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―Me encanta teneros a los dos a puntito de correros, así estaréis más excitados todavía, si yo estoy cachonda, ni me imagino vosotros... ―suspiró Sandra besuqueando el oído de Ismael―. ¿Y tú qué tal vas, cariño?, ¿quieres que siga?
―¡Haz lo que tengas que hacer, puta!, cuando me sueltes, ya me encargaré de ti...
―Pues se me ocurren unas cuantas cosas, me apetece mucho follar, muchísimo...
¡ni te imaginas cuanto!, ¿quieres que me siente encima de ti?
, sé que te pongo desde el primer día que me viste, ¿o te crees que no me doy cuenta de cómo me miras?
―y me pidió que me acercara hasta ella―.
Kira, ven aquí, ¿me ayudas con el tanguita?
Me situé a su lado, ella recostada, levantó la cadera y le fui quitando su prenda más íntima, recorriendo sus piernas hasta que se lo saqué por los pies. Ahora Sandra solo llevaba las medias, las ligas y los ligueros.
De un golpe seco, me arrebató el tanguita de la mano y se lo pasó a Ismael por la cara.
―¡Huele esto, cerdo!, ¿te gusta lo bien que huele mi coñito? ―le dijo Sandra con voz sensual.
―¡Aparto eso, mmmmmm!, ¡quita, zorra!
―¿Y ahora vas a follarme? ―le preguntó montándose encima de él con una sorprendente agilidad felina.
La polla de Ismael, quedó aprisionada bajo su cuerpo entre los labios vaginales y ella comenzó a moverse delante y atrás, frotándose contra ese falo que estaba igual de duro que al principio.
Ismael seguía sollozando, quejándose del dolor, pero ya no tuvo fuerzas para intentar quitársela de encima y dejó que Sandra simulara que se lo follaba, mientras le restregaba las tetas por la cara.
No le dio la más mínima opción a que él pudiera morderla, así que no acercó los pezones a su boca por si acaso y le bamboleó los pechos en sus narices, cabalgándole cada vez más rápido.
―¿Quieres follarme, eh?, ¿es eso lo que quieres? ―le preguntaba Sandra una y otra vez.
―¡¡¡Síííí, joderrrr, sííííí, síííííí!!!! ―afirmó, tensando la cadera, intentando buscar su coño.
Pero Sandra no le permitía metérsela, y después se dio la vuelta, montándole al revés, mostrándole su portentoso culo, que no paraba de mecerse.
―¡Azótame, nena, azótame delante de este cerdo, mmmmm! ―me pidió y yo apoyé una rodilla en la cama acercándome a ellos y le sacudí con ganas en su glúteo derecho.
¡¡¡PLASSSS!!!
En cuanto escuchó ese sonido, Ismael gimió del gusto, lo mismo que mi amiga, que me pidió que la sacudiera todavía con más fuerza.
―¡¡Másssss, Kira, sigueeee, aaaaaah, másssss, másssss!!
Y castigué su culo todo lo duro que pude.
Con cada azote, Sandra se meneaba con más intensidad y yo esperaba diez segundos para soltarle el siguiente, así hasta diez veces.
Mis dedos se quedaron marcados en su piel, y cuando terminé, Sandra ya destrozaba literalmente la polla del Comandante.
Tensó los glúteos de repente y se quedó parada, temblando con los ojos cerrados, como si estuviera conteniendo su orgasmo.
―¡¡Uffff, qué bueno, me ha encantado que me azotes así, te lo juro que casi me corro...!!, mmmmm, pero todavía no ha llegado el momento...
Esperó veinte o treinta segundos para coger aire y se desmontó de encima de Ismael. El grandullón la miró con miedo, jadeaba con la respiración muy acelerada y en sus ojos pude ver un atisbo de súplica.
―Ven aquí, Kira ―me pidió Sandra―. Ponte a cuatro patas igual que yo, pero al otro lado...
―Nooooo, noooooo ―gimoteó Ismael cuando la rubia con el pelo rizado le agarró la polla y acercó la lengua a su glande.
Yo imité su postura, una a cada lado de la cama, atacándole por los costados; y a diez centímetros de distancia, pude contemplar cómo mi compi se hacía de rogar antes de proporcionarle una señora mamada.
―¿Te gustaría chupársela? ―me preguntó.
―Sí, contesté... pero no puedo hacerlo, el contrato... no podemos intercambiar ningún tipo de fluido...
―Ah, es verdad, el contrato... es una pena que no puedas, mmmm, está bien, yo lo haré por ti ―y Sandra se la metió en la boca, comiéndosela unos segundos y cuando la sacó, buscó mis labios para morrearse conmigo.
―¡¡Mmmmmmm, joderrrrr!! ―bramó Ismael, al que le volvía loco verme besándome con Sandra, justo sobre su polla.
Y mi amiga le brindó una mamada inolvidable.
Guarra y lasciva. Se la escupía antes de metérsela en la boca y le acariciaba con la lengua por todo el falo, para después, con el interior lleno de babas, buscarme a mí y empaparme la cara.
Me lamió la mejilla, me metió la lengua en la boca, pasándome su saliva en un beso demasiado obsceno y aceleró el ritmo al que le pajeaba con la mano.
El Comandante estaba a punto de explotar contemplando aquella escena tan soez.
―¡¡Aaaaah, Diossss, joderrrrr, aaaaaah, aaaaaah!! ―y en ese instante Sandra se apiadó de él, soltando las pinzas que estragulaban sus huevos―. ¡Joder, graciassss, graciasssss, ufffff, ya no podía soportarlo másss!
―¿Quieres correrte en mi cara? ―le preguntó ella, incrementando la velocidad de su mano, para después poner la boca delante.
―Mmmmm, síííí, sííííí, sííííí...
―Espera, todavía tengo algo mejor para ti...
―No, mmmmm... noooo, zorraaaa, no pares ahoraaaaa, mmmmm...
―Es tu turno, Kira...
―¿Mi turno?
―Sí, ven aquí, siéntate encima de él, igual que hice yo antes...
―Pero no puedo...
―Claro que puedes, con eso no incumples ninguna norma ―y me ayudó, levantándome por las axilas y yo abrí una de mis largas piernas, para montarme sobre su polla.
―¡Noooooo, noooooo, para, Kira, paraaaaaa, paraaaa, joderrrrr! ―protestó Ismael.
―Y ahora muévete, nena, como si te lo estuvieras follando...
Sentí la dura polla de Ismael bajo mi cuerpo y os juro que eso me llevó de nuevo al límite.
Estaba demasiado cachonda y al igual que Sandra, inicié un lento vaivén, simulando que me lo estaba follando.
No sé si le daba más placer a él o a mí, pero yo tampoco podía restregarme con mucha más velocidad o me correría de inmediato.
Era demasiado excitante notar bajo mi cuerpo lo caliente que la tenía, y de repente nos miramos a los ojos, estableciendo una conexión inmediata.
―Kira, paraaaaa, Kiraaaa, paraaaa, es una orden, aaaaah, aaaah, aaaaah... paraaaa, paraaaaa, por favorrrr, no lo hagassss...
―Solo un poquito más, ya estáis los dos tan cerca ―suspiró Sandra, sentada a nuestro lado, acariciando mi espalda, mis glúteos y las piernas de Ismael―. Venga, muévete más deprisa, nena, ya lo tienes a punto, mmmmmm...
Y subí un poquito el ritmo, pero tampoco mucho.
Yo jadeaba con la respiración acelerada y noté cómo unas gotitas de sudor me recorrían el cuello y le caían a Ismael en la cara.
Él sacó la lengua y una gota se coló en su boca, degustando mi sabor salado.
Otra vez negó con la cabeza, “no, no, no” y en ese instante me olvidé de Sandra y me concentré solo en Ismael, golpeándole con el culo en los muslos cada vez que me movía hacia atrás.
Entonces Sandra se acercó a él y le susurró al oído.
―¿Quieres follártela, Comandante?
―No, no, noooooo... ―repitió Ismael, pero sus caderas le traicionaron y como había hecho con mi amiga, buscó situarla justo a la entrada de mi coño.
―Eres un chico muy malo, sabes que no puedes hacerlo...
―Noooo, nooooo, nooooo, zorraaaa...
―Levántate un poco ―me pidió Sandra y yo me separé de él unos centímetros, apoyando las manos en la cama.
Mi compi se la agarró y situó el glande justo a la entrada de mi coño, mientras se la meneaba a toda velocidad.
―Y ahora te repito, ¿quieres follártela?, ¿sí o no? ―volvió a preguntarle―, y tú, muévete, nena, sigueeee, no te paressss, vamosssss, restriégate contra él, eso es, mmmmm...
―Noooo, nooooo, aaaaaah, nooooo...
―¿Seguro que no quieres?, ¿ni un poquito? ―le preguntó Sandra con voz de zorra.
Para mí fue demasiado excitante sentirla tan cerca. Casi penetrándome ya. Y me moví despacio en círculos, gimiendo y mirando a Ismael a los ojos, mientras Sandra se la sujetaba en vertical bajo mi cuerpo.
―¿Quieres metérsela o no? ―y en ese preciso momento, Sandra le quitó la goma que le aprisionaba la base y su verga se quedó palpitando.
―No puedo másssss, aaaaaah, aaaaah, no puedo másssss... ―negó Ismael con la cabeza.
―Dilo y deja de sufrir ya o te prometo que la noche se te va a hacer muyyyyy larga...
―Por favorrrr, aaaaaaah, aaaaaah, aaaaaah...
―¡Dilo, cerdo, dilo! ―y Sandra le mordió en el oído.
―¡¡¡¡Aaaaahhhhgggg!!!!
―¡¡Dilooooo!!, ¿quieres metérsela a tu Kira?
―¡Sí, joderrrrr!, ¡¡¡SÍÍÍÍÍÍÍ!!! ―gritó tensando la cadera.
―¡¡Dilooo, diloooo!! ―le pidió cogiendo de repente el móvil, apuntando hacia su cara.
―¡Síííí, joderrr, quiero metérsela, aaaaah, quiero metérsela, putaaaa de mierda!, aaaah, aaaaah.
―¡Otra vez!
―¡¡SÍÍÍÍ, SÍÍÍÍ!!, ¡¡QUIERO FOLLÁRMELA!!, ¡¡QUIERO FOLLARME A KIRA!!
Casi me corro cuando escuché esas palabras y Sandra hizo el resto. No se lo hizo desear más. Se la sujetó con fuerza y tiró de la parte baja de mi espalda para que fuera descendiendo muy despacio.
Fue tremenda la sensación de su polla entrando dentro de mí.
Y yo me la inserté hasta el fondo. Sentándome en sus muslos y aplastando sus huevos con mis glúteos. En ese instante, Sandra se separó de nosotros con una sonrisa de satisfacción en la boca y se recostó bocarriba en la otra esquina de la cama, viendo cómo yo comenzaba a cabalgarle.
―Eso es, nena, fóllatelo despacito... ―me pidió acariciándose el coño.
Miré hacia atrás un par de segundos y ella afirmó con la cabeza, dándome su visto bueno.
Y en ese instante regresé con Ismael, busqué su boca y él me besó, enredando su lengua con la mía.
Intenté follármelo muy lento, pero estaba demasiado excitada y cada vez que descendía, le daba un buen golpe duro y seco con mis glúteos.
―Joderrrr, Kiraaaa, joderrrr, ¡me estás matando! ―bramó Ismael.
―¡No puedo, mássss, aaaaah, aaaaah, aaaaah, voy a correrme!, ¿quieres que siga? ―suspiré con un gemido.
―Ni se te ocurra parar ahora, mmmmm, uffff, uffff, uffff...
―¿Me lo vas a echar todo dentro, cabrón?
―Aaaaah, joderrrrr, joderrrr, aaaaaah, aaaaah, aaaaaah...
―No te resistas más, dámela... ―y le solté un lametazo en la mejilla, cabalgándole más rápido.
―¡Me voy a correr, mmmmm, me voy a correrrrr!
―¿Quieres que siga o paro...?
―¡¡Sííí, sigueeee, aaaah, sigueeee, sigueeee, aaaaah, aaaaah!!
―¡¡No puedo mássss, aaaaah, aaaaah, deja que me corra yo también, deja que me corra, aaaaah!!
―Sí, hazlo, hazlo, pero no paressss, aaaaah, aaaaaah, ¡¡DIOSSSS, AAAAAH, AAAAAH, AAAAH!! ―gritó el Comandante.
Tensó las caderas, clavándomela hasta el fondo y comenzó a eyacular dentro de mí. Me encantaban sus gruñidos y cómo se revolvía de placer, y yo me incliné sobre él y con su propio cuerpo me rocé en el clítoris, desencadenando mi orgasmo.
El chillido de placer retumbó en todo el hotel.
―¡¡AAAAAH, AAAAAH, AAAAAH, SÍÍÍÍ, SÍÍÍÍÍÍ, AAAAH, QUÉ GUSTOOOO, AAAAAH, QUÉ GUSTAZOOOO, AAAAAH!!
―¡Eso es nena, muy bien, córrete! ―escuché a Sandra.
Notaba cómo Ismael se estaba vaciando dentro y eso todavía me encendía más.
Era bestial, allí los dos, corriéndonos a la vez y yo no podía dejar de mirarlo a los ojos, sintiendo su clímax casi como si fuera mío.
Le palpitaba la polla con cada disparo, llenándome poco a poco, y cuando terminó, yo no dejé de menear mi culo delante y atrás.
Exprimiéndole hasta la última gota.
―¡Aaaah, Kira, aaaaah!, para yaaaa, mmmmm ―me suplicó.
―¡Ufff, me ha encantado correrme contigo!, gracias por dejarme...
Y de repente, escuchamos a Sandra detrás de nosotros, dando palmaditas. Se bajó de la cama y la bordeó por un lateral.
―Muy bonita la escena, sí, señor, realmente bonita, pero ahora tengo que hacer una cosa ―y se situó detrás de mí y me quitó el colgante de la luna.
―¡¿Qué haces?! ―exclamé asustada.
―Lo que tenías que haber hecho tú hace mucho tiempo ―afirmó mostrándome un video en su móvil―. Ya no eras su sumisa, ni su elegida. Ya no eres Kira, él ha incumplido su contrato. Te ha follado y se ha corrido dentro de ti... ¡AHORA ERES LIbrE!
―¡Puta de mierda!, te voy a matarrrrr... ¡¡suéltame!! ―gritó Ismael.
―Casi que no me voy a arriesgar... ven aquí, Andrea ―y mi amiga me ayudó a incorporarme lentamente.
La polla de Ismael salió de dentro de mí y un enorme chorro de semen me escurrió entre las piernas. El cabrón todavía la tenía dura y Sandra sonrió.
―Si quieres le puteamos un poco más, ahora estará muy sensible y no sé si lo podrá soportar...
―Nooooo, nooooooo, nooooo...
―¿En qué estás pensando? ―le pregunté a Sandra.
―¿A ti qué te parece?
Enrolló el colgante de la luna en su tronco y después nos agachamos para hacerle una mamada a dos bocas, mientras él nos suplicaba que paráramos y así eyaculó de nuevo en nuestras caras, revolviéndose entre gimoteos.
Después nos vestimos con tranquilidad y salimos de su habitación, dejándolo atado y con la puerta abierta.
Hicimos una llamada anónima a recepción y supongo que alguien iría a rescatar al Comandante.
Me imagino la escena del pobre trabajador del hotel que se acercó hasta la habitación y se encontró a Ismael desnudo y empalmado en su cama.
Al día siguiente no me dijo nada. No hacía falta.
Como había dicho Sandra, ya era libre para hacer lo que quisiera, y aunque reconozco que los primeros días sentí un vacío increíble en mi interior, mucho más intenso que el que experimenté con la ruptura de Sebas, gracias a mi amiga conseguí olvidarme rápido de él.
El vuelo de vuelta a Madrid también fue el último de Ismael y después pidió la jubilación. Ya no volví a verlo nunca más ni a saber nada de él.
Se había ido de mi vida para siempre, igual que Kira...