38
Yo creo que todavía estaba más nerviosa que el día en el que Beatriz me sacó de paseo por los pasillos del hotel de Zurich.
Me costaba hasta respirar y con la mano temblorosa abrí el frigo y pillé dos cervezas. Aun así, no tenía ninguna duda. Estaba convencida de hacerlo y es que si me lo ordenaba Ismael, ya no había más que hablar. Tiré del trozo de tela que se metía entre mi cuerpo y la toalla y me deshice de ella.
Tomé una respiración profunda y cuando estaba a punto de echar a andar en dirección a la habitación, escuché la voz de Valti.
―Andrea, ¿estás por ahí?
No tuve tiempo ni de contestar. Tres segundos más tarde, lo vi entrando en la cocina con un cigarrillo en la mano y no puedo describir muy bien la cara que se le quedó al verme completamente desnuda.
―¡Ey, ey, ey, perdona, perdona!, pensé que... ―y se dio media vuelta, regresando a la habitación.
Salí detrás de él y al entrar en mi cuarto, lo vi de espaldas, fumando con la ventana abierta.
―¿No te apetece una? ―pregunté en alto y cuando Valti se giró, me encontró de pie en medio de la habitación, desnuda y con las dos cervezas en la mano.
―Eh... sí, sí, claro ―afirmó sin terminar de creerse lo que estaba sucediendo.
Se quedó unos segundos paralizado, como si aquello se tratase de una cámara oculta, pero mirándome detenidamente.
Sus ojos alternaban entre mi pecho y mi sexo depilado y tras unos segundos de duda se acercó a mí.
Yo no sabía lo que iba a hacer, solo esperó a que le pasara el botellín y comenzó a bebérselo delante de mí como si nada.
―Ya he terminado la primera mano de pintura, ¿te gusta?
―Desde luego, ha quedado muy bien...
―Cuando regrese Sebas, seguro que le gusta también, por cierto, ¿a qué hora vuelve del gym?
―No suele llegar antes de la una y más ahora, que después de entrenar va a la biblioteca a estudiar, está llegando estos días sobre las dos y media o por ahí...
―Pues sobre esa hora terminaré...
―¿No me vas a decir nada?
―¿Nada de qué...?
Y yo abrí los brazos, mostrándome ante él.
―De esto...
―¿Qué quieres que te diga, Andrea?, ¡qué estás muy buena y que me parece a mí que te encanta jugar!, pero a mí no me gusta que me vacilen y tampoco las calientapollas...
―¿Y quién te está vacilando?, ahora estamos aquí los dos, solos tú y yo.
―¿Qué quieres, Andrea?
―Terminar lo del otro día, ¿no?, peeeeero... solo hay una condición... ―susurré acercándome a él.
―¿Cuál?
―No puedes tocarme...
―¿Que no puedo tocarte...?, ¿y entonces?
―Tú déjame a mí... ―y le arrebaté el cigarrillo, pegándole una calada delante de sus narices.
―No sabía que fumabas...
―Ya hace mucho que lo dejé, tonterías de adolescente ―dije poniéndole el cigarrillo en su boca, para después bajar lentamente la cremallera de su mono blanco.
Le pegó una calada fuerte y tiró la colilla al suelo, pisándola con sus enormes botas y yo colé una mano por debajo del mono, palpando su paquete para comprobar que ya la tenía muy dura.
―Te gusta mandar, ¿eh? ―e intentó tocarme el culo, pero yo se lo impedí, apartando su brazo.
―¡Nada de tocar!, te lo he dicho antes... es lo que hay, o lo tomas ―y me acerqué más a su cara, casi rozando sus labios con los míos... ―, o lo dejas...
―¡Eres una zorra!
Y yo sonreí al escuchar su insulto, pero no me detuve e introduje mis dedos por el elástico del calzón, hasta que llegué a tocar su polla.
―¿Quieres que siga... o paro? ―le pregunté pasándole la lengua por la punta de la nariz.
―Sigue, puta zorra...
―No me molesta que me insultes... es más, ¡me gusta!
―Ya lo sé que te gusta, no hay más que verte...
―¿Eso es lo que piensas de mí?
―Sí...
―¿Y qué más piensas de mí? ―le gimoteé bajándole un poco el mono y después el pantalón.
Su polla apareció de repente y yo se la agarré con fuerza, comenzando a meneársela con mucha calma. Apoyé mi frente en la suya y abrí la boca, rozándole, como si fuera a besarle, pero no lo hice, y su primer aliento de placer se coló entre mis labios.
―¡Mmmmm, joder!
―¡Dime lo que piensas de mí!
―Que eres una puta pija estirada, y te crees la mejor del grupo, solo porque hablas cinco idiomas y trabajas de azafata, como si eso fuera muy importante, miras a mi mujer y a las otras por encima del hombro...
―Eso es porque soy más alta...
―Y no eres más que una puta calientapollas...
―Pues la puta calientapollas ahora te la está meneando y parece que te gusta, ¿no?
―Desde luego que me gusta, se ve que tienes mucha práctica...
―¿Y no crees que estoy buena?
―A mí me gustan con las tetas más grandes, y no tan delgadas, aunque reconozco que no estás nada mal, tienes buenas piernas y buen culo...
―¿Estoy más buena que tu futura mujercita?
―Sabes que sí, zorra... ¿te pone que te diga eso?
Y sin soltarle la polla, me situé a su espalda, meneándosela más rápido y le pegué un mordisquito en el cuello.
―¿Te vas a correr en mi habitación?, aquí me ha follado tu amigo muchas veces...
―Ufffff, sí...
―Me encanta tu polla, está muy dura, mmmmm...
―¡Quiero follarte, puta!
―Insúltame, me da igual, eso me pone todavía más cachonda...
―¿No quieres que te meta un par de dedos en el coño?, seguro que estás empapada... ―y bajó la mano, intentando acariciarme, pero se lo impedí de nuevo―. Aquí o jugamos o todos o... ―protestó dándose media vuelta.
―¿O qué...? ―dije separándome de él, soltándole la polla―. Te lo he dicho al principio, nada de tocarme, si quieres terminar no me importa, pero no va a pasar nada más entre nosotros... así que tú decides...
―¡Puta de mierda! ―farfulló entre dientes―. No me lo puedo creer, te presentas así en tu habitación y me dices que solo me puedes tocar tú...
―Y entonces, ¿qué hacemos, Valti?
―¡Está bien!, ¡termíname el pajote, guarra! ―exclamó pegándose un par de sacudidas él mismo para que no se le bajara la erección.
Me acerqué decidida y le volví a agarrar la polla, que asomaba bien dura por la abertura de su mono de pintor.
―¡Date la vuelta! ―le ordené y otra vez me quedé a su espalda, reanudando la paja que le hacía, pero esta vez con mucha más velocidad―. ¡Vamos, quiero ver cómo te corres! ―le jadeé al oído.
Por suerte, me mantuve firme en mis indicaciones, porque yo también estaba excitadísima y muy al límite y en ese momento si Ismael no me lo hubiera ordenado, seguramente me habría dejado follar por un Valti, que obedeció ya sin rechistar, sabiendo que correrse con una paja era mejor que nada.
―Dime cómo te gustaría follarme, cómo te lo imaginas cada vez que te pajeas pensando en mí... porque te haces muchas pajas pensando en mí, ¿verdad?
―¡Sí, zorra!, casi siempre me corro pensando en ti...
―¡Lo sabía!, ¿y en qué piensas?
―En que te follaría bien duro a cuatro patas... seguro que es cómo más te gusta...
―¡Mmmmm, qué malo!, ¡síííí, es como más me gusta...!
―Te la metería por el culo... y me correría en tu cara y en tu boca, te follaría durante horas, hasta que ya no pudiera más...
―¿Tanto te pongo?
―Sí, uffff, muchísimo...
―¿Lo dejarías todo por mí?
―¿Cómo...?
―Que si dejarías a Elvira por mí...
―No, nunca la dejaría, y menos por una zorra como tú...
―Ah, ¿no?, y si te dijera de escaparnos juntos, empezar de cero en otra ciudad, tú y yo solos, viviendo los dos en un apartamento frente al mar, ¿te lo imaginas?
―Nooooo, mmmmmm...
―Nos pasaríamos el día follando... podrías hacerme todo eso que te gusta, darme por el culo, correrte en mi cara...
―¡¡Joderrrr!!
―Me pondría a cuatro patitas para ti, para que me follaras bien fuerte, ¡todos los días! ―susurré agarrándosela con más fuerza y aumentando la velocidad a la que le pajeaba.
Valti ya gemía en alto y echó la cabeza hacia atrás, sin parar de mover las caderas en todas direcciones. Yo sentí su polla todavía más dura y eso era señal de que estaba a punto.
―¡¡Aaaaaah, aaaaah, me voy a correr, zorra!!
―¡Dime que dejarías a la zorra de Leticia por mí, vamossss y córrete ya, mmmmmm! ―le ronroneé, mordíendole el lóbulo de la oreja.
―¡¡Aaaaah, síííí, síííí, la dejaría por ti, la dejaría por ti...
―Y ahora di mi nombre y córrete, ¡córrete para mí, Valti!
―¡Aaaaah, joderrrr, aaaaah, aaaaah, Andrea, me corro, Andrea, me corroooo, aaaah, aaaah, aaaah, aaaaah! ―y comenzó a eyacular contra la pared de mi habitación, soltando tres o cuatro chorrazos que empaparon esa primera capa de pintura.
Y yo se la seguí sacudiendo, sintiendo su semen entre mis dedos, gimoteando en su oído mientras él no paraba de temblar. Al terminar, abrió los ojos y se dio cuenta del estropicio, mirando horrorizado la pared.
―¡Mierda!, ¡joder, qué puto desastre!, ¿qué hemos hecho?
―Bueno, creo que me voy a vestir ―dije soltándosela mientras él comprobaba los daños―. Espero que puedas arreglar eso, ja, ja, ja... ―me burlé de Valti, saliendo de la habitación.
Al llegar a la cocina, me sentí un poco mal por él, pero a la vez me encontraba muy satisfecha por haber cumplido con mi deber.
Le escribí a Ismael, que me dio el ok con el emoticono del pulgar y ya no volvió a mandarme nada más por ese día; después me vestí con calma y salí a la calle.
Un paseo, cuatro compras y sobre la una y media llamé a Sebas para ver dónde estaba y me acerqué hasta la biblioteca.
Cuando regresamos a casa, Valti todavía no había terminado. Ni tan siquiera levantó la cabeza para mirarnos. Estaba abochornado por lo que había pasado tres horas antes.
―He tenido un pequeño problemilla, pero ya casi está listo, en algunas zonas he tenido que darle hasta tres capas de pintura...
En cuanto terminó de pintar, recogió todo y salió de nuestra casa como alma que lleva el diablo, alegando que tenía mucha prisa. Sebas y yo comimos con calma y por la tarde le pegamos una buena limpieza a la habitación.
Después de hacer la cama nos tumbamos en ella, comprobando el buen trabajo que había hecho su amigo.
―Pues la verdad es que ha quedado muy bien... ―dijo Sebas―. Me encanta el color... es bueno, Valti, ¿no crees?
―Por supuesto que sí y encima nos ha hecho un descuento, es una suerte que sea tan buen amigo tuyo, cuando quieras le llamamos para que pinte el salón también... ―y apoyé la cabeza en su hombro, acariciando su pecho con los dedos...