CAPÍTULO 19. #2
Nos llevó un buen rato decidirnos hasta que, finalmente, elegimos un estreno reciente de superhéroes, aunque, para ser sincero, no estaba seguro de tener el ánimo para demasiadas hazañas épicas: la noche casi en vela del día anterior empezaba a pasarme factura.
Sentía los párpados pesados y los ojos ligeramente irritados.
Aun así, me obligué a seguir el argumento durante un rato, intentando concentrarme en la pantalla. Pero el cansancio acabó imponiéndose y, poco a poco, las imágenes de la película se fueron desdibujando ante mí hasta terminar deslizándome hacia un sueño ligero y extraño.
En él, mi inesperada compañera de aventuras era Alexandra. Aparecía vestida con un traje ajustado y provocador que apenas dejaba lugar a la imaginación. Caminaba hacia mí con una media sonrisa peligrosa, inclinándose lo justo para rozar mi oído con su aliento cálido.
—Despierta, bello durmiente… —susurraba con voz baja.
ALEXANDRA.
Se había quedado dormido. Su cara reflejaba un gesto distendido y su boca permanecía entreabierta en un aire de lo más sexy.
Apagué la televisión y me recreé en observar tan fascinante imagen.
Desde luego, aquel espectáculo era mucho más interesante que la lucha por el poder de Thor y sus acompañantes.
A una parte de mi cerebro todavía le costaba asimilar que Logan Dawson estuviese dormido en el sofá de mi casa después de mantener una sesión de apasionados besos conmigo, pero no, era real: él estaba ahí, a mi lado, inmóvil y respirando de forma profunda y pausada.
¿Cuántas veces, a lo largo de los años, había fantaseado con vivir algo semejante?
Demasiadas. Me sentía como un buscador de tesoros que consigue su objetivo tras años de obsesiva investigación y que, de pronto, paradójicamente, tiene dudas sobre la manera de proceder.
Claro que, si Paige supiera que comparaba a Logan con una especie de «tesoro», lo mismo me ponía una camisa de fuerza. Y quizá con razón.
Nunca había sido de las que se acobardaban, aunque la posibilidad de que algo saliera mal y de que Logan acabase por desaparecer de mi vida me inquietaba. No conseguía sacarme de la cabeza aquella frase suya.
«No creo en las historias serias».
Sacudí la cabeza con vehemencia, como si de esa manera pudiera arrojar de mi mente pensamientos tan nefastos. Debía concentrarme en vivir el presente y olvidarme de un futuro que, en el mejor de los casos, se presentaba como incierto.
Decidí despertarlo, por lo que lo zarandeé con suavidad por las piernas.
—Despierta, bello durmiente…
El movimiento de sus pestañas indicaba que me había escuchado, aunque me costó unos segundos conseguir que abriera los ojos del todo y se incorporara.
—Me he quedado dormido…
—Es un poco tarde. ¿Quieres quedarte a dormir en el cuarto de invitados? —propuse siguiendo un repentino impulso y ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse, aunque teniendo en cuenta su envergadura, no era tarea fácil.
—Eeeh… —. Pareció dudar por un momento. Debía de estar situándose todavía—. ¿Seguro que no te importa…?
—En absoluto. Además, ya lavarás las sábanas mañana, tranquilo —señalé en tono socarrón, tirando ligeramente de él hacia el largo pasillo que distribuía los dormitorios.
—Eres muy graciosa, ¿sabías? —replicó soltándose de mi mano con lo que sospeché era fingida indignación
—¡Si tú lo dices…! —agarré de nuevo su mano de un rápido movimiento—. Ven, escoge una camiseta grande para dormir; creo que tengo alguna que te podría valer. Ya sabes dónde están…
Él siguió mis pasos sin oponer resistencia y, a continuación, se dedicó a buscar en mi vestidor hasta sacar una camiseta gigantesca que me habían regalado no sé dónde y que ni siquiera había estrenado.
—Te invitaría a dormir conmigo… siempre que prometas comportarte, claro —comenté con una ironía suave, esforzándome por sonar despreocupada, como si mi respiración no estuviera acelerada al doble de lo normal.
Aún no quería hacer el amor con él. Siempre había sido de tomármelo todo con calma, y con Logan más aún, aunque la idea de dormir a su lado resultaba demasiado tentadora como para ignorarla.
Mi ofrecimiento no le debió parecer del todo mal, pues, tras pensárselo durante un par de segundos, adoptó una mueca divertida y respondió:
—Tranquila, me comportaré como un auténtico caballero, si es lo que quieres…
Lo dejé cambiándose en uno de los baños de invitados mientras yo bajaba a César a la calle, en la que sería su última salida diaria.
Los nervios me encogían el estómago, aunque sabía que esa noche no iba a ocurrir nada que pudiera ser calificado para mayores de dieciocho años.
Aun así, la situación me imponía. Apenas tardé quince minutos, pero a mi regreso él estaba ya acostado en un extremo de mi cama.
Dormía, ¿o se hacía el dormido? Imposible saberlo con seguridad.
Me cambié en el cuarto de baño y me acosté dejando un espacio prudente entre ambos.
¿Escucharía los desaforados latidos de mi corazón? Esperaba que no.
Apagué la luz y coloqué el cuerpo en mi postura habitual, de lado y con las piernas algo encogidas.
Intenté relajarme y dejar la mente en blanco, pero el sueño se resistía.
Al cabo de un rato sentí que Logan se movía. Se acercó despacio hasta rodearme por la espalda con un brazo. El contacto me provocó un pequeño respingo que fui incapaz de evitar.
Así que no estaba dormido.
Permanecimos así durante un largo rato, en silencio.
Al principio pensé que su respiración se había vuelto más profunda, como si se hubiera quedado dormido, pero, prestando un poco más de atención, comprendí que no era exactamente regular.
Había pequeñas variaciones, pausas casi imperceptibles, como si él también estuviera esforzándose por mantenerse quieto.
Quizá no era la única a la que aquella cercanía estaba poniendo a prueba.
Para mí empezó a convertirse en una especie de dulce tortura.
Me moría por girarme, por tocarlo, por besarlo…
por hacer con él un sinfín de cosas que prefería no enumerar ni siquiera en mi propia cabeza.
Pero me obligué a permanecer quieta, tratando de serenarme mientras me convencía de que debía esperar un poco más, permitir que aquellos cimientos débiles y desconcertantes sobre los que se sostenía nuestra relación se consolidaran antes de dar otro paso.
Tardé bastante en quedarme dormida, pero cuando al fin lo conseguí, seguía en la misma postura, con el brazo de Logan rodeando mi cuerpo y aspirando el aroma limpio y fresco de su colonia.