Mi querido enemigo CAPÍTULO 6. #3
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CAPÍTULO 6. #3

Había sido bastante fácil orquestar la compra de todas las participaciones del club que no eran propiedad de Logan y de su madre.

Tan solo había hecho falta una buena oferta económica y ciertas dotes de persuasión con los más reticentes a vender.

Lo cierto era que la desmedida afición al juego de Simon Dawson, el padre de Logan, me había facilitado extraordinariamente las cosas, para qué negarlo.

Buena pieza debía de haber sido el papaíto.

Con los otros dos, borreguito y Barbie , tampoco había sido demasiado difícil ajustar un poco las cuentas.

Un exhaustivo informe, por parte de una prestigiosa y discreta agencia de detectives, me había dado las claves para ello.

Tan sencillo como contratar a una bellísima prostituta de lujo para reventarle la boda a Madison con aquel ricachón con pinta de bobo con el que se pretendía casar, y que ScarCompany cambiara de firma de abogados a cambio de pedir la cabeza de Troy servida en una bandeja de plata, enfangando, de paso, su reputación.

Consideraba que, de momento, mi deuda con ellos estaba saldada.

Pero no con Logan. Con él no había hecho más que empezar, porque si alguien debía pagar de verdad por lo ocurrido en el instituto, era su líder. Y el líder siempre debe responder por su ejército.

LOGAN.

—¡Jesús bendito! —exclamó Madison con gesto de espanto en cuanto terminé de relatar mi encuentro de aquella mañana con Alexandra. Un momento, ¿desde cuándo me refería mentalmente a Cara rota por su nombre? —¡Alexandra Bennet, millonaria!, ¿quién lo iba a decir?

—No lo entiendo. ¿Qué es lo que pretende exactamente…? —preguntó Troy, de manera un tanto retórica, mientras toqueteaba nervioso su vaso de agua.

—Yo creo que está bastante claro, ¿no crees? —contesté en tono de derrota—. Amargarme la vida, fundamentalmente.

—Pero, ¿después de tanto tiempo?, ¿de verdad? —intervino Madison abriendo y cerrando por tercera vez la carta del restaurante del club sin parecer decantarse por nada en concreto.

—Está claro que te la tenía guardada —musitó Troy tras unos segundos en los que los tres permanecimos en insólito silencio—. Aunque… ¡Dios! ¿se puede saber por qué éramos tan idiotas en esa época? —agregó mirando al techo con expresión de contrición.

—No lo sé, en serio. Pero cada vez que alguien menciona la palabra « bullying » , se me ponen los pelos de punta, puesto que eso es, exactamente, lo que hicimos. Y no solo con Cara rota , también con la ratita con gaf … digo, con Paige.

De pronto, me parecieron despreciables ambos motes.

¡Cuánta tontería teníamos encima en aquella época! Habíamos hablado de aquel tema en no pocas ocasiones desde entonces y siempre finalizábamos la conversación con mal sabor de boca.

—Una vez localicé a Paige por el Facebook y estuve a punto de escribirle. Pero… ¿qué le iba a decir?: «¿Perdón por haber sido una capulla contigo?» —dijo Madison fijando alternativamente la vista en Troy y en mí.

—Pues deberíamos haber hecho algo parecido y, ya de paso, podríamos haber localizado también a Cara rota . Digo, a Alexandra. ¿Sabéis si siguen siendo amigas?

—Ni idea —reconocí tras emitir un suspiro de resignación—.

En cualquier caso, me temo que es tarde para hacer nada.

Ni siquiera se dignó a contestar cuando me disculpé con ella.

Ahora solo me queda esperar y ver cuáles son sus condiciones para que no me cierre el club y, de paso, me arruine en la más absoluta de las miserias.

Verás cuando se lo tenga que decir a mi madre…

—¡Ay, Dios! —exclamó Troy tras apretarse las sienes como si estuviese sufriendo un repentino dolor de cabeza.

—¿Qué?

—¡Se me acaba de ocurrir algo espantoso! —aclaró abriendo exageradamente los ojos—. ¿Y si Alexandra está detrás de mi despido y de los cuernos de Maddie?

La idea era estremecedora, pero tenía toda la lógica del mundo. De ser así, aquella mujer era todavía más maquiavélica de lo que yo pensaba.

—¡Ostras!

—Ostrasss.

—Sí, ¡ostras!

Permanecimos un rato en silencio, comunicándonos solo con la mirada. Nos conocíamos lo suficiente como para saber que los tres pensábamos lo mismo.

—Así que… ¿ Cara rota es la culpable de la faena que me ha hecho Henry? —inquirió Madison, furiosa, volviendo a dirigirse a Alexandra por su apodo de antaño.

—En honor a la verdad, el responsable es el propio Henry. Si hubiese pensado con la cabeza en vez de con otra parte del cuerpo, ahora mismo estaríais de viaje de novios en las Cataratas Victoria —replicó Troy con cierta acritud—. Aunque sigo pensando que, en el fondo, te ha hecho un favor.

—¡Otra vez lo mismo! ¡Menudo favor! Espero que nadie te lo haga a ti…

—¡Chicos!, dejadlo ya. Lo que debemos hacer ahora es confirmar si, efectivamente, Cara rota es la causante de vuestras últimas desgracias.

—Volveré a hablar con algunos de mis excompañeros de trabajo, por si se han enterado de algo nuevo respecto a lo de mi despido, aunque lo que más me preocupa ahora es que, de ser ella la responsable, no quede ahí la cosa.

Puede que nos tenga preparadas más jugarretas…

Ahora que es rica, tendrá todas las opciones del mundo en su mano.

¡Dios mío! Aquello se había convertido en una especie de vodevil con tintes dramáticos. Y lo peor de todo era que aún no sabía qué intenciones tenía Alexandra exactamente respecto a mí. Me esperaba toda una semana de hacer cábalas al respecto.