Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 9 — Las reglas
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Capítulo 9 — Las reglas

D espués de lo ocurrido con Ava tenían que ser más precavidos. Durante toda la mañana, Natalie estuvo revisando datos y buscando patrones neuronales. Tenía que encontrar indicadores que hiciesen posible saber con certeza cuál era el momento exacto en que ONEIROS se volvía peligroso.

Ava iba introduciendo metódicamente todo lo que Natalie le iba pasando. Al cabo de unas horas, la IA mostró patrones exactos del inicio de la degeneración neuronal.

—Mirad —dijo Natalie con asombro.

Todos se acercaron a observar la pantalla.

—Justo aquí. El ordenador dio dos avisos: uno cuando llevaba diecisiete horas y cuarenta y ocho minutos y otro justo veinte minutos después.

—Sí, pero eso es justo lo que os conté. Escuché una alarma que creí que había sido un error del sistema y otra al rato, que es cuando os llamé —dijo Theo.

—Sí, pero mira lo que ocurrió en la hora dieciséis y treinta y dos minutos exactos. Aquí el ordenador no dio ningún aviso, pero ya estaban apareciendo micropicos neuronales.

Natalie amplió la gráfica y fue señalando varias zonas.

—Hasta ahora el sistema solo buscaba cambios bruscos, pero estos pequeños picos aparecen mucho antes. Son prácticamente imperceptibles por separado, pero juntos forman un patrón muy claro.

Se giró hacia Ava.

—Con estos nuevos datos podemos decirle al programa exactamente qué tiene que vigilar y cuándo debe empezar a avisar. Así podremos sacar a cualquiera antes de que el daño neuronal empiece a ser irreversible.

Ava introdujo los nuevos parámetros en la IA y ordenó que los comparase con todas las sesiones realizadas hasta ese momento.

Durante unos segundos la pantalla fue llenándose de gráficas, porcentajes y miles de datos que se iban cruzando entre sí.

Finalmente apareció una tabla.

Límite máximo recomendado de permanencia en ONEIROS

Ava: 16 horas y 32 minutos.

Theo: 18 horas y 17 minutos.

Sophie: 16 horas y 47 minutos.

Han: 17 horas y 12 minutos.

Natalie: 19 horas y 14 minutos.

Emma: 24 horas y 48 minutos.

Durante unos segundos nadie dijo una sola palabra.

Todos se quedaron mirando la última línea de la pantalla.

—¿Veinticuatro horas? —preguntó Sophie sin apartar la vista del monitor—. ¿Cómo es posible?

Natalie permaneció unos instantes observando las gráficas antes de responder.

—Porque no estamos midiendo resistencia física, sino estabilidad neuronal.

Todos la miraron en silencio.

—Cada cerebro consume recursos de una forma distinta cuando permanece en fase REM profunda.

Hay personas cuya actividad neuronal es muy eficiente y otras que necesitan mucha más energía para mantener exactamente el mismo nivel de funcionamiento.

Es parecido al consumo de combustible de un coche: dos vehículos pueden recorrer la misma distancia, pero uno gasta mucho más que el otro.

Señaló la gráfica correspondiente a Emma.

—Fijaos en su actividad. Apenas presenta fluctuaciones. Su cerebro necesita realizar muy pocos ajustes para mantener la conexión estable, por eso tarda mucho más en llegar al punto crítico.

Después abrió la gráfica de Ava.

—En cambio, Ava tiene una actividad mucho más intensa. Su cerebro cambia constantemente de patrón, procesa mucha más información y realiza más correcciones. Eso hace que alcance el límite antes que los demás.

—¿Entonces esto no depende de estar en mejor o peor forma? —preguntó Han.

Natalie negó con la cabeza.

—Muy poco. Dormir bien, el estrés o el cansancio pueden influir ligeramente, pero el factor principal parece ser la eficiencia con la que cada cerebro gestiona la actividad neuronal durante la conexión. Es una característica prácticamente única en cada persona.

Todos seguían contemplando aquella cifra.

Veinticuatro horas y cuarenta y ocho minutos.

Más de cinco horas por encima del segundo registro más alto.

Por primera vez desde que comenzó el proyecto, todos tuvieron la misma sensación.

Emma era diferente. Aunque ninguno de ellos era todavía capaz de explicar el porqué.

—¿Cómo es posible que existan tantas diferencias? —preguntó Emma.

Natalie amplió varias gráficas antes de responder.

—No existe un límite universal. Cada cerebro tolera de forma distinta mantener dos estados de conciencia superpuestos. El algoritmo ha encontrado cuatro variables que parecen determinar el tiempo máximo de permanencia.

Theo levantó la vista.

—¿Cuáles?

—La primera es la estabilidad de las redes neuronales. Hay cerebros capaces de mantener una actividad sincronizada durante más tiempo antes de empezar a degradarse.

Señaló otra gráfica.

—La segunda es el consumo energético. Cuanto más trabaja el cerebro para mantener el sueño, antes agota sus reservas metabólicas.

La pantalla volvió a cambiar.

—La tercera es la plasticidad neuronal. Algunas personas soportan mucho mejor los cambios continuos de información sin que aparezcan errores de sincronización.

Finalmente abrió el informe de Emma.

—Y la cuarta... la capacidad de separar la realidad del entorno generado por ONEIROS. Emma destaca muchísimo aquí. Su cerebro mantiene ambas capas perfectamente diferenciadas durante mucho más tiempo.

Ava observó la pantalla durante unos segundos.

—¿Eso explica por qué Emma puede estar casi veinticinco horas?

Natalie asintió.

—Exacto. No significa que sea más inteligente ni que tenga un cerebro mejor. Simplemente su actividad neuronal es extraordinariamente estable. El sistema necesita realizar menos ajustes para mantener la conexión y eso retrasa el inicio de la degeneración.

Theo sonrió al mirar a Emma.

—Pues parece que tenemos una campeona.

Emma negó con una sonrisa.

—No sé si eso debería tranquilizarme o preocuparme.

Natalie volvió a intervenir.

—No os confiéis. Estos tiempos indican el momento en que comienzan a aparecer los primeros signos de deterioro. No significa que debamos permanecer dentro hasta ese límite. A partir de ahora el protocolo establecerá un margen de seguridad y abandonaremos ONEIROS mucho antes de alcanzarlo.

Theo asintió.

—Al menos ya sabemos cuánto tiempo podemos estar ahí dentro sin correr riesgos.

Todos contemplaron de nuevo la pantalla.

Aquella tabla no solo marcaba los límites de cada uno.

Era la primera regla científica que ONEIROS les imponía.

—Vale, ya conocemos una de las reglas más importantes, pero deberíamos crear un protocolo con todo lo que hemos descubierto para evitar que vuelva a sucedernos algo así —dijo Emma.

—Me parece bien, pero yo tengo hambre. Lo discutimos mientras comemos algo —respondió Natalie.

Todos asintieron y se dirigieron a la cafetería del campus.

Al entrar, tuvieron que apartarse para dejar pasar a un hombre que empujaba un carro cargado de cajas de bebidas y aperitivos. En una de las máquinas de vending, junto a la pared, varias filas permanecían abiertas mientras terminaba de reponerlas.

—Perdonad —dijo al ver que bloqueaba parcialmente el paso—. Ya termino.

Emma sonrió y negó con la cabeza. Por un instante, aquella escena le trajo a la mente el extraño sueño que había tenido, las cajas apiladas en el laboratorio y aquella sensación tan difícil de explicar. La coincidencia le resultó curiosa, aunque no le dio mayor importancia.

—No te preocupes.

El hombre colocó las últimas latas, cerró la máquina de un golpe seco y recogió una caja vacía del suelo. En la pequeña identificación que llevaba prendida a la camisa podía leerse John Frank .

—Que aproveche —dijo mientras se alejaba empujando el carro.

—Gracias —respondió Natalie, que ya estaba mirando qué podía comer.

Buscaron una mesa apartada del resto de estudiantes. Iban a establecer las reglas de ONEIROS y no querían que nadie pudiera escuchar aquella conversación.

Mientras comían, comenzaron a debatir todo lo que habían aprendido desde la primera conexión.

—Creo que deberíamos escribirlas por orden de importancia —dijo Han.

Natalie negó con la cabeza.

—Todas son importantes. Incumplir cualquiera de ellas puede tener consecuencias.

Emma sacó su agenda, cogió un bolígrafo y escribió en la parte superior de una página:

PROTOCOLO ONEIROS

Después levantó la vista.

—De acuerdo. Empecemos.

1 - Regla del límite

Cada participante tiene un límite máximo de permanencia que nunca debe superar.

El cerebro humano solo es capaz de permanecer conectado al mundo de los sueños durante un tiempo limitado. Superado ese umbral comienza a perder la capacidad de distinguir entre el sueño y la realidad.

Los primeros síntomas son leves: confusión, falsos recuerdos, dificultad para reconocer el entorno y breves alucinaciones. Si la exposición continúa, el deterioro mental se vuelve progresivamente más grave.

2 - Regla del despertar

Si una sola persona entra en ONEIROS puede abandonar el sueño en cualquier momento simplemente pensando con claridad que desea despertar.

Si varias personas comparten el mismo sueño, todas deben querer despertar al mismo tiempo.

Mientras un solo participante permanezca dentro, nadie podrá abandonar ONEIROS.

3 - Regla de la muerte

En ONEIROS no existe la muerte.

Ningún participante puede morir dentro del sueño.

Un daño letal provoca un colapso temporal de la conciencia. La persona desaparece del lugar donde se encontraba y permanece exactamente cinco minutos en la zona negra antes de regresar.

4 - Regla de la imaginación

La imaginación da forma a ONEIROS.

Todo aquello que una persona sea capaz de imaginar con suficiente claridad puede materializarse dentro del sueño: objetos, edificios, paisajes, criaturas o incluso alterar las leyes de la física.

Cuanto más nítida sea la imagen mental y mayor sea la concentración, más estable será la creación.

5 - Regla de la mente

Cuando dos o más voluntades entran en conflicto, prevalece aquella cuya mente mantenga un mayor nivel de estabilidad, concentración y control sobre el sueño en ese momento.

6 - Regla del tiempo

El tiempo dentro de ONEIROS no transcurre al mismo ritmo que en el mundo real.

La relación no es constante, pero las pruebas realizadas hasta el momento indican que, de media, por cada siete horas transcurridas en la realidad, los participantes perciben haber vivido aproximadamente una hora dentro del sueño.

Cuanto más se prolonga la conexión, mayor parece ser esa distorsión temporal.

—Creo que, de momento, no se nos escapa ninguna más —dijo Emma mientras cerraba la agenda.

—Estoy de acuerdo —respondió Natalie—. Eso no significa que en el futuro no descubramos nuevas reglas, pero estas son las fundamentales. Si las respetamos, reduciremos al mínimo las posibilidades de que vuelva a ocurrir algo como lo de Ava.

Todos asintieron.

Emma contempló unos segundos la palabra "PROTOCOLO" escrita en la primera página antes de cerrar la agenda.

—A partir de hoy nadie volverá a entrar en ONEIROS sin seguir este protocolo. Da igual quién sea.

Nadie discutió aquella decisión.

Por primera vez desde que habían creado ONEIROS, ya no estaban explorando un simple sueño.

Estaban aprendiendo a sobrevivir dentro de él.

Mientras se dirigían al laboratorio, una voz llamó a Emma desde el pasillo.

—Buenos días, señorita Carter. ¿Tiene un minuto?

Emma se giró y vio acercarse a la profesora Sandy Mitchell.

—Seguid vosotros, ahora os alcanzo —dijo al resto del grupo.

Cuando se quedaron solas, la profesora habló con un tono visiblemente preocupado.

—Me gustaría saber si sabe algo del señor Brooks. Lleva tres semanas sin asistir a clase y no hemos vuelto a tener noticias de él. He hablado en varias ocasiones con su madre, pero me dice que está pasando por un momento muy difícil. Incluso ella reconoce que apenas consigue que le preste atención.

Emma bajó la mirada.

—Mi madre también me comentó algo hace unos días.

—Sé que usted es una gran amiga suya. El señor Brooks es uno de los alumnos más brillantes que he tenido en muchos años y me entristecería verlo abandonar sus estudios por cualquier motivo.

Si consigue hablar con él, hágale saber que esta universidad sigue siendo su casa. Estamos aquí para ayudarle.

Emma asintió.

—Tiene razón, profesora. Quería haber ido antes, pero entre las clases y todo el trabajo que hemos tenido estas últimas semanas no he podido.  Hoy mismo iré a verle.

La profesora Mitchell sonrió con cierta tristeza.

—Se lo agradezco. Espero que todavía no sea demasiado tarde.

Aquellas últimas palabras se quedaron resonando en la mente de Emma.

Con todo el caos de las pruebas y lo ocurrido con Ava, había apartado a Caleb de sus pensamientos. Ahora empezaba a sentirse culpable por ello.

Cuando llegó al laboratorio, Natalie fue la primera en notar que algo no iba bien.

—¿Qué te ocurre, Emma?

—Tengo que irme. Se me olvidó por completo lo de Caleb y no quiero seguir retrasándolo.

—Voy contigo —dijo Natalie.

Emma negó con la cabeza.

—Será mejor que vaya sola. Por lo poco que sé y por lo que acaba de contarme la profesora Mitchell, creo que no tendrá ganas de hablar con nadie. Si hay alguna posibilidad de que se abra, será más fácil si estoy yo sola.

Natalie asintió.

—Está bien. Pero llámame si necesitas cualquier cosa.

Theo, que había escuchado toda la conversación, cogió las llaves del coche.

—¿Quieres que te acerque? No te preocupes, me quedaré esperándote.

Emma le dedicó una leve sonrisa.

—Gracias.

Ambos salieron del laboratorio y se montaron en el coche.

Mientras atravesaban las calles de Seattle, Emma le contó todo lo que sabía sobre Caleb y lo preocupada que estaba por él.

Theo mantuvo la vista fija en la carretera.

—No te preocupes. Seguramente solo esté pasando por un bache. Ha vivido demasiadas cosas en muy poco tiempo. A veces lo único que necesita una persona es que alguien se siente a escucharla. Y no conozco a nadie mejor que tú para hacerlo.

Emma observó la ciudad desfilar tras la ventanilla.

—Ojalá tengas razón...

El coche continuó avanzando entre el tráfico de la tarde.

Sin saberlo, Emma estaba a punto de abrir una puerta mucho más peligrosa que cualquiera de las que habían cruzado dentro de ONEIROS.