20 #2
Hundió la cara entre mis posaderas y esta vez sí, me soltó un lametazo vulgar y preciso en todo mi ojete.
Tensé los glúteos y me puse de puntillas, pero ella volvió a hacerlo, después comenzó a comérmelo como si de repente le hubiera entrado prisa.
Con ansia, como si estuviera degustando un manjar, saboreándome por completo y tuve que apoyar las dos manos, pegando la cara contra la pared cuando las piernas me flaquearon.
Me daba golpecitos con la lengua en el ano, me penetraba con ella y solo para coger aire, se retiraba unos segundos, que aprovechaba para morderme indistintamente en cualquiera de los dos glúteos, antes de volver a la carga.
Pocas veces mi chico me había hecho una comida de culo y mucho menos así. Se notaba que Paula lo estaba disfrutando tanto o más que yo, y de repente me clavó dos dedos en el coño y me incrustó a la vez el pulgar en el ano, abriendo y cerrando el puño. Ahí pensé que me corría.
Ya no me faltaba nada.
―Es una pena que tengamos tan poco tiempo... te lo estaría comiendo todo el día, tienes un culo magnífico, ¡nunca había probado uno tan rico! ―dijo Paula limpiándose la saliva de la comisura de sus labios―. Y ahora date la vuelta... ¡quiero que te corras en mi boca!
Me giré de nuevo, quedándome con la espalda contra la pared del baño. Con la respiración acelerada levanté una pierna como la tenía antes, y le ofrecí mi depilado coño a aquella chica de 18 años.
No se lo tuve que pedir. Ella ya sabía lo que tenía que hacer y yo miré hacia abajo para verlo bien.
Me daba mucho morbo ver a Paula acercarse a mi sexo y esta vez no fue tan delicada.
Hundió su cara en mi entrepierna, pasando la lengua de arriba abajo varias veces y me clavó tres dedos antes de atrapar mi clítoris con sus labios.
―¡¡¡Aaaaahggg, joder, Paula!!! ―exclamé tensando la cadera, agarrando su cabeza para incrustarle la boca contra mi cuerpo.
Mis piernas temblaron y un potente gemido brotó de mi garganta.
Si había más gente en el baño tuvo que escucharme, pero yo ya no me pude reprimir más y liberé la tensión acumulada durante las dos semanas previas.
Me abandoné al mayor de los placeres y Paula consiguió llevarme al orgasmo en unos pocos segundos, jugando con los dedos en mi coño y con su lengua en mi clítoris.
―¡¡¡AAAAAHHH, AAAAAH, AAAAH, ME CORROOOO, AAAAAAH, ME CORROOO, SÍÍÍÍÍ, SÍÍÍÍÍ!!! ―grité apretándome los pechos yo misma con una mano, mientras que con la otra sujetaba a Paula por el pelo.
Agarré su melena y tiré de ella, haciendo más presión en su cara justo cuando exploté. Le restregué el coño por la boca, subiendo y bajando, golpeando con mi trasero contra la pared, volviéndome loca y Paula siguió sin descanso, martilleándome una y otra vez con los dedos y con la lengua.
Y ella supo también el momento exacto en el que parar. Dejé de tirarla del pelo y Paula abandonó la caricia que me brindaba con la boca en mi pequeño botoncito, que ahora estaba demasiado sensible y me fue besando por los labios y la cara interna de los muslos, en una caricia muy tierna.
―¡Mmmmm, me encanta! ―dijo besuqueándome esa zona y después se incorporó.
Me miró con cara de zorrita, con los labios morados y los alrededores de la boca enrojecidos por la presión. Tenía los coloretes encendidos y con el dorso de la mano se limpió la saliva que se derramaba por la comisura de los labios.
―Te... tengo que irme ―murmuré bajándome la falda.
―¿Ya...? ―sonrió sacando la lengua
―Me queda muy poco tiempo... podría perder mi vuelo... ―y comencé a abrocharme la camisa.
―Anda, déjame a mí ―me pidió Paula al ver que mis manos no paraban de temblar.
Estaba demasiado nerviosa como para subirme en ese estado en el avión y ella me fue abrochando uno a uno los botones.
―La semana que viene tengo que ir a Madrid a un par de eventos que me han invitado, ya te voy diciendo y quedamos en el hotel, así estaremos más tranquilas...
Y Paula me metió la camisa por dentro de la falda, me la colocó un poco para que estuviera presentable y después se pegó a mí, dándome un tierno beso en los labios.
―Me ha gustado mucho estar contigo, ya estoy deseando repetirlo ―murmuró apoyando las manos en mi cintura.
Ella no se había corrido y se notaba que estaba muy excitada. Sus tetas todavía se le habían hinchado más y le delataba el color de sus mejillas encendidas.
―Anda, vete, o no me voy a poder resistir ―resopló, y luego se mordió el labio inferior negando con la cabeza―. No puedo creerme que estés tan buena... escríbeme, eh... ―y me dio un beso en la boca y un leve mordisquito.
―Sí, claro y perdona por haberte dejado así...
Con las pulsaciones aceleradas salí del baño y me situé frente al espejo.
No podía subir al avión en ese estado. Tenía el pelo revuelto y se me había corrido el maquillaje de la cara.
Tuve que recomponerme como buenamente pude y saqué el cepillo del bolso, para alisarme el pelo antes de hacerme el recogido.
Terminé anudándome el pañuelo al cuello y un par de minutos más tarde, salió Paula del reservado.
Ya llevaba el vestido puesto y se situó a mi lado sin decir nada.
Nos miramos a través del espejo y ella se lavó las manos, se colocó un poco su melena y se ajustó la gorra.
Me dio una pequeña cachetada en el culo antes de dejarme allí plantada con un “nos vemos prontito” y yo terminé de arreglarme durante cinco minutos más.
Me quedé pensando, dándole vueltas a la situación, no entendía como aquella niñata había hecho que me corriera de esa manera.
A mí, que no me gustaban las mujeres. O eso creía yo.
Y ahí fue cuando supe que ese día iba a ser un punto de inflexión muy importante en mi vida y quizás era el momento de dejarme de prejuicios y replantearme ciertas cosas.
Y con las piernas todavía temblando por lo que acababa de suceder, me dirigí al avión, sin saber qué era lo siguiente que me esperaba...