Capítulo 18 — El laberinto imposible #2
Ava sonrió levemente.
—No. El camino está escrito bajo nuestros pies.
Guardó el ordenador y ambos continuaron avanzando.
Al llegar al siguiente grupo de símbolos, Ava volvía a desplegar la pantalla, introducía la secuencia y comprobaba el resultado.
—Izquierda.
Giraban.
Unos metros más adelante aparecía otra baldosa.
—Otra vez izquierda.
Continuaron caminando mientras el laberinto seguía transformándose a su alrededor.
Cada vez que cruzaban una nueva baldosa, enormes bloques metálicos cambiaban lentamente de posición.
Pasillos que un instante antes estaban abiertos se cerraban sin hacer ruido, mientras otros nuevos aparecían donde antes solo había un muro.
—Recto.
Avanzaron.
—Derecha.
Theo obedecía sin hacer preguntas.
Poco a poco comprendió que el puente no estaba intentando impedirles el paso.
Simplemente obligaba a cualquiera que quisiera atravesarlo a conocer su lenguaje.
Tras varios minutos siguiendo las indicaciones, llegaron a una amplia estancia donde el suelo era diferente al resto. En lugar de un único grupo de figuras, había tres conjuntos de ocho símbolos colocados uno junto a otro.
Ava se arrodilló inmediatamente.
Introdujo la primera secuencia.
La pantalla mostró un único carácter.
—F...
Frunció ligeramente el ceño y avanzó hasta el segundo grupo.
Volvió a introducir los datos.
—I...
Solo quedaba uno.
Sus dedos recorrieron el teclado una última vez.
Cuando apareció el resultado, una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.
—N.
Theo la miró extrañado.
—¿Fin?
Ava asintió.
—Creo que tenemos que pasar por ellos en ese orden.
Sin dudarlo, caminó sobre la primera baldosa.
Después sobre la segunda.
Y finalmente sobre la tercera.
Durante un instante no ocurrió absolutamente nada.
Entonces un profundo sonido metálico recorrió toda la estructura.
Las paredes comenzaron a vibrar.
Frente a ellos, una enorme sección del muro empezó a desplazarse lentamente hacia un lado, revelando una puerta plateada perfectamente integrada en la arquitectura del puente. Era imposible distinguirla antes de que el mecanismo se activara.
Theo se acercó despacio.
Apoyó ambas manos sobre la puerta.
Respiró hondo.
Y empujó lentamente.
La hoja se abrió con un suave chirrido metálico.
Sin decir una sola palabra, los dos cruzaron el umbral y desaparecieron.
Al otro lado de la puerta se extendía una sala alargada de techos altísimos.
El lugar estaba construido con el mismo metal plateado que el puente, aunque aquí el ambiente resultaba mucho más solemne.
A ambos lados del camino, perfectamente alineadas y elevadas sobre enormes pedestales de piedra, descansaban dos gigantescas esculturas de unos tres metros de altura.
Tenían forma humana.
Su anatomía era perfecta, con una musculatura descomunal esculpida hasta el más mínimo detalle. Cada fibra parecía tensarse bajo aquella piel pétrea de color grisáceo. Estaban completamente desnudas, inmóviles, con los brazos relajados junto al cuerpo.
Pero había algo que hacía imposible apartar la vista de ellas.
No tenían rostro.
La piedra terminaba justo donde debería comenzar la cara. Ni ojos, ni nariz, ni boca. Era como si el escultor hubiera abandonado la obra en el último instante, dejando aquellas figuras condenadas a una expresión inexistente.
Ava sintió un escalofrío.
—No me gustan nada...
Al fondo de la sala se distinguía una nueva puerta. Sobre el arco de piedra, unas palabras habían sido grabadas profundamente en la roca.
"Quien huye de su destino jamás lo alcanzará."
Ava leyó la inscripción en voz alta.
—¿Qué significa?
Theo no apartaba la vista de las esculturas.
—No lo sé... Supongo que simplemente tenemos que llegar hasta esa puerta.
Dio un paso hacia delante.
En ese mismo instante, un profundo crujido recorrió toda la sala.
Las dos esculturas comenzaron a moverse: primero se agrietó la piedra que las unía a los pedestales y, después, descendieron lentamente al suelo.
El impacto hizo retumbar toda la estancia.
¡BOOM!
Las figuras permanecieron inmóviles durante un segundo.
Después dieron el primer paso.
Otro estruendo sacudió el suelo.
Cada pisada hacía vibrar las paredes y levantaba pequeñas nubes de polvo.
Sin decir una palabra, Ava y Theo retrocedieron a toda velocidad hacia la puerta por la que acababan de entrar.
Pero ya no estaba.
El muro era ahora una superficie completamente lisa.
Theo pasó las manos por la pared buscando una rendija, un mecanismo oculto, cualquier cosa.
Nada.
La salida había desaparecido.
Las esculturas continuaban avanzando lentamente.
No corrían.
No parecían tener prisa.
Como si supieran que tarde o temprano acabarían alcanzándolos.
—¡Tenemos que pensar en el acertijo! —gritó Ava mientras retrocedían.
Los dos levantaron la vista hacia la frase grabada sobre la puerta del fondo.
"Quien huye de su destino jamás lo alcanzará."
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Entonces Theo se quedó completamente inmóvil.
—Espera...
Ava lo miró.
—¿Qué?
Theo volvió a leer mentalmente la inscripción.
—"Quien huye de su destino..."
Levantó la vista hacia las dos figuras que seguían acercándose.
—¿No es exactamente eso lo que estamos haciendo?
—¿El qué?
—Huir.
Ava guardó silencio.
Theo continuó.
—Si el acertijo dice que quien huye de su destino jamás lo alcanzará... entonces nunca podremos llegar a esa puerta mientras sigamos escapando.
Ava volvió la vista hacia las esculturas.
Cada vez estaban más cerca.
—¿Qué propones?
Theo respiró hondo.
—Enfrentarnos a ellas.
—¿Estás seguro?
Él negó lentamente.
—No... Pero, a menos que se te ocurra otra cosa, es la única opción que tenemos.
Ava tragó saliva.
No le gustaba la idea.
Pero, por primera vez desde que habían entrado en aquella sala, el acertijo parecía tener sentido.
Theo desenfundó el bastón telescópico.
Lo sujetó con fuerza.
Durante un instante cerró los ojos e imaginó que el bastón se volvía completamente indestructible.
Después echó a correr.
La primera estatua levantó uno de sus enormes brazos.
Cuando Theo se encontraba a unos cinco metros de ella, dio un salto imposible.
Su cuerpo permaneció suspendido en el aire mucho más tiempo del que debería haber permitido la gravedad.
Era como si el propio mundo hubiera aceptado aquella posibilidad.
Sujetando el bastón con ambas manos, descargó toda su fuerza sobre la parte superior de la estatua.
El impacto resonó por toda la sala.
Una enorme grieta recorrió la piedra desde la cabeza hasta el pecho.
Un segundo después, la figura se desmoronó en decenas de fragmentos que cayeron estrepitosamente sobre el suelo.
Pero la segunda estatua ya estaba junto a él.
Sus gigantescas manos rodearon la cintura de Theo y lo levantaron del suelo con una fuerza descomunal.
Ava reaccionó al instante.
Corrió hacia ellos.
También ella dio un salto imposible, impulsándose mucho más alto de lo que cualquier ser humano podría hacerlo.
Cuando estuvo frente a la estatua, extendió ambas piernas y lanzó una violenta patada.
La roca estalló en el mismo punto del impacto.
Las grietas se extendieron por todo el cuerpo de la figura hasta que terminó explotando en cientos de fragmentos de piedra que cayeron sobre Theo y el suelo con un estruendo ensordecedor.
Los dos permanecieron unos segundos tumbados entre una nube de polvo gris.
Tosiendo, consiguieron ponerse en pie.
Su ropa estaba completamente cubierta por el fino polvo desprendido de las esculturas.
Theo soltó una pequeña carcajada.
—Creo que ha funcionado...
Ava sonrió por primera vez desde que habían entrado en aquella sala.
Comenzaron a caminar hacia la puerta del fondo.
Cuando aún les faltaban varios metros para alcanzarla, un profundo mecanismo comenzó a ponerse en marcha.
Las enormes hojas metálicas se separaron lentamente hasta abrirse por completo.
Al cruzar el umbral, ambos se quedaron inmóviles.
Frente a ellos se extendía la inmensa ciudad que habían contemplado desde la colina.
Los rascacielos se elevaban hacia el cielo como gigantes de cristal, mientras, en el centro de todos ellos, la gigantesca pirámide dorada brillaba reflejando la luz sobre toda la ciudad.
En ese momento una voz resonó en sus oídos.
Era Sophie.
—Tened cuidado. Este sitio nos acaba de atacar.
Theo sonrió con ironía mientras observaba la ciudad.
—Podías haber avisado un poco antes. Un poco más... y no lo contamos.
La comunicación volvió a quedar en silencio.
A sus espaldas quedaba el laberinto que protegía el acceso a la ciudad.
El primer obstáculo que el mundo de Caleb había levantado para impedir que llegaran hasta él.