Mi primer vuelo 45
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El plan de Sandra había salido a la perfección.

Mejor de lo que pensábamos, y es que me sorprendió que mi compañera tuviera esas virtudes que yo desconocía.

Días atrás, le había prometido a Ismael que convencería a Sandra para que pasara la noche con nosotros y aunque él intentaba aparentar frialdad, lo noté realmente nervioso y excitado con la idea.

Sandra era la única a la que todavía no había podido someter.

Y yo cumplí mi promesa. Después de un par de copas, las dos acompañamos al Comandante hasta su habitación y la potente droga que le metimos en la copa, acompañada de la viagra, hizo su efecto en el momento adecuado; cuando Ismael se sintió aturdido y desorientado, se sentó en la cama y cayó en un profundo letargo.

Con mucho esfuerzo logramos desnudarle e inmovilizarlo y una vez cumplida la parte más difícil y arriesgada, nos preparamos para seguir con el plan establecido por Sandra.

―Tardará más o menos una hora en despertarse ―me dijo con aparente frialdad y las dos bajamos a nuestras respectivas habitaciones para regresar a los diez minutos con los conjuntitos y unos cuantos juguetes guardados en una bolsa.

Yo estaba muy nerviosa, pero Sandra parecía tener la situación bajo control y al mirar hacia la cama, me encontré con Ismael inerte, totalmente desnudo y empalmado.

―¡Tiene buena polla! ―afirmó Sandra―. Mmmmm, creo que nos vamos a divertir... ―afirmó.

―Nos hemos pasado, ¿no crees?, joder, ¡está muy drogado!, cuando despierte se va a enfadar mucho conmigo...

―Lo sé, pero no te preocupes por nada, tú dejámelo a mí...

―¿Es que no estás ni un poquito nerviosa?

―¿Por ese? ―preguntó con desprecio―. ¡En absoluto!, lo tengo totalmente controlado, pero sí reconozco que la que me pone nerviosa eres tú...

―¿Y eso...?

―Sí, mira, Andrea, desde que leí tu libro ni te imaginas cómo me tienes, llevo una semana pensando en ti, fantaseando en hacerte todo lo que tu mente pueda imaginar, y más...

, y hoy me ha puesto supercachonda meter la mano por debajo de tu falda en el avión, comprobar que no llevabas ropa interior y que tenías puestas las pinzas.

Podríamos haber follado otro día para romper el hielo, pero he preferido esperar a que nuestra primera vez fuera especial, y te aseguro que no hay un día más especial que el de hoy.

Nunca he estado con una chica y en ese aspecto, sí que estoy un poco nerviosa, pero también excitadísima...

te lo juro que me noto ya muy mojada, nena, ¿es que tú no tienes ganas de follar conmigo?

―me susurró en medio de la habitación―. Ven, aquí, quiero desnudarte... ―y me besó en los labios con ternura.

Nuestro primer beso.

Y acto seguido pasó las manos por mi costado y se me quedó mirando detenidamente. Se mordió los labios y negó con la cabeza.

―¡Joder, qué buena estás!

Levanté los brazos, me sacó la camiseta por la cabeza, y luego me acarició despacio la cintura antes de soltar el broche de mi falda larga para dejarla caer a el suelo. Y allí me quedé delante de mi mejor amiga.

Completamente desnuda.

Bajó la mano y me acarició el sexo con mucha suavidad. Todavía lo tenía muy hinchado después de haber llevado las pinzas durante un par de horas.

―¿Te duele? ―susurró en mi oído jugando con sus dedos.

―No, aunque lo tengo un poco sensible...

―¡Tranquila, yo te trataré con cariño!..., si es lo que quieres, claro...

―Gracias...

―Te noto muy nerviosa, vas a tener que relajarte un poco... ven aquí, ahora desnúdame tú... ―y volvió a lanzarse a mi boca y nos fundimos en un beso.

La lengua de Sandra se movía inquieta a la par que sus dedos, que se clavaban en mis glúteos con deseo, sobándome el culo a dos manos.

Mi cuerpo reaccionó casi de inmediato a sus caricias y el vello se me erizó cuando ella recorrió el contorno de mis caderas, subiendo por un lateral hasta que llegó a mis axilas.

Se quedó mirando con detenimiento mis pechos, tenía los pezones erectos y Sandra pasó la yema de los dedos, rozándome, y tiró del piercing que me atravesaba, causándome un leve dolor.

―Mmmmmm...

―¿Te gusta esto? ―me preguntó.

―Sí...

―Ven, quítame la camisa ―me pidió rozándome los labios con la lengua.

Le fui desabrochando los botones uno a uno, con calma, disfrutando ese momento como me había pedido Sandra y al terminar con el último, deslicé la tela por sus brazos, desnudando su torso, que quedó cubierto solo por un precioso sujetador negro.

―Puedes tocarlas si quieres ―me dijo al ver que miraba con detenimiento sus pechos y yo no me lo pensé dos veces y se los apreté, comprobando el tacto y la dureza de esas tetas tan sugerentes.

Apoyé la palma por la parte inferior y tiré hacia arriba, sopesándolas para luego dejarlas caer, a la vez que devoraba su cuello y entonces, la que gimió fue Sandra.

―Uffff, tía... esto me va a gustar más de lo que pensaba ―murmuró―. ¡Quítame el suje...! ―y le solté el broche a su espalda y tiré de los tirantes, desnudando sus pechos, como había hecho ella conmigo.

Dio un pequeño paso hacia delante y nuestros pezones entraron en contacto, Sandra sonrió y después buscó de nuevo mis labios, pero ya no fue un beso pausado.

Notaba su respiración muy acelerada y me pasó la mano por detrás del cuello, enredando sus manos en mi pelo para tirar de mi cabeza hacia ella y comerme la boca con desesperación.

La escena era muy extraña y a la vez morbosa. Morreándonos ansiosas a los pies de la cama, mientras Ismael, inconsciente, descansaba con la polla dura.

Ni se imaginaba la que se le venía encima.

―No te preocupes por él, todavía tardará un ratito en despertarse, pero tampoco podemos demorarnos mucho más... y ahora, te faltan los pantalones ―dijo dándose un par de golpecitos en el vientre.

Me costó bastante esfuerzo deslizar los ajustados vaqueros por su cuerpo y de cuclillas, arrastré a la vez sus braguitas, observando que el sexo de mi amiga también estaba depilado y rasurado.

Y al abrir las piernas, para que pudiera sacárselos del todo, comprobé que sus labios vaginales estaban bien mojados, lo que me excitó sobremanera al ver ese coño brillante y empapado.

Sandra estaba que se derretía ya. Igual que yo.

Los nervios de tener a Ismael secuestrado, unida a la tensión sexual que había entre nosotras, era una potentísima mezcla que multiplicaba la adrenalina exponencialmente. Y yo agarré su culo y ella el mío, pegando nuestros cuerpos mientras nos besábamos cada vez más excitadas.

El momento cumbre se estaba aproximando.

Cogimos los conjuntitos de lencería y pasamos al baño.

Fue supermorboso ayudarnos mutuamente a vestirnos, poniéndonos las medias, las ligas, los ligueros y los sujetadores.

Sandra me permitió que no me cubriera los pechos y el sexo, pues en presencia de Ismael tenía que ir sin ropa interior y ella sacó un tanguita de hilos, que le quedaba increíble en sus portentosas caderas.

Tiró bien para incrustárselo en el coño y después subió la tela por los laterales para dejarlo en su cintura.

Nos maquillamos para estar todavía más guapas y de repente, escuchamos un ruido en el dormitorio. Ismael estaba tirando de las cintas y yo me puse muy nerviosa, pero la sonrisa de Sandra me tranquilizó casi al instante. Nos miramos a través del espejo y ella afirmó con la cabeza confiada.

―Ya estamos listas, ha llegado el momento ―y yo inspiré y cogí aire.

Me dio la mano y salimos juntas del baño, avanzando hasta la cama, en la que Ismael no dejaba de forcejear, intentando soltarse, pero todos sus esfuerzos eran inútiles. Sandra lo había inmovilizado a la perfección.

―¡Kira, suéltame! ―mi corazón se disparó al escuchar su voz tan grave, pero Sandra me agarró de la cintura y me situó frente a ella.

Me pasó los dedos por los costados con sensualidad, arriba y abajo y subió las dos cejas antes de que Ismael insistiera―.

¡Kira, suéltame o lo pagarás muy caro, te lo prometo!

―y como respuesta, comenzamos a besarnos delante de él.

Si antes estábamos excitadas, ahora con los nervios, todavía lo estábamos más y yo descendí, besuqueando el cuello de Sandra y haciendo gemir a mi amiga mientras manoseaba su culazo.

―¡Ssssh, cállate, cerdo! ―dijo Sandra, separándose de repente de mí, y bordeó la cama para subirse a su lado.

Yo me quedé mirando a mi amiga recostada al lado de Ismael y le pasó un dedo por la polla, haciendo que le palpitara de manera involuntaria―.

Creo que no estás en situación de ordenar nada, ¿lo has entendido? ..., hoy la que manda soy yo...