Mi suegra (Historias prohibidas) WhatsApp con mi suegra
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WhatsApp con mi suegra

Con su hija, Laura, nos llevamos relativamente bien, aunque, en la intimidad que nos ofrece internet, yo soy muy caliente. Siempre tengo el pene erecto y me excito con mucha facilidad.

Bueno, retomando mi historia, mi suegra vive sola porque a Laura, mi novia, le salió un trabajo fuera de la ciudad y, como es viuda, no tiene a nadie más.

Por lo que entre nosotros la única manera de comunicarnos a diario era a través de WhatsApp y redes sociales.

Se me ocurrió un juego un poco perverso, hablar con mi suegra haciéndome pasar por otra persona. Para ello, adquirí un nuevo teléfono móvil expresamente para ello. Inmediatamente, le envié una solicitud de amistad y ella aceptó. Ella me contestó y empezamos a hablar esa noche durante un buen rato.

Le dije que era de Madrid, que tenía 29 años (mi edad real), que me llamaba Roberto, etc.

A mi suegra le gustaba mucho hablar con «Roberto» y estuvimos un par de noches hablando hasta tarde y contándonos nuestras vidas.

Poco a poco, fuimos subiendo el tono de nuestras conversaciones: primero con adivinanzas subidas de tono, bromas de doble sentido y chistes XXX.

De hecho, una noche jugamos a las adivinanzas con prendas; enviándonos fotografías con la cara tapada.

Yo tengo un libro de adivinanzas de ese tipo, así que es obvio que gané por amplia mayoría.

Al principio no quería jugar, pero tras varias horas de insistencia logré convencerla alegando que, debido a la distancia, nunca nos veríamos.

Accedió. La excitaba diciéndole que me estaba masturbando (cosa que era verdad) mientras ella, poco a poco, se iba quitando la ropa.

Lo primero que se quitó fue la falda. Tras varios juegos, logré que se quitara la blusa.

Un tremendo par de tetas quedó ante mis ojos.

Ya habíamos dejado atrás el juego: yo le pedía con voz excitada que se quitara el sujetador.

Ella, con cara de excitación, se las tocaba y me preguntaba si me gustaba lo que veía.

Cada vez estaba más caliente. Le decía cosas subidas de tono y ella se tocaba los pechos, sabiendo que me excitaba.

No aguanté más y se los saqué. Dos tetas descomunales quedaron a la vista.

Le pedí que se las chupara y ella accedió a todo.

A través del micrófono, notaba lo excitada que estaba y le preguntaba si lo estaba.

—Si, joder que caliente me pones —me envió en audio.

—Me encantaría chuparte esas tetas...

Ella también estaba muy excitada; notaba cómo su mano se metía entre sus piernas mientras escuchaba mi voz. Le pedí que me dejara ver su coño, pero no quiso.

Pasamos varias sesiones así: yo la calentaba y ella me enseñaba las tetas.

Le recomendé que leyera algún libro de “Valeria Márquez”. Mientras le leía algunas historias, se masturbaba delante de la cámara. Buscando a propósito, le leí una historia sobre la relación de un joven con su suegra. Le pregunté si tenía un yerno y me dijo que sí.

Le dije que cerrara los ojos e imaginara que ella era la mujer de la historia y yo, el joven yerno.

Ella lo hizo. Le pregunté cómo se llamaba su yerno.

Me dijo que Víctor. Comencé a contar la historia y cambié los nombres por Víctor y Miriam.

Se excitó mucho. Hacía pausas en mi relato y le preguntaba si se imaginaba con su yerno.

«Sí», me dijo. Le pregunté cómo era yo y me lo describió.

Entonces, le pregunté qué era lo que más le gustaba de mí.

No supo responder, dijo que nunca me había mirado con otros ojos.

—¿Y él? —le pregunté.

—Sí, he notado cómo a veces se fija en mi busto —me contestó.

—¿No te gustaría que él te chupara esas hermosas tetas que tienes? —le pregunté.

—Ahora sí —me dijo.

—¿Y por qué no se lo propones? Me contaste que tu hija ya no vive contigo y que estás sola. Te aseguro que se muere por chupártelas, igual que yo...¿No es así?

Ella se reía un poco nerviosa.

—Yo, si fuera él, no rechazaría comerte esas tetas, Miriam. Estás muy buena. Qué lástima que no vivas más cerca de mí, porque ahora mismo iría a tu casa y te las comería. Te agarraría ese tremendo culo...

Miriam se excitaba con cada una de mis palabras.

—Sí, sí, me gustaría que estuvieras aquí.

—Yo no puedo ir, pero llama a tu yerno para que te las coma.

—No seas loco, ¿cómo se te ocurre?

—Vamos, hazlo.

—No, cómo se te ocurre. Además, no creo que se interese por mí.

—¡Cómo no se va a interesar por ti! Recuerda cómo te miraba las tetas. ¡Seguro que quería chupártelas como yo!

—Ya, corazón, es muy tarde, tengo que acostarme.

—Nos vemos mañana, ¿te parece?

—De acuerdo, nos vemos mañana.

—De acuerdo, Miriam, te estaré esperando.

—Déjame darte un último beso a esas tetitas ricas que tienes.

Ella me las acerca a la cámara y yo emito un sonido de besos. Se corta la comunicación.