24 #2
Tuve que vestirme a toda velocidad y sostuve el sujetador entre los dedos sin saber qué hacer con él.
Estaba en un buen aprieto, evidentemente no había llevado el bolso al baño y tampoco me lo podía volver a poner.
Era una orden directa de Ismael, así que abrí el cesto que había junto a la secadora y hundí mi brazo, dejando el sujetador allí entre la ropa sucia de los anfitriones. Luego tendría que volver a por él.
Al abrir me encontré a mi chico dando botecitos, mientras se tapaba sus partes con las manos.
―Joder, ¿qué hacías?, llevas ahí un buen rato... ―dijo bajándose el pantalón y situándose frente a la taza―. ¡Uf, qué gustazo!
―Necesitaba desconectar, demasiado “flamenquito” para mí...
―Por una vez podrías pasártelo bien, tampoco creo que sea mucho pedir, ¿no?
, o por lo menos disimula un poco, es que ya ni te cortas...
te separas del resto con el móvil y pasas de todo, como si la cosa no fuera contigo, luego te quejas de que no te hacen caso la chicas, normal, de verdad que no te entiendo ―y al terminar se lavó las manos.
―La semana que viene quiero quedar con mis amigos...
―¿Tus amigos?, pero si hace años que no sabemos nada de ellos, me dijiste que ni te llamaban, y en el grupo de whatsapp que tenéis en común ya hace meses que no ponen nada, es evidente que tienen un grupo nuevo y no te han incluido...
―No me llaman porque ya no íbamos a ningún plan con ellos, todos te parecían mal.
―Menuda chorrada... anda, no te inventes excusas...
―Ah, ¿que es mentira?
―¿Y esto a qué viene ahora? ―me preguntó mi chico.
―No viene a nada, viene a que me quiero ir ya a casa...
―¿Ahora?, pero si lo estamos pasando muy bien, no son ni la una y media, ¡no me fastidies!
―Tú seguro que te lo estás pasando de maravilla, ¿cuántas copas llevas?
―¿También me estás controlando las copas que bebo?
―Es que no lo entiendo, te cuidas todo el año y solo bebes cuando estás con estos... con estos gi... bah, da igual...
―Dilo, di lo que piensas de mis amigos, ibas a decir gilipollas, ¿verdad?
―Yo no he dicho nada, pero sí, iba a decirte que son unos gilipollas, tranquilo, eh... que vuelvo al patio con todos y nos vamos a casa cuando al señorito le salga de las narices... ―y al salir del baño nos encontramos de bruces con Valti, el dueño de la casa.
Creo que es de las veces que más roja me he puesto, Sebas no sabía ni dónde meterse y regresó rápido al patio, dejándome allí plantada con su amigo; intenté matizar mis palabras, aunque ya era tarde, él me había escuchado perfectamente.
―Perdona, Valti, (le llamaban así por su segundo apellido), no quería decir eso... se me escapan muchas tonterías cuando discuto con este, es que a veces me saca de mis casillas...
―Te entiendo perfectamente ―dijo como si nada, y se puso sobre la taza de espaldas a mí, se la sacó y comenzó a mear.
―¡Ooooh, ya me voy, disculpa!
―Te puedes quedar, a mí no me molesta, hay confianza, eh, ja, ja, ja... como te decía ―siguió mientras soltaba un potente chorro―, te entiendo, Sebas se pone bastante patoso en cuanto se toma un par de copas, como no está acostumbrado a beber...
―¿Verdad que sí?
―Desde luego.
―Oye y enhorabuena por lo de la boda, ¡qué guay!, para el año que viene tenemos bodorrio, ¡hacéis muy buena pareja! ―dije tratando de ser un poco más simpática después de la metida de pata.
―Gracias, gracias, sí, seguro que lo pasamos muy bien... por cierto, me ha dicho Sebas que queríais pintar la habitación... ―comentó sacudiéndosela de espaldas a mí, antes de guardarse la polla en los pantalones.
―Sí...
―¿De qué color?
―No sé, quería algo así neutro, ya me he cansado del verde pistacho...
―Ja, ja, ja, normal... es que a quién se le ocurre pintar de verde pistacho el dormitorio...
―¿Qué se lleva ahora?, quizás podrías aconsejarnos, eres el “profesional”, ¿qué es lo que está de moda?
―Pues se llevan mucho los tonos tierra, tipo avena alpina o el terracota, a la gente le gustan los espacios serenos y naturales para dormir y yo creo que con vuestros muebles pegaría muy bien...
―continuó hablando mientras se lavaba las manos―, hemos pintado nuestra habitación del mismo color hace un par de semanas...
―Ah, ¿sí?, ¿y qué tal?
―Joder, lo puedes comprobar por ti misma, ya que estás aquí, ven que te la enseño..., la habitación, eh, no seas mal pensada, ja, ja, ja...
―¡Capullo!, ¿en serio no te importa?
―Pues claro que no, acompáñame y la vemos en un momento... ―y de repente me vi a solas con Valti, subiendo las escaleras de su chalet adosado.
No podía creérmelo, Ismael me acababa de dar permiso para correrme con alguno de los amigos de mi chico, y de la nada, había surgido la oportunidad sin tan siquiera buscarla.
Y mientras subía escaleras arriba, se me empezó a acelerar el corazón y no pude evitar pensar en Ismael, pues llevaba el móvil de la mano y me lo imaginé escuchando impaciente, con una sonrisa en la boca.
En la vida me hubiera enrollado yo con ese tío con pinta de porrero y los ojos caídos, y sin embargo lo seguía como una ovejita, excitándome a cada paso que daba, y sintiendo cómo me humedecía escalón a escalón hasta llegar a la planta alta.
A ver, no es que Valti fuera feo, más bien al contrario, era guapete, muy moreno de piel, quizás estaba muy cascado para tener solo treinta años, demasiado alcohol, tabaco y hachís, pero es que, a parte de eso, no me gustaba su personalidad, me parecía un falso aunque siempre pusiera buena cara, y era de los que quería aparentar continuamente, con la casa, el BMW, vistiendo con marcas caras de ropa y logos grandes, presumiendo de dinero, y eso que todos sabíamos lo de su “sobresueldo”.
Era un quiero y no puedo. Un hortera con pasta, aunque decían que era muy bueno como pintor e incluso tenía a dos chicos con él, ayudándole en los muchos encargos que recibía.
No me sorprendió que la cama estuviera totalmente deshecha, y lo primero que se me vino a la cabeza, fue la de veces que se habría follado allí a Elvira.
―Perdona que esté así de desordenado, hoy nos hemos levantado tarde, y entre recoger la casa y preparar la cena y tal...
―Es normal...
―Pasa si quieres, no te quedes ahí parada... ―me pidió al ver que me quedaba bajo el marco de la puerta.
―A ver si le va a molestar a Elvira que entre aquí...
―No, ¡qué va!, ¿por qué le va a molestar?, ¡vaya tontería!, además ya hay confianza entre nosotros, eh, ja, ja, ja..., mira este es el color que te decía ―dijo pasando la mano con mucho mimo por la pared y yo me quedé mirando su sello de oro y una pulsera gruesa que le colgaba de la muñeca.
―¡Sí, me encanta!, jo, queda muy bien, muy neutral... esto lo habrás pintado tú, ¿no? ―bromeé situándome detrás y poniendo las dos manos en su hombro, para hacerme la interesante.
―La duda ofende... ya sabes lo que se dice, si quieres hacer las cosas bien, tienes que hacerlas por ti mismo... y con mi habitación no podía dejarlo en manos de nadie... ¡me encanta cómo ha quedado!
―Sí, la verdad es que sí, transmite mucha sensación de paz... ―y todavía me recosté más sobre su cuerpo, sin dejar de apoyar las dos manos en su hombro y rozándole con las tetas en la espalda.
Zorreándole descaradamente.
―Pues en cuanto queráis... ―se ofreció girándose un poco, rodeando mi cintura con su mano, quizás cogiéndose demasiadas confianzas conmigo―, me lo decís y yo os hago precio especial, por supuesto...
―No esperaba menos de ti... ya veo que tienes muy buena mano para esto ―y pasé un dedo por la pared.
Luego nos quedamos mirando. De repente se le cambió la cara y se puso muy serio.
Nuestras bocas estaban a menos de treinta centímetros y al tener los cuerpos tan pegados, sentí su corazón latiendo a toda velocidad y noté que se ponía nervioso.
Esbocé una tímida sonrisa y acerqué a su mejilla el dedo que acababa de tocar la pared, haciéndole una pequeña caricia...