Capítulo 4 — El puente
D espués de varios días de pruebas decidieron cambiar el punto de vista. Ya habían conseguido que la máquina interpretara lo que soñaban, pero si querían conectar varios cerebros dentro del mismo sueño necesitaban algo más.
—Leer un cerebro ya no es suficiente —dijo Theo.
Emma levantó la vista.
—Tenemos que escribir en él.
Aquella frase cambió el proyecto para siempre.
Han modificó los cascos para incorporar emisores de ultrasonidos focalizados.
Natalie calculó la intensidad máxima que podían aplicar sin producir ningún daño cerebral.
Sophie supervisó todos los protocolos médicos y revisó cada nueva prueba antes de autorizarla.
Los primeros ensayos fueron sencillos: un destello blanco, un sonido, una sensación de frío, un olor a café recién hecho, una brisa cálida.
Los resultados eran sorprendentes.
Todos describían exactamente los mismos estímulos.
La máquina ya no solo era capaz de leer la actividad cerebral; también podía inducir experiencias concretas en el cerebro de una persona.
Sin embargo, el verdadero objetivo seguía estando fuera de su alcance.
Cada participante seguía construyendo su propio sueño.
Cuando entraban en él, siempre estaban solos.
El primer intento consistió en sincronizar el inicio del sueño con una precisión de milisegundos.
Los dos participantes se durmieron exactamente al mismo tiempo y la IA confirmó que sus ondas cerebrales evolucionaban de forma casi idéntica.
Al despertar, ambos describieron lugares completamente distintos.
En la siguiente prueba utilizaron los ultrasonidos para inducir los mismos estímulos en ambos cerebros antes de entrar en fase REM.
Una playa, el sonido de las olas y el olor del mar aparecieron en los registros de los dos sujetos.
Sin embargo, una vez comenzó el sueño, cada mente volvió a construir su propia realidad.
Ava propuso entonces que la IA generara una imagen idéntica para ambos cerebros justo antes de dormirse: un viejo puente de piedra sobre un río rodeado de niebla.
Pensaron que partir de un mismo escenario facilitaría la conexión.
Los dos soñaron con un puente... pero uno aparecía en mitad de una ciudad iluminada y el otro en un bosque cubierto por la nieve.
Compartían el punto de partida, pero sus mentes transformaban aquel recuerdo de formas completamente distintas.
Durante semanas probaron decenas de enfoques distintos. Ajustaron frecuencias, modificaron algoritmos, variaron los tiempos de estimulación y repitieron experimentos una y otra vez.
Nada funcionó.
Habían pasado casi tres meses desde que comenzaron el proyecto cuando Emma dejó de mirar el problema desde la tecnología.
Empezó a observarlo desde la psicología.
Aquella noche llenó una pizarra entera de anotaciones, flechas y diagramas.
Cuando terminó, borró todo con un solo movimiento.
Todo.
Después cogió el rotulador y escribió una única palabra en el centro.
SINCRONÍA
Los demás la observaron sin entender.
Emma dejó el rotulador sobre la mesa.
—No necesitamos que un cerebro entre en otro.
Nadie dijo una palabra.
—Solo necesitamos que ambos vean exactamente el mismo mundo.
El silencio fue absoluto.
Theo fue el primero en comprender lo que acababa de decir.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—Exacto... —murmuró—. No tenemos que conectar nuestros cerebros.
Se acercó rápidamente a la pizarra.
—Tenemos que sincronizar las interpretaciones que la IA hace de nuestras experiencias.
Durante unos segundos nadie habló.
Todos estaban procesando aquella idea.
Entonces Ava se levantó de un salto.
—Eso sí puedo programarlo.
Corrió hasta el ordenador y abrió el código fuente de la inteligencia artificial. Sus dedos comenzaron a recorrer el teclado a una velocidad imposible, como si llevase semanas esperando aquella pieza que faltaba para completar el rompecabezas.
Por primera vez desde que habían empezado el proyecto, todos tuvieron la misma sensación.
Ya no estaban intentando resolver un problema imposible.
Acababan de encontrar el puente.
Mientras Ava terminaba de integrar el nuevo algoritmo en la IA, Han modificó el hardware de los cascos para adaptarlo al nuevo sistema y Natalie reorganizó todos los protocolos de sincronización.
Durante cuarenta y ocho horas apenas durmieron.
Las mesas del laboratorio se llenaron de tazas de café vacías, apuntes y pantallas con interminables líneas de código. Nadie pensaba en volver a casa.
Cuando por fin terminaron, habían creado un algoritmo completamente nuevo.
No transmitía pensamientos.
Transmitía un escenario.
Emma y Theo serían los primeros en probarlo.
Ambos se tumbaron en sus respectivas camillas.
Sophie les colocó una vía intravenosa para administrar el suero mientras Han ajustaba los cascos y conectaba los sensores de monitorización.
Natalie comprobó una última vez que todos los parámetros fueran correctos y Ava permaneció frente al ordenador, con la vista fija en las gráficas que comenzaban a aparecer en la pantalla.
Emma buscó la mano de Theo. Él la estrechó con una sonrisa cargada de nervios e ilusión.
—Nos vemos al otro lado —susurró.
Sophie administró el suero.
A los pocos segundos, ambos quedaron profundamente dormidos.
◆◆◆
Emma abrió los ojos.
No reconocía el lugar. Todo estaba completamente a oscuras. Sin embargo, podía verse a sí misma con absoluta claridad. Bajó la mirada y contempló sus manos, su cuerpo e incluso la ropa que llevaba puesta. Todo parecía real.
Se tocó el rostro y recorrió con los dedos sus brazos. Sentía el frío del suelo bajo los pies, aunque era incapaz de distinguir qué estaba pisando. Se agachó y pasó la mano por la superficie.
Metal.
Frío, liso y completamente inmóvil. Pero la oscuridad era tan absoluta que resultaba imposible saber dónde terminaba aquel suelo o qué había a su alrededor.
De pronto escuchó una voz.
—Emma... estoy aquí.
Se giró de inmediato. Theo estaba a pocos metros de ella. Podía verlo con la misma nitidez con la que se veía a sí misma, como si ambos estuvieran iluminados por un foco invisible mientras todo lo demás permanecía sumido en la más absoluta oscuridad.
Emma sintió un escalofrío.
—Esto... es un sueño.
Theo asintió lentamente, todavía incapaz de creer lo que estaba viendo.
—¿Eres real... o eres parte de mi sueño?
Theo soltó una pequeña risa nerviosa.
—Ojalá lo supiera.
Comenzaron a caminar sin un rumbo fijo. No había paredes, ni techo, ni horizonte.
Solo oscuridad. Entonces, sin previo aviso, algo empezó a materializarse frente a ellos.
Primero aparecieron los cimientos, después las paredes, las ventanas y, finalmente, una puerta negra.
Era una vivienda de dos plantas, de tonos blancos y grises.
Emma sonrió al instante.
—Es la casa de mis padres.
La reconocería en cualquier lugar.
Subieron los escalones y entraron. Todo estaba exactamente igual que cuando ella era pequeña. Los muebles, el olor a madera, las fotografías e incluso la ligera marca en la pared donde, siendo niña, había golpeado una bicicleta. Theo observaba todo fascinado.
—¿Cómo has hecho eso?
Emma negó con la cabeza.
—No lo sé... Solo he pensado en ella.
En ese instante, un intenso destello atravesó una de las ventanas.
Theo había imaginado un día soleado.
La oscuridad desapareció de golpe.
Cuando salieron al exterior descubrieron que, más allá de la casa, no existía absolutamente nada. Solo un inmenso espacio blanco que parecía extenderse hasta el infinito.
Emma cerró los ojos un instante. Pensó en un bosque.
Y el mundo comenzó a construirse delante de ellos.
La hierba brotó bajo sus pies. Los árboles crecieron hacia el cielo en cuestión de segundos. El viento comenzó a mover las hojas. Los pájaros llenaron el aire con su canto y el aroma de la tierra húmeda apareció como si siempre hubiera estado allí.
Theo abrió mucho los ojos.
—Es increíble...
Todo aquel lugar obedecía a su imaginación. No tenían que construir nada, solo pensarlo.
Durante más de veinte minutos jugaron con aquel mundo imposible. Crearon senderos, un pequeño lago, rocas gigantes e incluso hicieron aparecer una lluvia de hojas doradas que el viento arrastraba entre los árboles. Era como si fueran dioses dando forma a un universo vacío.
Hasta que Emma decidió que ya era suficiente.
—Creo que deberíamos volver.
Cerró los ojos y pensó en despertar.
Nada ocurrió.
Lo intentó una segunda vez.
Seguía allí.
Theo continuaba tumbado sobre la hierba, observando cómo las nubes cambiaban de forma.
—Theo...
Él levantó la cabeza.
—¿Cómo salimos de aquí?
Al verla preocupada, se incorporó inmediatamente.
—No lo sé... Para mí esto también es nuevo.
Emma respiró hondo. Hasta entonces siempre había bastado con desear despertar, pero nunca antes había compartido un sueño con otra persona.
De pronto una idea cruzó por su mente.
—Espera... quizá el problema sea ese.
Theo la observó.
—¿Cuál?
—Que ahora somos dos.
Se hizo un breve silencio.
—¿Y si los dos tenemos que querer despertar al mismo tiempo?
Theo sonrió.
—Tiene sentido.
Se colocó frente a ella.
—Vale. Cerremos los ojos. Cuando llegue a tres, piensa únicamente en despertar.
Emma asintió.
—Uno...
—Dos...
—Tres…
◆◆◆
Al volver a abrirlos estaban de nuevo en el laboratorio.
Emma giró la cabeza hacia la izquierda.
Theo la estaba mirando fijamente.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo una palabra. Después se incorporaron lentamente hasta quedar sentados frente a frente sobre sus respectivas camillas. Sin pensarlo, se agarraron de las manos y sonrieron.
Natalie, que no había apartado la vista de las pantallas durante toda la prueba, rompió el silencio.
—Decidme que los datos que acabo de ver son correctos... y que habéis estado en el mismo sueño.
Emma miró a Theo.
Los dos asintieron.
El laboratorio quedó completamente en silencio.
Ava fue la primera en revisar de nuevo los registros.
Aquello era imposible.
La IA no había transmitido pensamientos.
Había transmitido un escenario.
Cada cerebro lo había reconstruido utilizando sus propios recuerdos, pero el resultado final había sido exactamente el mismo.
Era como si dos personas estuvieran viendo la misma película...
...proyectada directamente dentro de sus mentes.
Emma observó la pantalla sin apartar la vista de las gráficas.
Theo respiró hondo.
Ava apoyó una mano sobre el interruptor principal del sistema.
—Creo... que acabamos de inventar algo que nadie debería haber podido inventar.
Emma sonrió.
—Entonces... el proyecto ONEIROS funciona.
Se acercó a la pizarra con el mismo rotulador con el que horas antes había escrito la palabra SINCRONÍA.
Debajo del algoritmo escribió una única palabra.
ONEIROS
Todos la contemplaron en silencio.
Todavía no eran conscientes de lo que acababan de conseguir.
Pero lo que acababan de conseguir estaba destinado a cambiar la historia de la humanidad.
Durante varias horas permanecieron revisando todos los datos obtenidos.
Cuanto más analizaban los registros, más evidente resultaba que aquello no había sido una simple coincidencia.
La IA había reconstruido con una precisión asombrosa las imágenes que Emma y Theo habían visto durante el sueño.
La casa, el bosque, el inmenso espacio blanco...
Todo aparecía reflejado en los registros con un nivel de detalle que ninguno de ellos habría imaginado posible.
Ava comparó una y otra vez las secuencias generadas por la inteligencia artificial con las descripciones de Emma y Theo.
No encontró una sola diferencia.
Aquella noche salieron a celebrarlo. Cenaron juntos cerca del campus y, por primera vez en semanas, hablaron de cualquier cosa menos del proyecto.
Sin embargo, la celebración terminó pronto.
A la mañana siguiente debían presentar un informe al decano Caldwell y todos querían llegar con la mente despejada.
A primera hora entraron en la sala de reuniones de la facultad. El decano ya los esperaba al otro lado de la mesa.
—Buenos días. —Sonrió al verlos entrar—. Viendo vuestras caras, diría que traéis buenas noticias.
Natalie dejó una carpeta sobre la mesa.
—Creemos que hemos alcanzado un avance importante.
El decano comenzó a leer el informe en silencio. Durante varios minutos solo se escuchó el pasar de las hojas.
Finalmente levantó la vista.
—Habéis conseguido inducir escenarios controlados durante el sueño... y la IA es capaz de reconstruirlos con una precisión muy superior a la esperada.
Natalie asintió.
—Sí. Hemos mejorado considerablemente la sincronización entre la estimulación cerebral y la interpretación de la inteligencia artificial.
No era mentira.
Simplemente no era toda la verdad.
El decano continuó leyendo.
—También habláis de una elevada coincidencia entre los sujetos durante las pruebas.
Emma respondió con naturalidad.
—Estamos obteniendo patrones muy similares entre distintos participantes. Creemos que aún podemos mejorar la estabilidad del sistema, pero los resultados son muy prometedores.
Nadie mencionó que dos personas acababan de compartir exactamente el mismo sueño.
Aquello seguiría siendo, por el momento, un secreto del equipo.
Caldwell cerró la carpeta lentamente.
—Tengo que reconocer que habéis superado con creces las expectativas que tenía cuando os cedí aquel viejo laboratorio.
Todos sonrieron.
—¿Qué necesitáis ahora?
Ava tomó la palabra.
—Más capacidad para realizar pruebas simultáneas.
Han desplegó sobre la mesa un pequeño plano del laboratorio.
—Necesitamos dos camillas más, otros dos equipos completos de monitorización y espacio suficiente para trabajar con cuatro voluntarios al mismo tiempo. Si queremos comprobar que el sistema es escalable, debemos aumentar el número de participantes.
Sophie añadió:
—También sería conveniente disponer de un pequeño presupuesto para material médico y consumibles. El número de pruebas va a crecer mucho durante las próximas semanas.
El decano permaneció pensativo unos segundos.
—No puedo prometeros todo de inmediato, pero sí puedo conseguir las dos camillas y autorizar la compra del material. Si los resultados siguen avanzando a este ritmo, solicitaré financiación extraordinaria a la universidad.
Los seis intercambiaron una rápida mirada de satisfacción.
Aquello era exactamente lo que necesitaban.
Mientras abandonaban el despacho, Emma no pudo evitar volver la vista hacia la carpeta que acababan de entregar.
Sonrió para sí.
Aquel informe contenía el mayor descubrimiento de sus vidas...
...y, aun así, no contaba ni la mitad de la historia.
Varios días después ya tenían instaladas otras dos camillas y Han consiguió fabricar otros dos cascos idénticos a los originales, imprescindibles para la conexión.
Pronto todo estaría preparado para comenzar las pruebas con más integrantes del grupo.
Lo que ninguno de ellos sabía era que el verdadero experimento todavía no había comenzado.