25
Me pegó un buen repaso visual de arriba abajo, mordiéndose los labios. Era evidente que Valti estaba a punto de perder los papeles, pero de momento se controlaba, aunque esa mirada tan sucia me excitó sobremanera y yo le di un pequeño golpecito con el dedo en la punta de la nariz.
―¿Y eso? ―me preguntó.
―¿El qué...?
―No sé, ¿a ti qué te parece? ―y sentí su mano abrazándome la cintura con más fuerza y subió el otro brazo para imitar mi gesto y darme un toque en la puntita.
―¿Cuándo quieres venir a casa?
―Ahora estoy a tope los próximos cuatro meses, pero a vosotros puedo haceros un hueco, yo por mí voy la semana que viene, estas cosas es mejor hacerlas lo antes posible, sin dejar que se enfríen...
Yo no sentía ningún tipo de atracción sexual por ese hortera, y sin embargo, tenía que reconocer que la situación me daba mucho morbo.
La idea de enrollarme con Valti en su dormitorio me parecía una puta locura y a la vez me tenía excitadísima.
Mi chico y sus amigos estaban en el patio y cualquiera podía pillarnos, pero ese riesgo era lo que hacía que fuera más emocionante y durante unos segundos, se me pasó por la cabeza cómo sería dejarme follar por ese tío.
Desde la habitación se escuchaba a todos cantando, y Valti no dejaba de mirarme sin pestañear.
Se mordió los labios otra vez e hizo un gesto con la cabeza.
―Pues tú dirás...
―Yo diré el qué... ―le seguí el juego, volviendo a apoyar las dos manos en su hombro, acercando unos centímetros más mi boca a la suya.
―Me parece a mí que tú eres muy juguetona, ¿eh? ―y sentí que subía el brazo que me rodeaba la cintura, acariciándome la espalda.
―Y tú también, tienes un peligro...
―Yo mucho... muchísimo...
―Quizás deberíamos bajar, nos estarán esperando.
―¿Ya...?, ooooh, yo no tengo prisa, estoy muy bien aquí, y pensé que... ―dijo intentando coquetear conmigo ya de manera más descarada.
―¿Qué pensaste...?
―No sé, que quizás tú también te querrías quedar un poquito más...
―¡¡Valti!! ―escuchamos la voz de verdulera de su mujer desde abajo y él se separó de mí como alma que lleva el diablo.
―¡Sí, estamos aquí!, ya bajamos...
Y los dos nos dirigimos hacia las escaleras.
No puso muy buena cara Elvira cuando me vio aparecer junto a su futuro marido y se me escapó una pequeña muesca de satisfacción al ver que aquello le había cabreado.
Físicamente era lo opuesto a mí, rubia de bote, bajita, con muchas curvas y unos pechos enormes.
Y realmente guapa, eso lo tenía que reconocer.
―¡¿Qué hacíais arriba?!
―Sebas y Andrea van a pintar la habitación y le estaba enseñando cómo ha quedado la nuestra, porque seguramente la pinten del mismo color... ―le explicó Valti.
―Ah ―se quedó sin palabras, mientras me echaba otra mirada inquisitoria.
―Os ha quedado muy bonita, bueno... me voy al patio, chicos ―y allí los dejé, sabiendo que por esa noche había perdido mi gran oportunidad de hacer algo con uno de los amigos de mi chico, pero eufórica por la subida de adrenalina que acababa de tener.
Estaba tan exultante que me uní al resto formando un círculo con sus sillas y comencé a cantar con ellos. La fiesta duró hasta las tres de la mañana, cuando un vecino de los adosados de enfrente, se asomó a la ventana y nos pidió por favor que dejáramos de cantar.
Antes de irnos, hice una visita al baño y recuperé mi sujetador, aunque se me pasó por la cabeza dejarlo allí.
No creo que le hubiera hecho mucha gracia a Elvira encontrarse con un sujetador extraño en su cesta de la ropa sucia y después de haberme visto con su marido bajar del dormitorio, seguro que se pondría en lo peor y sospecharía de mí casi de inmediato.
No quise desatar una guerra civil y decidí ser buena. Con estas tipas era mejor andarse con ojo y aunque no es que fueran mis mejores amigas, tampoco quería tenerlas como enemigas.
―Trae, dame las llaves que conduzco yo ―me pidió Sebas en evidente estado de embriaguez cuando salimos del chalet de sus amigos.
―Vaya, no conduces nunca y hoy que vas borracho quieres llevar el coche. Anda, deja de hacer el tonto y siéntate ahí...
―Para un día que quiero conducir...
Por supuesto que ni le dejé acercarse al volante, y en cuanto salimos a la carretera, Sebas se pegó a mí y me manoseó las tetas por encima de la camiseta.
―¿Qué haces?
―Hoy me apetece follarte en el coche, estás muy guapa...
―Anda, deja de decir bobadas, que estás borracho...
―Es verdad que estoy un poquiiiiiito contento, pero te lo digo en serio... ―insistió bajando la mano y situándola en mi entrepierna.
―¡Sebas!
―¿Hace cuánto que no follamos en el coche?
―¡Ay!, no sé, mucho, pero estate quieto.
―Venga, tía, por favor, Andrea.
―¿Es que no te puedes esperar a llegar a casa?
―Pues no... ―y se desabrochó los pantalones, bajándoselos un poco.
Al mirar hacia su regazo, me encontré a mi chico agarrándose la polla y masturbándose a toda velocidad para ponerla dura.
―¡Joder, Sebas!, ¡estate quieto!
―¡Mira cómo estoy!, anda, sal a la ronda y vamos al parking del pinar, a estas horas no pasa nadie por allí...
Es verdad que aunque Sebas estaba borracho, en ese momento me puso la idea de hacerlo con él en el coche. Ya sé que es muy incómodo y mi Cooper no es que sea precisamente grande, pero le hice caso y me metí por el oscuro pinar hasta llegar a su aparcamiento.
El tonteo con su amigo Valti en la habitación me había excitado más de lo que pensaba, y aunque ya habían pasado casi dos horas, no se me había bajado el calentón.
―¡Te voy a matar! ―dije quitándome el cinturón y abalanzándome sobre él, buscando su boca.
―¡Espera, mejor vamos detrás! ―me pidió Sebas, que se bajó del coche, montándose en los asientos traseros.
Yo hice lo mismo y después de abrazarnos, comenzamos a morrearnos como dos universitarios cachondos. Mi chico estaba bastante patoso y me hizo un poco de daño cuando coló sus dedos por debajo de mis braguitas, acariciándome mi sexo con brusquedad, así que me di la vuelta y me recosté boca abajo.
―¡Espera, espera, quiero que me folles así...! ―le pedí.
Sebas tiró de mis ajustados vaqueros y desnudó mi culo, bajándome los pantalones hasta la mitad del muslo y de un golpe secó me penetró, recostándose sobre mi espalda.
―¡Uf, joder, qué ganas tenía de follarte! ―jadeó en mi oído.
Con cada embestida, me arrinconaba más y más contra la puerta y me incorporé un poco, apoyando las manos y la cara en la ventanilla.
La postura no es que fuera muy cómoda, tumbada de medio lado, me estaba clavando algo en el costado, y Sebas no dejaba de empotrarme con potencia, agarrando mi pelo y a pesar de todo, me encantó esa manera tan ruda de follarme.
Era muy excitante escuchar el ruido de nuestros cuerpos chocando, y yo intentaba sacar el culo hacia fuera, pero Sebas me tenía aprisionada y apenas me quedaba margen de maniobra.
Bastante tenía con intentar que mi cara no terminara aplastada como un mosquito contra el cristal y es que las acometidas de mi chico cada vez eran más rápidas y violentas.
Entonces lo sentí.
La polla de Sebas me hacía una fricción maravillosa al entrar y salir, y el roce de mi clítoris con el frío cuero del asiento desencadenó el resto.
Comencé a resoplar e intenté zafarme, moviendo mi cabeza y pidiéndole a Sebas que bajara un poco el ritmo, pero él me tiró del pelo con más fuerza y me mordió en el oído.
―¡No te muevas!, no pienso parar hasta que me corra dentro...
―¡¡Aaaaah, joderrrr, Sebas, aaaaaah, joderrrr, aaaaaaah, más despacio, aaaaah, aaaaaah!!
Apreté la mandíbula, cerré los ojos, intenté evadirme de allí, pensar en otra cosa.
Estaba llegando a mi límite. Ismael no me había dado permiso para correrme y Sebas no parecía que estuviera muy cerca de terminar, y es que yo sabía que cuando bebía tenía mucho aguante y le costaba llegar al orgasmo, por lo que eso me dejaba en una situación muy preocupante.
La única solución era hacer que Sebas se corriera de inmediato.
Al menos antes que yo. Pasé el brazo hacia atrás y le agarré el culo, apretando sus glúteos, clavándole los dedos y arañándole con las uñas.
Eso le gustaba mucho, pero en su estado no sé si lo sintió mucho y yo exageré mis gemidos y el movimiento de mis caderas.
―¡¡¡Aaaaaaa, qué bueno, cabrón!!!, ¿vas a correrte dentro de mí?, ¡¡quiero que me lo eches todo, mmmm!! ―exclamé poniendo voz de zorrita.
Pero él siguió impasible. Resoplando, taladrándome con golpes secos y duros. A duras penas pude aguantar otro minuto más; Sebas no bajó el ritmo ni un momento, y yo negué con la cabeza, dejándome embestir y aceptando mi derrota.
Ya no tenía escapatoria.
―¡¡¡Aaaaah, nooooo, nooooo, voy a correrme Sebas, voy a correrme!!! ―anuncié bien alto, sabiendo que era más que probable que Ismael lo estuviera escuchando.
Saqué la lengua y lamí el cristal de forma lasciva y un miedo aterrador me invadió cuando comencé a correrme. Intenté reprimirlo, pero ese sentimiento de saber que aquello iba a tener graves consecuencias, me proporcionaba un extraño y desconocido placer.
―¡¡¡AAAAAH, DIOSSSSS, SÍÍÍÍÍ, MÁSSSS, MÁSSSS, ME CORROOO, MMMMM, ME CORROOOOO, AAAAAH, AAAAAH, AAAAAAH, JODERRRRR!!
Entre fuertes convulsiones y abandonada a lo que ya no tenía remedio, disfruté ese orgasmo y los minutos posteriores, en los que permití que Sebas siguiera percutiéndome en una follada interminable. Me tiró del pelo y buscó mi boca para meterme la lengua cuando por fin terminó dentro de mí.
Me dolía todo el cuerpo y le aparté con un manotazo para poder respirar.
―¡Cabrón!, pensé que no ibas a correrte nunca, ¡uf, qué pasada! ―exclamé intentando sentarme en una postura más cómoda.
Entonces Sebas se me quedó mirando fijamente. Creo que hasta me llegué a asustar al ver la cara que tenía.
―¿Estás bien?,
―¡Joder, Andrea!, soy un imbécil...
―Pero, ¿qué pasa?, me estás asustando...
―¡Eres la puta hostia!, y no quiero perderte...
―No vas a perderme, cariño, ¿por qué dices eso?
―No sé cómo no se me había ocurrido antes... ¡eres perfecta, joder!, quiero casarme contigo, formar una familia, quiero estar contigo toda la vida...
―Sebas, has bebido más de lo que imaginaba, estás muy borracho...
―Te lo estoy diciendo en serio, Andrea, antes tenías razón, me he portado como un idiota, mira, si te apetece quedamos con tus amigos la semana que viene y se lo decimos...
―Bueno, ya lo hablaremos tranquilamente en casa...
―¿Es que no quieres casarte conmigo?
―Es que me ha pillado por sorpresa... nunca pensé que me lo fueras a pedir y menos así... no es que esto sea muy romántico... ―dije señalando sus vaqueros desabrochados y su polla medio erecta babeando su propio abdomen con un hilillo de semen.
―Lo siento, tienes razón, pero tenía que decírtelo ahora, no quería demorarlo más, entonces, ¿qué me dices, Andrea?
―¡Sí, sí, pues claro que quiero casarme contigo!
―¿En serio?
―Qué sí, tonto... ¿es que acaso lo dudabas? ―y me acerqué a él, besando su boca con ternura.
Después nos quedamos abrazados unos minutos en aquel oscuro pinar, haciendo planes futuros, fantaseando cómo y dónde podría ser la ceremonia, a quién íbamos a invitar...
No me lo podía creer. Yo también me iba a casar con mi chico al verano siguiente.
El domingo me desperté antes de las diez.
Dejé a Sebas roncando en la cama y me levanté a la cocina.
Me preparé un café bien caliente y luego estuve pensando en que la semana que se avecinaba.
El lunes me tocaba volar, el martes cita con Ismael en el hotel, miércoles volar, ¿jueves con Paula Fornells?
, viernes vuelo y noche en Zurich con la misma tripulación de siempre: Ismael, Fran, Leticia, Sandra, Beatriz y yo, sábado descanso de medio día y el domingo otra vez puente aéreo con el Comandante.
¡Menuda semanita me esperaba!
Y lo que era peor. Había vuelto a incumplir una de las órdenes de Ismael y ahora tenía que recibir un castigo.
Yo sabía que esta vez no iba a ser tan condescendiente conmigo, y eso me aterraba y me excitaba a partes iguales.
La miniatura del ojo en la esquina izquierda de mi móvil, me indicaba que ya me estaba espiando y de repente, me llegó un whatsapp suyo.
Ismael 10:14
Ay, Kira, Kira
¿Qué voy a hacer contigo?
Te volviste a correr anoche sin mi permiso
Y encima te vas a casar con el poli?
Siento decirte que estás en mis manos y te casarás si yo lo permito
Tendrás que pedirme permiso, no?
Y por cierto, prepárate para el martes...
Ya es tu segunda desobediencia y estás pidiendo a gritos un buen castigo
Tranquila, yo te lo daré.
Y por último, escribió una frase que me erizó la piel en cuanto apareció en mi móvil.
“Lo del martes no se te va a olvidar en la vida. Vamos a tener compañía en la habitación... y no es Satur. Será otra persona. Ni te imaginas quién es”