, tras una petición fallida de indulto, murió ejecutado en la horca el 3 de mayo de 1947.

Otra teoría, según la cual la estrategia de supervivencia sumamente cínica de Heinz Thilo consistía en intentar distanciarse de los excesos homicidas de Mengele al ser evidente que la guerra estaba perdida, también tenía sus defensores.

Varios prisioneros vieron a Thilo mantener un prolongado intercambio acalorado con Mengele en el crematorio y hubo quien sugirió que había utilizado su veteranía médica para autorizar la liberación de los cincuenta y uno.

La teoría sobre la lucha de poder cobró fuerza cuando, pocos días después, Thilo fue trasladado al campo de concentración de Gross-Rosen, en Alemania.

Aunque huyó justo antes de su liberación, acabó siendo capturado y se suicidó mientras estaba en prisión.

La opinión de Mordechai Eldar, que se negaba a ver nada divino en su indulto porque había abandonado su fe, era tan mordaz como cabía esperar.

Había perdido la confianza en los aspectos más nobles de la naturaleza humana y estaba dispuesto a aceptar que los alemanes habían empezado a intentar salvarse el pellejo.

Los cincuenta y uno no eran más que una póliza de seguro.

El obstinado chico era un hombre igual de resuelto cuando reflexionó sobre la situación en una entrevista de 2023:

Bueno, me gustaría saber qué pasó, incluso hoy, pero nunca indagué. Mi opinión es que, como la guerra estaba llegando a su fin, los alemanes se dieron cuenta de que tendrían que pagar por su programa de gaseamiento.

Algunos de los participantes en ese programa seguían diciendo que debían cumplir las órdenes de Himmler, pero otros querían detenerlo.

Lo más seguro es que llegaran a un acuerdo, así que nos sacaron de la cámara.

Esa es mi explicación, al menos. ¿Fue así?

¡Quién sabe! Nunca había ocurrido algo parecido.

También hay que tener en cuenta que se estaban quedando sin gente para trabajar. Muchos de los que quedaban en Birkenau estaban medio muertos. Los soldados del frente esperaban comida y, como éramos jóvenes y relativamente fuertes, nos enviaron a descargar las patatas.

Al día siguiente, Chaim Schwimmer se escondió porque temía estar demasiado débil para soportar el calvario de trasladar cajas de madera con dos asas y sobrecargadas de patatas colina arriba, desde el tren hasta un centro de distribución central.

«No creía que fuera a sobrevivir a otro día de ese tipo de trabajo», explicaba.

Mordechai Eldar estaba hecho de otra pasta.

Una vez que las patatas estuvieron preparadas para su traslado al frente, clasificadas en sacos y cargadas en un convoy de camiones, comenzó a cavar zanjas longitudinales bajo una lluvia torrencial.

Estas se cubrían con paja antes de llenarlas con las patatas restantes.

«Era un trabajo muy duro, especialmente para jóvenes en nuestra condición física —recordaba—.

Los soldados de las SS nos vigilaban y nos prohibían comer las patatas.

Si alguien lo hacía y lo pillaban, le daban una severa paliza.

Sin embargo, por suerte, la mayoría nos las apañamos para comer patatas sin que nos descubrieran».

Creía que el proceso de plantación estaba destinado a producir una nueva cosecha antes de que llegaran los rusos, pero calculó, con acierto, que era una tarea inútil.

El campo llegaba a su fin; un crematorio permaneció activo durante cosa de un mes más, para encargarse sobre todo de los que habían muerto en la enfermería, pero la cámara de gas se usaba bastante poco, en general para deshacerse de los enfermos.

«Suspiramos aliviados —reconocería Hershel—. Trabajamos durante una o dos semanas, pero era evidente que Mengele estaba abatido. El ambiente mejoró. De algún modo, la vida parecía menos brutal».

Se había completado un proceso de desensibilización. Yosef Zalman Kleinman se dio cuenta de que ya no se fijaba en las llamas de las chimeneas ni percibía el olor de los hornos.

Yaakov Yosef Weiss tenía una conciencia espiritual muy desarrollada. «No hay superviviente que no experimentara absolutos milagros —razonaba—. Vivieron cosas prodigiosas gracias a la providencia divina. Él [Dios] estuvo en Auschwitz todo el tiempo. Estuvo ahí para salvarlos».

Mordechai valoró cómo había cambiado él:

Supongo que era un chico duro por naturaleza y el campo intensificó aquello con lo que ya había nacido, pero hay algo relacionado con la supervivencia que viene del alma. Si te soy sincero, no sé qué es. Hablamos de ambición y fuerza interior, pero no puedo describirlo.

Tenía suficiente seguridad en sí mismo como para satisfacer su curiosidad paseando a menudo junto a los restos del crematorio n.

° 4, dañado por el motín del Sonderkommando .

Lo desmantelaron a finales de 1944; durante las seis semanas previas se había planificado la voladura de otros tres crematorios.

El equipo técnico de las cámaras de gas y los hornos fue enviado de vuelta a Alemania, junto con los objetos de valor recogidos en el almacén Kanada.

Las SS comenzaron a cubrir sus huellas destruyendo los registros de prisioneros y quemando todos los libros con detalles de las llegadas.

Se usaron excavadoras para cubrir las fosas que contenían cenizas humanas.

El crematorio n.° 5 permaneció operativo hasta mediados de enero y la mayor parte de los miembros del Sonderkommando fue asesinada de manera sistemática.

A principios de diciembre de 1944, la mayoría de los cerca de doscientos chicos húngaros que quedaban vivos fueron trasladados de Auschwitz-Birkenau al campo de trabajo oficial.

A aquellos que no tenían tatuajes debido a la naturaleza caótica del proceso se los marcó debidamente.

Entre ellos estaba Wolf Greenwald, que recibió el número B14639.

Los esperaba una nueva y terrible odisea.