Mi primer vuelo 34 #2
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34 #2

La sensación fue brutal, tremenda, y solté un gemido desesperado. El muy cabrón iba a volverme loca si no me dejaba correrme. Y todavía fue peor cuando se puso a follarme con sus gruesos dedos, que tenían casi el tamaño de una verga.

―¡Acércate y date la vuelta! ―le pidió Ismael a Beatriz.

Ella se giró y me mostró su culazo, apoyando las dos manos en la mesa que tenía delante.

―¡Quítate las braguitas!, ¡muy despacio! ―y mientras le daba órdenes, seguía metiendo y sacando sus dedos con mucha calma―. ¿Qué tal vas, Kira?, ¿vas a poder aguantar?

―¡¡Aaaaaah, noooo, aaaaah, no puedooo, aaaaaah, aaaaah!!

Levanté la cabeza, jadeando, ansiosa, y Beatriz fue descendiendo las braguitas brasileñas por sus fibrados muslos. Luego se inclinó sobre la mesa y abrió un poco las piernas, mostrándome sus labios vaginales.

También estaba excitadísima.

Miró hacia atrás, esperando una nueva orden de Ismael, y él se quedó maravillado con el cuerpazo de Beatriz, que no dejaba de mecer las caderas de lado a lado.

―¿No vas a venir a follarme? ―le preguntó pasándose una mano por los glúteos y escuché cómo Ismael sonreía a mi lado y después me tiró del pelo, obligándome a incorporarme.

―¿Tú qué dices?..., ¿quieres que se la meta? ―dijo en mí oído.

A mí sinceramente me daba igual lo que hicieran, bastante tenía con lo mío y solo estaba pendiente de no alcanzar el orgasmo; apenas podía rozarme ya con las yemas, pero Ismael no paraba de clavarme sus putos dedos, que me estaban volviendo loca.

―¿Qué te parece, Beatriz?, ¿crees que está buena? ―me preguntó.

―¡Aaaaaah, sí, síííí, aaaaaah, está buena, mmmm, está muy buena!

―¿Te gustaría meter la lengua en ese coñito?

―Noooo, mmmmm, noooo, aaaaah, aaaaah, ¡¡deja que me corra, por favor!!

―Y si te dejo correrte, ¿se lo comerías?

―¡Aaaaah, síííí, síííí, lo haría, mmmm, pero tienes que dejarme...!

―¡Menuda zorra! ―exclamó Beatriz.

―Ven, acércate más, así, pon el culo delante de su cara... ―dijo Ismael, agarrándome con fuerza del pelo.

Me acercó hasta el cuerpo de mi compañera, pero la correa ya no cedía más y me quedé a diez centímetros escasos de su culo. Desde mi posición podía ver perfectamente su coño bien húmedo y hasta me llegó el agradable olor a sexo que desprendía su entrepierna.

―¡Chúpaselo! ―me ordenó Ismael―. Vamos, Kira, saca la lengua...

Y yo lo hice, lo intenté con todas mis ganas, pero no alcanzaba y Beatriz en vez de acercarse a mí, comenzó a burlarse, haciéndomelo desear más, sin dejar de mecer sus caderas.

―Venga, vamos, vamos, perrita, ¿quiéres lamérmelo?, mmmm, ¡menuda guarra!

―Ya te dije que iba a ser una buena sumisa... ―dijo Ismael.

―Desde luego, reconozco que me ha sorprendido bastante, parecía una lerda cuando la vi el primer día, así tan alta, tan guapa, no pensé que fuera a...

―¡Vamos!, ¿qué te pasa?, ¿no llegas?

―Noooo, mmmm, noooo ―jadeé con la lengua fuera.

―Je, je, je..., acércate un poquito o la correa le va a dejar marca en el cuello... ―y Beatriz le hizo caso y pegó mi cara contra sus glúteos.

―Ahora sí, ¡ahí lo tienes, vamos! ―me pidió Ismael.

Le solté un buen lametazo, recorriendo todo su glúteo derecho y eso encendió todavía más al Comandate.

―¡JO-DER!... y el otro también, mmmmm, eso es... ―murmuró cuando repetí en el lado izquierdo.

Jadeaba ansiosa al borde del orgasmo, chupando como una perrita con lametones cortos. No podía usar las manos, porque seguía apoyada con una en el suelo y con la otra me masturbaba con delicadeza, mientras Ismael no paraba de follarme con los dedos.

―¡¡Aaaaah, no puedo másssss, aaaaah, aaaaah, aaaaah!!, ¡voy a correrme! ―anuncié con los labios pegados al trasero de Beatriz y justo en ese momento Ismael retiró los dedos de mi interior.

Detuve mis movimientos masturbatorios, pero el Comandante me reprendió, soltándome una buena nalgada.

¡PLAS!

―¡Te he dicho que no puedes parar, joder!, sigue tocándote, Kira...

―¡Uf, es que ya no puedo más!, si sigo me voy a correr, por favor... no puedo más, uffff... ―le supliqué.

―Me importa una mierda, tienes que aprender a controlarte... si-gue-to-cán-do-te... ―deletreó sílaba a sílaba justo cuando se ponía de pie.

Con una mano le abrió los glúteos a Beatriz y acto seguido empotró mi cara contra su cuerpo, obligándome a la fuerza, y cuando volví a sacar la lengua, me encontré con el rosado ano de mi compañera.

Hice un poco de presión, penetrándola, y eso pareció enloquecer a Beatriz, que le tomó el relevo a Ismael, aprisionando mi cabeza entre sus potentes posaderas.

―¡¡Sííí, síííí, cómemelo, mmmmm, cómemelo, perrita, mmmm, cómo me gusta esto!!

Y durante unos segundos jugué con su ano, acariciándolo con mi lengua, tratando de penetrarla y después alternando lametazos cortos, con pasadas desde sus labios vaginales hasta la parte baja de su espalda.

Pero ella solo quería que me centrara en su estrecha entrada posterior y yo me afané en trabajar esa zona tan sensible, sin apenas poder sacar la cara de su trasero.

¡Jamás pensé que iba a terminar comiéndole el culo a Beatriz!

Apenas me podía rozar ya el clítoris, y cuando noté que mi orgasmo estaba a punto de brotar, aprisioné la mano entre mis glúteos y un ligero temblor me estremeció.

Durante unos segundos dejé de jugar con la lengua y todos mis sentidos se concentraron en retener mi inminente clímax.

Intenté retirar la cara del culo de Beatriz, buscando tomar un poco de aire, pero ella me lo impidió, empotrándome con más fuerza contra sus glúteos.

―¡¡Aaaah, no pares ahora, joderrrr, aaaaah, serás zorra, mmmmm, no pares, aaaaah!! ―exclamó Beatriz sin dejar de mover las caderas.

Por suerte, Ismael se apiadó de mí, y me empujó hacia atrás, cayendo de espaldas delante de ellos.

―¡Déjala!, ¿no ves que estaba a punto de correrse?

―Mmmmm, ¿se iba a correr mientras me comía el culo?, ¡uffff, qué cerda! ―murmuró Beatriz.

―¡Vuelve a ponerte a cuatro patas y mira esto! ―me ordenó Ismael acercándose a ella con la polla en la mano.

Y yo me quedé impresionada al ver desde mi posición cómo se la metía con un solo golpe de cadera. El grito que soltó Beatriz fue estremecedor y se tuvo que poner de puntillas con la primera acometida que le soltó el Comandante.

―¡¡AAAAAAH, SÍÍÍÍÍÍÍ, QUÉ RICOOOOO, AAAAAAAH!

Clavó sus gruesos dedos en la cinturita de Beatriz y comenzó a soltarle unas embestidas fuertes, potentes, con golpes secos, y aunque no se la follaba demasiado rápido, los chillidos de placer de mi compañera retumbaban en toda la habitación.

Yo volví a situarme a cuatro patas, casi debajo de las piernas de Ismael, viendo como sus huevos golpeaban una y otra vez en los glúteos de Beatriz, que no contenta con eso, echó la mano hacia atrás y le clavó los dedos en el culo.

―¡¡Aaaaah, putaaaaa!! ―protestó Ismael, cuando ella le arañó con rabia, dejándole la marca ensangrentada de su zarpa en la piel.

Eso todavía enfureció más al Comandante y aumentó el ritmo de su follada, haciendo que Beatriz casi cayera de bruces sobre la mesa.

Y ella se dejó ir, metiendo la mano entre las piernas en busca de su orgasmo y yo continué acariciándome despacio, sabiendo que no podía terminar por más que lo deseara.