CAPÍTULO 13.
ALEXANDRA.
—¿En serio no me puedes acompañar? —insistí de nuevo a Paige, que me miraba negando con la cabeza con cara de circunstancias—.
¡Piénsalo!, tú y yo por Miami durante dos o tres días.
Solo tendré un par de reuniones y el resto del tiempo podríamos hacer turismo —agregué tratando de convencerla por última vez, aunque empezaba a pensar que era inútil.
—Me encantaría, en serio… Pero si no estoy aquí para celebrar el cumpleaños de Charlie, me mata.
¡Qué oportuno el niño, cumplir años justo esos días! Odiaba ir sola a aquel tipo de viajes.
—¡Será plasta!, pues que lo celebre con Harry… —repliqué burlona, refiriéndome a la otra punta del triángulo amoroso—. Lo mismo se hacen amigos y todo, ¿quién sabe?
—¿Y no lo puedes retrasar unos días?
—No, me esperan el próximo lunes. Además, no me conviene dilatar el asunto, no se vaya a gafar…
Alargué el brazo hasta tocar supersticiosamente el lustroso suelo de madera.
Estaba a punto de firmar un jugoso contrato con una empresa de Florida para distribuir el software de ScarCompany por varios países de Hispanoamérica, aunque con el tiempo había aprendido a no dar por bueno un acuerdo hasta tenerlo bien atado y definitivamente firmado.
—Pues me temo que, en esta ocasión, tendrás que ir sola —dijo Paige en tono de disculpa—. Aunque podrías llevarte a alguien que te acompañe, por ejemplo, al nuevo jefe del departamento de ventas internacionales. Es bastante simpático, ¿cómo se llama?, ¿George…? Seguro que va encantado.
—¡Uf, me da pereza!, para eso prefiero ir sola —repuse mientras una idea, algo descabellada, se encendía en mi cabeza como una luz tintineante a la que era imposible ignorar—. Claro que también podría ir con…
—¿Con quién…?
—Con mi flamante asistente personal… —musité valorando el asunto.
—¿Logan?
—Aunque podría negarse a ir…
—Sabes perfectamente que no se lo puede permitir… —replicó Paige tras clavarme la mirada con gesto calculador, como si quisiese acceder a mis pensamientos.
Era cierto. No podía negarse. Una sonrisa malévola asomó a mi semblante antes de coger el teléfono y marcar la extensión de Julia.
—Dime, Alexandra —escuché de inmediato su voz al otro lado de la línea.
—Necesito que me reserves otra habitación en el hotel de Miami.
—Claro, ¿a nombre de quién?
—De Logan Dawson.
—¿Una suite también?
—No. De hecho, si tuviesen alguna habitación que esté en desuso por mal estado o algo así, sería perfecto… —aclaré, provocando las risas de Paige, que se revolvía en su asiento con regocijo.
—¿Cómo has dicho?
La voz de desconcierto de Julia era más que elocuente. Debía estar intrigadísima por mi actitud ante Logan, aunque su discreción le impedía preguntarme de manera abierta al respecto.
—Que te informes de si tienen alguna habitación que, por el motivo que sea, no está del todo en buen estado… —dije tratando de mantener la seriedad.
—Estamos hablando del hotel Ritz-Carlton… —objetó mi secretaria, como si con eso estuviera todo dicho. Se trataba de uno de los hoteles más lujosos de Miami e imaginé que estaría preguntándose si me había vuelto loca de remate.
—Lo sé. Pero puede que tengan algo que se ajuste a lo que digo. Pregunta por si acaso —insistí antes de dar por terminada la llamada y chocar mi mano con la de Paige, en un gesto que manteníamos desde nuestra época en el instituto.
—Eres bastante maquiavélica, ¿lo sabías?
— Peccata minuta …
—Por cierto, no me has dado detalles de lo del sábado pasado.
—El sábado pasado… —repetí como si no supiera a lo que se refería. Le había mencionado de pasada lo de la clase de tenis con Logan, aunque seguía sin saber cómo describir la insólita experiencia.
—Sí, no te hagas la tonta. Me refiero a tu cita deportiva con el esclavo . ¿Cómo fue?
—Fue… extraño —aclaré tras considerar mi respuesta durante unos segundos. No podría definirlo de otra manera.
—¿Extraño? —inquirió Paige enarcando exageradamente las cejas—. ¿A qué te refieres?
—Pues a que hubo momentos en los que olvidé quién era él y por qué estábamos allí… Parecíamos un par de amigos que pasan tranquilamente la mañana del sábado.
—¿Un par de amigos? —repitió con incredulidad—. ¡Lexi!, dudo mucho que Logan y tú podáis llegar a tener algo parecido a una amistad. Ten cuidado, no te vayas a quemar con todo esto al final…
—Tranquila, eso no ocurrirá —negué moviendo con énfasis la cabeza de un lado a otro.
—¿No te has planteado que, quizá, deberías dar por terminada tu particular vendetta con ese cabrón y olvidarte de él? Le has dado una lección, objetivo cumplido. Puede que no te convenga alargar mucho más este asunto…
—¿Por qué me dices eso ahora? Antes te parecía buena idea.
No tenía intención de liberar a Logan tan pronto. Me estaba divirtiendo demasiado como para hacerlo.
—Pues ahora no tanta, la verdad. Él te gusta, y eso cambia algo las cosas, ¿no crees?
—¡No corras tanto! Yo no he dicho que me guste, tan solo que me atrae —aclaré algo amoscada. Me empezaba a molestar el cariz que tomaba la conversación.
—¡No me vengas con matices absurdos!
—Sé lo que hago, Paige —afirmé tratando de parecer convincente a pesar de que una vocecita me advertía sobre la veracidad de las palabras que acababa de pronunciar.
—¡Está bien! —claudicó—, pero no te ablandes demasiado con él.
—No lo haré, tranquila. No es mi intención…
—Y ten cuidado con lo que haces, por favor.
—Lo tendré.
Por supuesto que lo tendría. Siempre había sido sumamente precavida y no iba a dejar de serlo en aquel momento, menos aún con Logan, por mucho que su mera presencia consiguiera exaltar mis cinco sentidos. Algún día, más pronto que tarde, dejaría de causar ese efecto en mí.
Y ese día, por fin, sería libre.