Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 19 — Las puertas del recuerdo #4
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Capítulo 19 — Las puertas del recuerdo #4

Natalie también pareció comprenderlo.

—Emma...

Una de las luces situadas detrás de Jennifer se apagó.

Después otra.

Y otra.

La oscuridad comenzó a avanzar por el pasillo.

Las luces se extinguían una detrás de otra, cada vez más deprisa, hasta que el cuerpo de la criatura desapareció entre las sombras. Durante unos segundos únicamente permanecieron visibles aquellos dos enormes ojos rojos, suspendidos en mitad de la oscuridad como dos luces que avanzaban hacia ellas.

—¡Corre! —gritó Emma.

Las dos echaron a correr.

A sus espaldas, un alarido estremecedor recorrió el pasillo.

Emma sintió la vibración bajo sus pies mientras corrían entre las interminables filas de puertas.

No necesitaba mirar atrás para saber que aquella cosa las perseguía.

Escuchaba el golpeteo desordenado de sus múltiples extremidades contra el suelo y las paredes, cada vez más cerca.

Las luces continuaron apagándose detrás de ellas.

Una tras otra.

La oscuridad las perseguía al mismo ritmo que la criatura.

Emma y Natalie corrieron todo lo rápido que pudieron, pero el pasillo seguía sin mostrar ningún final.

Entonces se apagó la última luz.

La oscuridad las envolvió por completo.

Emma perdió cualquier referencia. Ya no podía distinguir las puertas, las paredes ni siquiera a Natalie, que corría a escasos centímetros de ella. Extendió una mano hasta encontrar su brazo y la agarró.

—¡Espera!

—¿Qué haces?

—Así no podemos avanzar. No vemos nada.

Emma se quitó rápidamente la mochila y comenzó a buscar en su interior. Sus dedos encontraron finalmente lo que buscaba.

Sacó la linterna.

La encendió.

Un potente haz de luz atravesó la oscuridad y volvió a revelar el pasillo.

Natalie miró inmediatamente hacia atrás.

—Dios...

La criatura avanzaba hacia ellas.

Se movía de una forma imposible, utilizando tanto sus extremidades humanas deformadas como las largas patas que surgían de su espalda.

Algunas se apoyaban en el suelo mientras otras golpeaban las paredes y el techo, impulsando aquel enorme cuerpo negro hacia delante.

Su mandíbula se abría y cerraba mientras emitía una sucesión de gruñidos y chillidos.

Estaba cada vez más cerca.

Emma dirigió la linterna hacia delante.

Nada.

Solo puertas.

—No tenemos escapatoria —dijo Natalie.

Emma miró hacia la puerta más cercana.

—Entonces tendremos que buscarla detrás de una de estas.

—¿Y si es peor?

Un nuevo alarido de la criatura hizo temblar el pasillo.

—No creo que tengamos tiempo para discutirlo.

Emma agarró el pomo, abrió la puerta y empujó a Natalie hacia el interior antes de entrar tras ella.

Emma cerró rápidamente la puerta.

La escena que encontraron al otro lado hizo que Emma se detuviera.

Era un dormitorio.

Jennifer estaba en la cama con el mismo hombre con el que había engañado a Caleb.

Durante un instante, ninguno reaccionó. Jennifer las miró completamente sorprendida y se incorporó de golpe, cubriéndose el cuerpo con las sábanas.

—¿Qué hacéis aquí? —gritó.

Emma apenas tuvo tiempo de responder.

¡BAM!

Un golpe brutal hizo retumbar la puerta a sus espaldas.

Natalie se giró.

—Nos ha seguido.

¡BAM!

El segundo impacto fue todavía más fuerte. El marco crujió y parte de la pared que lo rodeaba se agrietó.

—¡Al fondo! —gritó Emma.

Las dos corrieron hacia el extremo opuesto de la habitación mientras Jennifer y el hombre permanecían en la cama, completamente desconcertados.

Un tercer golpe sacudió toda la estancia.

Esta vez, la puerta no resistió.

Salió arrancada de cuajo y atravesó parte de la habitación antes de estrellarse violentamente contra el suelo.

Tras el hueco que había dejado apareció la oscuridad absoluta del pasillo.

Y, en mitad de ella, dos ojos rojos.

Jennifer soltó un grito aterrador al ver aparecer a la criatura por el hueco de la puerta. El hombre que estaba junto a ella saltó de la cama completamente desnudo y, sin pensárselo dos veces, agarró una de las sillas de la habitación.

—¡Atrás! —gritó mientras se abalanzaba sobre aquella cosa.

Levantó la silla por encima de su cabeza y descargó un golpe con todas sus fuerzas contra el cuerpo deforme de la criatura.

La silla se hizo añicos.

Los trozos de madera salieron despedidos por toda la habitación, pero la criatura ni siquiera retrocedió.

Una de sus enormes garras atrapó al hombre por la cintura mientras otra lo sujetaba por la cabeza.

Durante apenas un instante permaneció suspendido en el aire, pataleando desesperadamente mientras intentaba liberarse.

Entonces la criatura tiró en direcciones opuestas.

El cuerpo se partió por la mitad.

Jennifer gritó mientras una lluvia de sangre la cubría por completo. Permaneció inmóvil sobre la cama, paralizada por el terror, incapaz siquiera de apartar la mirada de lo que acababa de ocurrir.

—¡Emma! —gritó Natalie.

Emma abrió la mochila y metió las dos manos en su interior.

Necesitaban algo con lo que defenderse.

Cerró los ojos durante una fracción de segundo.

Dos espadas.

Pensó en ellas con absoluta claridad.

Sus dedos tocaron algo.

Emma abrió los ojos y sacó una katana. Después introdujo de nuevo la mano y extrajo una segunda. Una era negra, decorada con pequeños detalles plateados; la otra tenía una empuñadura verde con adornos morados.

Le lanzó una a Natalie.

—¡Toma!

Natalie la atrapó en el aire.

Las dos desenvainaron las armas casi al mismo tiempo y los filos relucientes quedaron expuestos bajo la luz de la habitación.

La criatura ya había llegado hasta la cama.

Jennifer intentó retroceder, pero no tenía adónde ir. Una de aquellas manos negras la agarró por la cabeza y la levantó con facilidad.

—¡No! —gritó.

Las enormes mandíbulas se cerraron sobre ella.

Con un movimiento brutal, la criatura le arrancó la cabeza de un mordisco.

Natalie se lanzó inmediatamente contra ella.

—¡Hija de puta!

Sujetó la katana con ambas manos y descargó un golpe contra uno de sus costados.

El filo impactó.

Pero no atravesó la carne.

La espada se dobló como si estuviera hecha de un material blando y maleable.

Natalie retrocedió, mirando desconcertada el arma deformada que tenía entre las manos.

—¡Joder! ¡No funciona! ¡Se dobla!

La criatura se giró hacia ellas.

Emma levantó su katana.

Sintió miedo.

Y entonces comprendió.