Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 24 — Cuando despertamos
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Capítulo 24 — Cuando despertamos

L os primeros rayos de luz de la mañana comenzaron a filtrarse entre las cortinas. Emma abrió lentamente los ojos.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, mirando el techo. Después giró la cabeza.

Theo seguía dormido a su lado.

Lo observó en silencio. Respiraba profundamente, completamente ajeno a que ella lo estuviera mirando. Emma recordó todo lo ocurrido el día anterior y, por primera vez, fue plenamente consciente de lo cerca que había estado de perderlo. No solo a él. Podría haberlos perdido a todos.

Alargó una mano y le acarició suavemente el brazo antes de levantarse.

Salió de la habitación y caminó hacia la cocina. A medida que se acercaba comenzó a escuchar voces y risas.

Se detuvo un instante.

Después de tantas horas escuchando gritos, golpes y criaturas intentando matarlos, aquel sonido le pareció maravilloso.

Al entrar encontró a Caleb y Natalie sentados a la mesa, desayunando juntos. Los dos estaban riéndose por algo que Caleb acababa de decir.

Emma sonrió.

—Hola, pareja. ¿De qué os reís?

Natalie levantó inmediatamente la mirada y se sonrojó.

—¿Pareja? —protestó.

Caleb sonrió.

—Nada especial. Estábamos hablando de cosas del pasado.

Emma abrió uno de los armarios sin borrar la sonrisa de su rostro.

—Ya...

—No empieces —dijo Natalie.

A los pocos segundos comenzaron a aparecer los demás. Sophie y Han llegaron juntos y, poco después, Theo entró todavía medio dormido. Ava fue la última en aparecer, arrastrando los pies y bostezando.

—Qué hambre tengo.

—Buenos días a ti también —dijo Theo.

Ava abrió la nevera.

—Primero desayuno. Luego educación.

Poco a poco todos fueron ocupando un sitio alrededor de la mesa. Durante unos minutos hablaron de cualquier cosa menos de ONEIROS. Nadie parecía tener demasiadas ganas de ser el primero en pronunciar aquel nombre.

Finalmente fue Emma quien rompió aquella tregua.

—Tenemos que decidir qué vamos a hacer con el proyecto.

Las conversaciones cesaron.

Emma dejó la taza sobre la mesa.

—Y, todavía más importante, tenemos que decidir qué vamos a contarle al decano Caldwell.

Natalie fue la primera en responder.

—Yo voto por contarle la verdad. Toda la verdad.

Han apoyó los brazos sobre la mesa.

—No estoy tan seguro.

Natalie lo miró.

—¿Después de lo que pasó?

—Precisamente por lo que pasó —respondió Han—.

Pensadlo. Nosotros sabemos lo peligroso que puede ser ONEIROS porque hemos estado dentro.

Caldwell no. Si le contamos que conseguimos conectar siete mentes, crear un entorno compartido completamente estable durante horas y que una de ellas llegó a modificar todo el escenario...

—También le contaremos que casi no salimos —intervino Sophie.

—Sí, pero eso es lo que nosotros consideramos importante —continuó Han—. No sabemos qué considerarán importante los demás.

Emma comprendió inmediatamente a qué se refería.

—Los resultados.

Han asintió.

—Exacto. Detrás de cualquier proyecto de este nivel puede acabar habiendo inversores, empresas o gente interesada en desarrollarlo.

Nosotros vemos siete personas que estuvieron a punto de quedarse atrapadas.

Otra persona podría ver una tecnología capaz de conectar varias mentes dentro de una realidad compartida.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Ava dejó de comer.

—Visto así, contarle todo podría ser precisamente lo que haga que alguien quiera continuar con el proyecto.

—Eso es lo que digo —respondió Han—. Podríamos decir simplemente que las pruebas no han dado los resultados esperados. Que el sistema es inestable y que hemos decidido abandonarlo.

Theo negó lentamente con la cabeza.

—Entonces estaríamos mintiendo.

—Estaríamos protegiéndolo.

—¿De quién? —preguntó Theo—. ¿De Caldwell o de nosotros mismos?

Han no respondió.

Emma había permanecido escuchando a ambos.

—Entiendo tu postura, Han. Y tienes razón en una cosa: si esta tecnología cae en las manos equivocadas, no sabemos qué podrían hacer con ella.

Miró a todos los que estaban sentados alrededor de la mesa.

—Pero Caldwell confió en nosotros desde el principio. Nos permitió continuar cuando podría habernos cerrado el proyecto. Y nunca nos ha dado motivos para pensar que vaya a utilizarlo en nuestra contra.

Han se quedó pensativo.

—Si le mentimos —continuó Emma—, estaremos tomando nosotros solos una decisión que también le corresponde a él. Creo que debemos contarle exactamente lo que conseguimos y exactamente lo que ocurrió. Lo bueno y lo malo.

Theo asintió.

—Estoy de acuerdo.

—Yo también —dijo Sophie.

Ava se encogió de hombros.

—Después de ayer, no pienso volver a conectarme a esa cosa. Así que por mí que sepa todo.

Natalie miró a Han.

—¿Tú?

Han dejó escapar un suspiro.

—Vale. Se lo contamos todo. Pero si después de escuchar lo que pasó decide que debemos seguir adelante, yo me bajo del proyecto.

—Yo también —dijo Sophie.

Esta vez nadie hizo ninguna broma.

Uno tras otro fueron mostrando su acuerdo.

Caleb había permanecido en silencio durante toda la conversación.

Emma lo miró.

—¿Y tú?

Caleb tardó unos segundos en responder.

—Yo soy la razón por la que casi no salimos de allí. No creo que tenga derecho a decidir qué hacéis con ONEIROS.

—Precisamente por eso tienes tanto derecho como cualquiera de nosotros —respondió Emma.

Caleb bajó la mirada.

—Entonces contadle la verdad.

La decisión estaba tomada.

Sería el decano Caldwell quien decidiera el futuro de ONEIROS, pero lo haría conociendo absolutamente todo lo que había sucedido.

Horas después llegaron a la universidad. La rutina del campus continuaba como cualquier otro día. Estudiantes entrando y saliendo de los edificios, bicicletas recorriendo los caminos y grupos reuniéndose antes de comenzar las clases.

Resultaba extraño pensar que, mientras todo aquello continuaba con absoluta normalidad, ellos habían pasado las últimas horas atrapados en un mundo que no existía.

Antes de separarse, Emma se volvió hacia el grupo.

—Nos vemos en la cafetería cuando terminen las clases. Después iremos juntos a hablar con Caldwell.

Todos asintieron.

Poco a poco fueron separándose para dirigirse a sus respectivas facultades.

Emma permaneció unos segundos observándolos alejarse.

Después miró hacia los edificios de la universidad.

Todavía les quedaba una última cosa por hacer.

Cuando Sophie llegó al laboratorio de Medicina encontró a varios alumnos esperando en el pasillo. La puerta estaba abierta, pero nadie parecía dispuesto a entrar.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Una de sus compañeras se encogió de hombros.

—Han cancelado la clase. Al parecer faltan tres camillas y no tienen suficiente material para hacer la práctica.

Sophie se quedó inmóvil.

—¿Tres camillas?

—Sí. Nadie sabe dónde están.

Sophie abrió mucho los ojos.

Se llevó ambas manos a la cabeza.

—Mierda...

Con todo lo que había ocurrido se habían olvidado por completo de devolver las camillas que habían cogido prestadas para poder entrar todos juntos en ONEIROS.

Miró hacia el interior del laboratorio y después al resto de los alumnos.

Aquello iba a ser difícil de explicar.

El día transcurrió con relativa normalidad y Caleb fue el primero en llegar a la cafetería. Natalie apareció pocos minutos después y los dos se sentaron en la mesa de siempre.

Hablaron durante un rato hasta que Natalie, mientras escuchaba a Caleb, dirigió casualmente la mirada hacia la entrada.

Su expresión cambió.

Jennifer acababa de entrar.

Caleb no se había dado cuenta porque estaba sentado de espaldas a la puerta. Natalie la observó recorrer la cafetería con la mirada hasta que reparó en ellos.

Jennifer dudó unos segundos.

Después comenzó a caminar hacia la mesa.

Natalie dejó de prestar atención a lo que Caleb estaba diciendo.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—Nada.

Jennifer llegó hasta ellos y se detuvo junto a Caleb.

—Hola, Caleb.

Él reconoció inmediatamente su voz.

Se volvió despacio.

—Hola.

Jennifer miró brevemente a Natalie antes de volver a centrar su atención en él.

—¿Podríamos hablar un momento a solas?

Natalie comenzó a levantarse.

—Os dejo.

—No.

Natalie se detuvo.

Caleb la miró.

—No te levantes. Quédate.

Después volvió a mirar a Jennifer.

—Lo que tengas que decirme puedes decirlo delante de ella.

Jennifer pareció incómoda.

—Pues... verás...

Guardó silencio durante unos segundos intentando encontrar las palabras.

—Lo siento. Siento mucho haberte hecho daño. No sé qué me pasó. Sé que no tengo ninguna excusa y estoy muy arrepentida.

Caleb permaneció en silencio.

—He pensado mucho en nosotros —continuó Jennifer—. En todo lo que teníamos. Y me gustaría que me dieras otra oportunidad.

Natalie apretó la mandíbula.

Después de todo lo que Caleb había sufrido por ella, lo último que le apetecía era escuchar aquello. Durante un instante sintió ganas de decirle exactamente lo que pensaba, pero se contuvo.

Aquello era entre Caleb y Jennifer.

—Será mejor que os deje solos —dijo mientras volvía a levantarse.

Caleb la agarró suavemente del brazo.

—Natalie, espera.

Ella lo miró.

Caleb se puso de pie y después dirigió la mirada hacia Jennifer.

—Durante mucho tiempo pensé que lo único que quería era que volvieras conmigo. Habría dado cualquier cosa por recuperar lo que teníamos.

Jennifer pareció recuperar algo de esperanza.

—Pero ya no —continuó Caleb.

La expresión de Jennifer cambió.

—Lo que hiciste me destrozó. Y he tardado mucho en comprender que intentar recuperar el pasado no va a cambiar lo que ocurrió.

Natalie lo observó en silencio.

Después de todo lo que habían vivido en ONEIROS, aquellas palabras tenían un significado mucho más profundo.

—Lo siento, Jennifer —dijo Caleb—. Pero no quiero volver atrás.

Jennifer bajó la mirada.

Caleb miró entonces a Natalie.

—Quiero seguir adelante.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

Caleb se acercó y la besó.

Natalie abrió los ojos sorprendida. No se esperaba aquello en absoluto.

Jennifer se quedó completamente desconcertada.

—Entiendo... —murmuró.

Se dio la vuelta y se alejó de la mesa sin decir nada más.

Caleb siguió mirándola hasta que desapareció entre la gente. Entonces se volvió hacia Natalie.