Mi tío me alivia (Liberación) CAPÍTULO 5
88%

CAPÍTULO 5

Colisión

Me besó, me besó con desesperación, con tal anhelo que el oxígeno se evaporó de mi interior, que me robó el pensamiento y lo dilapidó hasta que solo pude seguir a mi instinto, el mismo que me pidió unirme a tío Robert.

El destello de energía chisporroteó en mi columna vertebral, lo abracé, moví las caderas, acompasé los movimientos al choque de las suyas para profundizar la penetración.

Jadeé, gemí, lo sentí entre los brazos, caliente, sudoroso; su olor entró a mi sistema, accionó todos mis nervios, cada parte sensible de mi ser que respondió a su ataque, a su tacto profano y dulce.

Gruñó, me cogió de la cintura, pellizcó mis pezones, sus brazos sostuvieron mis piernas para embestir mi coño que lo envolvió con los temblores que nacieron desde el núcleo de mi deseo.

Lloriqueé, arañé su espalda, mordí sus labios y él lo tomó como la señal necesaria para acrecentar el asalto.

Bajó la boca, lamió mi cuello como antes, pero esa vez succionó tan fuerte mi tierna piel que un rayo atravesó mi columna.

Grité, le encajé las uñas, pero lejos de frenarlo hizo que cada acometida fuese más profunda, que me abriese el coño y reventara su pelvis contra mi necesitado clítoris. Cada golpeteo de caderas puesto en el lugar correcto.

La colisión de sus músculos con mi carne se elevó en aplausos acuosos. Mi lubricación caliente goteó y pringó su polla, su pelvis, incluso parte de su vientre bajo.

El bramido que salió de su garganta reverberó en mi cabeza más que la lamida profusa con la que fustigó mi pezón, antes de llevarlo a su boca y succionar mi leche con apetito voraz.

Me estaba follando como siempre soñé y solo pude retener el orgasmo para no correrme y desmayarme al mismo tiempo, para alargar el momento y convertirme en un nuevo icaro, en un desastre de la naturaleza capaz de arrasar todo a su paso.

Quería más, deseé que cada sensación se perpetuara en el espacio-tiempo, que mis latidos no se aceleraran, que no me ocluyeran los oídos, pero fue imposible poner freno al impacto de energía que viajó a la velocidad de la luz con cada envite de sus caderas para electrificar mi sistema nervioso.

Lloriqueé, me revolví, mis pies se encogieron, los abracé con las rodillas, mientras su boca golosa se alimentó de mi leche, mientras su polla se engrosó y me abrió hasta reventar con cada invasión a mi útero.

El ardor, el calor… Mi piel se enrojeció, mi cuerpo vibró y ya no pude más.

Grité, no supe si un sonido salió de mi boca, si él me abrazó a mí, o si yo lo hice en medio de las fulgurantes sensaciones que estallaron en mi vientre y se esparcieron hasta que la onda de expansión me consumió por completo y llegué al mismo cielo, en el que la gloria me sobrecogió y desintegró para unirme a la misma naturaleza.

Y lo sentí, cuando creí que me desvanecería en el sofá, cuando me creí sin fuerza ni siquiera para respirar, su cuerpo se agrandó, se solidificó en mi interior, un gruñido brotó de su boca que mordió mi pezón y…

Se corrió. El estallido del primer disparo combinado con el ardor de sus dientes mancillando mi perla hizo que mis ojos se fueran al fondo de mi cráneo, que mi espalda se tensara, que lo abrazara con más fuerza hasta hundir su cabeza en mi pecho, mientras otro cruel orgasmo me traspasó, esa vez, como si el maremoto viniese de lo más profundo del océano, donde un monstruo de tres cabezas desató su ira para devorarlo todo.

El blanco del cielo no fue suficiente para sostenerme, ya no me desintegré ante la luz, sino que me uní a él.

Cada pulsación que irrigó sangre a su cuerpo se expandió directo al mío cuando su calor me colmó, cuando eyaculó cada gota de semen en mi vagina y al fin toqué la gloria con la punta de los dedos.

Exhalé y me desplomé sobre el sofá, sin un gramo de energía, sin la capacidad de mover un solo dedo, pero con algo más que envolvió mis células e hizo que sintiera una especie de poder diferente, algo intangible, algo con lo que quería quedarme para el resto de mis días.