Mientras dormimos: Proyecto ONEIROS Capítulo 2 — El primer paso #2
8%

Capítulo 2 — El primer paso #2

Al terminar volvieron a hablar con el señor Harris. Ya habían rellenado el formulario con todo el material que necesitaban para el proyecto.

El señor Harris cogió la hoja y comenzó a leer en voz alta.

—Veamos...

Uno: dos sistemas de electroencefalografía (EEG) de alta densidad de 256 canales.

Dos: una estación de adquisición y sincronización de señales biomédicas.

Tres: un servidor de cálculo de alto rendimiento con acceso a GPU para procesamiento en tiempo real.

Cuatro: dos camillas para estudios del sueño.

Cinco: dos máscaras de sueño con sensores de movimiento ocular.

Seis: cuatro monitores multiparamétricos con sensores de frecuencia cardíaca, respiración y saturación de oxígeno.

Siete: dos cámaras infrarrojas para monitorización nocturna.

Ocho: dos equipos de aislamiento acústico con auriculares de cancelación activa de ruido.

Nueve: acceso al laboratorio de Neurociencia y autorización para utilizar el Centro de Simulación Clínica fuera del horario lectivo.

Diez: material electrónico diverso para el desarrollo de prototipos.

El señor Harris dejó la hoja sobre la mesa y levantó lentamente la vista hacia los seis.

—Madre mía...

Se quitó las gafas durante unos segundos y volvió a mirar la lista.

—En veinte años aquí he visto proyectos de robótica, de inteligencia artificial, de genética... pero nunca había visto que alguien mezclara Neurociencia, Medicina, Ingeniería Biomédica, Electrónica e Informática en el mismo proyecto.

—¿Se puede saber qué barbaridad pretendéis construir con todo esto?

Los seis se miraron entre ellos.

Emma fue la primera en responder.

—Un proyecto de investigación.

Harris soltó una pequeña carcajada.

—Eso ya lo había imaginado. Lo que todavía no sé es si vais a ganar un premio Nobel... o a volar media universidad por los aires.

Emma intercambió una mirada con Natalie antes de responder.

—Queremos estudiar la sincronización de la actividad cerebral durante la fase REM del sueño.

Harris asintió lentamente mientras volvía a coger el formulario.

—De acuerdo. Si no surge ningún imprevisto, mañana a primera hora tendréis todo el material instalado en vuestra sala.

Señaló la hoja con el dedo.

—Pero cuidadlo bien. Algunos de estos equipos cuestan más que una casa y, cuando terminéis el proyecto, quiero recuperarlos exactamente en el mismo estado en el que os los entregue.

Emma sonrió.

—Así será. Puede contar con ello.

Harris les devolvió la sonrisa.

—Eso espero. Mucha suerte con el proyecto.

Habían dado un paso importante. El proyecto ONEIROS ya no era una simple idea escrita en un cuaderno; por primera vez tenían un laboratorio, el apoyo de la universidad y la promesa de contar con todo el material que necesitaban. Había motivos de sobra para celebrarlo.

Aquella noche se reunieron en el apartamento de Emma, Natalie y Ava.

Pidieron varias pizzas y llenaron la mesa del salón con aperitivos, refrescos, cervezas y algunas botellas de alcohol.

La música no tardó en sonar por todo el apartamento y, entre brindis, risas y alguna que otra copa, celebraron que, por fin, el Proyecto ONEIROS había dejado de ser una simple idea para convertirse en una realidad, pasaron horas hablando de todo lo que harían cuando el laboratorio estuviera completamente equipado.

Entre bromas, risas y alguna que otra discusión sobre quién terminaría durmiéndose primero durante los experimentos, el ambiente se llenó de un optimismo contagioso.

Incluso Theo y Han, normalmente mucho más tranquilos, acabaron contagiándose del entusiasmo del resto.

Por unas horas dejaron de pensar en protocolos, formularios y permisos. Solo eran seis amigos convencidos de que estaban a punto de embarcarse en la mayor aventura de sus vidas.

La conversación se prolongó hasta bien entrada la madrugada.

Poco a poco el cansancio fue venciendo a las risas y, cuando miraron el reloj, ninguno tenía ganas de volver a casa.

Decidieron quedarse a dormir allí. Entre habitaciones, sofás y colchones improvisados en el salón, todos encontraron un sitio donde descansar.

El apartamento, que horas antes había estado lleno de música y conversaciones, quedó finalmente en silencio.

Al día siguiente empezaría de verdad la aventura.

Emma salió unos minutos a la pequeña terraza para tomar el aire. La noche era fresca y desde allí podía verse parte del campus iluminado por las farolas. Permaneció apoyada en la barandilla, disfrutando de aquel momento de tranquilidad.

Unos segundos después, Theo apareció con dos tazas de café.

—Pensé que todavía no tendrías sueño.

Emma sonrió mientras aceptaba una de ellas.

—Gracias.

Los dos permanecieron unos instantes en silencio contemplando la ciudad.

Finalmente, Theo volvió a sacar el tema que había quedado interrumpido aquella tarde.

—Antes no me respondiste.

Emma lo miró.

—¿Lo de irnos a vivir juntos?

Él asintió.

—No quiero presionarte. Solo necesito saber qué piensas.

Emma bajó la vista hacia la taza que sostenía entre las manos.

—Sabes que te quiero.

Theo sonrió levemente.

—Lo sé.

—Y también sabes que algún día quiero vivir contigo.

Él la observó sin decir nada.

—Pero ahora mismo tengo la cabeza en otra parte. ONEIROS acaba de empezar y sé cómo soy. Si doy ese paso ahora, sentiré que no puedo dedicarme al proyecto como realmente quiero.

Theo permaneció en silencio unos segundos antes de hablar.

—Entonces... ¿solo tengo que esperar un poco más?

Emma levantó la mirada y sonrió.

—Cuando terminemos el proyecto... me iré a vivir contigo.

Los ojos de Theo se iluminaron.

—¿Lo dices en serio?

Emma asintió.

—Te lo prometo.

Sin decir una sola palabra más, Theo la abrazó con fuerza.

—Creo que puedo esperar.

Emma apoyó la cabeza sobre su hombro mientras ambos contemplaban las luces de la ciudad.

Aquella noche no solo habían dado el primer paso para hacer realidad el Proyecto ONEIROS.

También habían dado un paso más en su propia historia.

Aquella noche Emma volvió a soñar.

Se encontraba otra vez en el antiguo laboratorio de Neurociencia. Todo seguía exactamente igual que el día anterior. Las estanterías estaban cubiertas de polvo y decenas de cajas ocupaban cada rincón de la sala.

Suspiró y comenzó a mover la primera.

Después otra.

Y otra más.

Cada vez que conseguía sacar una caja al pasillo, aparecían dos nuevas ocupando su lugar.

Aceleró el ritmo. Arrastraba cajas, abría armarios y despejaba estanterías, pero era inútil. Cuanto más limpiaba, más cajas aparecían, como si el laboratorio se empeñara en no dejarse ordenar nunca.

Sintió cómo el cansancio comenzaba a apoderarse de ella. Respiraba cada vez con más dificultad mientras seguía intentando vaciar aquella interminable montaña de cartón.

De pronto, un sonido agudo rompió el silencio.

Las cajas desaparecieron de golpe.

Emma abrió los ojos sobresaltada.

Eran las seis de la mañana.

El despertador sonaba sobre la mesilla.

Lo apagó con un gesto automático y permaneció unos segundos mirando al techo antes de girar la cabeza. Theo seguía a su lado. Al verla despierta, sonrió, apartó con delicadeza un mechón de pelo de su rostro y le dio un beso.

—¿Qué tal has dormido? —preguntó.

Emma dejó escapar una pequeña risa.

—He tenido una pesadilla.

—¿También has vuelto a soñar con tu abuela?

Ella negó con la cabeza.

—Me he pasado toda la noche sacando cajas del laboratorio... y cada vez que quitaba una aparecían dos más.

Theo soltó una carcajada.

—Eso significa que ayer trabajaste demasiado.

Los dos sonrieron mientras se levantaban de la cama.

Les esperaba un día muy largo. Si el señor Harris había cumplido su palabra, el laboratorio ya estaría equipado y, por fin, podrían comenzar a dar forma al Proyecto ONEIROS.