Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 14 — La nota #2
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Capítulo 14 — La nota #2

Sophie la leyó rápidamente y su expresión cambió por completo.

Han se la arrebató de las manos y, cuando terminó de leerla, soltó una maldición antes de comenzar a hablar atropelladamente en coreano mientras caminaba nervioso de un lado a otro del laboratorio.

Nadie necesitaba entender lo que decía para saber cómo se sentía.

Natalie fue la primera en romper el silencio.

—Vamos a tranquilizarnos. Si empezamos a actuar sin pensar, solo conseguiremos empeorar las cosas, tenemos que buscar una solución.

—¿Y si simplemente le quitamos el casco? —preguntó Ava—. O le ponemos un estimulante y lo despertamos.

Natalie negó con la cabeza inmediatamente.

—Eso sería lo peor que podríamos hacer.

Todos la miraron.

—Cuando dormimos de forma natural, el cerebro pasa por diferentes fases del sueño y puede despertar porque mantiene activos determinados circuitos que siguen monitorizando el exterior.

Un ruido fuerte, un dolor o una sacudida son suficientes para que la actividad neuronal vuelva poco a poco al estado de vigilia.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Pero en ONEIROS no ocurre eso. El sistema sincroniza millones de neuronas para mantener una única simulación estable. Mientras esa sincronización existe, el cerebro deja de interpretar las señales externas como una prioridad. Para él, la realidad es la que está viviendo ahí dentro.

—¿Entonces no nos oiría? —preguntó Han.

—No. Y aunque pudiera hacerlo, intentar forzar el despertar desde fuera sería extremadamente peligroso.

—¿Por qué? —preguntó Han.

—Porque romperíamos esa sincronización de forma brusca.

Imaginad que un ordenador está escribiendo miles de millones de datos en un disco y alguien tira del cable de alimentación.

Lo normal es que los archivos se corrompan.

Aquí ocurre algo parecido. Si interrumpimos el proceso mientras el cerebro sigue construyendo el entorno, las redes neuronales pueden quedar desincronizadas durante unos segundos... o varios minutos.

—¿Y qué pasaría? —preguntó Ava.

Natalie respiró hondo.

—Desde una simple amnesia temporal hasta convulsiones, un estado de coma... o un daño neuronal irreversible. Todavía no lo sabemos con exactitud, y precisamente por eso nunca podemos intentarlo.

El laboratorio quedó completamente en silencio.

—Por eso diseñamos la segunda regla —continuó Natalie—.

El despertar siempre tiene que producirse desde dentro.

Es el propio cerebro el que debe cerrar la simulación antes de volver a la realidad.

Si intentamos obligarlo desde fuera, no estamos despertando a la persona...

estamos arrancándola de un proceso que aún no ha terminado.

Emma desvió la mirada hacia Caleb, inmóvil sobre la camilla.

—Así que, si él decide no salir...

Natalie asintió con gravedad.

—...solo él puede abrir la puerta de regreso.

En ese momento Theo entró en el laboratorio. Nada más ver la expresión de todos comprendió que había ocurrido algo grave. Después su mirada se dirigió hacia la camilla y vio a Caleb conectado a ONEIROS.

Emma le explicó rápidamente lo sucedido y le entregó la nota.

Theo la leyó en silencio.

—Tenemos que llamar a alguien. A la policía. —dijo Ava, completamente desbordada.

Natalie negó con la cabeza.

—¿Y qué quieres que les digamos? ¿Que un experimento se nos ha ido de las manos y que tenemos a una persona atrapada dentro de un sueño del que no quiere despertar? No nos creerían. Intentarían despertarlo por la fuerza... y ya sabéis lo que ocurriría.

El laboratorio volvió a quedar en silencio.

Mientras los demás discutían, Emma se acercó lentamente a la camilla. Se sentó a su lado y tomó la mano de Caleb entre las suyas, acariciándola con suavidad.

—Esto no habría pasado si yo no lo hubiera traído hasta aquí. —murmuró sin apartar la vista de él.

Nadie respondió.

Todos sabían que Emma se estaba culpando de algo que ninguno de ellos habría podido prever.

Finalmente levantó la cabeza.

—Voy a entrar a por él.

—De eso nada. —respondió Natalie con firmeza.

Emma la miró.

—Ahora mismo está completamente solo.

—Precisamente por eso. Si entras y él decide no despertar, tú también quedarás atrapada.

Emma apretó con fuerza la mano de Caleb.

—No tengo otra opción. Tengo que hacer que recapacite.

Theo dio un paso al frente.

—Si tú entras... yo también.

Emma negó con la cabeza.

—No. Esto es responsabilidad mía. No pienso arrastraros a todos conmigo.

Theo sonrió con tristeza.

—Da igual lo que digas. Somos un equipo. Estamos juntos en esto... para lo bueno y para lo malo.

Natalie dio un paso hacia ellos.

—Yo también entro.

—Y yo. —añadió Han sin dudarlo.

Ava levantó la mano.

—No pienso dejaros solos.

Sophie fue la última en hablar.

—Contad conmigo.

Emma los observó uno por uno.

Durante unos segundos fue incapaz de encontrar las palabras.

—Pero eso es imposible. Alguien tiene que quedarse vigilando el laboratorio.

Han negó con la cabeza.

—No hace falta. Todo el sistema está automatizado. Podemos desactivar el generador de imágenes; total, no habrá nadie observando desde fuera.

Esbozó una sonrisa amarga.

—Y, sinceramente... si esto sale mal, prefiero no ser yo quien tenga que explicárselo a la policía.

Ava dio un paso hacia él.

—No va a salir mal. Vamos a encontrar la forma de traer a Caleb de vuelta.

Los seis se abrazaron en silencio.

Emma cerró los ojos durante unos segundos.

—No sé qué haría sin vosotros.

Ninguno respondió.

No hacía falta.

Sin pretenderlo, acababan de descubrir una nueva regla de ONEIROS.

Una pregunta que jamás se habían planteado.

¿Qué ocurre cuando alguien decide no despertar?

La regla más importante de todas.

Y la habían descubierto demasiado tarde.