Capítulo 15 — El umbral
D espués de lo ocurrido no había vuelta atrás. Todos habían decidido entrar, pero antes debían preparar todo para aumentar al máximo sus posibilidades de éxito.
Todos habían experimentado el acceso a ONEIROS junto a Caleb y sabían perfectamente que el control que ejercía sobre aquel lugar era muy superior a cualquier cosa que ellos hubieran visto hasta entonces.
Theo fue el primero en romper el silencio.
—Una vez que estemos dentro... ¿cómo vamos a conseguir que salga? Nuestro margen para modificar nada allí es muy limitado mientras él esté dentro.
—Tiene razón —dijo Han.
Natalie permaneció pensativa unos segundos antes de hablar.
—¿Y si entramos ya con algo que podamos utilizar?
Emma la miró intrigada.
—¿A qué te refieres?
Natalie apoyó las manos sobre la mesa.
—Hasta ahora todo lo que aparece en ONEIROS nace de nuestra imaginación.
Pero esos objetos solo existen mientras nuestro cerebro mantenga esa representación de forma estable.
Si perdemos la concentración o una mente más dominante altera el entorno, esa representación se rompe... y el objeto desaparece.
—Como hace Caleb constantemente —dijo Sophie.
Natalie asintió.
—Exacto. Pero creo que existe otra posibilidad.
Todos la miraron.
—Nuestro cerebro no procesa igual un objeto imaginado que uno que ya forma parte del estado inicial de sincronización. La pulsera nunca la imaginamos. Ya está ahí cuando despertamos dentro de ONEIROS.
Emma empezó a comprender.
—Porque el sistema la carga antes de entrar...
—Exacto. Es un objeto sincronizado. Para nuestro cerebro no es una creación mental, sino una condición inicial del entorno. Es como un dato que ya existe cuando el programa comienza a ejecutarse. No necesita reconstruirse continuamente.
Theo frunció el ceño.
—¿Y eso significa...?
—Que Caleb no podría hacerla desaparecer simplemente imponiendo su imaginación. Tendría que alterar directamente el estado inicial de nuestra sincronización neuronal... y eso está definido antes de que entremos.
Emma sonrió por primera vez desde que Caleb había quedado atrapado.
—Entonces podríamos hacer lo mismo con otros objetos.
—Eso es exactamente lo que estoy proponiendo —respondió Natalie—. Cargar un objeto para cada uno de nosotros antes de iniciar la sincronización.
Sophie apoyó los codos sobre la mesa.
—¿Y qué llevamos cada uno?
Natalie miró a todos.
—Cuanto más familiar sea el objeto para cada persona, más fácil será que el cerebro lo integre como parte de su identidad dentro de ONEIROS. Necesitamos algo que cada uno sienta como una extensión de sí mismo.
El laboratorio volvió a quedarse en silencio.
Por primera vez desde que Caleb había decidido quedarse en ONEIROS, no estaban pensando en cómo sobrevivir allí dentro.
Estaban preparando el equipo con el que iban a rescatarlo.
Emma fue la primera en decidir.
Recordó la mochila que el agente Mike le había regalado después de que Ava se volviera completamente loca al volante. Sonrió por un instante.
—Yo llevaré la mochila.
Todos la miraron.
—Tiene sentido —continuó—. Si necesito una linterna, una cuerda, comida, una botella de agua o cualquier otra cosa, será mucho más natural sacarla de una mochila que hacer aparecer los objetos de la nada.
Natalie asintió.
—Además, nuestro cerebro ya entiende una mochila como un contenedor. Mientras los objetos que saques sean razonables para lo que podría haber dentro, la representación será mucho más estable.
Emma sonrió.
—Entonces me quedo con ella.
Ava fue la siguiente.
—Yo necesito un ordenador.
Todos la miraron con extrañeza.
—Pero no uno normal. Quiero un ordenador ultraligero enrollable. Cerrado será como un cilindro del tamaño de una botella pequeña y, al desplegarlo, aparecerá una pantalla táctil flexible junto con un teclado holográfico. Si dentro existe cualquier tipo de sistema, intentaré conectarme a él.
—Muy propio de ti —rió Theo.
—No pienso pasarme horas sin poder hackear algo.
Las risas relajaron ligeramente el ambiente.
Sophie tomó la palabra.
—En mi caso es fácil. Llevaré un botiquín médico.
Nadie necesitó preguntarle por qué.
—Aunque aquí no podamos morir realmente, seguimos sintiendo dolor y podemos sufrir lesiones. Además, si encontramos a Caleb en mal estado, quiero tener todo lo necesario para atenderlo.
Han levantó la mano.
—Yo necesito un taller portátil.
Todos lo miraron esperando una explicación.
—Un estuche metálico, más o menos del tamaño de un libro. Dentro habrá destornilladores de precisión, soldador portátil, pinzas, cables, microcomponentes, cinta aislante... Solo lo imprescindible para desmontar o reparar prácticamente cualquier dispositivo que encontremos.
—En otras palabras... —dijo Emma.
—La caja de juguetes.
Todos sonrieron.
Natalie permanecía pensativa.
—Yo llevaré un reloj.
Theo arqueó una ceja.
—¿Solo un reloj?
—No exactamente. Un reloj biométrico conectado a nuestros patrones neuronales. Si ONEIROS comienza a comportarse de forma extraña o detecta alteraciones incompatibles con el funcionamiento normal del sistema, quiero ser la primera en saberlo.
Emma comprendió inmediatamente la idea.
—Como un detector de anomalías.
—Exactamente.
Solo quedaba Theo.
Pensó unos segundos antes de hablar.
—Yo llevaré mi bastón de senderismo.
Todos lo miraron sorprendidos.
—¿Un bastón?
Theo sonrió.
—Siempre llevo uno cuando salgo a la montaña. Me resulta natural utilizarlo. Además de ayudarme a moverme, puede servir para apartar obstáculos, comprobar la profundidad del terreno o incluso defendernos si hace falta.
Se detuvo un instante.
—Y quiero que tenga una pequeña brújula en la empuñadura.
Han sonrió.
—¿Crees que una brújula funcionará dentro de un sueño?
Theo negó con la cabeza.
—No lo sé... pero si existe alguna referencia espacial, prefiero tener una forma de orientarme antes que caminar completamente a ciegas.
Natalie asintió.
—Tiene sentido. Si Caleb ha construido un mundo siguiendo reglas físicas, cualquier ayuda para orientarnos puede marcar la diferencia.
Ava comenzó a introducir uno por uno los objetos en el sistema de sincronización.
Cada vez que terminaba uno aparecía una confirmación en la pantalla.
Objeto sincronizado: Mochila.
Objeto sincronizado: Terminal informático flexible.
Objeto sincronizado: Botiquín médico.
Objeto sincronizado: Kit de reparación.
Objeto sincronizado: Reloj biométrico.
Objeto sincronizado: Bastón telescópico con brújula.
Tras unos segundos, el último indicador cambió a color verde.
—Ya está. Todos los objetos forman parte del estado inicial de sincronización —dijo Ava mientras apartaba las manos del teclado.
Han respiró hondo.
—Perfecto. Ahora tenemos otro problema.
Todos lo miraron.
—Las camillas.
El silencio volvió a instalarse en el laboratorio.
—Solo tenemos cuatro —continuó—. Una la está ocupando Caleb y las otras tres no son suficientes para nosotros seis.
Cascos e inyectores sí tenemos de sobra; por seguridad fabriqué unidades adicionales por si alguno fallaba durante las pruebas.
Pero nunca pensé que llegaría el día en que los siete tendríamos que entrar al mismo tiempo.
Siempre había al menos uno fuera vigilando.
—En el laboratorio de Medicina hay varias camillas móviles. Hasta esta tarde no hay prácticas, así que si las cogemos ahora nadie nos verá y no tendremos que dar explicaciones. —dijo Sophie.
Han asintió.
—Perfecto. Id a por ellas. Mientras tanto adaptaré los cascos y los inyectores para las nuevas conexiones.
Sophie, Theo y Ava salieron apresuradamente del laboratorio.
En cuanto la puerta se cerró, Han abrió una caja metálica repleta de herramientas y comenzó a modificar los conectores de los cascos mientras Natalie comprobaba una vez más todos los sensores y recalibraba los monitores.
Emma observaba en silencio. Cada cable que conectaban, cada comprobación y cada luz verde que aparecía en las pantallas le recordaban que ya no estaban preparando otro experimento.
Estaban preparando un rescate.
Cuando Sophie, Theo y Ava llegaron al laboratorio de medicina, se percataron de que había alguien en su interior.
—¿Quién es? —preguntó Theo, deteniéndose antes de entrar.
Sophie echó un vistazo a través del cristal de la puerta.
—Es Ray. Es el encargado de revisar y poner a punto los equipos médicos.
—Joder, qué oportuno —murmuró Ava.
—¿Qué hacemos? —preguntó Theo.
Sophie pensó durante unos segundos antes de mirar a Ava.
—Préstame tu teléfono.
—¿Para qué lo quieres?
—Voy a hacerme pasar por alguien del hospital. Le diré que se ha averiado una máquina de rayos X y que necesitan que vaya urgentemente.
Ava sacó el móvil, pero antes de llamar ocultó el identificador de llamada. No impediría que alguien con los medios adecuados pudiera rastrearla, pero al menos Ray no vería el número desde el que estaban llamando.
Sophie marcó el número y, cuando Ray respondió, adoptó un tono serio y apresurado. Le explicó que uno de los equipos de rayos X del hospital había dejado de funcionar y que necesitaban que acudiera cuanto antes.
El engaño funcionó.
Poco después, Ray salió del laboratorio a toda prisa y desapareció por el pasillo.
Esperaron unos minutos para asegurarse de que no regresaba.
Entonces, la puerta volvió a abrirse.
Sophie, Theo y Ava salieron empujando las tres camillas móviles por el pasillo. Al llegar al laboratorio de ONEIROS, las colocaron junto a las otras, formando una única fila frente al servidor principal.
Han fijó los inyectores automáticos a los laterales de cada camilla mientras Natalie conectaba los nuevos cascos y verificaba que todos los sensores respondían correctamente.
Ava regresó a su ordenador y comenzó a registrar las nuevas estaciones de trabajo. Durante unos segundos solo se escuchó el sonido de las teclas y el zumbido constante de los servidores.
Finalmente levantó la vista.
—Listo. Todo está preparado.
Emma observó las seis camillas alineadas. La séptima, donde descansaba Caleb, permanecía unos metros más allá, completamente inmóvil.
Entonces miró a Ava.