Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 5 — El límite #2
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Capítulo 5 — El límite #2

Mientras las chicas seguían disfrutando del recorrido, una idea empezó a rondarle la cabeza.

"Estamos dentro de un sueño..."

"¿Qué pasará si salto?"

Miró la barra de seguridad.

Solo tuvo que imaginar que se abría.

Con un suave clic, el cierre se desbloqueó.

Sophie giró la cabeza justo a tiempo para verlo levantarse.

—¡Han! ¿Qué estás haciendo?

Él sonrió.

—Quiero probar una cosa.

Y saltó.

—¡¡¡HAN!!!

Sophie lanzó un grito desgarrador.

Durante unos segundos lo vieron caer dando vueltas en el aire hasta golpear violentamente contra la estructura metálica de la montaña rusa.

Después desapareció entre las dunas.

La atracción continuó su recorrido unos metros más antes de detenerse por completo.

Sophie salió del vagón de un salto.

—¡Han!

Las tres comenzaron a correr por la playa buscándolo desesperadamente.

No había rastro de él.

Emma preguntó al operario.

—¿Ha visto dónde ha caído?

El hombre las observó con una expresión completamente indiferente.

—¿Quién?

—¡El chico que iba con nosotras!

El operario frunció el ceño.

—Aquí no ha caído nadie.

Las tres se miraron confundidas.

Recorrieron la playa durante varios minutos.

Buscaron entre las rocas.

Detrás del chiringuito.

Incluso bajo la montaña rusa.

No encontraron absolutamente nada.

Sophie empezaba a llorar.

—No puede haber desaparecido...

El silencio se hizo durante unos segundos.

Entonces una voz sonó a sus espaldas.

—¡Estoy aquí!

Las tres se giraron.

Han caminaba tranquilamente por la arena, como si acabara de llegar a la playa.

Sophie corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.

—¡Pensaba que te había perdido! ¿Estás loco? ¿Qué demonios te pasa?

Han le devolvió el abrazo, algo avergonzado.

—Lo siento...

Bajó la cabeza.

—Solo quería comprobar qué ocurría si saltaba.

Emma lo miró de arriba abajo. No tenía ni un solo rasguño. Nadie habría sobrevivido a una caída así en la vida real.

—¿Qué has sentido? —preguntó.

Han se quedó pensativo unos segundos.

—Ha sido una sensación muy extraña. Cuando salté sentí un subidón de adrenalina.

El primer impacto contra la estructura apenas me dolió.

Al llegar al suelo sí noté algo de dolor, pero fue muy leve, casi imperceptible.

Después... lo único que recuerdo es aparecer en una sala completamente oscura.

Podía verme perfectamente a mí mismo, pero no había nada más.

Intenté pensar en la playa para volver, pero no conseguía que apareciera.

Solo sentía frío... un frío muy raro. Por un momento me asusté.

Luego esa sensación fue desapareciendo poco a poco.

Volví a pensar en la playa y, unos segundos después, apareció de nuevo. Y aquí estoy.

Natalie frunció el ceño.

—Entonces... ¿no podemos morir aquí?

Han se encogió de hombros.

—No lo sé. Es la primera vez que me muero.

Sophie lo miró fijamente y le dio un puñetazo en el pecho.

—¡Tonto!

—¡Ay! Eso sí que ha dolido —respondió Han entre risas.

Emma sonrió al verlos, pero enseguida recuperó la seriedad.

—Creo que por hoy ya es suficiente. Tenemos que analizar todo lo que ha pasado y replantearnos muchas cosas.

Todos asintieron en silencio.

Emma los miró uno por uno.

—Recordad... pensad en despertar.

Los cuatro cerraron los ojos.

Al mismo tiempo, una única idea invadió sus mentes.

Quiero despertar.

◆◆◆

Ava no apartaba la vista de los monitores. Había transcurrido algo más de una hora desde que los cuatro habían entrado en el sueño. Las ondas cerebrales permanecían perfectamente sincronizadas hasta que, de repente, una de ellas se desalineó del resto.

Frunció el ceño.

Unos minutos después volvió a estabilizarse y terminó acoplándose de nuevo a las demás.

Ava continuó observando las pantallas en silencio.

Pasados unos minutos, las cuatro señales comenzaron a desacoplarse de forma gradual.

—Ya vuelven —dijo.

A los pocos segundos los cuatro comenzaron a abrir los ojos.

Theo les fue retirando uno a uno los cascos y los sensores mientras se incorporaban lentamente sobre las camillas.

—¿Y bien? ¿Qué tal ha ido? —preguntó, incapaz de ocultar la curiosidad.

Han sonrió de oreja a oreja.

—Ha sido espectacular.

Pero Sophie no compartía su entusiasmo.

Sin decir una palabra se levantó de la camilla y salió de la sala.

Todos guardaron silencio.

Emma intercambió una rápida mirada con el resto y salió tras ella.

Encontró a Sophie en el baño, apoyada sobre el lavabo, llorando.

Sin decir nada, Emma se acercó y la abrazó.

Durante varios minutos permanecieron así.

Solo se escuchaba el llanto contenido de Sophie.

—Ha sido tan real... —susurró entre lágrimas—. Creí que lo había perdido.

Emma acarició suavemente su espalda.

—Lo sé. Ha sido un impacto muy fuerte. Pero no era real. Piensa como científica, no como alguien que acaba de vivir esa experiencia. Todo lo que estamos haciendo es por el bien del proyecto.

Sophie respiró hondo

—Míralo por el lado bueno. Acabamos de descubrir algo que no sabíamos.

Sophie levantó la vista.

—Al menos... parece que dentro de ONEIROS no podemos morir.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Sabía que Emma tenía razón.

Por muy real que hubiera parecido todo, seguía siendo un sueño.

Cuando regresaron al laboratorio, Han se acercó inmediatamente a Sophie.

—Perdóname. No pensé que pudiera afectarte tanto.

Ella lo abrazó sin decir nada.

Natalie ya estaba revisando todos los registros de la prueba.

Se detuvo justo en el instante en el que Han había desaparecido.

—Mirad esto.

Amplió la gráfica.

Durante exactamente cinco minutos, la señal cerebral de Han había quedado completamente inhibida. Después había reaparecido de forma progresiva hasta volver a sincronizarse con la de los demás.

Natalie miró a Ava.

—Introduce este intervalo en la IA y márcalo como "muerte".

Ava levantó la cabeza sorprendida.

—¿Muerte?

Theo también las miró desconcertado.

—¿Habéis experimentado la muerte?

Natalie señaló a Han con una sonrisa irónica.

—Pregúntaselo al lumbreras que decidió saltar desde una montaña rusa.

Ava marcó el fragmento de la señal para que la inteligencia artificial lo identificara como aquel evento concreto dentro del sueño.

Theo volvió a mirar a Han.

—Cuéntamelo desde el principio.

Han les relató todo lo ocurrido con detalle.

Cuando terminó, frunció el ceño.

—¿Pero no lo habéis visto en las imágenes?

Theo negó con la cabeza.

—Vimos algo al principio, pero mejor que te lo explique Ava.

Ava señaló los servidores.

—Al principio sí aparecieron algunas imágenes.

Pero al estar los cuatro conectados, la cantidad de información que la IA tenía que procesar en tiempo real se multiplicó.

Los servidores empezaron a sobrecalentarse y preferí desconectar el sistema de interpretación visual antes de que provocara un fallo.

Hizo una pausa antes de continuar.

—Hasta ahora todas las pruebas habían sido con una o dos personas.

El sistema está preparado para eso, pero no para interpretar simultáneamente la actividad cerebral de cuatro participantes y generar imágenes en tiempo real.

Necesitamos mucha más capacidad de procesamiento...

o prescindir temporalmente del sistema de imágenes cuando hagamos pruebas en grupo.

Ava miró a Han con una sonrisa.

—Así que nos hemos perdido tu muerte en directo.

Todos soltaron una pequeña carcajada.

Natalie volvió a fijar la vista en la pantalla.

—Habrá que repetirlo para confirmarlo, pero estoy bastante segura de que esta interrupción de la señal corresponde a lo que podríamos definir como una muerte dentro del sueño.

Levantó la mirada hacia el grupo.

—¿Algún voluntario?

El laboratorio quedó en silencio.

Nadie respondió.

Acababan de descubrir algo completamente inesperado.

Y, aunque todavía necesitaban muchas más pruebas, todos comprendieron que aquel proyecto acababa de cruzar una línea de la que ya no habría vuelta atrás.