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Llegué bastante puntual y ella bajó a recibirme con un vestido blanco cortito escotado muy veraniego, gafas de sol y una gorra.
―Hola, Andrea, ¡qué guay que hayas venido!, casi acabo de aterrizar, no me ha dado tiempo ni a deshacer la maleta, ¿damos una vuelta por Madrid y tomamos algo antes de comer? ―me dijo al saludarme con dos besos.
―Claro... por aquí conozco un par de sitios que están genial...
―¡Estupendo!
Nos tomamos una cervecita y una tapa de calamares y Paula se hizo un par de selfies conmigo que luego publicó en sus historys de Instagram. “De cañitas por Madrid con una buena amiga” y en la foto salíamos las dos, yo con la lengua fuera y ella guiñando el ojo.
Paula me estuvo contando que una marca de publicidad la había contratado para un evento el viernes y que luego estaba invitada a un concierto de un cantante de reggueaton que no conocía, pero debía ser bastante famoso.
La niñata hablaba y hablaba sin parar, tocándose el pelo todo el rato, su móvil apoyado en la mesa vibraba cada cinco segundos, y ella me pedía perdón cada vez que tenía que responder a algo.
―Perdona, es por un tema de trabajo... te prometo que luego lo pongo en modo avión...
―Nada, no te preocupes, me imagino que te llegarán cientos y cientos y mensajes...
Entonces me mostró rápido sus privados de Instagram haciendo scroll con el dedo.
―Mira, hay de todo, chicas, tíos de todas las edades, otros que tienen novia, babosos que me mandan fotopollas...
―Joder, ¿y los lees todos?
―Nah, los paso rápido y la mayoría los voy borrando... pero alguno sí que los leo, también me escriben famosos, ya sabes, presentadores, cantantes, futbolistas, jugadores de tenis, de pádel, modelos...
―Ah, ¿sí?
―Sí, pero esos se suelen poner en contacto conmigo de otra manera, casi siempre a través de amigos en común o representantes, te invitan a una fiesta en plan, oye, tal día vamos a dar una fiesta y nos gustaría contar contigo, a tal persona le gustaría conocerte...
cosas así... pero vamos, otros me escriben directamente desde su Instagram personal, te sorprendería bastante con quién he llegado a hablar...
y ya desde que he cumplido los 18, los mensajes con “propuestas” se han multiplicado por diez...
―Joder, ¿te escribían siendo menor?
―Muchos sí, no sé, supongo que eso les dará más morbo...
―Venga, dime alguno así en plan cotilleo que haya querido quedar contigo...
―Mira, por ejemplo este actor ―y me enseñó el móvil.
―¡Uf, ese está muy bueno!
―Sí, tenemos un amigo común, un día estuvimos cenando con varios amigos más y fue cuando nos conocimos...
―¿Habéis tenido algo?
―No, con este no... solo hablamos y ya está... aunque ahora estoy más interesada en chicas, como tú... ―y me acarició la mejilla.
―¿Y antes has estado con muchos?
―Sí, unos cuantos... también me gustan y lo paso bien con ellos... pero ya te digo, llevo un año o así que prefiero estar con chicas... al menos de momento...
―Supongo que te cansarás rápido de mí...
―O tú de mí, estás increíble con ese look que llevas, ¡me encanta cómo vistes!, es que cualquier cosa que te pones te sienta genial con ese tipazo...
―Tú también estás muy guap... ―le fui a decir a Paula, pero ella me interrumpió inclinándose sobre mí, susurrándome al oído.
―Aunque me gustas más sin ropa, estoy deseando desnudarte...
―Eres muy directa...
―Siempre he sido así. Lo que me gusta voy a por ello.
―Y lo consigues...
―Sí, siempre... ―afirmó y se quitó las gafas de sol, para morder la patilla mientras me miraba directamente a los ojos.
Empezaba a haber demasiada tensión sexual en el ambiente y Paula estiró el brazo y me acarició el dorso de la mano.
―¿Y cuál es el plan para esta tarde?
―Ahora he reservado para ir a comer y luego tenemos spa, he contratado un circuito en la zona privada, masajito de una hora, chocolate por el cuerpo y luego... lo que tú quieras... es una pena que no te puedas quedar a dormir...
―Mañana trabajo y además... ya sabes...
―Tienes novio...
―Sí.
Y justo estábamos hablando de mi chico cuando me llegó un mensaje suyo.
Sebas 13:34
¿En serio estás con Paula Fornells?
―Vaya, vaya, parece que mi novio también te conoce, aunque es raro, no te sigue en el Insta...
―Muchos no me siguen y menos antes, cuando era menor de edad..., pero visitan mi perfil y ven mis fotos, como tu novio... la mayoría ya te imaginarás lo que hace con ellas...
―¿Y no te importa?
―No, si te digo la verdad hasta me da morbo... oye, lo mismo tu chico también se hace pajas conmigo, ¿te imaginas?
―¡Qué cabrona!
Andrea 13:36
Es la chica que te dije que me presentaron en Barcelona.
¿Ahora ya me crees?
¿O sigues pensando que me estoy follando a otro?
Sebas 13:37
Lo siento mucho, soy un cavernícola
Perdóname...
Andrea 13:38
Siempre dices lo mismo
Y luego vuelves a desconfiar de mí
Sebas 13:38
Lo sé
Perdóname
Soy un idiota
Andrea 13:39
Sí, lo eres
Pero eres mi idiota
Te quiero mucho
Sebas 13:40
Y yo
Andrea 13:41
Por cierto, de que conoces a Paula?
Sebas 13:41
Estuvo relacionada con...
El jugador del Barcelona
Andrea 13:42
Solo de eso?
O también ves sus fotos?
Sebas 13:43
Es guapa y tal, pero es muy niña...
A mí no me gustan tan jóvenes
Ya lo sabes
Andrea 13:43
Me ha invitado a comer y luego nos vamos a hacer un tratamiento de chocolate
Sebas 13:44
Pásalo muy bien
Hablamos
Te quiero
Andrea 13:45
Y yo
Nos vemos
―Dice mi novio que te conoce porque estuviste con el del Barcelona...
―Sí, eso será... ―contestó Paula como si no se lo creyera―. ¿Vamos ya al hotel?, tengo mucha hambre...
―Perfecto...
Entramos en el lujoso restaurante del hotel y los pocos comensales que había se nos quedaron mirando.
Se notaba que era gente de buena posición, muy bien vestidos y nosotras de repente, fuimos la nota discordante, yo con mis shorts vaqueros y Paula con ese vestido blanco tan llamativo y su melena rizada despeinada cuando se quitó la gorra.
Se sentó de manera informal, metiendo un pie por debajo del culo, y ahí me di cuenta de que a ella no le intimidaba esa gente, estaba bastante acostumbrada a sitios así y no le preocupaba lo más mínimo ser el centro de atención. Es más, incluso le gustaba.
―Creo que nos están mirando ―le dije a Paula y ella se encogió de hombros.
―Pues que miren ―y estiró un brazo y me acarició la mano que tenía sobre la mesa y yo la retiré en un acto reflejo―. ¿Es que te da vergüenza que nos vean estos desconocidos?
―No, disculpa, es que no me lo esperaba...
―Me encanta que seas así, tan tímida... ―y ella puso la palma de la mano apuntando hacia mi cara y yo le correspondí el gesto, primero chocando y luego entrelazando nuestros dedos―. Ahora nos están mirando todavía más...
―No digas eso...
―¡Eres preciosa, tía!, ¡no puedes ser más guapa!
, si no fuera por el hambre que tengo, ya estaríamos en la habitación ―soltó lo suficientemente alto para que nos escucharan los de la mesa de al lado, un grupo de cinco hombres ya maduros bien trajeados, que no paraban de hablar de tipos de interés y tasas de inflación.
Hizo que me ruborizara al instante y negué con la cabeza. Seguíamos jugando con nuestros dedos encima de la mesa y justo llegó el camarero.
―Buenas tardes, señoritas. ¿De beber qué van a tomar?
―¿Te gusta el tinto? ―me preguntó Paula.
―Un par de copas sí me tomo...
―Vale, pues un Muga Prado Enea ―le pidió Paula.
―Oh, excelente elección...
―Y nos puedes dejar aquí la botella, nos la vamos a terminar ―le dijo al camarero.
―Por supuesto, señorita.
―¿Una botella entera entre las dos?, eso es mucho, además, seguro que vale una pasta ―le recriminé cuando nos quedamos solas.
―Tú solo disfruta de la comida y déjame a mí... luego me dices si te gusta o no un buen vino, además, cuando bebo me pongo todavía más cachonda... aunque eso hoy no me hacía falta ―y subió las dos cejas con una sonrisa traviesa.
Pues sí que tenía hambre Paula. Pidió de entrante una ensalada de gambas, jamón ibérico de bellota, unas zamburiñas, ostras y una croqueta gourmet de boletus.
La verdad es que estaba todo excelente y cuando terminamos, Paula se chupó los dedos después de comerse la última ostra.
Se bebió su segunda copa de vino y llamó al camarero.
―¿Nos pones un poco de carne de Waygu, así cortado en tiras para compartir?
―Por supuesto, ¿cómo lo quieren?
―A mí me gusta al punto o tirando a poco hecho, ¿y a ti Andrea?
―Al punto.
―Pues al punto...
―De acuerdo.
―¡Uf, tía, voy a reventar!, yo ya con el postre había tenido suficiente ―le dije a Paula.
―De eso nada, no te puedes ir de aquí sin probar la carne de Waygu, me han dicho que es excelente... ¡es que me encanta la carne!
―No sé dónde lo metes, porque, ¡vaya manera de comer!
―Ya me gustaría a mí tener el tipo que tienes tú...
El tiempo se nos echó encima, porque Paula había reservado el circuito de spa a las cuatro, le habían pedido máxima puntualidad y apenas faltaban quince minutos y todavía estábamos con los postres.
Nos comimos el brownie y el helado a toda velocidad y subimos a la habitación sin tan siquiera pagar la cuenta.
Paula me dijo que no me preocupara por eso.
Sobre la cama tenía dos albornoces blancos, dos gorros y sacó de su maleta un minibiquini rojo. Se desnudó tranquilamente delante de mí y se puso ese trapito que apenas le tapaba los pechos y el tanga no era más que un cacho de tela estrechito que dejaba ver perfectamente su pubis depilado.
―¿No te cambias? ―me preguntó al ver que no me movía.
―Eh, sí, sí, claro...
―Joder, no tenía que haber reservado nada, ahora me apetece un montón quedarme aquí contigo en la habitación, ¡uf, ya se me ha subido el vino y tengo un buen calentón!
―dijo acercándose a mí, ayudándome a quitarme los shorts vaqueros―.
¡Dios mío!, ¿y esos moratones? ―me preguntó al ver las marcas que tenía sobre la piel.
―Ya ves, a mi chico y a mí nos gusta hacerlo salvaje...
―Te dio fuerte, eh...
―Sí, bastante...
―Mmmmm, ¿te gusta el sexo duro?
―Depende del día...
―Hoy sí llevas tanguita... ―murmuró situándose detrás de mí, acariciando mi culo con suavidad.
―Ja, ja, ja, sí...
―Yo te voy a tratar muy bien, ufff..., en el aeropuerto me encantó que no llevaras nada debajo del uniforme, ¡ni te imaginas cómo me puso eso!
... oye, que si quieres nos quedamos, ¿eh?
, no me importa... ¡a la mierda el spa! ―y yo levanté los brazos y dejé que la niñata me quitara también la camiseta, desnudándome por completo.
Apoyó su cabeza en mi espalda y me rodeó el abdomen con los brazos, pegando su cuerpo contra el mío mientras emitía un ronroneo muy sensual. Subió las manos y me acarició los pechos con mucha ternura, jugando con mis pezones mientras me daba besitos en el hombro.
―¡Joder, qué buena estás!, entonces, ¿qué hacemos?
―No sé, bueno... ya que estamos aquí, me encantaría probar el spa privado ―dije inclinando mi cabeza para dejar que Paula también pasara sus labios por mi cuello.
―¡Uf, ni te imaginas lo caliente que me tienes! ―susurró rozando mi sexo con uno de sus dedos―. ¡Mmmmm, qué mojadita estás!, ¿con tu novio también te mojas tan rápido?
―Paula, se nos va a hacer tarde ―suspiré abriendo las piernas para facilitarle que ella pudiera seguir tocándome.
―Pues ponte el biquini y nos vamos ya o... joderrrrr ―jadeó mordíendome el hombro y apretando mis glúteos.
Sentía su respiración golpeándome la nuca y me clavaba los dedos con ansia en el culo, era evidente lo excitada que se encontraba Paula, que seguía pegada a mi cuerpo, restregándome sus enormes pechos por la espalda.
―Vale, si me dejas me pongo el biquini ―le pedí avanzando un metro, pero como estaba agarrada a mí, me tropecé y apoyé las dos manos en la cama.
Justo en ese momento, Paula se separó y yo me quedé unos segundos en esa postura tan sensual, ofreciéndole mi culo; miré hacia atrás para provocarla y vi a la pijita sobándose las tetas y mordiéndose los labios.
Yo no sé cuál de las dos estaba más cachonda.
―¡Qué cabrona eres! ―y coló sus dedos por dentro del biquini, acariciándose el coño sin dejar de mirarme.
―Está biennnn... ya me preparo... ―y me incorporé, sacando del bolso el biquini blanco que había llevado.
Mientras me lo ponía, Paula no dejó de masturbarse, incluso se sacó un pecho y ella misma tiró hacia arriba de él, chupándose el pezón. Estaba ya desatada y solo se detuvo cuando por fin me puse el albornoz que estaba sobre la cama.
―Ya estoy lista...
―¡Uf, joderrrr...!, no puedo más ―murmuró colocándose otra vez el biquini y sacando la mano del interior de su tanguita.
De mala gana cogió el albornoz, nos pusimos el gorro y las cholas y de esa guisa nos paseamos por el hotel hasta llegar a la zona del spa. Llegamos casi diez minutos tarde y aunque la chica encargada intentó poner buena cara, se notaba que no le hizo mucho gracia que llegáramos fuera de hora.
―Hola, Paula..., venid por aquí... luego tenéis el masaje y el tratamiento, os quedan cincuenta minutos ―nos informó abriendo una puerta por la que pasamos a una zona privada.
El sitio era realmente espectacular, solo estábamos nosotras para disfrutar de una minipiscina de unos 6x10 metros, con varios chorros para los hombros, piernas y una zona para sentarse, dos duchas de contraste, y un jacuzzi, todo bajo un ambiente oscuro, íntimo y acogedor, iluminado tan solo por unas luces led de colores.
Dejamos el albornoz en unas perchas y nos pegamos una ducha antes de empezar en el jacuzzi. Paula se sentó en frente de mí y dejó caer la cabeza hacia atrás, resoplando y cerrando los ojos.
―¡Uf, cómo me gusta esto!, aunque hoy no sé si voy a poder relajarme, he bajado demasiado excitada ―dijo estirando la pierna, llegando con su pie hasta mi sexo.
―¡Paula!
―¿Qué...?
―Estate quieta...
―No, no... ya has escuchando a esa idiota, tenemos cincuenta minutos...