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Los siguientes días no fueron nada fáciles.
Además, coincidió que el viernes me tocaba hacer noche en Zurich y el sábado que regresaba, mi chico tenía la segunda prueba de acceso al Cuerpo Nacional de Policía; el examen teórico, una vez que ya había pasado las físicas.
La ausencia de sexo, unida a la tensión previa de sus exámenes, había creado un clima demasiado tenso en la convivencia.
Y lo peor es que yo veía cómo nuestra relación, después de tantos años, se iba lentamente a la deriva y no lo podía evitar.
El sentimiento de sumisión hacia Ismael me tenía bloqueada, y me pasaba las veinticuatro horas del día pensando en él, haciendo todo lo que me pedía.
Y me encantaba. Me volvía loca.
Estaba en permanente estado de excitación.
Jadeaba con solo ponerme las pinzas en los labios vaginales y cuando me las quitaba una hora más tarde, ya solo tenía ganas de correrme.
Antes de comer me masturbaba y por la noche otra vez; me pasaba las horas leyendo libros eróticos, escuchando audiorelatos y viendo porno.
Y todavía me quedaban ganas para volverme a acariciar un rato, si se calmaba mi calentura.
Aquella mañana me levanté especialmente nerviosa, molesta.
Sabía que no iba a ser un día como otro cualquiera.
Después de ducharme, miré la cama vacía y eché mucho de menos la musculada espalda de mi novio.
Llevaba dos noches durmiendo en otra habitación y aun así, ese sentimiento de soledad y culpabilidad durante la noche, no impidió que me desnudara por completo y me masturbara en el centro de la cama, abriendo bien las piernas.
Me puse el uniforme sin la ropa interior y antes de salir de casa, me acerqué a la habitación en la que dormía Sebas y le dije un “buena suerte para mañana”, por la rendija de la puerta que él ni tan siquiera contestó.
Fue demasiado duro despedirme así, pero en cuanto monté en el coche ya me convertí en Kira.
Después del briefing, en el que Leticia nos dio la charla, me metí al baño para colocarme las pinzas durante el primer vuelo.
Me las quité en el aeropuerto de Zurich e Ismael me ordenó que me las volviera a poner cuando regresamos a la capital suiza.
Compartí toda la jornada con Sandra, que no paró de hablar de Fran Lomas, de su relación, de sus citas...
, y de vuelta a Madrid comimos juntas y nos tomamos un café en Barajas.
Precisamente, en el Starbucks nos encontramos con Fran e Ismael...
∞∞∞
Ya solo faltaba un último vuelo por la tarde para completar la jornada. Noche en Zurich y al día siguiente, de nuevo a Madrid. Ismael y Fran se estaban tomando un café después de comer, cuando aparecieron Sandra y Andrea.
―Hola, ¿qué tal? ―preguntó la rubia.
―Bien, aquí cogiendo fuerzas para lo que queda ―dijo Fran con su amable sonrisa, mostrando un enorme vaso de café.
―Vale, luego nos vemos...
―Sí, claro...
Y se quedó mirando el culazo de Sandra al pasar y luego el de Andrea, con aquellas minifaldas azul marino tan sugerentes y ajustadas a sus cuerpos.
―¡Uf, cómo me gusta! entonces, ¿ya está todo arreglado con Andrea? ―le preguntó al Comandante.
―No te preocupes por eso, terminará la noche en tu habitación...
―¡Estupendo! ―exclamó mordiéndose los labios―. ¡Ni te imaginas las ganas que tengo de follármela!
―A ver si lo consigues, ya me contarás...
―¿Acaso lo dudas?, ja, ja, ja, pensé que tendrías más fe en mí...
―No, no lo dudo, entonces, ¿tanto te pone, Andrea?
―Ni te imaginas, ¡y mira que Sandra está buena, eh!, pero esta tía, no sé, me da un morbazo tremendo desde el primer día... tiene que ser una delicia en la cama con esas piernas...
―Seguro que sí.
―Tienes que contarme lo que te traes entre manos con ella y con Beatriz, ¡me tiene intrigadísimo!, te lo juro que he visto muchas cosas, pero lo de aquella noche en el hotel, viendo cómo la paseaba como una perrita con el collar, ¡joder, fue la hostia!
―Eso es secreto profesional...
―¡Qué cabrón!, bueno, me tendré que conformar con que me sirvas en bandeja de plata a la larguirucha...
―Es toda tuya... supongo que tú no puedes servirme a su amiga...
―¿A Sandra?, ¿te gusta?
―Sí, pero siempre me ha mirado con recelo...
―Por mí aceptaría ese intercambio, pero no creo que ella quiera, además, tiene mucho carácter, es una tía de armas tomar...
―Esas son las mejores ―dijo Ismael―. ¿Es buena en la cama?
―Joder, ya lo creo, folla como una diosa y no veas cómo la chupa, no le dice que no a nada... ya me entiendes...
―¿Por detrás también?
―También... desde el primer día... no sé la de veces que me he follado ese culo, por cierto, ¿Andrea también se deja por detrás?
―No lo sé...
―Sí, ya... no me lo quieres decir, pero esta noche lo comprobaré, si es igual que su amiga se la meteré por el culo, me la follaré a cuatro patas y me correré en su preciosa cara antes de irme a dormir...
―¡Estupendo!, pues yo creo que deberíamos ir saliendo para el avión...
―¿Ya...?, pufff, sí, es verdad ―protestó mirando su Tag Hauer deportivo―. Ya es la hora...
∞∞∞
Llegamos al hotel de Zurich sobre las 20:00. Apenas nos quedaba tiempo para una ducha y bajar a cenar, aunque antes me pasé por la habitación de Ismael. Recibí un mensaje con el número y yo ya sabía lo que tenía que hacer.
Allí me estaba esperando, sentado en la cama y con la maleta abierta.
―¡Desnúdate! ―me ordenó Ismael y yo me quité la minifalda del uniforme y la camisa.
―¿Así te parece bien? ―le dije cuando terminé para provocarle, situándome delante de él, mostrándole mi culo con los brazos en jarra.
―¡Date prisa y no te pases de listilla! ―exclamó en un tono seco y yo comencé a deshacer su maleta, colocando la ropa en el armario y las camisas y su americana en una percha.
―¿Qué te vas a poner?
―Eso a ti no te importa...
―Era por dejártelo encima de la cama...
―Nadie te ha pedido eso, haz lo que tienes que hacer y cállate la puta boca ―y se levantó agarrándome del cuello.
No entendía por qué estaba tan enfadado, si yo no había hecho nada.
―Esta noche, después de cenar vas a ir con Fran a tomar un par de copas, y luego terminarás en su habitación.
―De acuerdo.
―Tienes que correrte, o si no te lo prohibiré un mes más y otra condición es que tú no puedes tocarle, como mucho te permito besarte con él, pero nada más... ―dijo apretándome con fuerza las mejillas hacia dentro―. Seguro que eso te pone todavía más cachonda, ¿quieres morrearte con Fran?
―No... ―susurré cuando me soltó.
―Cuando termines con él, quiero que vuelvas a mi habitación, tengo otra sorpresita para ti...
―Sí, por supuesto.
―Y ahora vístete, ya te puedes ir, Kira... ¿estás cachonda pensando en que luego por fin vas a poder correrte?
―Sí, mucho... ―titubeé mientras me ponía la falda.
―Vete a tocarte un ratito hasta la hora de cenar... y ponte guapa...
―Vale...
En cuanto llegué a la habitación, me tumbé en la cama, tiré de la minifalda hacia arriba y abierta de piernas, comencé a masturbarme de manera furiosa. Algo tan simple como colocar la ropa de Ismael, me había excitado todavía más de lo que ya estaba y después me pegué una ducha rápida.
Miré el móvil y no tenía ningún mensaje de Sebas.
Me hubiera encantado hablar con él, estar a su lado, apoyarle y darle ánimos en un momento tan importante antes del examen, pero la realidad es que no le llamé.
Era como que en cierta manera, mi subconsciente quisiera humillarlo un poco más.
No solo le estaba siendo infiel y le privaba de tener sexo conmigo, es que además, quería que mi chico se arrastrara detrás de mí.
Me importaba más lo que iba a pasar durante la noche que su trascendental prueba de acceso y mientras me vestía delante del espejo, mi cuerpo palpitaba con la posibilidad de por fin alcanzar el orgasmo.
Ismael me lo había ido limitando cada vez más y cuando me permitía correrme, me encontraba feliz, exultante, nerviosa, caliente.
Y sobre todo cachonda. Demasiado cachonda como para poder pensar.
Esa noche me puse muy sexy. Ya lo creo que sí. Con una camiseta blanca de tirantes que apenas me tapaba el ombligo, una minifalda negra bien corta y zapatos de tacón, que todavía realzaba más mi altura; me dejé el pelo suelto, un poquito de maquillaje y frente al espejo estaba espectacular.
Imponente.
Pasé a buscar a Sandra por su habitación, y al verme silbó, pegándome un buen repaso de arriba abajo.
―¡Joder, nena!, ¿dónde vas así vestida?, ¡estás tremenda!
―A donde quieras, luego saldremos a tomar una copita, ¿no?
―Ah, ¿sí?, por mí encantada, ¡por fin!, ¡ya era hora de que te animaras! No le he dicho nada a Fran para quedar después de cenar, ¡que le den por el culo!, si él no me dice nada, yo tampoco...
―¿Estoy guapa?
―Ya lo creo, estás de más... ¡uf, madre mía! ―exclamó Sandra, que también estaba increíble con una minifalda azul marino y una blusita blanca con cuello en pico, luciendo sus preciosas tetas y marcando caderas a lo bestia.
En cuanto entramos al comedor, notamos las miradas curiosas de todos los comensales. Era imposible que en aquel ambiente tan serio y formal, pudiéramos pasar desapercibidas, dos pibones de casi uno ochenta, vestidas como dos colegialas.
Me sorprendió ver en la misma mesa a Leticia y Beatriz y mi compi y yo nos sentamos con ellas.
La verdad es que Beatriz iba más normalita, eso sí, enseñando sus piernas, pero la sobrecargo llevaba un vaquero ajustado y una camisa blanca, con un par de botones abiertos, mostrando su sujetador negro y un escote muy sugerente.
Todavía me parecía más guapa cuando se ponía la coleta en la parte superior de la cabeza, tipo cola de caballo y cruzamos la mirada cuando me senté frente a ella.
Parecía muy callada y recatada y me extrañó que esta vez no compartiera mesa con los dos pilotos, como solía hacer habitualmente. Y al terminar de cenar, fue Fran el que se acercó hasta nosotras, mientras Ismael pasaba de largo sin tan siquiera despedirse.
―¿Qué tal, chicas?, ¿os apetece tomar algo?
―No, yo paso, me subo a descansar ―dijo Beatriz.