Mi primer vuelo 34 #3
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34 #3

La primera que se corrió fue Beatriz entre grandes gritos y después Ismael soltó un gruñido y una embestida hasta el fondo, quedándose así unos pocos segundos. Vi cómo le temblaba el culo y le propinó un azote antes de retirar su polla.

¡¡PLASSSS!!

―¡¡Oohhhh, oooooh, joder, me voy a correr, me voy a correr!!, ¡¡ponte de rodillas!! ―le pidió a Beatriz soltándole otra cachetada todavía más dura.

―¡¡Síííí, sííííí!!, ¿es que quiere echármelo en la cara?, mmmmmm ―jadeó ella girándose rápido, poniéndose de cuclillas y apartándose el pelo del rostro, para ofrecérselo a Ismael.

Dejó la verga palpitando apoyada en su frente y me tiró del pelo para que me levantara.

―¡Ponte detrás de mí!, aaaaah, aaaah, aaaaaah, joderrrrr, ven, Kira, aaaaah, menéamela, vamos, cógeme la polla, estoy a punto de corr...!

Y tuve el tiempo justo para incorporarme, situarme a su espalda y estirar el brazo para agarrársela y pegarle un par de sacudidas.

Miré por encima de su hombro e intenté apuntar hacia Beatriz, que con la lengua fuera, recibió un par de potentes disparos, que la atravesaron desde la barbilla hasta la frente.

―¡¡Sííí, síííí, mmmm, córrete en mi cara, córrete en mi cara!!

Sentía su polla palpitar entre mis dedos con cada eyaculación, y se la intenté menear al ritmo exacto al que su cuerpo convulsionaba; durante treinta segundos no dejó de salir una cantidad ingente de semen, que se fue depositando en la boca, en las mejillas y hasta en los ojos de Beatriz, que recibió ansiosa y jadeando la corrida de Ismael.

¡Nunca había visto una corrida tan espesa y abundante!

Me puso todavía más cachonda sentir su caliente leche manchando mis dedos y yo seguí pajeándole, exprimiéndole hasta la última gota, y solo me detuve cuando Ismael me agarró del antebrazo, frenando mis movimientos.

―¡¡Vale ya, lo has hecho perfecto!! ―me felicitó pasando una mano hacia atrás, sobándome el culo.

Y Beatriz no desaprovechó su oportunidad y se metió la polla de Ismael en la boca, jugando con ella, gimoteando como una vulgar zorra..., apenas podía abrir los ojos y se aferró a su culo, restregándosela por la cara sin usar las manos.

―¡¡Mmmmm, me encanta, me encantaaaa!!, ¿vas a follarme otra vez?, ¡¡ahora quiero que me des por el culo!! ―le suplicó Beatriz.

―Puede que otro día ―dijo él apartándola de su polla con un tirón de pelo y comenzó a subirse los pantalones―. Por hoy ya hemos terminado... bueno, casi, Kira, ven aquí... métele los dedos en la boca, que te los deje bien limpios también...

Me acerqué temblorosa a Beatriz, que seguía de rodillas y le introduje mis largos dedos en la boca. Ella ni tan siquiera protestó, y me los lamió uno a uno, dejándolos impolutos. Cuando terminó hasta le costaba respirar.

Estaba cachonda, fuera de sí. Jamás me hubiera imaginado que con lo seria que era Beatriz, pudiera haberse transformado en unos pocos minutos y comportarse de esa manera.

―No me eches, por favor, ahora haría cualquier cosa que me pidieras ―dijo acercándose a Ismael, acariciando su pecho.

―Está bien, quiero que os duchéis juntas antes de iros... podéis besaros, tocaros, lo que os dé la gana, pero Kira no puede correrse...

Y cumpliendo la última petición del Comandante, nos metimos desnudas en su ducha, mientras él nos observaba desde fuera.

Me gustó limpiar el semen de su cara y lavarle el pelo, y aunque empezamos muy tranquilas, terminamos besándonos con lengua, sobándonos todo el cuerpo, y para finalizar, Beatriz se apoyó en la mampara, ofreciéndome su culazo y me pidió que la masturbara desde atrás con los dedos, hasta que se corrió de nuevo.

Antes de salir de la habitación, Ismael me regaló un libro, en la portada ponía Justine, de El marqués de Sade, y después me recordó todas mis obligaciones para los próximos días.

―Ahora en la habitación puedes quitarte las pinzas...

y ya sabes, tienes que acariciarte durante diez minutos al mediodía y otros diez por la noche antes de acostarte.

Te mandaré relatos, audios, videos cada poco...

quiero que estés excitadísima las veinticuatro horas del día, incluso cuando duermas, y esta semana tienes que empezar a leer Justine, ya me contarás si te gusta o no...

el martes nos vemos en el Vivaldi a la hora de siempre...

―De acuerdo... y con Sebas, ¿puedo acostarme?

―Tú misma, pero no puedes usar la boca ni la mano... y por supuesto nada de correrte, así que solo puedes follar con él, ¿entendido?

―Sí.

―Ah, y por último, ¡ya se me olvidaba! esta semana tienes que ponerte en contacto con su mejor amigo, ya sabes, el pintor... quiero que vaya a tu casa cuanto antes a pintarte la habitación; ¿de acuerdo?

―Sí...

―Y ahora ya te puedes ir, Kira.

―¿Y yo?, ¿puedo quedarme? ―le preguntó Beatriz, que llevaba puesto su albornoz blanco después de salir de la ducha.

―Está bien, pero quítate eso, desnúdate y túmbate en la cama... ahora cuando se vaya Kira voy a follarte el culo...

Y antes de salir, eché una última mirada hacia atrás y vi cómo mi compañera se desnudaba del todo, para después subirse a cuatro patas en la cama.

―Adiós, cariño, lo he pasado muy bien contigo ―me dijo Beatriz despidiéndose de mí con la mano, mostrándome su excelso culo...