Mi primer vuelo 24
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Por suerte para mí, me tocó trabajar el jueves y el viernes. Esos días me venían muy bien para desconectar, porque en casa estaba como un alma en pena y me costaba disimular mi estado. Sebas cada vez estaba más preocupado e inquieto por mí, era evidente que algo me sucedía, pero no entendía el qué.

Me pasaba el día nerviosa, crispada, pendiente del móvil por si Ismael me pedía algo, saltaba a la más mínima por pequeñas cosas de la convivencia y eso nos hacía discutir casi todo el rato.

La mejor parte de eso eran las reconciliaciones, en las que Sebas me follaba como un animal, pero a mí no me gustaba vivir en ese permanente carrusel de emociones.

Y a mi chico tampoco.

El sábado quedamos con los amigos de Sebas y fuimos a casa de una parejita que nos invitó a cenar a los de su grupo. En total éramos diez, casi todos en la treintena o en ese rango hasta treinta y dos, y aprovechando el final del verano, salimos al patio de su chalet adosado.

Yo no me di cuenta en su momento, pero poco a poco, Sebas me había ido separando de mis amistades y ya hacía tiempo que no mantenía contacto con casi ninguno de ellos.

Ni tan siquiera con mi mejor amiga, que se había mudado a Berlín con su chico y apenas venía a visitarme.

Sebas me había hecho lo mismo que cuando quedamos a cenar con Sandra y Rober, siempre ponía mala cara cuando estaba con mis amigos, todos le caían mal y eran unos “subnormales” según sus palabras, y yo fui espaciando los encuentros, poniendo cada vez una excusa nueva, hasta que ellos me fueron excluyendo de todos los planes y al final dejamos de vernos.

Se podía decir que Sandra, a la que apenas conocía de hacía unos meses, se había convertido de la noche a la mañana en mi mejor amiga.

Casi la única. Me encantaba lo directa y decidida que era, cómo hablaba, su carácter, y lo bien que me trataba siempre.

Estábamos en permanente contacto a través del whatsapp y le había prometido quedar con ella una tarde que tuviéramos las dos libres para tomar un café, pero nos costaba coincidir, pues si no era una, era la otra a la que le tocaba volar.

Y allí estaba yo, en el chalet con los amigos de Sebas, que precisamente, no es que me cayeran especialmente bien.

Se conocían todos desde el instituto, siempre unidos, y yo era la acoplada.

Llevaba ocho años con Sebas y para ellos seguía siendo una intrusa, la “nueva” del grupo y yo sabía que nunca me iban a aceptar del todo.

Tampoco tenía afinidad con ninguno de ellos.

Los chicos eran unos macarrillas con ínfulas de grandeza, el dueño de la casa era pintor de brocha gorda (también trapicheaba con hachís), el resto; un albañil, un mecánico y un militar, todos con sus pulseras ostentosas de plata, los anillos, incluso dos de ellos habían estado en la cárcel por un tema de estafas y el otro por una pelea en un bar; les gustaba beber, fumar como si no hubiera un mañana y al menos, el único que había evolucionado era Sebas, pero cuando se juntaba con sus colegas de instituto, se volvía igual de estúpido.

Y ellas eran todavía peor; Elvira, Mari, Ángela y Jessi.

Solo nos faltaba una “Vane”. Catetas, chonis de barrio con sus bolsos falsos de D&G, les reían las gracias a sus chicos, y excepto una, que era peluquera, las otras tres se dedicaban a la vida contemplativa y se pasaban el día viendo el tiktok, comprando en el Shein.

Vamos, unas joyas, con las que apenas tenía relación ni quería tenerla, ni tampoco me interesaba su vida lo más mínimo.

La noche fue bastante emotiva y romántica.

Tuvimos un dos por uno. Una de las chonis anunció que estaba embarazada y el segundo notición fue que los dueños de la casa se iban a casar y nos invitaban a su boda el verano siguiente.

Y yo supe que aquello era el pistoletazo de salida y se convertiría en un efecto llamada.

Bodas y chiquillos. Chiquillos y bodas. En cuatro o cinco años, por aquel jardín vacío iban a corretear unos cuantos criajos gritando y haciendo todavía más insoportable mi estancia allí.

Y en ese instante, caí en la cuenta de que yo era un par de años más joven que la media con mis 28 años, y esto que acababa de pasar, estaba a punto de ocurrir también en el grupo de mis antiguos amigos.

Unos se casarían, otros tendrían hijos y como todavía no era tarde, decidí que no quería perdérmelo.

Había llegado el momento de recuperarlos, le gustara o no a Sebas.

Desconecté del todo cuando después de cenar y ya con unas copas encima, sacaron la puta guitarra española y se pusieron a cantar “flamenquito”. Ahí me puse con el móvil, levanté una pie para apoyarlo en la silla y me aparté un par de metros, como si la cosa no fuera conmigo.

Me llamó la atención que tuviera una notificación de Instagram. Pensé que con mi último mensaje le habría quedado claro a Paula que no quería quedar con ella, pero me volvió a responder a mis privados.

No me importa que tengas novio, solo quiero volver a verte

Soy muy insistente cuando algo me gusta de verdad, así que no me voy a dar por vencida.

Pasaré dos noches en Madrid, en el Royal Luxury, jueves y viernes, me encantaría que vinieras a verme. Yo me adapto al plan que quieras, tarde en el spa y masaje, una cena, pasar la noche juntas y desayuno. Yo te invito...

Quiero volver a estar contigo. Fue una pasada lo del Prat, así que imagínate en la habitación de un hotel de lujo o en un jacuzzi privado...

El viernes tengo evento por la tarde y concierto, pero puedo quedar el jueves por la tarde y por la noche y viernes por la mañana, o si quieres podemos comer. Lo que tú prefieres.

Escríbeme, porfa, porfa, porfa, porfa...

Mientras leía sus mensajes, un ojo se activó en mi móvil. Eso significaba que Ismael también lo estaba leyendo y además, nos estaba escuchando. Me puse en alerta y a continuación me llegó un whatsapp suyo.

Ismael 00:24

Joder con la niñata, es insistente...

El plan que te propone parece muy interesante.

Puede que te haga volver a quedar con ella.

Andrea 00:25

Como quieras

Ismael 00:25

Tienes ganas, ¿verdad?

Tan bien te comió el coño que quieres repetir?

Jajajaja

Andrea 00:26

Lo que decidas me parecerá bien

Ismael 00:26

El martes te lo confirmo

Por cierto, ayer te escuché follar con tu chico

Me gustó mucho, aunque no te corriste

Andrea 00:26

No

Ismael 00:26

Así me gusta, que seas una chica buena, Kira

Hoy quiero que también folles con él

Andrea 00:27

De acuerdo

Ismael 00:27

Vaya, vaya, menuda fiestecita tenéis ahí montada

Andrea 00:27

Ya ves

Estoy deseando irme a casa

Ismael 00:27

Te aburres?

Andrea 00:28

Sí, no soporto a los amigos de mi novio

Ismael 00:28

Te caen mal los amigos del poli?

Andrea 00:28

Sí

Ismael 00:29

Pues vamos a hacer la fiesta un poco más interesante, ¿no?

Supongo que estaréis en el patio

Entra en la casa y mírate en un espejo con la cámara del móvil

Así veré cómo vas vestida

Andrea 00:30

Voy

Me metí en el adosado y entré en el baño de la planta baja. Encendí la cámara y apunté al espejo, así Ismael podría verme a través de su móvil al replicar mi pantalla.

Ismael 00:33

Ahora, desnúdate...

Y me fui desabrochando lentamente los botones de la camisa, sin dejar de apuntar con el móvil en el espejo. Luego hice lo mismo con los vaqueros, desnudando mis piernas y quedándome tan solo con la ropa interior.

Ismael 00:34

Te queda bien el sujetador, pero me gustas más sin él...

Quítatelo

Sabes que ahora estás en mis manos?

Podría obligarte a que volvieras a la fiesta en braguitas o hasta sin ellas. Completamente desnuda

Y tú lo harías...

Un escalofrío recorrió mi cuerpo con tan solo pensar en esa posibilidad.

Y lo peor es que Ismael tenía razón. Si él me lo ordenaba, yo lo haría.

Esa fue la primera vez que tomé consciencia de que realmente era una posesión suya y que podía hacer conmigo lo que le diera la gana.

Comencé a quitarme el sujetador y le mostré mi imagen cambiando la cámara a la de selfie y recorriendo mi cuerpo de arriba abajo.

Ismael 00:35

Así me gusta, que te muestres sin que te lo tenga que pedir

Y ahora dime

Harías lo que te he pedido, zorra?

Andrea 00:36

Sí

Ismael 00:36

Lo sabía, pero de momento no quiero exponerte tanto

Eso es demasiado fuerte y todavía no estás preparada

Aunque sé que la idea te ha puesto demasiado cachonda

Estás mojada?

Andrea 00:37

Sí, mucho

Ismael 00:38

Enséñamelo

Y colé un dedo por debajo de mis braguitas, empapándolo bien durante un minuto, acariciándome con suavidad y luego lo mostré a la cámara del móvil. Estaba brillante, húmedo y pegajoso.

Ismael 00:40

Joder

Pero si solo llevas cuatro días sin correrte, y ya estás así?

Tampoco es para tanto, ja, ja, ja

Te mojas demasiado fácil, Kira...

Está bien, te propongo un trato.

Te voy a dar la posibilidad de que te corras esta noche

Te gusta la idea?

Andrea 00:41

Sí

Ismael 00:42

Pues te dejo que lo hagas, perooooo... tiene que ser...

Con un amigo de tu novio

Andrea 00:43

Cómo???

Ismael 00:43

Te dejo con uno de ellos, con el que quieras y como quieras.

Dejar que te lo coma, o te haga un dedo o incluso te lo puedes follar...

Tú decides...

Si no aceptas, tendrás prohibido correrte estos días

Al menos hasta el martes que volvamos a vernos en el hotel

Qué me dices?

Andrea 00:44

Prefiero esperar

Solo lo haré si me lo ordenas

Ismael 00:45

En serio crees que lo conseguirías?

Andrea 00:46

Podría intentarlo

Ismael 00:47

Pues la decisión es tuya

Ya lo sabes

Si quieres correrte tiene que ser hoy con uno de los amiguitos del poli

O te tocará esperar tres días más

Como mínimo...

Y justo en ese momento llamaron a la puerta.

―Andrea, ¿estás bien? ―me preguntó Sebas desde el otro lado.

―Sí, sí, ahora salgo...

―Vale, date prisa, que me estoy meando mucho...