Capítulo 8 — La frontera del sueño
A l día siguiente, mientras desayunaban en la cafetería del campus, Natalie dejó la taza de café sobre la mesa y miró al resto.
—Tenemos bastantes datos recogidos, pero todavía hay una pregunta importante sin responder.
Todos levantaron la vista.
—Aún no sabemos cómo afecta al cuerpo permanecer dentro de ONEIROS durante largos periodos de tiempo. Hasta ahora nuestro récord apenas supera la hora y cuarto.
Hizo una breve pausa.
—Creo que ha llegado el momento de que uno de nosotros permanezca conectado mucho más tiempo.
Han levantó la mano sin dudarlo.
—Yo.
—No —respondió Ava casi al instante—. Déjame hacerlo a mí.
Todos la miraron sorprendidos.
—Soy la que menos veces ha entrado. La última experiencia se me hizo demasiado corta y quiero explorar los límites de mi mente. Además, mañana no tengo clase, así que puedo recuperarme sin problemas.
Natalie la observó unos segundos.
—¿Estás completamente segura?
Ava sonrió.
—Totalmente.
Emma le devolvió la sonrisa.
—No esperaba menos de ti.
Al terminar las clases, todos se reunieron en el laboratorio.
El ambiente era distinto al de otras ocasiones.
Nadie hablaba demasiado.
Mientras Han comprobaba el funcionamiento de los cascos y Natalie revisaba por última vez los parámetros de monitorización, Emma comenzó a grabar todo el proceso con la cámara.
—Prueba número veintisiete —dijo mirando al objetivo—. Primer ensayo de permanencia prolongada en ONEIROS. Duración prevista: veinticuatro horas.
Bajó la cámara.
—Bueno... ¿cómo vamos a organizarnos? Tendremos que turnarnos para vigilarla.
Sophie levantó la mano.
—Han y yo nos quedaremos toda la tarde.
Han asintió.
—Nosotras haremos el turno de noche —añadieron Emma y Natalie.
—Yo os relevaré mañana a primera hora —dijo Theo.
Natalie abrió una hoja con la planificación.
—Empezaremos con un ciclo de veinticuatro horas. Ahora mismo son las cuatro de la tarde. Si todo sale según lo previsto, mañana a esta misma hora te sacaremos.
Ava respiró hondo.
—¿Cómo sabré que ya ha pasado el tiempo?
—Uno de nosotros entrará en el sueño y te avisará —respondió Emma—. No tendrás que estar pendiente del tiempo.
Ava asintió.
—Perfecto.
Todos dieron el visto bueno.
Antes de comenzar, Sophie realizó una última comprobación de las constantes vitales.
Pulso.
Presión arterial.
Saturación de oxígeno.
Temperatura.
Todo estaba dentro de los valores normales.
—Puedes prepararte.
Ava entró en el baño y, unos minutos después, regresó con una bata de hospital.
Se tumbó sobre la camilla mientras Sophie terminaba de preparar el nuevo sistema de inyección automática. Introdujo el sedante, cargó una bolsa de suero salino y comprobó varias veces que el flujo estuviera correctamente programado.
—Como vas a permanecer conectada muchas horas, el sistema irá administrando pequeñas cantidades de suero para mantenerte hidratada.
Ava observó la bolsa transparente.
—Una pregunta...
Todos la miraron.
—¿Y si me entran ganas de hacer pis?
Sophie hizo una mueca.
—Sabía que acabarías preguntándolo.
Todos soltaron una pequeña risa.
—Esta es la parte menos agradable del experimento. Por eso te pedí que te pusieras la bata.
Ava levantó una ceja y tragó saliva. Aquella explicación no le había tranquilizado precisamente.
—Te colocaré un catéter. O eso... o puedes mearte encima —respondió Sophie con una sonrisa resignada—. Lo haré cuando ya estés sedada, así que ni siquiera te enterarás.
Ava asintió lentamente.
—Menos mal...
El inyector comenzó a moverse con suavidad. El escáner localizó la vena y apenas un instante después el sedante empezó a fluir.
Los párpados de Ava comenzaron a pesar.
Unos segundos más tarde ya estaba completamente dormida.
Emma puso en marcha un cronómetro en el ordenador.
00:00:00
La prueba había comenzado.
—Nos vemos esta noche —dijo Emma.
Emma, Theo y Natalie abandonaron el laboratorio. Necesitaban descansar unas horas antes de hacerse cargo del turno nocturno.
Durante el trayecto de vuelta, Emma permaneció en silencio, mirando por la ventanilla del coche mientras las luces de Seattle se deslizaban lentamente frente a ella.
Natalie la observó de reojo.
—Te noto preocupada.
Emma tardó unos segundos en responder.
—No dejo de pensar en Caleb. Mi madre me dijo que lo está pasando realmente mal.
—No te preocupes. Seguro que solo necesita tiempo.
Emma suspiró.
—Eso espero.
Natalie le dedicó una pequeña sonrisa.
—En cuanto terminemos esta prueba, si quieres, te acompaño a verlo.
Emma asintió agradecida.
—Me gustaría.
Cuando Emma y Natalie regresaron a la universidad ya había oscurecido.
Al entrar en el laboratorio encontraron a Sophie y Han sentados frente a los monitores. Charlaban tranquilamente mientras vigilaban las constantes vitales.
Ava permanecía inmóvil sobre la camilla.
Llevaba más de ocho horas consecutivas dentro de ONEIROS.
—¿Qué tal ha ido todo? —preguntó Natalie mientras comenzaba a revisar los registros.
—Perfecto. No ha habido ninguna incidencia —respondió Han—. Y la IA no ha dejado de generar imágenes. Creo que Ava está construyendo un mundo bastante interesante.
Emma se acercó a la pantalla.
Las primeras imágenes mostraban un enorme prado iluminado por la luz dorada del atardecer. Decenas de personas preparaban un gigantesco globo aerostático de vivos colores mientras el viento agitaba la hierba a su alrededor.
La siguiente secuencia parecía tomada desde la cesta del propio globo.
Ava sobrevolaba un inmenso valle atravesado por un río serpenteante que desaparecía en el horizonte. A ambos lados se alzaban montañas cubiertas de bosques y, sobre ellas, enormes nubes anaranjadas teñidas por los últimos rayos del sol.
Emma siguió pasando imágenes.
El escenario había cambiado por completo.
Ahora aparecía una inmensa ciudad futurista.
Rascacielos de cristal se elevaban cientos de metros hacia el cielo.
Pantallas holográficas recorrían las fachadas proyectando anuncios en movimiento.
Vehículos voladores cruzaban el aire formando carriles luminosos entre los edificios mientras miles de luces moradas y azules iluminaban las calles desde todos los ángulos.
En otra imagen, Ava caminaba por uno de aquellos puentes suspendidos entre torres imposibles, observando la ciudad desde las alturas.
Emma sonrió.
—Veo que Ava tiene mucha más imaginación de la que pensábamos.
—O mucho tiempo para desarrollarla —respondió Han.
Natalie apenas los escuchaba.
Estaba completamente concentrada en las gráficas cerebrales.
Amplió varios registros, comparó las primeras horas con las últimas y permaneció unos segundos sin decir nada.
—Fijaos aquí.
Todos se acercaron.
—Sus patrones cerebrales siguen siendo completamente normales... pero la intensidad de la actividad aumenta poco a poco conforme pasan las horas.
Movió varias gráficas hasta situarlas junto a las de Emma.
—En este punto incluso supera la actividad que registró Emma durante la prueba del lago.
Emma frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Natalie permaneció unos segundos pensativa.
—Todavía no puedo asegurarlo... pero creo que cuanto más tiempo permanece una persona dentro de ONEIROS, más consistente se vuelve la representación que construye. Es como si el cerebro empezara a tratar ese lugar como un recuerdo real y cada hora añadiera nuevos detalles sobre los anteriores.
Miró de nuevo las imágenes.
—No solo está imaginando... está viviendo allí.
El laboratorio quedó unos segundos en silencio.
—Bueno —dijo Sophie mientras se levantaba—. Nosotros nos vamos.
Miró los depósitos del sistema automático.
—El nivel de sedante y el suero siguen dentro de los valores previstos. Si ocurre cualquier cosa, llamadnos.
Han apagó la luz de su mesa.
—Mañana volveremos temprano.
Los dos abandonaron el laboratorio dejando a Emma y Natalie solas frente a los monitores.
Durante la noche todo transcurrió con normalidad.
De vez en cuando Emma observaba las imágenes que la IA iba reconstruyendo en la pantalla, mientras Natalie seguía analizando la actividad cerebral de Ava.
Ambas se turnaron para descansar un par de horas cada una, sin dejar nunca el laboratorio completamente desatendido.
Cuando se cumplieron quince horas desde el inicio de la prueba, Theo llegó para relevarlas.
—¿Qué tal la noche? ¿Estás muy cansada? —preguntó mientras besaba a Emma.
—No demasiado. Nos hemos turnado y he podido dormir un par de horas. Voy al baño a asearme, dentro de un rato tengo una clase importante.
Natalie también aprovechó para marcharse.
—Si notas cualquier cosa fuera de lo normal, llámanos inmediatamente.
—No os preocupéis.
El laboratorio quedó completamente en silencio. Durante un buen rato no ocurrió absolutamente nada. Theo repasó los datos de los monitores, tomó varias notas y, por simple curiosidad, comenzó a observar las imágenes que la IA seguía generando.
Ava continuaba explorando aquel mundo como si llevara semanas viviendo en él.
Ahora aparecía caminando por un bosque formado por árboles gigantescos cuyas hojas brillaban con tonos azulados.
En la siguiente secuencia atravesaba un pequeño pueblo construido sobre plataformas de madera suspendidas entre las copas de aquellos árboles.
Los puentes colgantes unían unas viviendas con otras mientras varias personas conversaban con ella con total naturalidad.
Las imágenes volvieron a cambiar.
Ahora navegaba por un río de aguas cristalinas que discurría entre enormes paredes de roca cubiertas de vegetación. Más adelante aparecía una cascada de varios cientos de metros de altura que desembocaba en un lago de un azul intenso. Todo parecía increíblemente real.
Theo sonrió.
—Desde luego... imaginación no te falta.
Miró el reloj. Habían pasado casi dos horas desde que se había quedado solo.
Volvió a comprobar las constantes.
Frecuencia cardíaca estable.
Saturación correcta.
Respiración normal.
Todo parecía perfecto.
Se levantó para servirse un café. Justo cuando regresó, uno de los monitores emitió un leve pitido.
Theo dejó la taza sobre la mesa y se acercó rápidamente.