Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 19 — Las puertas del recuerdo #5
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Capítulo 19 — Las puertas del recuerdo #5

Miró la espada que sostenía entre las manos y recordó las palabras que habían repetido tantas veces desde que descubrieron las verdaderas reglas de aquel mundo.

Aquello no era real.

Nada de aquello era real.

Esto no es real.

Apretó con fuerza la empuñadura.

Esto no es real.

La criatura se abalanzó hacia ella.

Emma cerró los dedos alrededor de la katana y concentró toda su atención en una única idea.

Aquella espada no podía romperse.

No podía doblarse.

Su filo era capaz de atravesar cualquier cosa.

Incluso el acero.

La criatura lanzó una de sus enormes patas contra ella.

Emma saltó hacia un lado y, antes de que pudiera retirarla, descargó la katana con todas sus fuerzas.

El filo atravesó la extremidad.

La pata salió despedida y cayó al suelo.

La criatura lanzó un alarido ensordecedor.

Natalie miró sorprendida la espada de Emma.

—¿Cómo has hecho eso?

—¡Piensa que es indestructible! —gritó Emma—. Tu espada se dobla porque tienes miedo. Esperas que no funcione y ONEIROS hace exactamente lo que esperas. ¡Recuerda que esto es un sueño!

Natalie miró su katana deformada. Cerró los ojos durante un instante. Respiró profundamente.

—Indestructible —susurró.

La hoja comenzó a recuperar lentamente su forma original.

Natalie abrió los ojos.

La criatura volvió a abalanzarse contra ellas.

Esta vez Natalie no retrocedió.

—Esta espada es más poderosa que Excalibur.

Emma la miró fugazmente.

—¿Excalibur?

—¡Es lo primero que se me ha ocurrido!

Natalie atacó.

La katana atravesó una de las garras de la criatura y la cercenó limpiamente.

Una sonrisa apareció en su rostro.

—Ahora sí.

Las dos avanzaron contra ella.

La criatura intentó defenderse utilizando las extremidades que todavía conservaba, pero algo había cambiado. Ya no eran dos mujeres aterrorizadas intentando escapar de una pesadilla.

Ahora sabían que podían hacerle daño.

Emma esquivó una de las patas y la cortó de un tajo. Natalie atacó desde el otro lado, cercenando otra extremidad. La criatura retrocedió mientras sus alaridos hacían vibrar las paredes de la habitación.

Una pata.

Después otra.

Una garra.

Después la siguiente.

La enorme masa negra comenzó a perder estabilidad. Intentó retroceder hacia el pasillo, arrastrándose con las pocas extremidades que todavía conservaba.

—Ahora quieres escapar tú —dijo Natalie.

Emma se adelantó.

Sujetó la katana con las dos manos.

La criatura abrió sus enormes mandíbulas y lanzó un último rugido.

Emma descargó la espada.

El filo atravesó limpiamente su cuello.

La cabeza salió despedida y golpeó el suelo antes de rodar varios metros.

El cuerpo permaneció erguido durante un instante y finalmente se desplomó con un golpe seco.

Silencio.

Emma permaneció inmóvil, respirando agitadamente, con la katana todavía entre las manos.

Natalie contempló los restos de la criatura.

—Recuérdame que nunca vuelva a preguntarte qué dibujabas de pequeña.

Emma dejó escapar una breve risa nerviosa.

—Te recuerdo que yo no dibujé eso.

Salieron de la habitación.

Las luces del pasillo habían vuelto a encenderse.

Emma miró sus brazos. Tanto ella como Natalie estaban completamente cubiertas por la sangre oscura de la criatura. Sus ropas, sus manos e incluso sus rostros estaban salpicados por aquel líquido viscoso.

Natalie miró hacia ambos extremos del pasillo.

—¿Y ahora qué?

Emma dirigió la mirada hacia el fondo.

Se quedó inmóvil.

—Mira.

Natalie siguió la dirección de su mirada.

Allí estaba.

La enorme puerta de cristal por la que habían entrado en el edificio había reaparecido.

Ya no había un pasillo interminable. Más allá de la puerta podían distinguir la avenida y los rascacielos de la ciudad.

Entonces el comunicador cobró vida.

La voz de Sophie llegó acompañada por una ligera interferencia.

—Tened cuidado. Este sitio intenta acabar con nosotros.

Emma y Natalie se miraron.

Ninguna necesitó responder.

Soltaron las catanas, que golpearon el suelo con un sonido metálico, y echaron a correr hacia la salida.

Atravesaron la puerta de cristal y regresaron a la avenida.

En cuanto pusieron un pie en el exterior, Emma sintió algo extraño. Miró sus manos.

Estaban limpias.

Natalie observó su propia ropa.

La sangre había desaparecido por completo.

Era como si nada de lo ocurrido dentro del edificio hubiera salido con ellas.

Emma levantó la muñeca y activó el comunicador.

—Escuchadme todos. Lo mejor será que nos reunamos en la base de la pirámide. No sigamos separados más tiempo.

Las respuestas comenzaron a llegar una tras otra.

—De acuerdo —respondió Theo.

—Nos dirigimos hacia allí —añadió Ava.

Sophie y Han confirmaron también que habían entendido.

Emma miró a Natalie.

—Vamos.

Las dos comenzaron a caminar por la gran avenida en dirección a la pirámide dorada.

Emma volvió la cabeza durante un instante.

El edificio seguía allí. Silencioso e inofensivo.

Nadie que lo contemplara desde fuera habría podido imaginar lo que ocultaba tras sus puertas.

Emma volvió la mirada hacia la pirámide.

Ahora comprendía lo que habían encontrado.

Aquel lugar no solo conservaba los recuerdos de Caleb.

También guardaba sus deseos, sus fantasías, sus miedos...

Y, peor aún, sus pesadillas.