22
―¡Desnúdate! ―fue lo primero que me ordenó, sentándose en la cama frente a mí y yo me agaché, desabrochando mis sandalias.
Apenas tenía un par de prendas, por lo que fui bastante rápida. Primero me quité la camiseta y después la falda, quedándome completamente desnuda delante de Ismael. Me observó unos segundos y enseguida noté cómo su polla se ponía dura bajo los pantalones.
Y eso me gustó. Reconozco que me gustó mucho.
Me reconfortaba saber que yo también tenía la capacidad de excitarle con cierta facilidad, y esa era una carta que podría utilizar en cualquier ocasión si las cosas se ponían muy feas para mí.
El estar sin ropa me hacía sentir muy frágil, y todavía más humillada; era una sensación que me asustaba, y casi por inercia, me crucé de brazos, esperando la siguiente orden de Ismael.
―Ya llevas veinte días siendo mi sumisa, Kira, de momento he sido bastante bueno contigo, solo te he pedido nimiedades...
, lo del colgante, lo de ir sin braguitas, te he prohibido que te acuestes con tu novio, aunque eso fue un castigo por no obedecerme ―y de repente se levantó de la cama, caminando hacia mí―, y permití que te enrollaras con la pija esa de Barcelona para que te corrieras... por cierto, ¿qué tal con ella?
―Bien, muy bien ―suspiré en bajito, agachando la cabeza.
―No tuve ni que preguntarte, ya vi en tu cara lo que había sucedido, ¡menudos coloretes traías!, y el recogido mal hecho... y los pezones, ¡joder, te encantó estar con esa chiquilla!, ¿es que ahora te gustan las mujeres?
―No... nunca había estado con una...
―Cuéntame, qué pasó ―dijo situándose a mi lado, acariciando mi culo con la mano.
―Estuvimos tomando un café y luego entramos en uno de los baños del aeropuerto...
―¿Se lo pediste tú o fue ella?
―Ella...
―¡Lo sabía!, ¡estas zorras de hoy en día no se cortan un pelo!, ¿y qué pasó?
―Nos enrollamos en un privado, ella me tocó y..., al final me lo hizo con la boca...
―¿Te corriste mientras te comía el coño?
―Sí ―susurré con timidez.
―Mmmmmm, ¡qué bueno!, ¿y tú le tocaste a ella?
―Un poco con la mano, pero no se... bueno, ya sabes, no se...
―¿No se corrió...?, ooooh, zorra desagradecida... tenías que haberle devuelto el favor...
―Ya era tarde, tenía que regresar al avión, no podía arriesgarme...
―¿Te ha vuelto a escribir?, seguro que sí...
―Sí, me ha dicho que la semana que viene va a venir a Madrid, tiene un par de eventos, pero no he contestado a sus mensajes...
―¿Es que no quieres volver a quedar con ella?
―No quiero más complicaciones en mi vida... ―dije encogiéndome de hombros.
―Está bien, de momento no contestes..., así que esto es una complicación en tu vida, ¿es que acaso no te gusta ser mi sumisa?
―Sí, sí me gusta, pero es difícil, tengo pareja y...
―¿Y con tú novio qué tal...?, ¿habéis follado mucho estos días?
―Sí, bastante, todos los días...
―¿Y...?
―Pero no me he corrido ―le interrumpí rápido para que no se enfadara, adelantándome a su siguiente pregunta.
―¿Por qué?, ¿no te folla bien el poli?
―No es policía... todavía...
―Ah, es verdad, que solo se estaba preparando la oposición, ¿entonces, te folla bien o no?
―Sí, muy bien...
―Pero no te corres...
―No.
―¿Por qué?
―Porque no puedo... lo tengo prohibido...
―¿Y cómo lo consigues?
―Cuando estoy cerca, lo hago parar y...
―Y se la chupas...
―Sí, o le termino con la mano, pero sí, casi siempre con la boca.
―Está bien, a partir de ahora tienes prohibido chupársela y hacerle una paja, vamos a probar así un par de semanitas, a ver qué tal, cuando folles con él tienes que dejar que termine dentro.
―¿Y si me...?
―Si te corres tendré que castigarte, Kira, ya lo sabes, tienes que aprender a dominarte, a controlar tu orgasmo ―murmuró besándome en el hombro―. Entiendo que desde que estuviste con la pija en los baños del aeropuerto, no has vuelto a correrte ―y situó sus gruesos dedos entre mis piernas.
―Aaaaaah, sí, no he vuelto a correrme... ―jadeé, sintiendo un escalofrío en todo mi cuerpo.
―¿Estás excitada?
―Sí... mucho, ufffff... ―resoplé cerrando los ojos y abriendo las piernas.
―Me encanta que siempre estés cachonda y vayas tan empapada... ―y me clavó un dedo en el coño.
―¡Aaaaahhggg, joderrrr!
―Sssssh, esa boca, no seas malhablada... como te decía antes, apenas he empezado contigo, Kira... aunque de momento, estás siendo muy obediente y una chica buena, te aseguro que tu vida se va a complicar mucho más... ―dijo retirando su dedo de mi interior.
―Ooooh ―se me escapó un gemido, protestando porque no siguiera acariciándome.
―Las cosas se van a poner muy feas para ti, te voy a obligar a hacer cosas que ahora te parecerán imposibles, pero te aseguro que terminarás haciéndolas y además, te pondrás terriblemente cachonda, y cada vez querrás más y más, hasta me suplicarás que te utilice y que juegue contigo, ¿estás segura que quieres seguir siendo mi sumisa?
―me preguntó dándome unos azotitos en mi empapado sexo.
―Aaaaahggg, sí, sí, quiero ser tuya...
―¿Ya quieres correrte, zorra?
―Mmmmm, sííííí, ¡hazme lo que quieras, pero deja que me corra, por favor!
―Tranquila... ven aquí ―me pidió agarrándome del brazo y me situó junto a un butacón clásico que había en un lateral―. ¡No te muevas!
Tuve que inclinarme para apoyar mis manos en los reposabrazos, y allí de pie, ofreciéndole mi culo en esa postura tan indecorosa, Ismael me puso una venda en los ojos. Acto seguido alguien tocó en la puerta con los nudillos.
Me giré sin ver nada. Sin moverme.
―¿Quién es? ―pregunté asustada.
―Confía en mí... ―intentó calmarme con una leve caricia en la espalda y después abrió la puerta―. Pasa, Satur...
¡El conserje!
En cuanto escuché ese nombre, traté de incorporarme, pero Ismael me agarró por el cuello, impidiéndomelo e hizo presión, tirando de mí hacia abajo.
―Te he dicho antes que no te movieras, joder... ¿es que quieres que te castigue?
―No, noooo, por favor...
―¡Pues estate quietecita ahí! ―me ordenó soltándome.
Con la respiración acelerada y todavía más nerviosa, permanecí en la postura que me pidió Ismael. El conserje del bigotillo estaba dentro de la habitación y seguramente me había visto desnuda, así que ya no podía hacer nada.
―¿Qué te parece?, está buena, ¿eh? ―dijo Ismael.
―Ya lo creo, es excelente, si le soy sincero, es la mejor de todas las que han pasado por aquí... en cuanto la he visto sentada en el hall del hotel con las piernas cruzadas, ya sabía que era una gran elección, ¡enhorabuena!
―Habrá que hacer un brindis...
―Desde luego, Kira lo merece... si me permite... ―y lo siguiente que escuché fue cómo descorchaba una botella de ¿champán?
―¡Por Kira!
―¡Por Kira! ―y chocaron sus copas.
―Déjame a mí, trae eso... ―le pidió Ismael―. Hay una manera mejor de probar este excelente champán, ¡agáchate entre sus piernas!
Aunque no lo vi, supuse que el conserje se sentó debajo de mi cuerpo, y unos segundos más tarde, un líquido frió comenzó a derramarse en la parte baja de mi espalda, pasando entre mis glúteos y escurriéndome finalmente por mi sexo.
Unas manos temblorosas apartaron mis muslos y una lengua llegó a rozarme sutilmente los labios.
―¡Eso es, bébetelo todo! ―afirmó Ismael.
―Mmmmmm, mmmmmm...
―¡Más, bébetelo todo, cerdo, vamos, más, más...!
―Mmmmmmm, mmmmmm, mmmmmm...
―¿Te gusta?
―Sí, síííí, mmmmm, glup, glup, glup...
Durante casi un minuto, Ismael vació el contenido de la botella de champán sobre mí y me imaginé al conserje, agachado entre mis piernas con la boca abierta, recibiendo todo su contenido directamente de mi coño.
Movería la lengua ansioso como un perrito y aunque casi no lo percibí, esa leve caricia en mis labios hizo que todavía me pusiera más cachonda.
―Ya está, Satur, deja de chupar, no queda nada...
―¡Mmmmm, qué rico!, espera, espera, aquí quedan unas gotitas... ―y sentí unos pequeños lametazos más en mi sexo, que cada vez estaba más sensible―. ¡¡Delicioso!!
―¿Te ha gustado?
―Desde luego, ha sido todo un manjar, muchas gracias, don Ismael...
―Vete al baño y límpiate un poco la cara...
―Sí, claro, muchas gracias, ahora vuelvo, eh..., no tardo nada, esperadme...
E Ismael se acercó a mí y me agarró con fuerza por el cuello.
―¿Entonces quieres correrte?
―Síííí, pero solo contigo, dile que se vaya, por favor...
―Por Satur no te preocupes, es de mi máxima confianza, lleva conmigo muchos años...
―Me da vergüenza... no quiero que ese tío me vea así...
―Te he preguntado que si quieres correrte, tú no estás en disposición de decidir nada, a ver si te vas enterando...
―¡Sí, aaaaaah, sííííí! ―gemí cuando Ismael me penetró con un par de dedos.
―No pensarás que yo voy a proporcionarte el orgasmo, ¿verdad?, todavía no te has ganado ese derecho... y como no voy a permitir que te toques, entonces solo tenemos una solución, que sea Satur el que haga que te corras...
―No, no, nooooo...
―¿No quieres que él te toque...?
―Nooooo, uffff...
Y de repente, escuché la voz del conserje, que había regresado de nuevo junto a nosotros.
―¡Ya estoy aquí! ―exclamó impaciente.
―Verás, he estado hablando con Kira y tenemos un pequeño problema... ―dijo Ismael.
―Ah, ¿sí?, ¿de qué se trata?
―Pues que ella no quiere que toques su cuerpo...
―¡Oh, cuánto siento escuchar esas palabras! ―exclamó Satur.
―¿Y ahora qué hacemos?
―No lo sé, don Ismael, lo que usted decida...
―Llevo poquito tiempo con ella, y aunque por lo general se porta bien y es muy buena sumisa, todavía no está adiestrada.
―Entiendo, entonces tendremos que ponerle remedio a eso, ¿no?
―¡Cállate!, como te decía, es bastante primeriza, pero ya sabe que es mejor no enfadarme ―e Ismael se inclinó a mi lado y me sujetó por el pelo.
Después sentí algo frío entre las piernas y lo fue acomodando en mis labios vaginales con pequeños movimientos y de repente, con un solo golpe seco me clavó aquello hasta el fondo.
―¡¡¡AAAAAHGGG, JODERRRR!!! ―grité poniéndome de puntillas y tensando mis glúteos.
Entonces entendí que lo que me acababa de meter por el coño era la botella de champán. La boquilla hizo una ligera presión en mi cavidad interna y tras unos segundos la retiró, dejándola dentro apenas un par de centímetros.
―Ven aquí, Satur... si quieres puedes follártela con la botella... así no tendrás que tocarla...
―Claro, como usted diga... ―e Ismael le cedió el testigo y luego escuché cómo se sentaba en la cama, dispuesto a ver el espectáculo.
―Y tú, Kira, disfruta. Ahora sí. Puedes correrte...