Mi primer vuelo 35
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Ismael soltó los mandos, se quitó los cascos y puso el piloto automático. Acababan de alcanzar la altitud de crucero.

―¿Estás bien?, llevas todo el día muy callado ―le preguntó a Fran.

―Eh, sí, sí... estoy bien...

―¿Qué tal ayer con Leticia?

―Uf, genial, ya hacía tiempo que no me veía con ella...

―¡Qué cabrón eres!, un día Sandra, otro Leticia, otro Natalia... ¿a cuántas te has follado ya desde que estás en la compañía?

―No lo sé, tampoco llevo la cuenta, solo lo paso bien y ya está...

―¿Y con Sandra?, me comentaste que habías quedado con ella unas cuantas veces... incluso la has llevado a tu casa...

―Sí, pero ahora quiere ir muy deprisa y yo paso de ataduras, el otro día me dijo que lo había dejado con el novio... y eso ya es una cosa seria. Espero que no fuera por mí.

―Pues claro que fue por ti... no te hagas ahora el inocente... ―dijo Ismael.

―No quiero cargar con esa responsabilidad, si su pareja iba mal no era por mi culpa...

―Y entonces, ¿por eso estás hoy tan callado?

―No... es que, mira, Ismael, te lo voy a contar, pero esto no puede salir de aquí, ¿entendido?, y yo por supuesto que negaré habértelo contado si esto trasciende... ¡es que es muy fuerte!

―Ya sé lo que me vas a contar.

―¿Ehhh...?

―Sí, anoche viste algo en el pasillo del hotel... te cruzaste con dos chicas...

―¡¡¿Cómo lo sabes?!!

―Muy sencillo, porque era yo el que se lo había ordenado...

―¡¡¿Tú...?!!, pe... peroooo, no entiendo nada... ¿tú qué tienes que ver con Andrea y Beatriz?

―Mira, Fran, lo que yo tenga con ellas es cosa mía, pero no puedes decir nada de lo que viste ayer, ¿entendido?

―Sí, claro, ¡tampoco me creería nadie!, ¡era surrealista!

―Y a cambio yo seré muy generoso contigo.

―¿Generoso?, no te sigo...

―Voy a comprar tu silencio.

―No hace falta, no pensaba decir nada... solo quiero que me digas, ¿por qué hacían eso?, ¿es una especie de juego o algo así entre vosotros?

―Te dejo elegir a una de las dos...

―¿Elegir?

―Sí, puedo conseguirte una noche con Beatriz o una cita con Andrea...

―Ufff, ¿de verdad?, ¿y qué incluiría esa oferta...?, ya te dije antes que no hacía falta que...

―Con Beatriz lo que quieras, podrías pasar una noche entera con ella, ya me entiendes, y con Andrea..., te conseguiría una cita, y la última copa la tomaríais en tu habitación, luego ya... ¡es cosa tuya si sabes jugar bien tus cartas!

―¡Mmmmm, muy tentadora la oferta!, nunca he estado con Beatriz y reconozco que me pone mucho, pero Andrea, uffff, eso son palabras mayores, ¡me da mucho morbo!, ¿tú te has acostado con ella?

―Ya te he dicho antes que lo que yo tenga con ellas no es de tu incumbencia, entonces, ¿qué decides?

―¿Puedo pensarlo?

―No, tienes que contestarme ahora.

―O sea, me estás insinuando que a Beatriz podría follármela, pero a Andrea no... solo me conseguirías una cita y que nos tomáramos la última en mi habitación.

―¡Exacto!

―¿Y eso cuándo sería?

―Dentro de unas semanas, cuando volvamos a volar todos a Zurich...

―Está bien, me voy a arriesgar, y además, me gustan los retos. Elijo la cita con Andrea... ―dijo estirando el brazo.

―¡De acuerdo! ―le contestó Ismael, que sonrió confiado con la tranquilidad de jugar con las cartas marcadas y después se estrecharon la mano para cerrar el pacto...