Capítulo 21 — El despertar
E mma seguía junto a Caleb. Después de todo lo que habían tenido que atravesar para encontrarlo, todavía le costaba creer que hubiese sido tan fácil convencerlo.
Habían recorrido aquel mundo enfrentándose a todo tipo de peligros, convencidos de que Caleb se negaría a regresar, y, sin embargo, había bastado con pedírselo para que aceptara.
Caleb miró hacia la casa de la colina.
—Antes de salir, dejadme que me despida de mi padre.
Emma siguió su mirada. Durante unos segundos permaneció en silencio. Sabía lo que significaba Peter para él y también que, en cuanto despertara, tendría que enfrentarse de nuevo a una realidad en la que su padre ya no estaba.
—Está bien, pero no tardes.
Caleb comenzó a caminar hacia la casa.
Peter estaba en la puerta esperándolo. Había recuperado el aspecto con el que Emma lo recordaba. Ya no quedaba en él ni rastro de la enfermedad. Su rostro había recuperado el color, se mantenía erguido y parecía mucho más joven y fuerte que en los últimos recuerdos que Emma había visto de él.
Emma y los demás permanecieron a una distancia prudencial. Nadie dijo nada. Aquel era un momento que pertenecía únicamente a Caleb y a su padre, y ninguno quería estropearlo.
Theo buscó la mano de Emma y entrelazó sus dedos con los de ella.
—Al final ha sido más sencillo de lo que parecía.
Emma continuó mirando a Caleb y asintió lentamente.
—Tenemos que estar con él. Después de todo lo que ha pasado, nos va a necesitar.
Caleb llegó hasta su padre. Durante unos instantes permanecieron frente a frente, mirándose sin decir nada. Después, Peter abrió los brazos y Caleb se lanzó hacia él.
Se fundieron en un largo abrazo.
Emma bajó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta.
Sabía que, para Caleb, aquello no era simplemente despedirse de una creación de ONEIROS.
En su mente, durante todo el tiempo que había permanecido allí, había recuperado a su padre.
Había vuelto a hablar con él, a verlo sano, a tenerlo cerca.
Ahora tenía que perderlo por segunda vez.
El abrazo se prolongó durante unos segundos más hasta que finalmente se separaron. Caleb dijo algo que ninguno de ellos alcanzó a escuchar. Peter le respondió y después le dedicó una sonrisa.
Caleb se dio la vuelta.
Comenzó a caminar hacia ellos sin mirar atrás hasta reunirse nuevamente con el grupo.
Emma lo observó durante unos segundos.
—¿Preparado?
Caleb asintió.
Los siete formaron un círculo y se agarraron de las manos.
Emma miró uno por uno a los demás.
—Recordad: pensad en despertar.
Todos asintieron.
Cerraron los ojos.
Emma apretó las manos de Theo y Caleb mientras se concentraba en una única idea. Quería despertar. Quería abandonar ONEIROS y regresar al laboratorio. Intentó apartar de su mente todo lo demás hasta que aquel pensamiento ocupó por completo su consciencia.
Quiero despertar.
Emma abrió los ojos.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía algo aturdida. Parpadeó varias veces mientras su vista se acostumbraba a la luz.
Miró a su derecha.
Estaba en el laboratorio.
Las camillas estaban colocadas junto a ella y los demás permanecían tumbados en las suyas. Emma respiró profundamente mientras intentaba recuperar la orientación. Se incorporó despacio, se retiró los sensores y después se quitó el casco. Apoyó los pies en el suelo y se levantó de la camilla.
A su alrededor, los demás comenzaron también a despertar e incorporarse.
Emma miró inmediatamente hacia Caleb.
Seguía tumbado en su camilla.
Se acercó rápidamente hasta él y comprobó que tenía los ojos abiertos.
—Caleb.
Emma comenzó a retirarle los sensores con cuidado y después le quitó el casco. Caleb permaneció mirándola mientras ella terminaba de liberarlo de todo el equipo.
—Gracias por no darme por perdido y venir a buscarme —dijo Caleb mientras se incorporaba.
Emma sonrió.
A pocos metros, Han terminó de levantarse de su camilla y miró a su alrededor.
—Por fin. No hay nada como volver a casa.
Después de todo lo ocurrido, Emma no se fiaba de que algo parecido pudiera volver a suceder.
Habían cometido el error de dejar el sistema accesible y Caleb había conseguido conectarse sin que ninguno de ellos estuviera presente.
No pensaba permitir que volviera a ocurrir.
Se acercó a Ava y, procurando que Caleb no la escuchara, le susurró al oído:
—¿Puedes poner una contraseña o algo para evitar que nadie se conecte sin nuestro permiso?
Ava miró hacia el ordenador y asintió.
—Sí. Lo cierto es que, si lo hubiera hecho antes, no habríamos tenido que pasar por todo esto.
Mientras los demás recogían el material y colocaban cada cosa en su sitio, Ava se sentó frente al ordenador.
Sus dedos recorrieron rápidamente el teclado mientras modificaba el acceso al sistema.
Después de unos minutos, programó una contraseña que impediría iniciar una nueva conexión sin autorización.
Poco a poco fueron terminando de recoger. Estaban agotados y ninguno parecía tener demasiadas ganas de quedarse allí más tiempo del necesario.
Antes de salir, Emma se detuvo en el umbral de la puerta y se volvió hacia el laboratorio.
Permaneció unos segundos contemplándolo en silencio.
Su mirada recorrió las camillas, los cascos, los monitores y todo aquel equipo que durante tanto tiempo había representado algo extraordinario.
ONEIROS había nacido del sueño de conseguir algo que parecía imposible: permitir que varias personas compartieran un mismo mundo mientras dormían.
Lo habían conseguido. Habían demostrado que era posible.
Pero aquella experiencia, aquel lugar que habían creado y que tantas veces los había maravillado, casi les había costado la vida.
Emma echó un último vistazo al laboratorio.
Después apagó las luces y salió.
Theo cerró la puerta con llave.
Cuando abandonaron el edificio y salieron al exterior, descubrieron que ya había oscurecido. El campus estaba prácticamente vacío y el silencio contrastaba con el bullicio habitual que solía haber durante el día.
Han estiró los brazos.
—Deberíamos salir a celebrarlo.
—Id vosotros. Yo estoy cansado. Necesito dormir un rato —respondió Caleb.
Emma lo miró durante unos segundos. Después de todo el tiempo que había permanecido dentro de ONEIROS, entendía perfectamente que quisiera estar solo y descansar.
—Sí, será lo mejor. Yo también estoy cansada —dijo Emma.
Han suspiró.
—Pues nada, otro día será.
Sophie y Han se despidieron del resto y caminaron hacia su coche. Poco después se montaron y abandonaron el campus.
Theo se acercó a Emma.
—¿Quieres que te acerque?
—No te preocupes. Me voy con Natalie y Ava. Será mejor que tú también te vayas a descansar.
—Está bien.
Theo se inclinó hacia ella y le dio un beso antes de despedirse.
Emma esperó a que se alejara y después se acercó a Caleb. A pesar de haber conseguido sacarlo de ONEIROS, seguía preocupada por él. Sabía que regresar a la realidad significaba volver a enfrentarse a todo aquello de lo que había intentado escapar.
—¿Seguro que estarás bien? —le preguntó con tono preocupado.
Caleb asintió.
—Sí. Solo necesito descansar y reorganizar mi cabeza.
Emma lo observó durante unos segundos antes de asentir.
—Está bien.
Se despidió de él y se dirigió hacia el coche junto a Natalie y Ava. Antes de subir, Emma sacó las llaves y se las tendió a Natalie.
—¿Puedes conducir tú? Estoy agotada.
Natalie cogió las llaves sin poner ninguna objeción. Emma ocupó el asiento del copiloto mientras Ava se acomodaba en la parte trasera.
Durante el trayecto de vuelta a casa, Emma permaneció junto a la ventanilla observando la ciudad.
Las luces de los edificios y las farolas se sucedían al otro lado del cristal mientras intentaba asimilar todo lo ocurrido.
Le parecía mentira que lo hubiesen conseguido.
Apenas unas horas antes no sabían siquiera dónde estaba Caleb ni qué tendrían que afrontar para encontrarlo. Ahora todo había terminado.
Ninguna de las tres dijo nada durante los primeros minutos. El cansancio y todo lo que habían vivido parecían haberlas dejado sin ganas de hablar.
Ava fue la primera en romper el silencio.
—¿No os parece que la carretera va muy vacía?
Natalie miró a través de la ventanilla, prestando atención por primera vez a la carretera completamente vacía que se extendía a su alrededor.
—Lo cierto es que sí.
Al llegar al apartamento, cada una se fue directamente a su habitación.
Estaban agotadas y apenas intercambiaron unas palabras antes de despedirse.
Emma entró en la suya, dejó la mochila sobre la cama y se acercó al balcón.
Se quedó unos segundos contemplando el exterior.
Todo estaba tranquilo. Demasiado tranquilo, aunque en aquel momento no le dio importancia.
Entró en el baño, se desvistió y abrió el grifo de la ducha. El agua comenzó a caer sobre su cuerpo y Emma cerró los ojos durante unos segundos, disfrutando de aquella sensación después de todo lo que habían vivido. Poco a poco empezó a relajarse.
Alargó una mano para coger la esponja.
Entonces vio algo.
Emma se quedó completamente inmóvil.
Bajó lentamente la mirada hacia su muñeca.
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
Allí estaba la pulsera.
La misma pulsera que utilizaban dentro de ONEIROS.
Y en el centro brillaba una intensa luz verde.
—No puede ser... —susurró para sí misma.
Durante unos segundos se quedó mirando fijamente su muñeca, incapaz de apartar los ojos de ella. Cerró el grifo, salió rápidamente de la ducha y se secó como pudo antes de regresar a su habitación.
Entonces la vio.
La mochila descansaba sobre la cama.
Emma sintió un vuelco en el estómago.
Había llegado con ella al apartamento y ni siquiera se había dado cuenta. La llevaba tan interiorizada después de todo el tiempo que habían pasado en ONEIROS que su presencia le había parecido completamente normal.
Se acercó lentamente.
No quería sacar conclusiones precipitadas. Necesitaba comprobarlo.
Abrió la mochila.