Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 16 — El reino de Caleb
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Capítulo 16 — El reino de Caleb

C omenzaron a caminar por la inmensa pasarela suspendida en el vacío.

Estaba construida con una piedra gris plateada tan perfectamente pulida que parecía cristal.

Bajo sus zapatillas podían distinguir el reflejo difuso de sus propios cuerpos, deformado por la ligera curvatura del suelo, como si caminaran sobre un gigantesco espejo de piedra.

A ambos lados de la pasarela se alzaban unos estrechos muros de piedra, apenas a la altura de las rodillas.

Eran tan bajos que resultaban casi decorativos.

Más allá de ellos solo existía un abismo infinito.

Han, movido por la curiosidad, se acercó al borde y miró hacia abajo.

Lo que vio no era tierra ni agua. Bajo ellos se extendía un océano interminable de nubes blancas mezcladas con remolinos azul oscuro que se movían lentamente, formando enormes espirales.

No existía un fondo visible. Era como si el mundo terminara allí.

Sophie reaccionó de inmediato. Lo agarró del brazo y tiró de él hacia el centro del camino.

—¿Es que quieres caerte? —dijo con un evidente tono de preocupación.

Han sonrió intentando quitarle importancia.

—Solo quería comprobar si había suelo.

—Pues ya has comprobado que no.

Todos sonrieron ligeramente, aunque ninguno volvió a acercarse al borde.

Una brisa fría comenzó a soplar. No era un viento fuerte, pero sí constante.

Les golpeaba el rostro mientras agitaba el cabello y la ropa.

Conforme avanzaban, Emma levantó la vista.

Algo no iba bien. El cielo ya no tenía aquel azul claro que recordaba de las veces que había entrado con Caleb.

Poco a poco se estaba oscureciendo hasta adquirir un profundo tono azul zafiro, tan intenso que parecía absorber la propia luz.

Emma observó el horizonte buscando alguna referencia.

No estaba la casa blanca sobre la colina.

Tampoco el inmenso puente plateado ni la ciudad futurista dominada por la gigantesca pirámide dorada que todos habían visto tantas veces.

Era como si alguien hubiera borrado aquel mundo y lo hubiera sustituido por otro completamente diferente.

—¿Dónde está todo...? —murmuró casi para sí misma.

Theo también recorrió el horizonte con la mirada.

—No se parece en nada al mundo de Caleb.

Natalie frunció el ceño.

—No... y eso no tiene ningún sentido.

Continuaron caminando con mayor cautela. Cuando aproximadamente habían recorrido la mitad de la pasarela, el reloj de Natalie emitió un pitido agudo.

Pi... Pi... Pi...

Todos se detuvieron al instante.

Natalie levantó la muñeca y observó la pantalla. Sus ojos cambiaron de expresión.

—¿Qué ocurre? —preguntó Emma.

Natalie deslizó rápidamente los datos con el dedo.

—Ha detectado una anomalía en el entorno...

Movió varias veces la pantalla intentando comprender lo que estaba viendo.

—Pero... esto es imposible.

—¿Qué significa?

—No lo sé... Es como si algo estuviera alterando este mundo.

Antes de que pudiera terminar la frase, toda la pasarela vibró bajo sus pies.

BOOOOM.

El suelo tembló con tanta fuerza que Ava perdió el equilibrio y Theo tuvo que sujetarla antes de que cayera.

Un segundo impacto recorrió la estructura.

Más fuerte.

Las primeras grietas comenzaron a extenderse por la piedra con un sonido seco y estremecedor.

CRACK... CRACK... CRACK...

Theo giró instintivamente la cabeza.

Su rostro se quedó completamente blanco.

La parte de la pasarela por la que acababan de pasar estaba desapareciendo. No se rompía. Simplemente se hundía lentamente en aquel océano de nubes, metro a metro, como si una fuerza gigantesca la estuviera devorando desde abajo.

—¡¡Corred!! —gritó Theo.

Todos echaron a correr mientras el suelo continuaba desmoronándose tras ellos. Cada pocos segundos un enorme tramo desaparecía en el vacío y el estruendo de la piedra rompiéndose retumbaba por todo el cielo.

Emma intentó concentrarse.

"Volar."

Ya lo había hecho otras veces junto a Caleb.

Cerró los ojos apenas un instante y se imaginó elevándose.

Nada.

Sus pies seguían pegados al suelo.

Volvió a intentarlo.

Nada.

Era como si aquel mundo rechazara por completo su imaginación.

—¡No funciona! —gritó.

La distancia que todavía los separaba del puente horizontal era demasiado grande. No iban a conseguir llegar corriendo.

Entonces recordó la mochila.

Se detuvo de golpe.

—¡Emma! —gritó Theo sin dejar de correr.

Ella no respondió. Abrió rápidamente la mochila y metió la mano en su interior.

Cerró los ojos.

"Una cuerda... muy larga..."

Notó el tacto áspero entre sus dedos.

Tiró con fuerza.

Comenzó a salir una cuerda.

Primero unos centímetros.

Después varios metros.

Después decenas.

No parecía tener fin.

En el extremo colgaba una pesada ancla de acero.

Emma giró sobre sí misma y la lanzó con todas sus fuerzas.

El ancla salió disparada describiendo una enorme parábola sobre el inmenso océano de nubes. Durante un interminable segundo pareció que no iba a llegar.

Entonces...

¡CLANG!

Se clavó con violencia en uno de los grandes pilares del puente horizontal.

Emma sujetó con fuerza la cuerda.

—¡¡Agarraos todos!!

Todos se lanzaron hacia ella.

En ese mismo instante el suelo desapareció bajo sus pies.

La pasarela terminó de derrumbarse.

Los seis cayeron al vacío.

Durante unos segundos solo existieron el viento, los gritos y aquella inmensidad blanca que parecía no tener final.

Hasta que la cuerda se tensó de golpe.

El brusco tirón hizo que todos se sobresaltaran.

Quedaron suspendidos sobre el inmenso mar de nubes, balanceándose lentamente.

Emma miró hacia abajo.

No podía verse el final del abismo.

Solo nubes.

Miles y miles de metros de nubes.

Ava tragó saliva.

—No pienso volver a quejarme de las alturas normales...

Nadie respondió.

Emma respiró hondo.

—Voy primero.

Sin esperar contestación comenzó a trepar por la cuerda.

Lo hacía con una agilidad sorprendente, casi como si el esfuerzo no existiera dentro de ONEIROS.

Uno tras otro fueron siguiéndola. Al llegar arriba se agarró con fuerza a uno de los enormes pilares de piedra, impulsó su cuerpo y de un salto cayó sobre el puente horizontal.

Los demás fueron llegando pocos segundos después.

Ava se dejó caer boca arriba mientras recuperaba el aliento. Permaneció unos segundos mirando al cielo antes de soltar una nerviosa carcajada.

—Por los pelos.

Nadie discutió aquella afirmación. Todos sabían que, si Emma hubiera tardado apenas unos segundos más en recordar la mochila, aquella habría sido la primera vez que los seis habrían desaparecido juntos en la zona negra.

—No puede ser... —susurró Emma.

Miró a su alrededor completamente desconcertada.

La pasarela volvía a extenderse frente a ellos exactamente igual que cuando habían llegado por primera vez. No había ni una sola grieta, ni rastro del derrumbe, ni de la cuerda que Emma había creado. Todo estaba intacto, como si los últimos minutos jamás hubieran ocurrido.

Los seis intercambiaron miradas sin comprender lo que estaba pasando.

—Pero... si acabamos de cruzarla... —murmuró Ava.

Emma no respondió. Echó a correr de nuevo seguida por los demás. Atravesaron la pasarela a toda velocidad, sin detenerse un solo instante. Esta vez no hubo vibraciones, ni grietas, ni señales de peligro. Al llegar al final cruzaron el puente horizontal...

Y, de pronto...

Volvían a estar frente a la puerta de entrada.

Todos frenaron en seco.

Natalie observó incrédula el mismo tramo de pasarela que acababan de recorrer.

—Eso es imposible...

Theo negó lentamente con la cabeza.

—No hemos dado la vuelta... Estoy completamente seguro.

Han miró detrás de ellos.

La puerta seguía allí.

La misma.

Como si nunca la hubieran atravesado.

—Intentémoslo otra vez.

Corrieron una segunda vez.

Después una tercera.

Siempre ocurría lo mismo.

Cada vez que alcanzaban el final del recorrido, el mundo parecía doblarse sobre sí mismo y devolverlos al punto de partida.

Era como correr dentro de un círculo infinito.

Sophie dejó escapar el aire con frustración.

—Estamos atrapados aquí...

El silencio se apoderó del grupo.

Emma permaneció inmóvil durante unos segundos observando la pasarela.

No era un fallo.

Aquello estaba ocurriendo por algún motivo.

Entonces comprendió algo.

Aquel no era simplemente un mundo creado por Caleb.

Era Caleb.

Cada rincón de ONEIROS nacía de su mente, y si él no quería abandonar aquel lugar...

Quizá todo aquello no era más que una forma de impedir que llegaran hasta él.

Emma levantó la mirada.

—Volvamos a la zona negra.

Los demás la siguieron sin hacer preguntas.

Una vez dentro, Emma cerró lentamente las puertas blancas. El silencio volvió a envolverlos.

Se giró hacia todos.

—Pensad un momento... ¿Y si el entorno ha detectado que venimos a por Caleb y simplemente se está defendiendo de nosotros?

Natalie fue la primera en responder.

—Tiene sentido. Al sincronizar nuestras señales neuronales con la suya cuando él ya estaba dentro, su subconsciente ha podido detectar nuestra presencia. Para él somos una amenaza.

Theo frunció el ceño.

—Pero eso contradice todas las reglas que conocemos. No podemos salir de aquí sin que Caleb también quiera despertar.

—Sí... —respondió Emma—. Pero el subconsciente no entiende de reglas. No razona como nosotros. Solo sabe que queremos sacarlo de aquí... y él no quiere irse.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

Han rompió finalmente el silencio.

—Entonces... ¿qué hacemos?

Emma respiró hondo.

—Engañarlo.

Todos la miraron.

—Si su subconsciente cree que hemos venido a sacarlo, seguirá bloqueándonos. Pero si cree que queremos quedarnos con él... dejará de vernos como una amenaza.

Ava comprendió inmediatamente la idea.

—¿Quieres decir que cambiemos nuestra intención?

Emma asintió.

—Exacto. No penséis en despertar. No penséis en volver al laboratorio. No penséis en convencer a Caleb para salir. Solo pensad que habéis venido para quedaros con él dentro de ONEIROS.

Los seis cerraron lentamente los ojos.

Durante unos segundos no existió nada más.

Solo un único pensamiento compartido.

"Hemos venido para quedarnos con Caleb."