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Me fijé en aquella chica alta y delgada que estaba casi desnuda, exceptuando una máscara de látex que cubría su cabeza y solo me dejaba ver sus ojos y su boca y unas botas altísimas negras que le llegaban por encima de la rodillas.
Enseguida la reconocí.
Era la primera ayudante que había estado con nosotros en el Vivaldi y después caí en la cuenta de quién se trataba. ¡¿Cómo no me había dado cuenta antes?!
―¿Leticia? ―pregunté mirando hacia ella y la ayudante negó con la cabeza, pero Ismael sonrió, se acercó hasta su posición y le quitó la capucha, descubriendo su identidad.
Efectivamente. Era ella. La sobrecargo.
Con el pelo despeinado y las marcas que le había dejado la máscara en la cara, parecía otra persona. Ya no era esa diva altiva y prepotente a la que le gustaba pavonearse, mirándonos por encima del hombro y agachó la cabeza, avergonzada por su incómoda situación.
―Hola, Kira ―susurró sin que apenas se escuchara.
Entonces recordé nuestro primer encuentro. Fue morboso y brutal. Salvaje. Aquella zorra me había castigado duro. Muy duro. Y después yo a ella. Las marcas en la piel me duraron más de una semana, y terminamos la sesión cuando le metí la lengua en el ano y ella se corrió.
¡Le había comido el culo a Leticia!
Sin que me lo esperara, Ismael se acercó a mí y me ordenó que me pusiera la máscara.
―Hoy te toca a ti...
Y cuando lo hice me miré al espejo. La verdad es que daba mucho miedo y me sentía muy rara con aquella máscara de látex.
No le encontraba sentido, pues Leticia ya conocía mi identidad y yo la suya, y después Ismael me pidió que me quitara la ropa, por lo que me quedé completamente desnuda, aunque con la cara tapada.
Leticia estaba igual que yo, pero con sus botas altas por encima de las rodillas.
Su aspecto era imponente. Tenía un cuerpo muy bonito, esbelto, delicado, con pocas curvas, a excepción de sus pechos operados, que no se desentonaban con el conjunto, y llevaba el vello púbico totalmente rasurado.
Ismael se sentó en la cama y con tranquilidad se sacó su enorme polla. Ya estaba erecto.
―¡Acércate! ―le ordenó a Leticia y ella se puso de rodillas y gateó hasta situarse entre sus piernas.
No tuvo que decir nada más, Leticia le agarró la polla y acto seguido se la metió en la boca.
Desde mi posición pude ver cómo ella se pasaba la mano entre sus piernas y comenzó a masturbarse, mientras le lamía todo el tronco por ambos laterales.
Era muy excitante ver su lengua rodear el capullo de Ismael y cómo después tenía la asombrosa facilidad de tragársela entera.
Fue descendiendo lentamente hasta que sus labios tocaron el pubis de Ismael, y todavía pudo subir y bajar, permitiendo que esa polla percutiera en su garganta.
Por los ruiditos que emitía, aquello le debía costar horrores, pero ella se afanó en satisfacer al Comandante, incrementando además, el ritmo al que se masturbaba.
Se notaba que Ismael lo estaba disfrutando, pues miraba detenidamente cómo lo hacía, acariciando su pelo y guiándola en la mamada, y en cuanto me vio allí de pie, parada, me ordenó que me acercara. Quería más morbo.
―Coge eso que hay sobre la cama y póntelo... quítate las pinzas si te molestan...
Y vi que se refería a un arnés, del que colgaba un dildo negro y enorme con forma de polla.
Me costó unos segundos averiguar cómo se ponía eso y cuando lo hice, me quité las pinzas y tiré de las correas, ajustándolo bien en mi cuerpo.
Me miré en el espejo para ver las pintas que tenía y fue muy curioso verme con aquella máscara de látex con la que me costaba respirar y esa polla colgando de mis caderas.
Me la sujeté como si me fuera a hacer una paja y me situé detrás de Leticia, que seguía chupándosela cada vez con más ganas. Ismael se retorcía de placer y me di cuenta de que ya la empezaba a tener muy dura.
―¡Ponte de rodillas detrás de ella y fóllatela por el culo! ―me ordenó.
En ese momento me fijé en el ano de Leticia, porque cuando Ismael pronunció esas palabras, ella se abrió más de piernas, mostrándome su pequeño y cerrado agujerito rosado, en una clara invitación a que la sodomizara.
―No hay lubricante...
―Pues piensa en algo, Kira, tendrás que usar la lengua, saliva, los dedos, ¿no?, tú verás cómo te las apañas, pero tienes que metérsela por detrás y fóllartela... ¿quieres que te folle, Kira? ―le preguntó Ismael y ella se la sacó de la boca y sin dejar de pajearle, miró hacia atrás.
―Sí, quiero que me folle, vamos, Kira, ¡dame por el culo! ―me pidió jadeando.
Jamás me lo hubiera imaginado y menos de Leticia. Unas horas antes estaba volando con ella; era mi jefa, la sobrecargo, una chica estricta y estirada y de repente, se comportaba como una vulgar zorra, ofreciéndome su culazo.
Me puse de rodillas detrás de ella, tiré de sus glúteos hacia fuera y me agaché para soltarle un salivazo en todo el centro.
Eso pareció gustarle por el movimiento de su culo de lado a lado y todavía se encendió más cuando le pasé la lengua por el ojete.
Tampoco quise estar mucho tiempo lamiéndoselo, ese no era mi objetivo, yo lo único que quería era penetrarla, y para eso tenía que dilatárselo lo máximo y con la lengua era imposible.
Así que cuando ya lo tuvo bien ensalivado le clavé el dedo corazón. Contrajo los glúteos y luego volvió a relajarlos, acostumbrándose poco a poco a esa sensación mientras invadía su recto. Y después del primer dedo vino el segundo y luego el tercero.
El culo de Leticia cedía con una facilidad asombrosa a mis estímulos y tiré de sus paredes hacia fuera, abriéndoselo todo lo que daba de sí.
En apenas tres minutos ya lo tenía listo para ser penetrada.
Y yo me puse de rodillas detrás de ella, agarré el dildo y azoté sus glúteos mientras le miraba a Ismael directamente a los ojos.
―¡Vamos, Kira, métesela!
Solo había que ver lo dura que la tenía, para saber que aquello le excitaba sobremanera y que además, no le faltaba mucho para correrse.
Leticia se la seguía chupando con una maestría asombrosa y yo dejé caer un salivazo en la puntita del dildo negro.
Lo acerqué a su ano y al entrar en contacto con ella, hice una ligera presión. Leticia gimió.
Fue asombroso ver cómo la polla de goma fue desapareciendo en su culo y con un leve golpe de cadera se la incrusté por completo. La agarré de la cintura y comencé a embestirla con mucha suavidad para no lastimarla, pero Leticia se sacó la polla de la boca, se giró y me gritó.
―¡Fóllame más fuerte, puta!
Y cuando le solté un azote bien fuerte, el que gimió fue Ismael, resoplando y mordiéndose los labios.
Se me hacía raro métersela desde atrás, pero enseguida le pillé el truco y fui cogiendo ritmo, moviendo mi culo en círculo, penetrándola con suavidad, pero rápido y cuando ya lo tuve dominado, comencé a follármela con embestidas fuertes, haciendo chocar nuestros cuerpos, clavándole los dedos en la cintura.
Me costaba hasta respirar con la máscara y mis jadeos se fueron acelerando, lo mismo que los gemidos de Leticia e Ismael. El aguante del Comandante era tremendo, pues ella le pajeaba a toda velocidad, y entonces permitió que la sobrecargo se corriera la primera.
Soltó un gritito agudo, chirriante y molesto, como su voz e Ismael detuvo su brazo, para que no siguiera pajeándole. Ahí me di cuenta de que ya estaba al límite y yo me quité la máscara, porque ya no podía respirar.
―Ven aquí, Kira, cómete la boca con ella... ―me pidió Ismael y yo retiré la polla del culo de Leticia y me agaché a su lado.
Ella sabía que no podía tocar la polla con mis labios y antes de besarse conmigo, le dio un buen lametón a su glande y después me soltó toda la saliva que tenía acumulada, entremezclando nuestras lenguas en un beso guarro y soez.
Leticia alternaba su verga con mis labios, y durante un minuto, nos morreamos justo delante de la polla del Comandante, que nos miraba sujetándosela y haciendo presión en la base para no eyacular.
Leticia lo hacía muy bien, y enredó sus dedos en mi pelo, besándome con mucha clase y de manera muy sensual.
Luego me dejaba con ganas de más y se la chupaba delante de mis narices y es que al tener la polla de Ismael tan cerca de mi cara, podía ver lo hinchado que tenía el glande y cómo babeaba por su pequeño orificio.
―¡Joder, joder! ―se retorció el Comandante―. ¡Mierda, me voy a correr! ―y Leticia sonrió juguetona y le dio unos golpecitos con la lengua en el capullo.
Entonces me puse de pie, y sin que Ismael me lo pidiera, le agarré la polla y el me miró sorprendido.
―¿Qué haces, Kira?
―¡¡Córrete, córrete encima de ella!!, ¡quiero ver cómo lo haces! ―le pedí meneándose con fuerza y tres segundos después, un primer lefazo salió volando en todo el rostro de Leticia, que seguía haciendo círculos con su lengua, alrededor de su polla.
―¡¡Sííí, síííí, échamelo, mmmmm!!, ¡¡córrete en mi cara!! ―murmuró Leticia.
Yo la sujeté por el pelo con la mano que tenía libre y tiré de su cabeza hacia atrás, e Ismael fue descargando todo su semen en las mejillas, en su boca, en la nariz y en la frente de Leticia, que recibió gustosa la corrida del Comandante, mientras yo le hacía una paja sin que me lo hubiera pedido.
Pensé que se podría enfadar después, pero su orgasmo fue tan placentero, que en cuanto terminó, se quedó destrozado y sin ganas de ordenarme nada más y yo no dejé de jugar con su polla, restregándola por la cara de Leticia, que con los dedos se metía en la boca todo el semen que había sobre ella.
―Vale, vale ya ―nos dijo Ismael cuando su pene fue perdiendo dureza.
―¿Ya hemos terminado? ―le pregunté.
―Casi... ya nos hemos corrido los tres, bueno, tú antes con Fran, no te lo he preguntado, pero no ha hecho falta, podía verlo en tu cara ―aseguró―. ¿Sigues excitada?
―Sí, siempre que estoy contigo estoy muy excitada, no puedo evitarlo ―le reconocí.
―Pues ahora ponte la máscara y sal con Leticia al pasillo. Quiero que os deis un paseo por esta planta y la de abajo, cogidas de la cintura, luego os dejaré follar en mi cama, ¿te gustaría correrte con ella? ―me preguntó.
―Sí...
―Está bien, te dejaré que lo hagas de nuevo, Kira. Hoy te lo has ganado...
Después me puse la máscara y tal como nos había pedido, salimos desnudas a dar una vuelta por el pasillo de la cuarta planta y de la quinta, agarradas de la cintura.
Yo solo llevaba la máscara de látex y Leticia sus botas negras por encima de las rodillas.
Tuvimos suerte y no nos cruzamos con nadie, pero el morbo de hacer eso nos puso cachondísimas.
Cuando volvimos a la habitación de Ismael, nos ordenó que nos morreáramos de pie junto a la puerta, manoseando nuestros cuerpos, aunque no me permitió que me quitara la máscara y también me la tuve que dejar puesta mientras follábamos en su cama y él nos miraba detenidamente con la polla en la mano.
Me corrí dos veces más, sintiendo la lengua de Leticia en mi clítoris, y para finalizar ella se puso el arnés y me folló a cuatro patas indistintamente por los dos agujeros. Ni por lo más remoto, imaginé que esa noche iba a terminar con Leticia dándome por el culo en la cama de Ismael.
Regresé a mi habitación casi a las dos de la mañana, cansada, exhausta, pero satisfecha sexualmente y entonces me vino a la cabeza lo que había pasado con Sandra.
Cuando estaba con Ismael solo podía pensar en él y perdía la noción del tiempo, pero al acordarme de mi amiga, me vino un bajón considerable.
Sabía que la había perdido y en ese momento, me pregunté si todo lo que estaba haciendo merecía la pena...