Capítulo 21 — El despertar #2
Pensó en algo que jamás hubiese tenido. Algo que no pudiera estar allí por casualidad.
Una pistola plateada con la culata negra.
Emma introdujo la mano.
Sus dedos tocaron algo.
Se quedó paralizada.
Sintió bajo las yemas el tacto frío y duro del acero.
—No...
Cerró la mano alrededor de la empuñadura y comenzó a sacarla lentamente.
Allí estaba.
Una pistola plateada con la culata negra.
Exactamente como la había imaginado.
Emma sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza. Dejó el arma sobre la cama y salió rápidamente de la habitación. Recorrió el pasillo y llamó con insistencia a las puertas de Natalie y Ava.
—¡Natalie! ¡Ava!
Las dos salieron de sus habitaciones sobresaltadas.
—¿Qué pasa, Emma? Ya estaba casi dormida —dijo Natalie.
Al ver la expresión de su amiga, se acercó inmediatamente y le puso una mano sobre el hombro, intentando tranquilizarla.
Emma la miró directamente a los ojos.
—Seguimos en ONEIROS.
Natalie se quedó inmóvil.
—No puede ser. Estamos en el apartamento.
—No. Acabo de sacar un arma de la mochila y, mirad, llevo la pulsera que tenemos todos cuando estamos dentro de ONEIROS.
Emma levantó el brazo.
Natalie y Ava bajaron la mirada hacia su muñeca.
La luz verde seguía brillando.
Ava reaccionó inmediatamente y miró su propia muñeca.
Allí estaba su pulsera.
La luz había perdido todavía más intensidad y mostraba ya una tonalidad cercana al amarillo.
Natalie hizo lo mismo.
También llevaba la suya puesta.
Durante unos segundos, ninguna de las tres dijo nada.
—Joder... ¿Cómo no nos hemos dado cuenta antes? —dijo Natalie enfadada.
Ava abrió los ojos de golpe, como si acabara de recordar algo, y entró rápidamente en su habitación. Emma y Natalie fueron tras ella.
El ordenador desplegable estaba allí, junto a su ropa.
Ava lo cogió y se quedó mirándolo.
—He dejado el ordenador junto a la ropa y ni siquiera me he percatado de ello.
Emma miró nuevamente su pulsera.
Ya no había ninguna duda.
Nunca habían despertado.
—Tenemos que avisar a los demás y volver al laboratorio —dijo Emma.
Después de vestirse, las tres volvieron a montarse en el coche y pusieron rumbo a la universidad.
El trayecto fue exactamente igual que el anterior.
No se cruzaron con un solo vehículo. Las calles estaban completamente vacías y, a medida que avanzaban, aquella ausencia que antes les había parecido extraña adquiría ahora todo el sentido.
Ava observó la carretera a través de la ventanilla.
—Por eso no veíamos coches cuando volvimos al apartamento. Ni siquiera entonces nos dimos cuenta.
—¿Entonces ni siquiera el Caleb que vimos era realmente él? —preguntó Natalie.
Emma permaneció unos segundos en silencio antes de responder.
—Creo que no. Debe de ser otra manifestación creada por este lugar para evitar que encontremos al verdadero Caleb.
Ava miró nuevamente por la ventanilla y, de pronto, frunció el ceño.
—Un momento. Si estamos dentro de ONEIROS, ¿por qué vamos en coche? Tardaríamos mucho menos volando.
Emma la miró, sorprendida de no haber pensado en algo tan evidente.
—Tienes razón. Para, Natalie.
Natalie frenó el vehículo y lo detuvo en mitad de aquella carretera completamente desierta. Las tres descendieron y, sin perder más tiempo, se elevaron en el aire y pusieron rumbo a la universidad.
Desde las alturas, la ciudad resultaba todavía más inquietante.
Las calles se extendían bajo ellas completamente vacías, sin coches ni personas que rompieran aquella extraña sensación de abandono.
Volaron directamente hacia el campus y, cuando llegaron al laboratorio, descubrieron que Sophie, Han y Theo ya estaban allí.
Nada más verlas entrar, Sophie corrió hacia Emma y la abrazó.
—No entiendo cómo ha podido pasar. ¿Cómo es posible que ninguno nos hayamos dado cuenta antes? —dijo Sophie.
—Yo me di cuenta al llegar a casa —intervino Theo—. Me estaba preparando algo para comer hasta que vi el bastón apoyado en la encimera de la cocina. Entonces comprendí que algo no encajaba.
Emma miró a los demás. Todos habían caído en el mismo engaño. Habían despertado, habían regresado a sus casas y habían continuado con sus vidas sin cuestionarse lo que estaban viendo.
—Bueno, es mejor que no sigamos dándole vueltas a lo que ha pasado. Lo importante es que nos hemos dado cuenta —dijo Emma.
Theo miró a su alrededor.
—¿Y ahora qué hacemos? Aunque sigamos en ONEIROS, estamos en el laboratorio. ¿Cómo volvemos a su mundo?
Natalie negó lentamente con la cabeza.
—Ya estamos en su mundo. Ese es el problema. Seguimos dentro de ONEIROS, solo que ahora estamos viendo lo que él quiere que veamos.
Sophie observó las camillas y los equipos.
—¿Y si nos volvemos a dormir utilizando los equipos?
Natalie la miró inmediatamente.
—No funcionaría porque ya estamos dormidos.
Estos equipos, las camillas, los cascos...
nada de esto es real. Solo son representaciones creadas dentro de ONEIROS.
Y aunque consiguiéramos reproducir la sensación de volver a dormirnos, intentar introducir un sueño dentro de otro sueño podría generar patrones neuronales contradictorios.
Nuestro cerebro tendría que procesar dos niveles de realidad mientras ya se encuentra inmerso en uno artificial.
—¿Y qué podría pasar? —preguntó Han.
—Que terminásemos confundiendo todavía más los límites. Nuestro cerebro podría dejar de distinguir qué estímulos pertenecen al primer sueño y cuáles al segundo. Si eso ocurriera, diferenciar ONEIROS del mundo real podría volverse prácticamente imposible.
La posibilidad hizo que todos guardaran silencio.
Emma miró a Natalie.
—Entonces, ¿qué hacemos?
—Dejadme pensar unos minutos.
Natalie comenzó a caminar lentamente por el laboratorio mientras intentaba ordenar todas las posibilidades en su cabeza.
Los demás permanecieron en silencio, esperando.
De vez en cuando miraba las camillas, después los monitores y finalmente sus propias manos, como si buscara una respuesta en todo lo que sabían sobre ONEIROS.
Pasaron varios minutos.
Finalmente, Natalie se detuvo.
Levantó la cabeza y miró a los demás.
—Creo que ya sé lo que podemos hacer.
Todos esperaron a que continuara.
—La única forma de salir de aquí es reseteándolo todo.
Los demás se quedaron mirándola.
—¿Cómo hacemos eso? —preguntó Han.
Natalie dudó unos segundos antes de responder. No parecía demasiado convencida de lo que estaba a punto de proponer.
—La única forma que se me ocurre es muriendo.
Han frunció el ceño.
—¿Muriendo?
—Si morimos, deberíamos ir a la zona negra y, pasados cinco minutos, volveríamos a aparecer en el mundo de Caleb. Sería como forzar un reinicio. Hasta ahora, cada vez que uno de nosotros ha muerto dentro de ONEIROS, el sistema nos ha llevado allí antes de devolvernos al escenario.
Han negó lentamente con la cabeza.
—¿Estás segura de eso? Porque desde que estamos aquí tengo la sensación de que las cosas se comportan de manera diferente. Las reglas han cambiado más de una vez. ¿Y si morimos y esta vez no volvemos?
Natalie lo miró fijamente.
—Ojalá tuviese todas las respuestas, pero no las tengo. —Hizo una breve pausa—. Solo sé que no podemos quedarnos aquí esperando. O intentamos algo o dejamos que pase el tiempo hasta consumirnos dentro de ONEIROS.
Nadie respondió.
Ava miró su pulsera y después levantó la cabeza.
—¿Y si pensamos en volver al mundo de Caleb?
Natalie se quedó pensativa.
—Muy bien. Si queréis intentarlo, hagámoslo.
Los seis se colocaron juntos y cerraron los ojos. Emma intentó apartar cualquier otro pensamiento de su cabeza. Se concentró con todas sus fuerzas en regresar al mundo de Caleb. Imaginó la ciudad, la colina, la pirámide y todo cuanto habían visto antes del falso despertar.
Esperó.
Nada ocurrió.
Continuaron durante un rato, esforzándose por mantener el mismo pensamiento, hasta que finalmente comenzaron a abrir los ojos.
Seguían en el laboratorio.
Exactamente en el mismo lugar.
Han miró a los demás, cada vez más preocupado.
—¿Estáis pensando todos en lo mismo? Porque, si es así, no lo entiendo.
—Todos hemos pensado lo mismo —respondió Emma.
Han negó con la cabeza.
—Pues no estoy seguro.
Natalie se volvió hacia él, visiblemente alterada.
—Pero ¿no entiendes que estás pensando en volver al mundo de Caleb cuando ya estás dentro de él? Este laboratorio no existe. El campus no existe. Seguimos en ONEIROS. Lo único que ha cambiado es lo que estamos viendo.
Han agachó la cabeza.
La tensión comenzaba a apoderarse del grupo.
Emma intervino antes de que la discusión fuera a más.