Capítulo 24 — Cuando despertamos #2
—Lo siento. No debería haber hecho eso sin preguntarte. Si te ha molestado...
No pudo terminar.
Natalie lo agarró de la camiseta, tiró de él hacia ella y lo besó.
Esta vez no hubo sorpresa.
Caleb la rodeó con los brazos y Natalie cerró los ojos. Durante unos segundos desapareció todo lo que había a su alrededor: la cafetería, las conversaciones, los estudiantes...
Cuando finalmente se separaron, permanecieron muy cerca el uno del otro.
Natalie sonrió.
—Creo que eso responde a tu pregunta.
Caleb soltó una pequeña carcajada.
—Creo que sí.
—Vaya.
Los dos se giraron.
Emma estaba a pocos metros de ellos observándolos con una enorme sonrisa.
Natalie se apartó ligeramente, completamente sonrojada.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—El suficiente.
—Emma...
—¿Qué? —respondió mientras se acercaba—. Me alegro muchísimo por vosotros. Hacéis muy buena pareja.
Caleb sonrió mientras se rascaba el pelo, algo avergonzado.
Poco después comenzaron a llegar los demás. Theo fue el primero en darse cuenta de que los tres estaban riéndose.
—¿Hay algo gracioso que debamos saber?
Emma miró a Natalie.
Natalie negó inmediatamente con la cabeza.
Emma sonrió.
—Nada. Cosas nuestras. Ya te contaré.
—Eso significa que hay algo que contar —respondió Theo.
—Luego.
Los demás fueron ocupando sus sitios alrededor de la mesa mientras Natalie y Caleb intercambiaban una mirada.
Por primera vez en mucho tiempo, Caleb ya no deseaba recuperar el pasado.
Todos juntos se dirigieron al despacho del decano. Natalie se había encargado de solicitar una cita aquella misma mañana, así que, cuando llegaron, la secretaria ya los estaba esperando.
—Pasad. El decano os espera.
Emma abrió la puerta y los demás entraron detrás de ella.
El decano Caldwell permanecía de pie frente a la enorme ventana de su despacho, contemplando el campus. Al escuchar la puerta se volvió y, al verlos entrar a todos, supo inmediatamente que aquella no iba a ser una conversación cualquiera.
—Adelante. Tomad asiento.
Todos tomaron asiento alrededor de la mesa redonda situada frente al escritorio. Caldwell ocupó una de las sillas junto a ellos, dispuesto a escuchar lo que tenían que contarle.
—Natalie me dijo que necesitabais hablar conmigo urgentemente sobre el proyecto ONEIROS.
Emma miró brevemente a los demás antes de comenzar.
—Sí. Han ocurrido muchas cosas desde la última vez que hablamos con usted y creemos que debe conocerlas todas antes de que el proyecto continúe.
Durante los siguientes minutos, Emma le explicó paso a paso hasta dónde habían conseguido llevar ONEIROS.
Le habló de las conexiones simultáneas, de la capacidad del sistema para mantener varias mentes dentro de un mismo escenario y de cómo habían comprobado que ese mundo podía modificarse mediante los pensamientos de quienes se encontraban en su interior.
Después llegaron las partes más difíciles.
Emma le explicó las reglas que habían ido descubriendo y los riesgos que implicaba permanecer conectado durante demasiado tiempo.
Le habló de la pérdida progresiva de referencias con el mundo real, de la dificultad para distinguir el sueño de la realidad y de la posibilidad de que una mente terminase aferrándose al entorno creado por ONEIROS.
Cuando llegó el momento de explicar lo ocurrido con Caleb, escogió cuidadosamente sus palabras. No quería revelar detalles personales que no eran necesarios para comprender el problema.
—Uno de nosotros permaneció conectado durante demasiado tiempo —explicó—. Las circunstancias hicieron que tuviera motivos muy fuertes para querer permanecer dentro. Cuando intentamos sacarlo descubrimos algo que no habíamos previsto.
Caldwell miró a Caleb, pero no hizo ninguna pregunta.
Emma continuó.
—Conscientemente quería despertar. Pensaba en hacerlo igual que nosotros. Pero no fue suficiente. Su subconsciente seguía aferrado a aquel mundo y ONEIROS respondió a ese deseo. El entorno comenzó a impedir que pudiéramos salir.
Caldwell frunció el ceño.
—¿Me estás diciendo que una persona puede querer despertar y, aun así, quedarse atrapada?
—Sí —respondió Natalie.
A partir de ahí, Emma y Natalie llevaron el peso de la explicación, aunque todos fueron interviniendo.
Ava detalló algunos de los cambios que habían observado en el sistema; Theo explicó las dificultades que habían encontrado para romper las reglas del entorno; Han y Sophie describieron hasta qué punto ONEIROS podía convertir los recuerdos y emociones de una persona en elementos completamente reales para quienes estuvieran conectados.
Finalmente hablaron de la quinta variable.
La convicción.
Le explicaron que no se trataba de un parámetro que pudieran medir directamente mediante sensores o algoritmos. Era una característica de la propia mente y podía llegar a alterar profundamente el comportamiento de ONEIROS.
Caldwell no los interrumpió.
Escuchó hasta el final.
Cuando terminaron, el despacho quedó completamente en silencio.
El decano se recostó ligeramente en su silla y se llevó una mano a la barbilla. Permaneció así durante un largo minuto, procesando todo cuanto acababan de contarle.
Finalmente levantó la mirada.
—Quiero haceros dos preguntas.
Nadie dijo nada.
—¿Podéis garantizarme que algo así no volverá a ocurrir?
Todos se miraron.
Natalie fue quien respondió.
—No.
Caldwell asintió lentamente.
—Segunda pregunta. ¿Podéis garantizarme que la próxima persona que entre en ONEIROS querrá salir?
Esta vez nadie respondió.
Emma miró a Natalie.
Natalie bajó la mirada.
Theo permaneció inmóvil. Ava cruzó los brazos. Han y Sophie se miraron durante unos segundos.
Caleb fue el único que mantuvo la vista fija en Caldwell.
El silencio se prolongó.
No hacía falta decir nada.
Caldwell se levantó de su silla y caminó lentamente hacia la ventana.
Durante unos segundos contempló el campus.
—Hay descubrimientos que demuestran hasta dónde somos capaces de llegar —dijo sin volverse—. Y otros que nos enseñan hasta dónde no deberíamos hacerlo.
Emma permaneció escuchándolo.
Caldwell se giró hacia ellos.
—Lo que habéis conseguido con ONEIROS es extraordinario.
No voy a restarle valor simplemente porque haya resultado peligroso.
Habéis conseguido conectar varias mentes dentro de un mismo entorno, compartir experiencias y crear una realidad que responde directamente a quienes están dentro.
Si mañana presentáramos estos resultados ante la junta, estoy convencido de que no tendríamos ninguna dificultad para conseguir financiación.
Hizo una pausa.
—Y precisamente eso es lo que me preocupa.
Nadie esperaba aquella frase.
—Cuando algo demuestra semejante potencial, siempre habrá alguien dispuesto a seguir adelante.
Alguien convencido de que puede solucionar los problemas más tarde.
Pero aquí no estamos hablando de corregir un fallo informático o sustituir una pieza defectuosa.
Estamos hablando de una tecnología capaz de afectar directamente a la mente de una persona.
Caldwell apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Y vosotros mismos acabáis de decirme que no podéis garantizar que esa persona pueda salir.
Nadie respondió.
—Por mi parte, considero que el riesgo es demasiado alto. No estoy dispuesto a poner una vida humana en peligro para averiguar hasta dónde puede llegar ONEIROS.
Emma asintió ligeramente.
—Pero hay algo más —continuó Caldwell—. Este proyecto es vuestro. Vosotros lo concebisteis, vosotros lo construisteis y vosotros habéis sido quienes habéis asumido las consecuencias de llevarlo hasta donde ha llegado. Por eso creo que la decisión final también debe ser vuestra.
Emma miró a sus compañeros.
No necesitaron discutirlo demasiado.
Después de todo lo que habían vivido, ninguno quería volver a encontrarse al otro lado de aquella puerta preguntándose si conseguirían despertar.
Natalie fue la primera en asentir.
Theo hizo lo mismo.
Después Ava, Sophie y Han.
Caleb miró a Emma.
Finalmente, ella volvió la mirada hacia Caldwell.
—Cancelamos el proyecto.
Caldwell permaneció en silencio unos segundos.
Después sonrió ligeramente.
—Entonces no quiero ver caras largas.
Algunos levantaron la mirada.
—ONEIROS no se cancela porque haya sido un fracaso. Todo lo contrario. Se cancela porque habéis tenido éxito.
Emma frunció ligeramente el ceño.
—Habéis demostrado que funciona. Habéis llegado mucho más lejos de lo que probablemente imaginabais cuando comenzasteis. Y también habéis tenido la madurez suficiente para comprender que poder hacer algo no significa necesariamente que debamos hacerlo.
Caldwell recorrió con la mirada a todos los presentes.
—Así que, cuando salgáis de esta sala, hacedlo con la cabeza bien alta. Tenéis motivos para estar orgullosos de lo que habéis conseguido.
Se volvió nuevamente hacia la ventana.
—Daré orden de que el laboratorio quede precintado. Nadie utilizará el equipo sin autorización.
Emma sintió una extraña mezcla de alivio y tristeza.
Caldwell volvió la cabeza hacia ellos.
—Y quién sabe... Quizá algún día alguien encuentre la manera de hacer ONEIROS completamente seguro.
Miró durante unos segundos hacia el campus.
—Hasta entonces, hay sueños que es mejor dejar mientras dormimos.
Todos agradecieron al decano su comprensión. Cuando comenzaron a levantarse para abandonar el despacho, Sophie se detuvo de repente.
—Decano Caldwell... Una cosa más.
Caldwell la miró.
—Dime.
Sophie pareció algo avergonzada.
—Si están buscando tres camillas que han desaparecido del laboratorio de Medicina... siento decirle que fuimos nosotros.
Durante unos segundos, Caldwell se quedó mirándola en silencio.
Después soltó una carcajada.
—Vaya sorpresa. Pensábamos que alguien había entrado a robar.
Sophie sonrió incómoda.
—Con todo lo que pasó se nos olvidó devolverlas.
—No os preocupéis. Yo me encargo de que vuelvan a dejarlas en su sitio.
—Gracias.
Caldwell negó con la cabeza, todavía sonriendo.
—Ahora marchaos antes de que me confeséis que también falta algo más.
Las risas acompañaron al grupo mientras abandonaba el despacho.