23
No sé si agarró la botella con una o dos manos, yo seguía inclinada en la silla con los ojos cerrados y el conserje empujó con rabia, incrustándomela lo más profundo que pudo, hasta que el ensanche del vidrio chocó contra mi útero.
Luego la retiró y volvió a penetrarme con rabia y en ese instante, yo me abandoné al placer que estaba recibiendo.
―¡Dios mío, es increíble lo mojada que está! ―exclamó Satur, follándome con la botella cada vez más deprisa.
―¡¡Aaaaah, aaaaah, aaaaah!!
―¡Y parece que le está gustando mucho!
Cada segundo recibía una embestida, haciendo que mis piernas se tensaran y yo comencé a gemir con la boca abierta al sentir que mi orgasmo no estaba muy lejos.
―¡¡Aaaaaah, másssss, aaaaah, sigueeee...!! ―le pedí, comenzando a acompasar sus movimientos con mi cadera.
―¡Joder, y quiere más, don Ismael!, ¡¡será zorra!!, ¿ha visto cómo gime? ―me insultó el del bigotillo, acelerando las acometidas―. ¡Y cómo menea el culo!
Menos mal, que el cuello de la botella era lo suficientemente largo y chocaba al llegar al final de mi útero, porque Satur cada vez hacía más presión, intentando penetrarme con la parte ancha. Me estaba destrozando el coño y yo no pude más y bajé la mano, acariciándome directamente el clítoris.
―¡Sigueeee, sigueeeee, aaaaaah, voy a correrme, aaaaah, aaaaaah!
―¡¡Toma, zorra, tomaaaa!!, ¿te gusta esto, Kira? ―me preguntó el conserje.
Pero yo no estaba para contestarle. En unos pocos segundos todo mi cuerpo se tensó, atrapando las botella entre mis muslos y una potente sacudida me recorrió desde los pies a la cabeza.
―¡Me corro, aaaaah, aaaaah, me corrooooo, aaaaah, síííííí, sííííí, másss, mássss, síííííí! ―gemí frotándome con rabia sin parar de menear las caderas.
Entre temblores liberé mi increíble orgasmo, chillando, pidiéndole más al ridículo conserje, que me estaba follando con una botella de champán en aquella habitación de época, ante la atenta mirada de Ismael.
Y yo seguí jadeando, disfrutando hasta el final de mi orgasmo, hasta que me sentí desfallecer.
―Para ya... ―le dijo a Satur, que dejó toda la botella incrustada dentro de mi cuerpo.
Yo me quedé ronroneando, acariciándome el clítoris muy despacio, degustando esos segundos posteriores al clímax y cuando el conserje retiró la botella, me sentí muy vacía y una gran cantidad de fluidos cayeron al suelo.
―¡Dios mío, qué pasada! ―exclamó Satur―. ¡Ha sido impresionante!, ¡cómo me ha puesto esta zorra!, pu... puedo correrme sobre ella, ¿verdad? ―y escuché cómo se desabrochaba el cinturón de los pantalones.
―¡Estate quieto y lárgate ya! ―le ordenó Ismael con su voz grave y autoritaria.
―Pe... pero otras veces...
―¡Fuera de aquí!, no te lo voy a repetir...
―Eh, sí, claro, claro... lo que usted diga... ―y el rechoncho conserje salió raudo en menos de diez segundos.
De un tirón, Ismael me soltó el nudo del pañuelo que cubría mis ojos y luego me pidió que me incorporara.
―¡Vístete!, por hoy ya hemos terminado...
―Muchas gracias ―murmuré.
―¿Qué te pasa?, ¿estás triste?, ¿es que acaso no te ha gustado?
―No, no es eso...
―¿Entonces...?
―Nada, es una tontería, cosas mías... ―dije mientras me ponía la ropa.
―Dímelo...
―Es que en el contrato ponía que te comprometías a cuidar mi seguridad y mi bienestar...
―Sí, ¿y...?
―Y hoy me has dejado en manos de ese...
―¿En manos de Satur?, ja, ja, ja, él ha hecho lo que yo le he pedido, ¿es que acaso no te ha gustado?, tenías que haberte visto chillando como una cerda, seguro que con tu novio el poli no te corres así...
―Sí, sí me ha gustado, pero...
―Satur es completamente inofensivo, no he comprometido tu seguridad en ningún momento...
―Vale, aunque yo preferiría estar contigo a solas...
―Me gusta que otras personas participen, poco a poco te irás acostumbrando también a eso, pero ten por seguro que siempre cuidaré para que no te pase nada, te llevaré al límite en muchas ocasiones, aunque sin cruzar la línea, para que no tengas que utilizar la palabra de seguridad, ¿alguna cosa más?
―¿Y tú por qué solo miras?, yo también quiero que disfrutes...
―Lo que yo haga o deje de hacer es cosa mía... ―me regañó acercándose a mí, cogiéndome por el cuello―. ¿Esto es lo que quieres? ―y me agarró del brazo y situó mi mano en su paquete.
Cerré el puño y sentí su polla tremendamente dura bajo los pantalones y de espaldas a él, comencé a masturbarle por encima de la ropa.
―Vaya, vaya, ¿vas a hacerme una paja antes de irte a casa con tu novio el poli?
―Síííí ―suspiré sin detener mis movimientos―. Quiero que te corras...
Me empujó contra la pared con brusquedad y me sujetó el pelo con mucha fuerza, subiéndome la falda de un tirón con la mano que tenía libre. Luego bajó el brazo, coló sus dedos entre mis piernas y me clavó uno en el coño.
―¡¡Aaaaaaah, Diosssss!! ―gemí, tanteando con mis dedos su entrepierna, para volver a tocarle.
―¿Quieres correrte otra vez, Kira?
―Mmmmmm, sí, tócame, así, aaaaaah, acaríciame ―le supliqué, cerrando el puño sobre su paquete.
El dedo de Ismael me follaba de manera ruda e hizo una especie de gancho, frotando mis paredes internas mientras yo seguía jugando con su polla. El muy cabrón me tenía demasiado excitada y noté un calor desmesurado en mi entrepierna.
Ya me encontraba otra vez a su merced.
―Es demasiado fácil hacer que te corras, ¿es que siempre estás así de cachonda?
―Sí, es por ti, porque...
―Porque te encanta ser mía, ¿verdad?
―Síííí, soy tuya, soy tuya...
―¿Quieres que te folle, Kira? ―me preguntó con rabia al oído.
―Síííí, ¡hazlo! ―respondí emocionada en un gemido ahogado.
―Pero sabes que no puedo hacerlo... viene en el contrato...
―Me da igual...
―Ja, ja, ja, ¡serás zorra! ―me insultó mientras me follaba con el dedo.
―Aaaaaah, aaaaah, aaaaah... sigueeeee...
―¿Vas a correrte otra vez?
―Síííí, aaaaaah, aaaaaah, sigueeee, aaaaaah, un poco másssss, aaaaaah...
―Yo creo que por hoy ya está bien ―y de repente, retiró el dedo de mi sexo, y al sacar la mano me soltó un tremendo azote en mi glúteo derecho.
¡¡PLASSS!!
―¡¡AAAAAHHGG, JODER!! ―protesté, y es que me dio con tanta fuerza que aquello me dolió de verdad.
―Podrías haberte ido a casa relajada y tranquila después del orgasmo, pero has preferido esto. La semana que viene volveremos a vernos para que me cuentes novedades, y recuerda, nada de chupársela a tu novio, y tampoco puedes hacerle una paja..., ¿entendido?
―Sí...
―Y por supuesto, tienes prohibidísimo llegar al orgasmo..., ah, antes de que te vayas, dame tu móvil...
Saqué el teléfono del bolso y se lo di sin rechistar. Prefería no cuestionar ninguna de sus órdenes. Si me lo había pedido sería por algo.
―Te voy a instalar una aplicación espía para ver dónde estás en cada momento y que también replique tu pantalla, así veré lo que estás mirando, con quién hablas, todas tus conversaciones...
y tranquila, aunque podría hacerlo, no voy a usar tu móvil a distancia, solo es para ver lo mismo que tú y además, podré escucharte a través del micrófono...
―Pero eso es ilegal...
―Ya lo sé, pero tengo tu consentimiento, ¿no?
Me inquietaba la idea de que Ismael siempre conociera mi ubicación exacta, pero bueno, eso era algo aceptable, lo que sí que me parecía mal era que duplicara mi pantalla y pudiera ver todos mis movimientos en el móvil.
Podría leer todas mis conversaciones de whatsapp, saber qué videos veía en youtube, los perfiles y fotos que ojeaba en el Instagram, los videos de tiktok, los tuits que escribía en X, mis correos electrónicos, controlar el dinero que tenía en la cuenta e incluso manejarlo, mi galería de fotos... y además, escucharme.
Era una invasión muy grave de mi privacidad.
Y sin embargo, me quedé allí parada como una idiota, dejando que el Comandante manipulara mi teléfono y tres minutos más tarde me lo devolvió, tras comprobar en el suyo que la aplicación funcionaba correctamente.
―Sabrás si estoy viendo tu pantalla, porque te saldrá como un ojito en la esquina izquierda, eso significará que estoy conectado y ahora sí...
ya puedes irte. El martes que viene te espero aquí, en esta misma habitación y a la misma hora...
y salvo que tengamos que trabajar, quedaremos ya todos los martes a partir de ahora...
―Vale... ―susurré bajándome la falda avergonzada.
―Y estate pendiente del teléfono, en cualquier instante puedo pedirte algo, y ya sabes, tienes una hora para responder...
―Sí, lo sé...
―Adiós, Kira, pórtate bien... y recuérdalo, ¡ya eres mía! ―afirmó sacudiendo el móvil delante de mis narices.
Me puse el bolso al hombro y salí de la habitación.
En la puerta del hotel me estaba esperando Satur, que hizo una reverencia al pasar y yo apenas lo miré de refilón.
No podía creerme que aquel gordo repugnante me hubiera follado con una botella de champán y que incluso me llegara a acariciar con su lengua.
¡Era asqueroso!
Caminé deprisa hasta el metro y al montarme en uno de los vagones para volver a casa, me senté con las piernas cruzadas. No sabía muy bien cómo me sentía en ese momento ni definir lo que acababa de pasar en esa habitación de hotel. Cuanto menos había sido una experiencia bizarra. Extraña.
Surrealista.
Estaba como ida, como si me costara conectar con la realidad.
Todavía no daba crédito a lo que había sucedido y lo peor es que seguía muy cachonda.
El orgasmo me había sabido a poco, y ahora tenía prohibido correrme durante una semana.
Y es que me había puesto mucho palpar la dura verga de Ismael por encima del pantalón y sobre todo el azote de despedida me encendió de nuevo.
Seguro que llevaba sus dedos marcados a fuego en la piel y solo con pensar eso, mi sexo se humedeció como por arte de magia.
Incluso ahora podía ver mi móvil también.
Me sentía suya, de su propiedad. Era su zorra.
Su puta. Era Kira, su SUMISA, la “elegida”.
Podía hacer conmigo lo que le diera la gana.
Y eso me encantaba, y me aterraba a partes iguales.
Me aparté el sudoroso pelo de la cara y al levantar la cabeza, un chiquillo que apenas tendría dieciséis años me miraba fijamente en los asientos de enfrente.
Todavía con la respiración agitada, descrucé las piernas, provocándolo y aunque dudo que pudiera ver nada, sus ojos se abrieron como platos cuando las volví a cruzar en la otra dirección.
Luego me sonó el móvil y me llegó una notificación de Instagram. Era un mensaje de Paula.
¿En serio no me vas a contestar?
Pensé que habíamos conectado...
Lo primero que se me vino a la cabeza al encender el móvil fue que Ismael estaba viendo lo mismo que yo, pero yo tenía que actuar como si nada y poco a poco me iría acostumbrando.
Tras releer la conversación con Paula, sentí pena por ella.
Es verdad que lo habíamos pasado muy bien en el aeropuerto, pero necesitaba un poco de tranquilidad.
Bastante tenía con lo de Ismael como para buscarme otra preocupación y contesté su mensaje, intentando dar por zanjado ese asunto. Quise ser cortante, pero amable.
Perdona, Paula, es que no sabía ni qué ponerte.
Claro que lo pasé muy bien y no me arrepiento de haber quedado contigo. Estuvo genial, pero tengo novio y no podemos volver a vernos, seguro que lo entiendes...
Eres increíble y me considero muy afortunada de haberte conocido...
En otras circunstancias quién sabe.
Un besazo y lo siento...
Después bloqueé el móvil, lo guardé en el bolso y al levantar la vista, el chiquillo seguía muy pendiente de mí.
Me miraba los pechos y las piernas con mucho descaro, y aunque me excitaba esa sensación de sentirme observada, cerré los ojos, intentando calmarme.
La mañana había sido bastante movidita y en casa ya me esperaba mi chico.
Otra vez volvía a ser Andrea...