19
No esperaba encontrarme con Beatriz en la salita. Debía haber sido un cambio de última hora, porque no recordaba que estuviera entre los tripulantes de cabina; nos saludamos sin mucha efusividad, tomamos asiento y la sobrecargo comenzó la reunión.
A mi derecha tenía a Ismael y al otro piloto, con el que ya había volado varias veces, se estaban tomando un café y noté que el Comandante me observaba detenidamente.
Nos quedamos mirando a los ojos y así permanecí unos segundos, aguantándole el pulso, aunque en cuanto le vi, ya me puse otra vez nerviosísima y terminé agachando la cabeza.
Solo esperaba que todo estuviera perfecto para él y tras comprobar que llevaba el colgante y no se me marcaba la ropa interior, Ismael siguió charlando con su compañero.
Eso sí, en cuanto salimos de la salita para dirigirnos al avión, me abordó y se situó a mi lado mientras caminábamos por los pasillos de la terminal.
―Hola, Kira...
―Hola.
―¿Qué tal ha ido todo?
―Bien...
―¿Has sido buena o no esta dos semanas?
―Sí...
―Espero que hayas cumplido lo que te mandé...
―Sí, claro...
―¡Excelente!, ¿y qué tal con tu chico?, ¿no se ha enfadado?, je, je, je...
―Un poco, pero todo está bien.
―Como has sido buena, hoy te prometí una cosa, ¿has podido hablar con la chica esa?, la pijita de Barcelona...
―Sí, antes le he mandado un mensaje... me acaba de contestar.
―¿Y qué te ha dicho?
―Que va a venir a verme al aeropuerto...
―Mmmmm, ¡me encanta!, queda con ella y os tomáis un café...
―De acuerdo.
―Y luego si quieres, te permito que te corras con ella...
―¡¿Perdona?!
―Sí, que hoy puedes tener un orgasmo, pero te lo tiene que proporcionar esa niñata, si lo consigues te dejaré acostarte con tu novio, pero si no lo consigues ―chasqueó la lengua ―, te mantendré otra semana igual...
―¡Otra semana es mucho tiempo!
―Si quieres ponemos dos otra vez...
―¡No, no, no, de acuerdo!
―Entonces ya sabes lo que tienes que hacer...
―¿Y cómo se supone que tengo que hacer eso?, porque no depende solamente de mí.
―Joder, Kira, pareces tonta, ¿tú qué crees?
, ¿que esa niñata va a venir hasta el Prat para tomar un café solamente?
, je, je, je, viene a follar contigo, con el coñito depilado y limpio y unas braguitas nuevas, bueno, con unas braguitas no, con una mierda de esas de hilos que se le mete por el culo, si es que trae ropa interior...
―Pero a mí no me gustan las mujeres...
―¡Me importa una mierda!, ¿es que acaso tengo que recordarte tus deberes?
―No.
―Punto uno... ¿qué ponía?
―Obedeceré todas tus órdenes sin ninguna resistencia...
―Eso es, pues ya sabes lo que tienes que hacer. No me falles... ―y se adelantó acelerando el paso para reunirse con el otro piloto.
Me quedé rezagada la última, pensando en lo que me acababa de ordenar Ismael.
Quería que me enrollara con una chiquilla que apenas tenía 18 años y yo me pregunté cómo diablos iba a lograrlo.
Era algo que no solo dependía de mí, y además, aunque estaba muy excitada, no sentía ninguna atracción sexual hacia las chicas.
Y lo peor es que si no lo conseguía, me volvería a castigar otra semana sin sexo.
Y sin correrme.
Y yo ya no podía más. Necesitaba tener un orgasmo. Necesitaba follar con Sebas. Necesitaba liberar esa tensión que llevaba acumulando dentro de mí durante tanto tiempo. Ni tan siquiera me percaté de que Beatriz se había situado a mi lado, arrastrando también su pequeña maleta.
―¿Todo bien?, tienes mala cara... ―fue lo primero que me soltó.
―Sí, no te preocupes...
―Para cualquier cosa puedes hablar conmigo, yo he pasado por lo mismo que tú, y te aseguro que tener alguien con quién puedes desahogarte te va a venir muy muy bien...
―Muchas gracias, Beatriz, pero no me hace falta.
―Tú misma...
Tuve la mala suerte de que me tocara con ella como compañera en la parte de atrás del avión, se notaba que había tensión entre las dos y apenas nos dirigimos la palabra, aunque el puente aéreo era muy corto.
El poquito tiempo que estuvimos sentadas, me lo pasé ojeando el Instagran de Paula Fornells, mirando sus fotos y negué con la cabeza al darme cuenta de que era imposible hacer lo que me pedía Ismael.
Esa chica era muy guapa y tendría demasiados pretendientes como para fijarse en mí y mucho menos iba a acercarse hasta el Prat para enrollarse conmigo.
En apenas una hora ya estábamos en Barcelona. Me sentí un poco mal por Beatriz; quizás había sido un poco borde y ella solo quería ayudarme, sin más, pero de momento, yo desconfiaba de sus intenciones.
Le había robado el puesto de sumisa y no sabía lo que podría estar tramando.
En cuanto aterrizamos y recogimos un poco el avión, preparándolo para el siguiente vuelo, nos dejaron libres un par de horas.
Con el pelo recogido en un moño, dos botones abiertos de mi camisa blanca y mi minifalda gris, había quedado con Paula en el Starbucks del aeropuerto y caminé muy nerviosa por la terminal sin saber muy bien qué podía esperar de esa cita.
Cuando llegué, la chiquilla ya me estaba esperando allí, con un minivestido verde muy veraniego y su pelazo suelto.
―¡Ey, hola! ―me saludó con efusividad al verme y se lanzó a darme dos besos poniéndose de puntillas y aun así, tuve que agacharme un poco para que alcanzara.
Era realmente guapa, de las que no tenían que retocar las fotos en sus RRSS.
No le hacía falta, y con esa carita tan aniñada seguro que pretendient@s no le faltaban.
La faldita de su vestido era demasiado corta y lucía un increíble escotazo, con las tetas rebosando por todos lados, como si le faltara tela.
Nos sentamos en una mesita apartada con un café grande y Paula me miró con una sonrisilla traviesa y juvenil, mientras jugaba con su impresionante pelo rizado.
―Me alegro mucho que me hayas escrito, no me lo esperaba ―me soltó con un acento catalán muy cerrado, sentándose de manera informal en la silla, colando un pie por debajo de su trasero.
―Sí, perdona que no te contestara los mensajes la primera vez...
―No pasa nada, es normal, yo también dejo a muchos sin contestar...
―Seguro que te escribe mucha gente, eres muy guapa...
―Sí, aunque reconozco que me hicieron mucha ilusión tus mensajes de ayer, no me lo esperaba.
―Ah, ¿sí?
―Sí, pensé que pasabas de mí, además, como tienes novio y tal, porque sigues con él, ¿no?
―Sí, sí... ¿y tú estás con alguien?
―Ahora no, pero bueno, también reconozco que no soy nada fácil para estar de pareja conmigo.
―Todavía eres muy joven, ya tendrás tiempo de eso, ¿cuántos años tienes?
―18, ¿no has visto mi Insta?, hay muchas fotos del día de la celebración de mi cumple hace cuatro meses, hicimos una fiestaza increíble, vinieron a cantar Ozuna y Aitana, ¡oh, al menos pensé que habías curioseado una mica en mi perfil!
―¿Perdón?
―Un poco, mica quiero decir poco, perdó, a veces se me escapa alguna palabra en mi idioma.
―¡Ah, sí!, es verdad, algo había visto...
―¿Y te ha gustado?
―Sí, claro...
―Es una pena que solo tengamos dos horas ―dijo jugando de nuevo con su pelo―, cuéntame algo de ti, solo sé que tienes novio y que eres azafata de vuelo...
―¿Y qué te digo?, me llamo Andrea, tengo 28 años y...
―¿Por qué me has escrito? ―me interrumpió.
―Ehhh, el otro día me saltó tu perfil y no sé, me acordé de ti y me dio curiosidad...
―¿Me has escrito porque te gusto? ―me preguntó, inclinándose sobre la mesa, haciéndose la interesante.
―Eres muy directa.
―Sip... ¿y entonces...?
―No sé por qué te he escrito, sí, me pareces guapa y tal, pero nunca me ha interesado ninguna chica en ese aspecto, ya sabes... y como tenía un par de horas libres, pues... ―dije encongiéndome de hombros sin saber muy bien qué decir.
―Tú me pareces superatractiva, me gustan las chicas altas con pocas curvas y además, eres muy guapa.
He volado desde muy pequeñita y siempre me he sentido muy atraída por las azafatas, desde que tengo uso de razón, os veía ahí como unas supermujeres, con esos uniformes, siempre tan dispuestas, me dais mucho morbo...
me encantaría verte con el pelo suelto...
Yo sonreí y me toqué el moño, todavía en estado de shock por todo lo que me acababa de soltar la niñata.
―Es que ahora tengo otro vuelo, no me puedo despeinar...
―Me encanta tu colgante ―dijo señalándolo con el dedo―, y también que vayas sin sujetador, ¿llevas un piercing?
―Sí...
―Joder, qué morbosa eres... me encanta que vayas sin suje, ¿te lo has quitado por mí o has volado así?
―He volado así... ¿se nota mucho que no lo llevo?
―No, pero yo sí me fijo en esas cosas... seguro que tienes unos pechos muy bonitos ―afirmó mordiéndose los labios y mirándome detenidamente, apoyando las dos manos en su barbilla.
La niñata no se andaba por las ramas. Y de repente se acercaron a la mesa dos chiquillas que no tendrían más de quince años.
―Hola, perdona, eres Paula Fornells, ¿verdad?, ¿nos podemos hacer una foto contigo?
―Sí, claro ―y se levantó posando con las dos, mientras la madre de una de ellas les tiraba la foto.
―¡Muchas gracias, tía!, ¡eres la mejor!, te seguimos desde siempre y eres nuestra favorita... ¡jo, qué ilusión haberte conocido!
―Gracias a vosotras ―y se volvió a sentar conmigo, pasando rápido de las dos chicas.
―Vaya, vaya, así que estoy con una famosa... ―bromeé con ella.
―Bueno, ahora me conocen más desde hace un par de meses, me pillaron con un chico que es jugador del Barcelona, solo somos amigos y ya está, nos conocimos en mi fiesta de cumple...
―Sí, algo había leído.
―Así que te has informado de mí, ¿eh?, supongo que te habrá gustado lo que leíste o no me hubieras escrito...
―No te conozco.
―A mucha gente le caigo mal sin conocerme, solo porque ve mis fotos y todos los sitios donde he estado, mi ropa, los restaurantes donde como...
la gente es muy envidiosa, ya sabes, pero yo paso, antes quizás era más niñata y me afectaba, pero ahora no, los tíos, la mayoría son unos pobres loosers que solo me siguen para hacerse pajas conmigo y las tías son peores todavía, ¡son malas y envidiosas!
, son las que me mandan los mensajes más jodidos diciéndome de todo...
, alguno ya te digo que me afectó bastante...
―Tiene que ser dura la vida de influencer.
―Depende de cómo te lo tomes, a mí me gusta mucho, no te voy a engañar, pero para mí no es trabajo, aunque gane bastante dinero, yo no dependo de esto para comer, así que no me vendo a nadie ni a ninguna marca.
Hago solo lo que me gusta. Colaboro con muchas marcas y tal...
y me mandan ropa, bolsos, suplementos de alimentación, pagan bien...
pero ya te digo, solo trabajo con quien quiero, me puedo permitir el lujo de elegir ―y otra vez volvió a tocarse el pelo, pasándoselo al otro hombro.
―¿Y no estudias?
―He terminado bachiller, me examiné de la EBAU, he aprobado como le prometí a mis padres y este año me lo voy a tomar un poco sabático, tengo varios viajes pendientes, y me quiero perder por el mundo, así que si te apetece venirte conmigo...
¿dónde te gustaría que fuéramos juntas?, Bali, Maldivas, Tailandia, Filipinas...
―¡Guau!, esos destinos suenan todos realmente bien.
Continuamos hablando durante otra media hora, de viajes, de moda...
y un rato después, me fijé en que Beatriz también estaba en el Starbucks tomándose un café y un sandwich.
No sé si me estaría siguiendo o había sido coincidencia, tampoco estaba escondida, solo se cogió una mesita libre, situada justo detrás de Paula, y cuando la miré me saludó con la mano y siguió a lo suyo con el móvil.
Paula se giró al ver que le correspondía el saludo y se fijó en Beatriz.
―¿Es compañera tuya?
―Sí, hemos venido juntas...
―¡Está muy buena! ―exclamó y no le faltaba razón. Le había hecho una buena radiografía aunque solo la había visto dos o tres segundos, pero es que llamaba mucho la atención el espectacular cruce de piernas de Beatriz.
―¿También la vas a escribir a ella?, ja, ja, ja...
―No es mi estilo, tranquila..., vaya, parece que te has cortado un poco porque esté ella, ¿te da vergüenza que te vea conmigo?
―No, solo estamos tomando un café...
―Si quieres vamos a otro sitio, ¿te queda mucho tiempo? ―me preguntó mirando la hora.
―Unos cuarenta y cinco minutos, más o menos, luego ya tendría que salir hacia el avión... ¿te apetece otro café?
―Yo había pensando en otra cosa... desde que has llegado, llevo todo el tiempo deseando besarte... ¿te parece bien? ―murmuró acercándose a mí, acariciándome la mano que tenía sobre el vaso.
Y cuando estaba a punto de contestar, se acercaron un grupo de cuatro chicas de distintas edades. Tendrían entre trece y dieciséis años, y la que parecía la mayor se dirigió a Paula.
―¡¡¿Eres Paula Fornells?!!, ¡¡Dios mío!!, no nos lo podemos creer, nos morimos por ti, ¡eres la mejor!, me encanta la ropa que llevas, tu pelo... ¿podemos hacernos una foto contigo?
Me miró como si se disculpara y aceptó su petición a regañadientes. Tuvo que hacerse varias fotos con todas, primero en grupo, luego individual con cada una y las cortó con un educado “muchas gracias, chicas”, porque ellas seguían insistiendo más y más.
―¡Ven! ―me pidió sin tomar asiento, sacando una gorra blanca del bolso para ponérsela y cuando me levanté se acercó a mi oído y me susurró―. Así va a ser imposible ligar contigo, tenemos que ir a un sitio más discreto...
Fuimos caminando por el pasillo del aeropuerto y Paula me preguntó a qué terminal tenía que ir para montar en el avión. Cuando ya estábamos cerca, nos desviamos unos metros y Paula se dirigió a uno de los baños que se encontraban más apartados.
―Aquí no nos molestará nadie... ―dijo tirando de mi mano.
Como una niña pequeña que comete una travesura, me arrastró hasta uno de los reservados y al entrar echó el cerrojo, se quitó la gorra y la guardó en el bolso, que dejó en el suelo.
―No me contestaste a lo que te dije antes ―susurró acercándose a mí.
―¿A qué...?
―A lo de que tenía muchas ganas de besarte... ya sé que no es el sitio más romántico del mundo, pero bueno... ―y se mordió los labios―, también tiene su morbo, ¿no te parece?