46
Ismael no iba a darse por vencido tan fácilmente y tiró otra vez de las cintas, intentando zafarse.
―Suéltame, zorra, o te aseguro que voy a acabar contigo...
―Ah, ¿sí?, pues nadie lo diría, creo que no estás en posición de amenazar a nadie, así que te pediría que te relajes y disfrutes... ―le susurró Sandra agarrándole la polla y comenzó a meneársela muy despacio―. Está guapa hoy nuestra Kira, ¿eh?
―Mmmmmm, suéltame, joder...
―¿Es que no te gusta esto? ―dijo la rubia con voz sensual, masturbándole con una delicadeza hipnótica.
Le restregó su bonito pelo rizado por la cara y comenzó a darle besitos en la mejilla, mientras se la sacudía con una exasperante lentitud.
―Es muy guapa la cabrona, podía haber sido modelo, alta y delgada y la verdad es que tienes muy buen gusto para las mujeres; es perfecta.
Yo también la hubiera elegido a ella. Atractiva, sumisa y con carácter, pero a la vez muy dócil; Kira, por favor, haznos un desfile de moda...
¿quieres ver cómo se pavonea tu zorrita?
―le preguntó Sandra sin dejar de besarle en la oreja y el cuello mientras le pajeaba.
Y yo obedecí a mi amiga y primero me situé frente a ellos con los brazos en jarra.
Me chupé la yema del índice y después me pellizqué los pezones, poniendo cara de guarra.
Lentamente me giré, mostrándoles el culo y di un par de pasos, moviendo las caderas de manera exagerada antes de llegar al fondo de la habitación, ante la atenta mirada de mis dos acompañantes.
―¡Kira, suéltame, joder!, ¡¡es una orden!! ―volvió a gritar Ismael con más energía.
―¡Qué buena está!, ¡qué culazo tiene!, ¿sabes una cosa?, nunca he estado con otra tía y hoy va a ser mi primera vez..., mmmmm, ¡qué nervios!, y ahora me voy a comer ese culo delante de ti..
―¡Hija de puta!
―Hay que reconocer que tienes muy buena polla, cabrón... ―y se la soltó, pegándole un par de palmaditas en el tronco―. Enseguida vuelvo, cariño...
Sandra se levantó y vino directa hacia mí. Volvimos a besarnos a los pies de la cama, y ella se agachó un poco, para chuparme las tetas mientras le miraba a Ismael.
―Mmmm, deliciosas... súbete ahí y ponte a cuatro patas...
Y cuando lo hice, situándome al lado de Ismael, este intentó darme una patada, aunque no lo consiguió.
―¡¡Soltadme, joder, soltadme!!, ¡¡os voy a matar, putassss!!
―Mira, vamos a hacer esto, por las buenas o por las malas, así que tú decides si quieres disfrutar o no... ―le advirtió Sandra agarrándome de la mano.
Me situó frente a Ismael, de nuevo a los pies de la cama, y me pidió que me inclinara hacia delante, apoyando las manos en la colcha. Ella se situó detrás, por lo que el Comandante no podía verla y dos segundos más tarde, noté sus labios besuqueando mi trasero.
Cerré los ojos durante un segundo y me mordí los labios, pero yo quería mirarle detenidamente a Ismael.
―¡Suéltame, Kira!, no te lo voy a decir más veces... ―y acto seguido Sandra me abrió los glúteos con las manos y sentí su lengua lamiéndome.
―Aaaaaah, ¡qué bueno!, aaaaah, aaaaah, muy bien, sigueeee, sigueeee, aaaaah, ¡me encanta!, mmmmm, me lo está comiendo, aaaaaah, ¡me está comiendo el culo! ―le informé a Ismael, que tiró otra vez de las cintas.
―¡Para, paraaaa, paraaaaa!, noooo, nooo, tú tienes que hacer lo que yo te ordene...
―¡Aaaaaaah, es que lo hace tan bien!, aaaaaah...
―Noooo, noooo, nooooo...
―¿Hoy vas a dejar que me corra?
―¡Hija de puta!, no te vas a correr ni hoy, ni mañana ni en un año entero después de esto, ¡¡te vas a enterar!!
Tenía los dedos de Sandra clavados en la cara interna de mis muslos, y su lengua percutía una y otra vez en mi ano.
Me estaba derritiendo de gusto y en cuanto rozó mis labios vaginales con sus dedos, supe que no faltaba mucho para que se desencadenara mi orgasmo.
Dejar que mi mejor amiga me comiera el culo mientras teníamos a Ismael secuestrado, hacía que mi corazón palpitara con mucha fuerza.
Eran una sensación demasiado intensa. Y placentera.
―Ey, nena, ni se te ocurra correrte, eh ―me soltó Sandra―, que el jefe no te ha dado permiso ―y me dio una pequeña cachetada antes de levantarse y recostarse sobre mi espalda para sobarme los pechos.
Dejé que me acariciara unos segundos y así inclinada sobre la cama, giré la cabeza, morreándome con ella.
―Uffff, ¡qué cachonda me ha puesto chuparte el culazo, mmmm!, me pasaría horas ahí detrás, pero hoy no tenemos mucho tiempo... ―murmuró Sandra y sin que me lo esperara, se volvió a subir a la cama, situándose en un lateral, para que Ismael no pudiera agredirla con sus piernas.
Le pasó un dedo por el pecho y otra vez le agarró la polla, besuqueándole los pezones mientras descendía lentamente, recorriendo su torso con los labios. Le soltó un sonoro beso en el capullo y Sandra y yo nos miramos a los ojos.
―¡Para, paraaaa, zorra, suéltame, joderrrr, nooooo, suéltame, suéltame! ―le pidió Ismael, pero su voz cada vez parecía menos convincente y autoritaria.
Acto seguido, mi amiga se pasó su preciosa melena rizada por un hombro, bordeó su glande con la lengua y sin dejar de mirarme, sonrió y se la metió en la boca.
¡Sandra le iba a hacer una mamada a Ismael delante de mí!
Y vaya si se la hizo.
Acompasando los movimientos junto con los de su mano, comenzó un sube y baja muy sensual, emitiendo unos pequeños gemiditos e Ismael tensó las caderas, clavándosela hasta el fondo.
―¡Paraaaa, ooooooh, paraaaa, ooooh, ooooh! ―gruñó revolviéndose de lado a lado.
Pero a mi compañera no parecía importarle que no se estuviera quieto, aceptaba muy bien que él intentara incrustársela en la garganta y de repente, aceleró el movimiento de la mano y de su boca.
―¡¡Paraaaa, noooo, oooooh, oooooh, oooooh, zorraaaa, paraaaa, puta zorraaaa de mierda, ooooh!!
Las protestas de Ismael todavía animaron más a Sandra y ella me miró confiada, con una sonrisa traviesa, sacándosela de la boca solo para pasarle la lengua por ambos lados de su tronco.
Le soltó un lametazo vulgar y después aceleró el ritmo de su mano.
Ismael ya no gritaba ni pataleaba, solo se revolvía de lado a lado, gruñendo como un cerdo.
―¿Te vas a correr, cerdito?, ja, ja, ja ―se burló Sandra de él, golpeándole con el puño en su pubis cada vez que descendía en el recorrido de su paja.
―¡¡Oooooh, oooooh, oooooh!!, joderrrrrr, aaaaaah...
Y de repente, Sandra detuvo sus movimientos y sacó una goma del pelo, colocándosela con dos vueltas en la polla, estrangulándole por la base.
Después me pidió que me soltara la coleta y le lanzara también mi goma.
En cuanto dejé mi melena suelta, se la tiré y aterrizó justo en el pecho de Ismael, Sandra la cogió y me quedé a cuadros al ver cómo se la ponía en los testículos, apretándoselos muy fuerte también.
―¡¡Aaaaah, joderrr, putaaaa!!, me hace daño ―protestó Ismael.
―Ah, ¿sí?, no me digas, pues ya verás cuando vuelva contigo, ahí sí que vas a chillar como una nenita...
―¡PUTAAAAA! ―gritó el Comandante abriendo los ojos de par en par.
―¿Estabas a puntito de correrte?, antes no parecías tan duro mientras gimoteabas, ja, ja, ja...
―¡Te voy a matar, zorra!, voy a acabar contigo...
―¡Uy, uy, uy!, ¡qué agresivo te pones!, la verdad es que me estabas dando pena, pero tú lo has querido, a mi nadie me amenaza... ―y se inclinó sobre él, quitándole la goma que aprisionaba sus pelotas.
―Aaaaah, ¡te has acojonado, eh!
―Sí, mucho... ―afirmó Sandra, que se acercó hasta mí y me pidió que le diera las pinzas que llevaba guardadas en el bolso.
Y Sandra se volvió hacia él, mostrándoselas desafiante.
―Ahora sí que vas a gritar, ja, ja, ja...
―No, no, nooooo, ni se te ocurra ponerme eso, zorraaaaaa, ¡NI SE TE OCURRA!, ¡¡¡AAAH, AAAAH, JODERRR, AAAAAH!!! ―bramó Ismael cuando ella le sujetó los huevos con mis pinzas vaginales.
―¿Te gusta?
―¡¡AAAAH, AAAAH!, duele mucho, suéltame zorra, aaaaah, ¡quítamelas, joder, quítamelas! ―le pidió Ismael retorciéndose de dolor.
―Aguanta, campeón ―y Sandra le dio un par de palmaditas en el pecho antes de acercarse otra vez a mí―. ¿Y ahora quieres ver cómo me follo a tu Kira?, eso seguro que te pone muy cachondo...
―¡Joderrrr, nooooo, noooo! ―exclamó arqueando la espalda, formando un arco increíble.
Era hasta gracioso ver a un tío tan corpulento, forcejeando para intentar soltarse.
―Tranquilo, cariño, que dentro de unos minutos volveré contigo, todavía no hemos terminado..., ¿y tú cómo estás, Kira? ―me preguntó sobándome el culo.
―Ufff, muy excitada...
―¿Quieres que me ponga eso y te folle o prefieres que te lo coma?
―Las dos cosas...
―Está bien ―y se lanzó a besarme, manoseando todo mi cuerpo mientras lo hacía.
Yo también bajé la mano y acaricié su coño unos segundos; ella estaba más impaciente que yo, podía notarlo en su respiración, y sin tiempo que perder, cogió el arnés y se lo puso lentamente.
Una enorme polla negra de silicoma quedó colgando en su cintura y Sandra bordeó la cama y le mostró a Ismael cómo se la agarraba.
―Me queda bien, ¿eh? ―y en cuanto pronunció esas palabras, se quitó el sujetador, desnudando sus tetazas y le lanzó esa prenda íntima a Ismael, aterrizando justo en su cara.
―¡Putaaaaa!, ¡aaaaahhhggg, aaaahhhgg! ―le dijo, para luego seguir gimoteando.
Cada insulto del Comandante animaba más a Sandra a seguir torturándole, y después se acercó a mí con ese falo y se situó justo detrás.
Yo seguía inclinada a los pies de la cama, mirando de frente a Ismael y en ese instante reconozco que sentí un poco de pena por él.
Era una imagen desoladora verlo en ese estado, bramando de dolor, retorciéndose en la cama, pero sin dejar de observarnos y con la polla bien dura.
Sandra me untó mi entrada trasera con vaselina, lubricándola, ya me había hecho muy buen trabajo con la lengua, pero sus dedos entraron firmes y decididos en mi recto.
Casi me meo encima del gustazo que me dio.
Yo también estaba muy excitada y Sandra me pasó el dedo de la otra mano por mi entrepierna, acariciando mi coño y pellizcándome la cara interna de los muslos.
―Mmmmm, nena, estás que te derrites, ¿quieres que te la meta ya por el culo delante de este? ―y noté que me clavaba el pulgar hasta el fondo.
―Síííí, mmmm, métemela, por favor, métemela... ―le supliqué.
―Mmmm, Kira, ¡qué zorrita más mala eres!, tendrás que pedirle permiso a tu amo, ¿no? ―suspiró Sandra, dándome pequeñas embestidas desde atrás, simulando que me follaba.
―Uffff, joderrrr, Ismael, ¿vas a dejar que me folle el culo?, por favorrrr, aaaaah, aaaaah...
―Venga, di que sí, cerdo... ¿no ves que se está derritiendo?
―Aaaaah, aaaaah, por favorrrr, no puedo mássssss... ¡deja que me dé por el culo! ―le supliqué.
―¡Sí, métesela!, ¡métesela a esa puta!, ¡rómpeselo! ―dijo él con rabia.
―¡Vaya, vaya!, parece que al Comandante le empieza a gustar el espectáculo... ―se burló mi compañera de él, retirando el pulgar y jugando con otros dos dedos, abriéndome las paredes lo máximo posible.
Al retirarlos supe lo que venía a continuación y moví las caderas ansiosa, deseando que me penetrara.
Y cuando sentí la punta del dildo presionando mi ano, miré hacia atrás y Sandra estiró el brazo para meterme un dedo en la boca.
Se lo chupé con ganas, aunque enseguida degusté que había sido el que me acababa de estar dentro de mí y ella sonrió retirándolo de inmediato para sujetarme de la cintura y con la otra mano apuntar a su objetivo.
El dildo se fue abriendo paso en mi culo con más facilidad de lo que había pensado, pero ese picorcito agradable y doloroso, me puso supercachonda.
Más de lo que ya estaba y unos segundos más tarde nuestros cuerpos chocaron.
Nos movimos en círculo, pegadas cuando Sandra me agarró con fuerza por el pelo.
―Mira a tu amo y dile que eres suya, que eres su “elegida”...
―Aaaaah, soy tuya, aaaaah, soy tuya, aaaaaah, soy tu Kira, aaaaah ―y a cada frase que iba soltando, Sandra me pegaba una buena embestida, sodomizándome delante de él.
―Muy bien, eso es, eres una chica muy mala, mmmmm... ―murmuró Sandra, que me sujetó por la cintura con las dos manos y fue cogiendo ritmo, follándome mientras yo miraba fijamente a Ismael.
A pesar del tamaño de esa polla de juguete, entraba con mucha facilidad, lo que me daba un placer majestuoso, y Sandra se mecía de maravilla, haciendo una especie de baile del vientre con su cuerpo.
―¡Joderrrrr...! ―bramó Ismael y no supe si es que ya aquello le estaba gustando demasiado o es que ya no podía soportar el dolor.
Sus huevos se estaban poniendo morados y esa polla, estrangulada por la base, cada vez estaba más dura e hinchada.
―¿Me la sigo follando o paro...? ―le preguntó Sandra.
―Sigueee, sigueeee, ¡fóllatela, fóllatela, zorraaaa! ―escupió Ismael con una muesca de dolor.
Y ella incrementó la velocidad, soltando una mano para volver a agarrarme mi melena. De repente sustituyó sus movimientos oscilatorios por un mete-seca más mecánico, pero rápido y nuestros cuerpos comenzaron a emitir ese sonido típico de cuando chocan.
―¡Mírale, mírale bien, zorrita! ―me ordenó Sandra sujetándome por el pelo―. Y ahora dile que te gusta, vamosssss...
―Aaaaah, síííí, me gusta, aaaaah, me gusta mucho, me voy a correr... ―jadeé al borde del orgasmo.
―¡Nooooo, si te ocurra, joderrrr, ni se te ocurraaaa!, ¡no te he dado permiso! ―me ordenó Ismael, como si él tuviera el control de lo que ocurría.
Pero a decir verdad, estaba bastante lejos de llevar el mando y Sandra, con su imponente físico, se había hecho dueña y señora de la situación y jugaba con nosotros dos a su antojo. Y lo más morboso es que todavía no tenía ni idea de cuáles eran las intenciones de mi amiga.
No me había dicho nada. Solo que no me preocupara y lo dejara en sus manos.
Entonces, retiró la polla de mi culo y me pasó el glande entre los labios vaginales, moviéndola rápido de lado a lado justo en la entrada de mi coño, pero sin llegar a metérmela. Y yo no pude más y comencé a chorrear a lo bestia, empapándolo todo; mis muslos, el juguete, el pubis de Sandra...
―¡¡¡AAAAH, DIOSSSS, AAAAAH, AAAAH, AAAAH!!!
―¡Cómo chapoteas, nena...!, me encanta tenerte así, mmmmm..., lo hemos pasado bien, pero es hora de encargarnos otra vez del Comandante, ¿no? ―dijo separándose de mí.
Me quedé unos segundos de pie, jadeando, con la cabeza agachada, inclinada con las manos en la cama y las piernas abiertas.
Sandra me había llevado al límite, dejándome al borde del orgasmo y la vi pasar a mi lado, soltando las correas, dejando caer al suelo el arnés y subiéndose de nuevo en la cama, para tumbarse al lado de Ismael.
Le pegó un par de sacudidas y le soltó la polla. Ya no la podía tener más dura.
―Bueno, bueno, bueno..., pues ya casi hemos terminado, ahora voy a ocuparme de ti, Comandante...