27
Me sorprendí yo misma al escucharme pronunciar esas palabras, y de repente sentí cómo mi coño comenzaba a humedecerse ya descontrolado.
Agaché la cabeza y vi una gotita estrellándose en la moqueta, tres segundos más tarde otra y así un goteo incesante que fue incrementando por momentos, formando un pequeño charco en el suelo del hotel.
Creo que nunca me había palpitado de esa manera.
No sé cómo me vería el glúteo de marcado esa desconocida, no debía tener muy buena pinta, porque el siguiente azote lo recibí en el lado izquierdo. Al tener la piel fría lo sentí con mucha intensidad y después me sacudió cinco o seis veces rápido en el mismo sitio, aunque con menos fuerza.
¡¡PLAS, PLASS, PLASSS, PLASS, PLAS!!
No me dejaba recuperarme de un azote al siguiente y terminé jadeando, ansiosa, mordiéndome el puño, con la respiración acelerada y caí hacia delante, apoyando mi abdomen en la mesa.
Cuando pensé que la ayudante iba a volver a la carga, separó mis cachetes con las manos y al girarme me la encontré de rodillas detrás de mí, y de repente, me pasó la lengua por el culo.
¡Uf, aquella caricia tan inesperada casi hizo que me corriera al instante!
Después me soltó otro lametazo lento, pausado, pero apretando mi ano con su caliente lengua. Me la introdujo en el recto, que cedió a la presión, y me clavó los dedos en los glúteos, mientras me hacía una comida de culo fantástica.
Esa zorra me estaba llevando al siguiente nivel de placer.
Y cuando ya me tenía al límite, me penetró el coño con dos dedos, follándome con mucha calma.
El látex se deslizaba dentro de mí con suavidad, y todavía ayudaba más lo mojadísima que me encontraba.
La ayudante lo hacía perfecto en los dos sitios a la vez, con la velocidad y la pausa adecuada y yo me dejé llevar, recibiendo aquella caricia doble que iba a provocar que me corriera de un momento a otro.
―¡¡Aaaaah, joderrr, mássss, mássss!! ―le pedí pasando un brazo hacia atrás e incrustando su cara contra mi trasero.
Moví las caderas en círculo, apretándola contra mí lo máximo que podía, y de repente escuché la voz grave de Ismael.
―¡No te he dado permiso para que te corras!, ¡mucho cuidado!
Esas palabras fueron como un jarro de agua fría, y abrí los ojos de par en par, soltando de inmediato la cabeza de su ayudante, pero ella no se detuvo y siguió pasándome la lengua de arriba abajo, soltándome unos lametazos certeros que acertaban de pleno en mi estrecho ano.
Aumentó la velocidad con la que me follaba con los dedos y yo negué con la cabeza.
―¡No, joderrr, paraaaa, aaaaaaah, aaaaaaah, si sigues así vas a hacer que me corra! ―le supliqué y después de un primer temblor que anunciaba mi inminente orgasmo, ella detuvo en seco todas sus caricias, retirando los dedos de mi sexo y la lengua de mi culo.
Mi clímax se quedó ahí cuatro o cinco segundos, latente, a punto de ceder, como si tuviera vida propia y estuviera decidiendo si salía o no y sin que me lo esperara, la ayudante me pellizcó la cara interna de los muslos, retorciéndome la piel y haciéndome gritar de dolor.
―¡¡Joder, joderrrr!! ―exclamé y acto seguido me derramó una botella de agua congelada por la espalda―. ¡¡HOSTIA PUTA!! ―grité levantándome y separándome de ella.
―¿No te ha gustado?, ja, ja, ja ―dijo Ismael―. ¿Entonces te corres o no?, yo creo que eso te vendrá bien para aliviarte un poco... ―se burló de mí.
Mi orgasmo se cortó de raíz, pero eso no significaba que no siguiera excitada. Crucé los brazos sobre mi pecho y me quedé mirando asustada hacia mis dos acompañantes. La rubia se acercó de nuevo a la bolsita que estaba sobre la cama y rebuscó algo dentro de ella.
―No te muevas, Kira, todavía no ha terminado contigo ―me informó Ismael y le soltó a su ayudante una cachetada cariñosa en el culo―. Lo estás haciendo muy bien... cuando nos quedemos solos recibirás tu premio...
Y después vi que ella se aproximaba a mí con un objeto metálico en la mano. Pude ver que sonreía debajo de su máscara y me enseñó lo que llevaba entre los dedos, situándolo delante de mi cara. Era una especie de dildo con forma ovalada y punta estrecha, con un círculo en la base.
No había que ser muy lista para saber dónde quería meterme eso.
Negué con la cabeza y ella me volvió a agarrar del pelo. Me obligó a girarme y otra vez me quedé con el culo expuesto. Tenía la botella a mis pies y ella la cogió y dejó caer un poco de agua congelada por mi glúteo derecho, y aunque primero me escoció, luego sentí un gran alivio en esa zona.
Debía tener la piel en carne viva.
También me echó agua por el otro lado y por el centro, así que varias gotas fueron escurriendo hasta mi sexo. Y entonces hizo presión con el juguete en mi ano. El agua tan fría había anestesiado un poco mi pequeño músculo, pero no lo suficiente y apreté los labios cuando me fue penetrando con él.
Lo metió y lo sacó muy despacio varias veces y aunque al principio me molestó, reconozco que debido a lo cachonda que estaba, enseguida me empezó a gustar esa sensación tan placentera de sentir mi recto lleno.
Y la ayudante me dio media vuelta y con un golpecito con la mano en la mesa, me indicó que me subiera encima.
Me abrió las piernas tirando de los muslos y se agachó frente a mi sexo.
Vi cómo sacaba la lengua por el agujerito de la capucha y antes de entrar en contacto conmigo, tiró de la base del juguete, sacándolo por completo, para volverlo a incrustarlo en mi ano justo cuando me soltaba un lametazo en todo el coño.
―¡¡¡Aaaaaah, qué rico!!! ―gemí tensando la cadera y la ayudante comenzó a comérmelo mientras me follaba muy despacio con el juguete.
No sabía si me gustaba más su lengua en mi clítoris o el plug deslizándose de manera exquisita en mi culo. Lo que estaba claro es que la mezcla de las dos caricias era algo delicioso, como degustar a la vez algo dulce y salado.
Tan distinto, pero tan placentero.
―¡Eso es, cómemelo! ―dije tensando la cadera, pero antes de emocionarme demasiado, le miré a Ismael y le supliqué que me permitiera abandonarme―. ¡Por favor, deja que me corra!
―Sabes que no puedes hacerlo, Kira, te has portado muy mal y hoy toca castigo... puede que otro día...
―¡No, por favor, por favor! ―le pedí acariciando la cabeza de su ayudante, acompasando mis movimientos de cadera junto a los de su lengua.
En ese momento, Ismael se puso de pie y se acercó hasta nosotras.
Me asusté al verlo venir tan decidido y al llegar a mi altura, tiró de la cadena que colgaba de mis pechos.
Los pezones se estiraron al máximo y cuando ya no podía soportar más el dolor, la pinza cedió e Ismael se quedó con uno de esos artilugios entre los dedos.
―Puedes quedar con la niñata de Barcelona el jueves y ese día tienes carta blanca...
pero antes tienes que ser agradecida con mi ayudante, creo que se lo ha ganado, ¿no?
―y se agachó para abrir una especie de corchete que tenía en la entrepierna de su mono de látex, desnudando esa zona que va desde su sexo hasta el ano―.
Subiros a la cama, y tú ponte a cuatro patas...
―le ordenó a ella, soltándole un pequeño azote en su nalga.
La ayudante se situó en medio de la cama en esa postura tan indecorosa y yo me quedé allí de pie, sin saber lo que tenía que hacer.
―Vamos, Kira, ¿a qué esperas?, es tu turno... ponte detrás de ella y ¡cómeselo! ―dijo Ismael.
―Pero yo nunca he...
―Tranquila, es muy fácil, ¿es que nunca se lo has comido al poli?, pues esto es lo mismo, además, ella es bastante guarra, casi tanto como tú, en cuanto le metas la lengua en el culo se va a correr en unos pocos segundos... y ahora vamos, no me hagas repetírtelo otra vez...
Me subí a la cama y avancé gateando hasta que me topé con su ayudante. Ya me esperaba ansiosa y movió el culazo delante de mi cara. Ismael se situó detrás de mí y me pasó los dedos por el glúteo derecho.
―¡Joder, te ha dado muy duro!, te va a quedar una buena marca... se ha pasado un poquito, ¿no?, ahora si quieres se lo puedes devolver... ―me sugirió Ismael, pero yo no quería azotar a aquella desconocida, pues no encontraba ningún placer en hacerlo, o eso pensé yo.
Solo quería hacer que se corriera, terminar con aquello y regresar a casa lo antes posible.
Tomé aire y sin pensarlo hundí mi boca entre sus glúteos. No me costó encontrar su pequeño ano y le solté un lametazo. Eso pareció gustarle a la chica, que emitió un gemido ahogado bajo la capucha y metió la mano entre sus piernas, comenzando a acariciarse ella misma.
Sus dedos se movían a toda velocidad haciendo círculos en sus labios vaginales y yo me esmeré en chupárselo lo mejor que supe.
Se me hacía extraño estar detrás de una chica comiéndome su culo, pero era lo que quería Ismael, y yo tenía que satisfacerle.
No estaba allí para pensar ni decidir, solo para obedecer lo que él me ordenara, así que lo hice y ya está.
Y por cómo gemía aquella chica, parecía que no se me daba nada mal del todo, pues la ayudante fue incrementando el volumen de sus gemidos. Entonces Ismael tocó mi espalda y me entregó la paleta con la que antes me había castigado ella.
―¡Azota su culo! ―me ordenó y yo erguí la espalda, me quedé unos segundos mirando su trasero y le solté un pequeño cachete que ella apenas sintió―. ¿Así te ha dado ella?, ¡¡más fuerte, joder!!
Y el siguiente sí resonó en su traje de látex, pero aquello también le pareció poco a Ismael, que me arrancó de la mano ese instrumento y le soltó un paletazo duro y seco.
¡¡¡PLASSSSSS!!!
Solo con el sonido me mojé al instante; ella pegó un grito aterrador y comenzó a mover ansiosa la cadera arriba y abajo, en círculos, arqueando la espalda y jadeando se dio unos pequeños manotazos en su nalga derecha.
La muy puta quería más.
―¿Has visto cómo le gusta?, ¡es igual que tú!, pues ahora es todo tuya ―me dijo Ismael, cediéndome la paleta de nuevo.
Mientras esperaba impaciente el siguiente castigo, la ayudante siguió masturbándose con los dedos a toda velocidad, emitiendo unos gemidos, que sonaban ahogados bajo esa capucha que debía ser muy incómoda.
Me supuse que hasta le costaría respirar, pues en la habitación ya hacía demasiado calor y cuando Ismael le preguntó si quería otro azote, ella afirmó con la cabeza sin decir nada.
Y acto seguido, yo le di lo que ella deseaba.
Un azote que sonó realmente duro, y ella gritó de dolor, “aaaaahgggg”, pero Ismael a mi lado me pidió “más y más” y yo le aticé con ganas, cuatro, cinco, seis veces, descargando mi orgasmo frustrado y mi calentura en aquella chica que solo era una pobre sumisa.
En esa habitación ya solo se escuchaba el ruido de la paleta contra sus glúteos y los chillidos de dolor.
Dejé que descansara unos segundos, pero sus dedos se movían inquietos en su entrepierna.
Ella ya no se iba a detener y por cómo gemía, era evidente que estaba a punto de correrse.
Subí la paleta por encima de mi cabeza y miré a Ismael.
Fueron unos segundos en los que el tiempo se detuvo y el muy cerdo sonrió al ver mis intenciones.
―¡Hazlo! ―me ordenó y acto seguido, dejé caer el brazo, soltando con rabia un último azote que impactó de refilón en su nalga derecha. De arriba abajo.
¡¡¡¡¡¡ PLASSSSSSSSS!!!!!!
―¡¡AAAAAH, DIOSSSS, MÁSSSS, MÁSSS, MÁSSSS!! ―y esos chillidos de dolor todavía me excitaron más.
Os juro que hasta temblaba de la emoción después de castigar a aquella desconocida, que después de su grito desgarrador, se puso a hacer pucheritos, lloriqueando de dolor.
No lo pudo resistir y al recibir ese último golpe tensó los glúteos, recogiendo un poco las caderas, pero siguió masturbándose, gimiendo, tratando de buscar aire bajo esa capucha que la debía estar asfixiando.
Situé las manos en su culo, abrí sus glúteos y le solté un salivazo en todo el ano.
―¡JO-DER! ―exclamó Ismael y a continuación recorrí con la lengua desde los labios hasta su pequeña entrada posterior y ella comenzó a correrse.
―¡¡AAAAH, SÍÍÍÍ, ME CORROOO, JODERRR, AAAAH, AAAAH, ME CORRO, SÍÍÍÍÍ, SÍÍÍÍÍ, AAAAAH!!
Echó las caderas hacia atrás y mi lengua penetró su culo.
Traté de mantenerla firme mientras ella se contoneaba furiosa en todas direcciones y así es como la ayudante alcanzó su orgasmo.
Veía sus esbeltos dedos embutidos en látex, moverse con armonía bajo su cuerpo, y gemía de una manera muy extraña, como si le costara respirar.
En cuanto terminó, se dejó caer hacia delante y acto seguido y a toda velocidad, se subió la capucha, liberando su boca unos segundos.
―¡Cof, cof, cof! ―tosió con dificultad, respirando a duras penas.
En ese momento me dio un poco de pena esa pobre chica, pero luego pensé que ella al menos había disfrutado de un orgasmo, y me supuse que también tendría una palabra de seguridad para haber terminado con todo aquello en caso de estar pasando un mal rato.
Y yo me quedé allí, con la paleta en la mano, temblando de la emoción y deseando que Ismael me ordenara lo siguiente.
―Pues por hoy ya hemos terminado, vístete y vete... ―me dijo.
―¿Ya...? ―pregunté decepcionada.
―Ya sé que quieres más, Kira, y que estás muy muy cachonda, pero no te preocupes por eso, el viernes en Zurich te daré el resto del castigo... por hoy ya está bien... y ahora déjame a solas con ella... ―me dijo Ismael impaciente, al que se le notaba un buen bulto bajo los pantalones.
―De acuerdo ―y comencé vestirme a toda velocidad; cuando fui a arreglarme un poco el pelo, delante del espejo, Ismael me apremió para que saliera cuanto antes.
―¡Venga, deja eso!, y recuerda, el jueves puedes quedar con la niñata de Barcelona en su hotel, tienes carta blanca para hacer con ella lo que quieras, pero con tu novio tienes prohibido cualquier tipo de relación hasta que regresemos el sábado de Zurich, ¿entendido?
―Sí...
―Y ahora largo de aquí ―me apremió poco menos que sacándome a empujones de la habitación y al mirar hacia atrás, vi que la sumisa seguía tumbada en la cama bocabajo...