Mi primer vuelo 18
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Dos semanas después

Ya me lo advirtió Beatriz. Ser la “elegida” de Ismael iba a poner mi vida patas arriba. Y vaya si lo había hecho.

Aunque se hacía el dormido, yo sabía por su respiración que Sebas estaba despierto. Me senté en la cama y toqué su musculada espalda con ternura, recorriéndola con un masaje suave.

―Me voy, luego te veo, cariño, te quiero mucho.

―Vale... ―gruñó en un tono seco sin darse la vuelta, y me recosté sobre él y le di un beso en la mejilla.

―No me gusta que estemos así...

Ni tan siquiera me contestó y yo salí de la habitación cabizbaja y sintiéndome como una miserable.

Aquella mañana estaba especialmente nerviosa, me tocaba viajar con Ismael y unos días antes se había puesto en contacto conmigo.

Cuando me llegó su mensaje, me pilló en casa junto a Sebas, que al ver que me ponía muy nerviosa, me preguntó quién me había escrito.

Salí del paso como buenamente pude, inventándome una excusa de trabajo, pero yo creo que mi novio no me creyó del todo y se quedó bastante mosqueado.

No llevaba ni una semana con todo aquello y ya tenía a Sebas en alerta.

Por prudencia decidí cambiar el nombre en la agenda y sustituí Ismael por Isa compi, aunque yo sabía que con eso no era suficiente.

Tenía que tener muchísimo cuidado.

Y es que como se suele decir, ya llovía sobre mojado.

Cuando me llegó el whatsapp de Ismael, llevaba una semana dándole evasivas para no acostarme con él y todavía se mosqueó más al ver que yo recibía mensajitos sospechosos.

Para mí tampoco fue nada fácil, además de impedir que Sebas me follara, yo no podía correrme y para que no se molestara en exceso mi chico y disimular un poco, intentaba satisfacerle o bien con una mamada o con una paja.

Ya os supondréis que eso todavía me dejaba más excitada. Más encendida. Y cuando recibí el mensaje de Ismael, me prendí más si cabe. En él me ordenaba que me pusiera en contacto con la chiquilla de Barcelona que había intentado ligar conmigo en el avión para que quedara con ella.

Me sorprendió su petición, pero aun así la busqué en el Instagram y le mandé un privado.

Hola, Paula, no sé si te acordarás de mí, soy Andrea.

Como me pediste que te escribiera.

El día 14 voy a Barcelona, al Prat y tengo un par de horas libres entre vuelo y vuelo. No me da tiempo a salir de allí, pero si puedes o te apetece tomar un café en el aeropuerto.

Ya me dices.

Un besote, muaaaccc.

Sinceramente, pensé que no me contestaría.

Estas chicas suelen ser bastante orgullosas y yo no le había hecho el menor caso cuando me escribió ella.

De hecho, ni me había vuelto a acordar de Paula desde que nos conocimos y antes de revisar su perfil, la busqué en google.

Al parecer era una chica de muy buena familia, sus abuelos eran dueños de muchas gasolineras y negocios, su padre era arquitecto y la madre CEO de una importante compañía eléctrica, pero la primera noticia que me saltó sobre ella, es que era la supuesta novia de un jugador de fútbol de la ciudad condal.

Desde luego que Paula era una buena pija, no había más que ver sus fotos y su nivel de vida, 18 años, cara aniñada, pelo castaño largo y muy rizado, bajita, no creo que midiera más de 1.

55, y sus seguidores no dejaban de subir, lo mismo que su fama.

Circulaban rumores en la prensa del corazón, de que era muy amiga de un jugador del F.C Barcelona, lo que había impulsado su cuenta hasta los 100.

000 seguidores. Tenía muy buen cuerpo, que cuidaba en el gimnasio con pesas y boxeo, delgada, pechos grandes y en un apartado de preguntas en su Instagram, ella aseguraba una y mil veces que eran naturales, aunque no le pegaban mucho en ese cuerpito todavía a medio hacer.

Su culito era pequeño y redondo y lo mostraba con cientos de fotos en biquini en la playa, pero a mí lo que más me llamaba la atención en ella era su increíble melena tan rizada.

No sabía qué me pasaba últimamente con las mujeres.

Nunca me habían interesado y ni tan siquiera tenía la más mínima curiosidad en comprobar lo que se sentiría acostándome con una, pero algo había cambiado en mí desde la noche en la que estuve en la habitación de Sandra, y es que se me venía a la cabeza mil veces la imagen de mi compañera allí de cuclillas, frente al minibar, con ese tanguita negro incrustado en su culo.

Después de Zurich, no volvimos a coincidir en ningún vuelo, aunque sí estábamos en contacto.

Sandra me había escrito varias veces y una tarde libre quedamos a tomar café.

La muy cabrona se presentó en la terracita con el pelo suelto, una minifalda blanca que apenas cubría sus glúteos y una camiseta roja con escote, luciendo sus bonitas tetas.

Cruzó las piernas de manera muy sensual y se subió las gafas de sol, dejándolas sobre su pelo. Estuvimos hablando de nuestros vuelos y enseguida sacó el tema que le interesaba.

―Ayer volví a quedar con Fran... ―me soltó.

―¿Y eso?

―Me escribió él... tomamos algo y después fuimos a su casa... yo creo que esto ya empieza a ser más serio, tía.

―¿Pero te gusta de verdad?

―Sí, claro que sí.

―Pues lo primero que deberías hacer es aclarar qué quieres hacer con tu relación, no puedes estar con Roberto y seguir acostándote con Fran...

―Ya, tía, me siento fatal por Rober... pero es que no quiero dejarlo con él, todavía es pronto, ¿y si no funciona lo de Fran?

―¿Y qué piensas hacer?

―De momento nada, a ver qué pasa estos días... si seguimos así, lo mismo sí debería dejarlo con Rober..., no me gusta hacerle esto, es muy buen tío, aunque ya sé que la primera impresión no es la mejor, seguro que os pareció un poco chulo.

―Bueno, un poco sí, a mí me cayó bien, la verdad, a Sebas no tanto, ya sabes, dos gallos en el mismo corral..., y entonces, cuenta, cuenta, ¿qué tal ayer con Fran?

―Muy bien, jo, tía, hasta me pidió que me quedara a dormir en su piso.

―¿Y te quedaste?

―Sí ―dijo subiendo los hombros y en su cara pude ver que se estaba pillando mucho por el piloto―. Por la mañana fue todavía mejor, allí en la cocina, me presenté desnuda con una camisa suya y me preparó el desayuno...

―¡Ooooh, qué romántico!

―Ja, ja, ja, sí, lo hicimos otra vez y me fui rápido a casa, me pegué una ducha y al gimnasio, que tenía entreno con Rober... te lo juro que no podía ni con el alma.

―Ya me supongo, es lo que tienen las noches moviditas...

Y cuando estaba en la terracita charlando con Sandra, me llegó una notificación de Instagram. La verdad es que es una aplicación que apenas utilizo y cuando vi que tenía un mensaje, me puse muy nerviosa. Ya sabía que era de Paula.

Hola, Andrea!

Q guay que me hayas escrito.

Por mí perfecto, entonces me acerco y tomamos un café? Y lo que surja, jijijijijiji...

Cuanto tienes, dos horas? Suficiente!!

Dime la hora y sitio

Otro beso para ti, muaccc

Adeuuuuuuu

Sí que era directa la pija. ¿Y lo que surja?

, ¿qué se supone que íbamos a hacer en un aeropuerto?

, durante unos segundos me quedé pensativa mientras Sandra seguía hablando, contándome lo guapo que era Fran, lo bien que vestía, la colonia que usaba y cómo era su precioso loft en una de las mejores zonas de Madrid.

Al volver a casa aquella tarde, me estaba esperando Sebas en el sofá, llevaba un pantalón corto y se había quitado la camiseta.

―¿Qué tal con Sandra?, no habréis vuelto a quedar en una cita a cuatro con el imbécil de su novio, ¿no?

―No, no, tranquilo, me ha dado recuerdos para ti... ―y me quité el bolso, dejándome caer en el sofá a su lado―. ¡Menudo calor hace hoy!

―Ni que lo digas... ―afirmó Sebas buscando mi boca.

Tenía ganas de follarme.

Abrí su pantalón y le saqué la polla mientras él colaba un par de dedos por debajo de mi falda vaquera.

Habían pasado diez días de “abstinencia forzada” y yo también estaba que me subía por las paredes.

Empapada. Literal. Sebas enseguida notó mi humedad y me clavó los dedos en el coño, haciéndome gemir.

Me agarré a su cuello, sacudiéndosela a toda velocidad y antes de que me empujara contra el sofá y se pusiera encima, me incliné en su regazo y me la metí en la boca.

La tenía dura. Muy dura. La polla de mi chico estaba jodidamente hinchada y yo me puse todavía más cachonda al tenerla entre mis labios.

Me encantaba chupársela. Era algo que desde siempre me había excitado mucho y además ayudaba que sus dedos me estaban haciendo un trabajo estupendo.

Me daba hasta vergüenza escuchar el chapoteo de mi entrepierna de lo mojada que estaba y todavía succioné con más fuerza, haciendo que Sebas se relajara unos segundos.

―Joder, Andrea, si sigues así me voy a correr...

―¡Córrete, nene!, ¡¡córrete!! ―y aceleré los movimientos con la mano, mientras le pasaba la lengua por su sensible glande.

―Aaaaah, hoy quería follarte, llevamos muchos días sin...

―Ssssssh, córrete, ¿es que no quieres correrte en mi boca?

―Sí, pero, aaaaahhhgg, joderrrr, Andrea...

Apreté los muslos, atrapando sus dedos entre mis piernas y de repente noté que mi chico se ponía rígido.

Me agarró el pelo con fuerza y su primitivo gemido me indicó lo que venía a continuación.

Su caliente leche salió disparada y yo seguí chupando mientras Sebas se retorcía en el sofá, soltando cantidades ingentes de semen.

Después se lo escupí encima, pasándole la lengua por todo el tronco y de repente sentí que mi orgasmo estaba muy cerca.

Abrí los ojos de par en par, en estado de alerta y le retiré la mano.

―Mmmmm, vale ya, ¡uf, me ha encantado!, ya me he corrido, me he quedado muy a gusto ―le mentí con la voz temblorosa.

―Ah, ¿sí?

―Claro..., ha estado genial, bueno, voy a la habitación, que ni me has dejado cambiarme...

―Es que tenía muchas ganas, llevas unos días muy rara, ¿te crees que no me he dado cuenta de que no quieres follar conmigo?