Mi primer vuelo 32 #2
66%

32 #2

Se pegó a mi espalda y apartó mi pelo, oliendo mi cuello y dándome un beso en el hombro.

Me cogió por el brazo y me obligó a que le agarrara la polla por encima del pantalón.

Cada vez que me permitía tocársela, me daban unas ganas locas de dejarme llevar y suplicarle que me follara e hiciera conmigo lo que le diera la gana.

¡Me ponía cachondísima!

Todavía no se la había visto y me moría por hacerlo. Lo único que sabía es que la tenía dura y enorme, y se la masajeé, apretando y soltando mi puño, mientras subía y bajaba sobre su miembro.

―Tengo una sorpresa muy especial para ti ―murmuró en mi oído, pasando las manos hacia delante para tocar mis pechos con sus grandes manos―. ¿Tienes ganas de que te la dé?

―Sí... ―jadeé cada vez más excitada y es que Ismael no paraba de darme besitos en mi hombro y en el cuello.

Nunca me había hecho eso. Por unos segundos, hasta me llegué a olvidar de las pinzas en los labios vaginales.

―Lo haces muy bien, Kira, eres toda una experta con esos dedos tan finos y alargados, ¿has pajeado a muchos tíos?

―Sí...

―¿A cuántos?

―No sé, a unos quince o veinte más o menos...

―¿Y todos se corrieron?

―Sí...

―¿Recuerdas la primera paja que hiciste?

―Sí... era muy joven... mmmmm, a un compañero del instituto en el parque...

―¿Esa fue la primera polla que tocaste?

―Directamente, sí...

―¿Y dónde se corrió?

―Estaba tumbado encima de mí mientras nos enrollábamos y... me lo echó en la falda...

―Muy bien, Kira... pero antes has dicho directamente, entonces, eso es que ya habías tocado a otro chico, ¿quién era?

―Solo por encima...

―¿A quién?

―Es que me da vergüenza contarte esto, era muy jovencita...

―Dime a quién...

―Una navidad... en casa de mis padres, estaba jugando con uno de mis primos en mi habitación, era con el que mejor me llevaba porque era de mi edad y bueno, fue una tontería, empezamos casi sin querer, experimentando, él me tocó a mí y yo a él a la vez y de repente...

se corrió en los pantalones, casi ni me enteré, apenas llevábamos unos segundos...

―Mmmmmm, vaya, vaya, vaya, ¡eres toda una caja de sorpresas, Kira!, eso me lo tienes que contar bien otro día, eh... ¿y sigues teniendo trato con él?

―Sí, pero nunca más volvimos a hacer nada...

―Interesante... ¡tomo nota!, ¡es muy morbosa la historia!, y te aseguro que él no lo ha olvidado. Fuiste la primera que hizo que se corriera en los pantalones, je, je, je...

Mierda. No tenía que haberle contado eso. Era una jodida bocazas y enseguida noté el cerebro de Ismael a mil revoluciones, pensando cualquier disparatada idea que se le pasara por la cabeza. ¡Era un jodido psicópata!, y lo peor es que me tenía en sus manos.

Nunca mejor dicho.

Apretaba mis pechos y notaba su respiración cada vez más acelerada en mi oído, entonces se inclinó sobre mi espalda, apoyando todo el peso sobre mí y me preguntó.

―¿Quieres sacármela del pantalón?

―Mmmmmm, sííííí...

―¡Pues hazlo!

Fui a girarme, pero Ismael me lo impidió.

―Ssssh, tienes que hacerlo así, como estás, sin mirarla... solo puedes tocarme... ―y como pude, eché las dos manos hacia atrás y le solté el botón. Con mucho cuidado le bajé la cremallera y después colé los dedos por el elástico de sus calzones.

Allí estaba esperándome. Caliente, palpitante y mojada.

Me encantó comprobar que Ismael también estaba muy excitado y antes de agarrársela, le pasé un dedo por el capullo, haciendo círculos y extendiendo la humedad por todo el glande.

Soltó un gruñido y se pegó más a mí, dejándola extendida entre mis dos glúteos y yo la aprisioné contra mi cuerpo, y comencé a mover la mano muy despacio, frotándosela con la palma contra mi propio culo.

―¡Mmmm, joder! ―exclamó agarrándome de la cintura, mientras me soltaba pequeñas embestidas.

Pasé todo mi pelo por un hombro y miré hacia atrás. Quería ver a Ismael cediendo por fin a sus deseos y mostrándome una pequeña debilidad, pero él agarró con fuerza mi melena y tiró hacia abajo.

―¡Te he dicho que no mires, zorra!

―Perdona...

―Dentro de un ratito voy a darte la segunda parte del castigo, eso te pasa por haberte portado mal, ¿has sido una niña mala, Kira?

―Sí, he sido mala.

―Y mereces que te castiguen...

―Sí, lo merezco, mmmmmm... ―gimotée moviendo mi trasero al mismo ritmo que él lo hacía.

―Te tomas muy a la ligera lo de incumplir las normas y ya lo has hecho dos veces. Cada castigo será mucho peor que el anterior, solo así te cuidarás de volver a desobedecerme. Ahora sé tus puntos débiles y podría hacerte el día a día muy cuesta arriba. ¿Entendido?

―Sí, lo siento mucho, no volveré a hacerlo...

―Eso espero, aunque para asegurarme te espera un castigo muy especial, esta noche nos acompañará Beatriz. Va ser mi ayudante...

―Nooooo...

―¿Por qué?, ¿no quieres que nos acompañe para darte tu merecido?

―Prefiero que estemos solos, no quiero que ella venga...

―Me importa una mierda lo que tú quieras o prefieras. Tú estás aquí para obedecer. ¿Te enteras o no...?

―Sí, perdona...

―Pues ya hemos terminado ―dijo separándose de mí, guardándose la polla en los pantalones―. Vístete y largo de aquí ―me ordenó entrando al baño y cerrando la puerta sin tan siquiera despedirse de mí.

Y yo me coloqué la falda y la camisa frente al espejo de su habitación. Tenía los coloretes prendidos y los labios vaginales ya me ardían. Me costaba hasta respirar y jadeaba furiosa y excitada.

Demasiado excitada.

Me esperaba una noche muy dura y lo único que sabía es que la ayudante de Ismael iba a ser Beatriz. Había prometido darme un castigo ejemplar para que no volviera a incumplir mis deberes. Y es que quería asegurarse de que no hubiera una tercera vez.

Y vaya si lo hizo...