39
Quedamos en una cafetería del centro y Sandra se retrasó sus cinco minutos habituales. Venía impecable con una minifalda blanca y camisa de rayas, luciendo un escotazo espectacular. Dejé el móvil sobre la mesa y antes de bloquearlo, comprobé que el ojo ya se estaba moviendo en la pantalla.
Las pinzas de los labios vaginales me estaban torturando y eso que solo llevaba cuarenta y cinco minutos con ellas puestas y me senté tratando de cruzar las piernas para que me molestaran lo menos posible.
―Bueno, tía, ¿qué tal todo?, que no te dejas ver... ―me soltó Sandra.
―Sí, es que llevo unas semanas de locos, además, el sábado se examina también Sebas, y joder, es que está insoportable, ya te supondrás el ambiente que tenemos en casa, nos pasamos el día discutiendo...
―Me lo imagino, a ver si tiene suerte y aprueba ya...
―Entre lo de la boda, que quiere que compremos un piso y la prueba de acceso, lleva una temporada que es para matarle...
―Míralo por el lado bueno, así serán mejores luego las reconciliaciones, ja, ja, ja, ¿sigue tan salvaje?
―Eso siempre ―le mentí, pues Ismael llevaba más de diez días sin dejarme follar con él y ese era el principal motivo de que mi chico se estuviera subiendo por las paredes―. ¿Y tú qué tal?
―Pues bien, ya sabes, entrenando y follando...
―Mmmmm, ¿entonces todo bien con Fran?
―Últimamente algo mejor, el sábado pasado me invitó a cenar en el XtreetSo, estuvo genial, luego fuimos a su casa y...
―Mmmmmm...
―Dentro de cuatro días nos vemos en Zurich... y espero que no me vuelva a hacer lo mismo de la otra vez, no se lo voy a pasar por alto, como se vaya con Leticia ya puede ir borrando mi número de la agenda...
―No, ¿cómo va a hacerte eso?
―De este me espero cualquier cosa..., por cierto, el otro día me tocó volar con Ismael, estuvo bastante simpático conmigo, hasta me invitó a un café entre vuelo y vuelo y estuvimos hablando...
―¿Ves como no era tan mal tío?
―A ti siempre te ha caído bien desde el principio...
―Sí, la verdad es que sí...
―El otro día estuvo agradable, pero suele ser un imbécil, y me sigue pareciendo un cretino ―me soltó Sandra y yo casi por inercia miré el móvil que estaba sobre la mesa.
Sabía que Ismael estaría escuchando la conversación.
―Es un puto borracho, a ver si se jubila ya y con un poco de suerte contratan en la compañía a otro piloto interesante... ―continuó Sandra.
―Otro Fran.
―No estaría mal... pero con un Lomas ya es suficiente, ja, ja, ja...
―Ja, ja, ja...
―Entiendo que tiene que ser muy jodido perder a una hija, pero...
no sé, podía ser un poco más extrovertido con el mundo en general...
es que no me gusta ese tipo de gente con tan mal carácter, o que un día esté simpático y al otro ni te mire...
por lo que se rumorea, hace años debía ser un verdadero hijo de puta con las mujeres...
―Ah, ¿sí?
―Sí, eso se dice...
―Pues no tenía ni idea.
―Ahora está acabado, no hay más que verlo, no es más que un viejo acabado y un alcohólico... pero sigue siendo muy buen piloto, eso al menos hay que reconocerlo ―admitió Sandra y miré otra vez el móvil.
Echamos un buen ratito hablando de nuestros destinos, del trabajo y otro poco de los entrenos en el gym.
Una hora más tarde nos despedimos con dos besos, aunque esta vez no iba a pasar tanto tiempo sin vernos, pues nos tocaba volar juntas a Zurich, en cuatro días.
De camino al metro, tuve que meterme en un bar y entrar a los baños para quitarme las pinzas.
Ya llevaba casi dos horas con ellas puestas y me estaban destrozando literalmente.
Tenía los labios hinchados y muy deformados.
Y sobre todo sensibles. Era sorprendente lo que me excitaba ese dolor tan agudo y cómo me quedaba en una nube de placer contenido, cuando me quitaba las pinzas que aprisionaban mi sexo.
Cogí el metro y me dirigí a la dirección que me había indicado Ismael.
Allí me había citado para verse conmigo.
Era una cafetería algo alejada del centro y al llegar me lo encontré en la barra, tomándose un café con leche.
Parecía tranquilo, con el pelo húmedo y repeinado, llevaba puesto un vaquero y un polo blanco y al verme me indicó que me sentara a su lado.
―¿Te las has quitado, Kira? ―me preguntó.
―Sí, ya no podía más, me dijiste que podía hacerlo cuando terminara de hablar con ella...
―¿Y qué tal?, ¿cómo estás ahora?
―Pues ya sabes cómo me quedo...
―Quiero que me lo digas ―y yo me acerqué a su oído y le susurré.
―Estoy muy caliente... te suplico por favor que me dejes correrme.
Esbozó una sonrisa y siguió con su café, como si nada, luego se quitó un pinganillo que tenía en la oreja y me lo mostró.
―Os he estado escuchando detenidamente, ha estado muy interesante la conversación...
―Ya, eh, siento mucho lo que ha dicho Sandra.
―No tienes por qué disculparte, tú no has sido y ya sabía que ella piensa eso de mí, no me lo ha dicho nunca, evidentemente, pero se nota la cara de asco con la que me mira...
ella es más de jóvenes guaperas como Fran, aunque tampoco le importaría montárselo contigo.
Ya se te ha insinuado unas cuantas veces. ¿Te gustaría follar con tu amiga?
―No...
―¿Por qué?, si está muy buena...
―Porque es mi amiga y no siento ninguna atracción sexual hacia ella...
―Ya has probado con unas cuantas mujeres y cada día te gusta más, ¿verdad?
―Puede que sí...
―Sabes que te voy a hacer follar con ella, ¿verdad?
―No, por favor...
―Joder, tengo que reconocer que está muy buena la cabrona y me pone mucho la idea de verla contigo, es una mezcla entre tú y Beatriz, es como si os cogiera a las dos y os fusionara ―e hizo el gesto de entremezclar los dedos de sus dos manos―, de esa unión saldría Sandra; de altura está entre las dos, de complexión también, tiene buenas curvas y un buen culazo y se ha puesto unas tetas muy sugerentes...
dentro de cuatro días coincidimos todos en Zurich y me gustaría escuchar vuestros gemidos...
―No, Ismael, por favor... te lo pido por favor...
―Puedes usar la palabra de seguridad si algo no te gusta, pero si la utilizas te aseguro que te voy a ordenar algo todavía peor, así que... tú misma...
Resoplé dudando qué hacer; sopesando todas las posibilidades. Tampoco es que tuviera muchas. Le había mentido, porque la verdad es que sí sentía una atracción sexual hacia Sandra, pero no quería enrollarme con ella; pues era mi mejor amiga y prefería que lo siguiera siendo durante mucho tiempo.
Sin embargo, Ismael tenía otros planes. Mucho más crueles.
―Entonces, ¿qué decides?, ¿te follas a tu amiguita o no...?
―Está bien. Lo haré.
―Eso es lo que quería, escuchártelo decir, muy bien, me gusta mucho... pero tranquila, de momento eso no va a pasar, y después de lo del viernes, puede que no suceda jamás...
―¿Lo del viernes?, ¿y qué va a pasar el viernes?
―¿Recuerdas la última vez que estuvimos en el hotel de Zurich?
―Sí...
―Fran os vio en el pasillo y bueno... ehhhh, he tenido que negociar con él para comprar su silencio.
―¿Negociar?
―Sí, Kira, negociar, y le he ofrecido dos posibilidades, ¿quieres saberlas?
―Sí.
―Te las iba a decir igual, je, je, je..., pues verás, la primera era que podía follarse a Beatriz... ―y al escuchar esa frase me puse muy nerviosa.
Ya me imaginaba cuál sería la otra.
―Y la segunda era que tuviera una cita “romántica” contigo... y que terminaras tomando la última en su habitación... solo eso, no le he prometido nada más. Ahora viene lo bueno, tú y yo vamos a hablar de las condiciones de esa cita...
―No puedo quedar con Fran, Sandra no me lo perdonaría jamás.
Ismael se encogió de hombros y abrió las manos, como si no pudiera hacer nada.
―¿Cuántos días llevas sin correrte?
―Una semana...
―¿Te acaricias todos los días dos veces como te ordené?
―Sí, incluso algunos días tres o cuatro...
leo los libros de David Lovia, de Tanatos, de A.
Seneka que me sugieres, escucho los audios de Leinasex, veo los videos de Pornhub que me mandas...
me pongo las pinzas todos los días... y ya no puedo más, uffff...
¡estoy al límite! ―le confesé―. ¡Solo pienso en correrme!
―¡Mmmmm, me encanta, me encanta!, ¿y no te gusta ir siempre tan cachonda?
―Sí ―murmuré, mirando hacia el suelo.
―Bueno, pues al final ha preferido quedar contigo antes que follarse a Beatriz, pero tranquila, el viernes no voy a permitir que Fran te folle, ni tan siquiera tendrás que tocarle, pero quiero que te corras con él, dejarás que te meta un par de dedos o que te coma el coñito...
y te aseguro que tu orgasmo será casi inmediato... ¿te parece bien?
Yo negué con la cabeza, pero no dije nada. No me salían las palabras.
―No te escucho, ¿qué has dicho?, te estoy preguntando que si te parece bien...
―No...
―¿Quieres correrte?
―Por favor...
―Si no lo haces el viernes, te castigaré un mes sin orgasmos, piénsalo bien, eh, ¡un mes!
... y además, sin follar con “tu chico”...
―y se acercó a mi oído―. Te haré la vida imposible, irás chorreando literalmente por la calle, y después te obligaré a follar con el primero que se te cruce por el camino, con Satur, o Rober, el ex de Sandra, con Valti...
no sé, cualquiera, me da igual, y en cuanto te metan la polla tú te correrás irremediablemente, mmmmm...
―Está bien, lo haré, vale, vale, el viernes tendré una cita con Fran...
―¿Me pones un vasito de leche templada? ―le pidió al camarero y en cuanto se lo sirvió, lo apoyó en la barra delante de mí―. Bébete esta leche a lametazos, como una buena gatita... ―me ordenó girándose mientras se sobaba el paquete con descaro.
Y al ir a coger el vaso, me agarró de la muñeca.
―Sssssh, sin usar las manos, Kira, solo con la lengua...
―Pero...
―¡Hazlo!, estás demasiado protestona, lo mismo tengo que darte un par de azotes antes de irnos, ¿te gustaría que te azotara en el baño?
―Sí ―gimoteé mordiéndome los labios.
―Ja, ja, ja, está bien y ahora mete ahí la puta lengua ―dijo en alto, llamando la atención del camarero, que se me quedó mirando atentamente.
Ahí comprendí que no conocía de nada a Ismael.
Apoyé la barbilla en el vaso y saqué la lengua. Solté un lametazo y después otro y noté que todo el bar estaba pendiente de mí. El camarero, dos jubilados de setenta años que había a mi lado y tres hombres de una cuadrilla de albañiles que se estaban tomando el carajillo.
Yo era la única mujer que había en ese bar de mala muerte y mientras me bebía la leche como buenamente podía, Ismael se puso de pie y se situó detrás de mí.
Muy despacio me fue desabrochando los botones de la camisa hasta que llegó al final y luego la abrió, mostrándole mis pechos a todos.
El camarero hizo el amago de coger el móvil, pero Ismael levantó el dedo.
―Ni se te ocurra, nada de llamadas ni de grabar, o nos largamos... ―dijo pellizcándome los pezones mientras jugaba con mis tetas―. ¿Queréis probar alguno? ―preguntó en alto, pero ninguno de los presentes contestó.
―Ey, tío, deja a la chica tranquila... ―le soltó uno de los de la cuadrilla de albañiles sin moverse de su sitio.
―¡Levántate! ―me ordenó Ismael en alto.
De mi barbilla escurría la leche, que se me iba cayendo entre los pechos, y el Comandante me subió la minifalda unos centímetros, mostrando mis glúteos desnudos.
―¿En serio ninguno quiere jugar con Kira?, es mi sumisa... y os la estoy ofreciendo ―dijo pasando sus gruesos dedos por mi suave piel y de repente, me impactó con toda la mano en el culo.
¡¡Plassss!!
―¡Ey, tío!, te estás pasando de la raya, suelta a la chica... ―dijo levantándose de la silla el más valiente de la cuadrilla. Un chico que rondaría los cuarenta años, fuerte, con perilla y poco pelo.
Viendo que la cosa se podía poner muy fea y que sus otros dos compañeros también se incorporaron con muy malas intenciones, dirigiéndose hacia Ismael, decidí situarme delante de ellos.
―Puede ordenarme lo que quiera, soy Kira, su elegida... ―les dije tocando el colgante de mi cuello.
―¡Madre mía!, esta tía está chalada... anda, Manolo, llama a la policía o vas a tener un problema con estos dos ―le sugirió el albañil al dueño del bar.
―No estoy chalada, y tú acabas de perder la oportunidad de castigarme ―murmuré dándome media vuelta y les mostré el culo antes de bajarme la falda―. Será mejor que nos vayamos ―le pedí a Ismael, que no parecía en absoluto intimidado por esos tres tíos.
―Buenos días, currelas ―le soltó al más decidido en toda la cara y después me abrió la puerta del bar cuando me abroché todos los botones de la camisa.
―¡Joder, estás loco!, esos tíos te podían haber matado de una paliza ―le dije en cuanto pusimos un pie en la calle.
―Lo dudo mucho... tengo segundo dan en Aikido y lo más probable es que la pelea hubiera terminado como una película de Steven Seagal...
pero muchas gracias de todas formas por haberlo evitado...
lo malo es que nos hemos quedado sin tus azotes para que te vayas a casa todavía más cachonda... y prometí dártelos, ¿los quieres?
―Sí, por favor, ¡quiero me des duro!
―Está bien...
Buscamos otra cafetería un poco más amplia y después de tomarnos algo, bajamos a los baños que estaban en la planta baja. Ismael me metió en el privado de caballeros y allí me levantó la falda, azotándome cinco veces, para dejarme los dedos bien marcados en la piel.
Casi me meo del gustazo que me dio.
Antes de salir, me hizo ponerme nuevamente las pinzas y cuando llegué a la hora de la comida, mi chico ya estaba en casa, preparando una ensalada fitness. Me encerré en el baño y me las tuve que quitar a toda prisa. Ya no podía soportar ese dolor ni un segundo más.
―¿Estás bien? ―me preguntó Sebas cuando salí―. Tienes mala cara...
―Sí, creo que tengo un poco de fiebre ―dije tocándome la frente.
―Estás sudando...
―Creo que me voy a acostar, mañana me toca currar y no me encuentro muy bien...
―¿Quieres tomar un paracetamol o que te lleve a urgencias...? ―me preguntó Sebas.
―No, me voy a echar la siesta a ver si se me pasa... voy a descansar un poquito y supongo que me levantaré mejor...
Y en cuanto caí en la cama, cerré los ojos y se me vino a la cabeza toda la escena que había vivido durante la mañana.
Después me acordé de mi compi y de Fran.
En cuatro días estaba obligada a tener una cita con el piloto y eso no le iba a gustar nada a Sandra.
Tendría que hacerlo muy bien para que ella no se enterara y si lo hacía, asumir las consecuencias.
Lo que Sandra todavía no se imaginaba es que esa noche en Zurich, su mayor rival no iba a ser Leticia, sino su mejor amiga...