Mi primer vuelo 16 #2
32%

16 #2

Reconozco que me sentí muy decepcionada porque nuestro primer encuentro terminara así.

Me encantaba someterme a Ismael y necesitaba correrme antes de irme de su habitación.

Tenía el orgasmo latente, a punto de salir de dentro de mí.

Me apoyé en la mesa y comencé a subirme los pantalones ante la atenta mirada del Comandante, que parecía impaciente porque me fuera ya de allí.

―No me he corrido... ―le informé mientras me ponía también la camiseta.

―Lo sé, me gusta que estés tan excitada, así os volvéis más dóciles y sumisas..., ¿te gustaría hacerlo? ―me soltó situándose detrás de mí, colando sus manos entre mis piernas de manera brusca.

―Aaaaaah, sí...

―Dímelo, Kira...

―Mmmm, ¡quiero correrme!

―¿Estás segura?

―Sí, sí, aaaaah...

―De momento vamos a esperar un poco, dentro de dos semanas volveremos a coincidir en un puente aéreo a Barcelona, ese día te dejaré que lo hagas ―aseguró restregándome los dedos por la entrepierna.

―Aaaaah, ¿dos semanas?

―Sí, ¿crees que podrás aguantar?

―Sí, mmmmm... ―murmuré, acompasando el movimiento de mi cadera con el de sus dedos.

―Y a partir de ahora, cuando estés conmigo o vayamos a vernos, siempre tienes que ir sin la ropa interior, no lo olvides... no podemos coincidir en ninguna estancia y que tú la lleves, da igual si es el avión, en un briefing, en el hotel, o donde sea... ¿entendido, Kira?

―Sí.

―Está bien, ya puedes irte a tu habitación. Mañana nos vemos... ―se despidió sacando la mano, dejándome otra vez a punto de llegar al orgasmo.

―Hasta mañana...

―Por cierto, has hecho muy buen trabajo ―dijo mirando su maleta―. Me gusta que seas tan ordenada y que coloques tan bien la ropa... ¡es muy importante para mí!

―De acuerdo...

―Y ahora sal y cierra la puerta.

Sin tiempo que perder, regresé rápido a mi habitación para no cruzarme con nadie. Por suerte, ya no se escuchaba nada en la de mi compañera, aunque tenía varios whatsapps de ella de hacía un rato.

Sandra 23:36

Ya se ha ido

Quieres hablar?

...

Estás ahí?

Antes de contestar, me lavé los dientes con calma, me desnudé por completo y me metí en la cama.

Andrea 00:07

Sí, sí, estoy aquí, perdona que estaba con los cascos y ni me he enterado

Sandra 00:07

Ah, vale, perdona

No te habremos molestado mucho?

Andrea 00:08

En absoluto

No te preocupes

Espero que lo hayas pasado bien

Sandra 00:09

Muy bien, tía

Cada día mejor

No sé, creo que me estoy empezando a encoñar de este cabrón...

Andrea 00:09

Sandra, nooo!

Tú misma lo has dicho, es un cabrón

Sandra 00:10

Ya lo sé, pero es que en cuanto me pone esa sonrisita

No lo puedo evitar...

Me gustan los malos

Siempre me pasa lo mismo, no voy a aprender en la vida

Y este es tan guapo...

Joder, dirás que soy idiota

Andrea 00:10

Que noooo

Ya sabes que yo te quiero igual

Jajaja

Sandra 00:11

Muchas gracias, tía...

Me encantaría ir a verte y hablar un poco, pero estoy desnuda en la cama

Y me da perezota...

Andrea 00:11

Pues casi mejor que así no vengas, eh

Jajaja

Yo también estoy desnuda

Sandra 00:12

Mmmmmm

Oye, y lo de antes iba en serio

Si un día te apetece probar con una chica

Dímelo y lo probamos juntas

Andrea 00:13

Jajaja

Hasta mañana, amor, un beso

Sandra 00:14

Un besazo, muacccc

Eres la mejor

Estaba demasiado cachonda como para tener ese tipo de conversación.

Y antes de decir algo de lo que en un futuro me pudiera arrepentir, preferí despedirme de Sandra.

Al apagar las luces me encontré sola, en la oscuridad de la habitación y ese fue el momento en el que se me vino a la cabeza lo que había sucedido durante todo el día.

No sé por qué, el primer pensamiento fue a la conversación que acababa de tener con Sandra. La pobre estaba muy perdida y sentí pena por ella, aunque recordé cuando se puso de cuclillas en el mueble bar con aquel tanga negro incrustado entre sus glúteos.

¡Cómo le gustaba provocarme a la cabrona!

Y después pensé en Ismael. Si Sandra estaba perdidita, ¿qué podía decir de mí misma?

, llevaba en el cuello un colgante que el piloto me había regalado, con el que me marcaba como suya, me acababa de bautizar de nuevo con un nombre que me excitaba sobremanera cada vez que lo escuchaba y había firmado un contrato en su habitación, con el que me comprometía a cumplir unos cuantos deberes o sería castigada por él.

Mi respiración era de todo menos pausada, me costaba coger aire y al soltarlo de mi interior, me salía una especie de jadeo.

La cara interna de los muslos me quemaban y clavé mis dedos en ellos, con unas ganas locas de acariciarme el coño.

Atrapé las manos sin llegar a rozar mi sexo y moví las rodillas, frotándolas arriba y abajo.

Me retorcía de un lado a otro de la cama, tratando de no masturbarme, aunque eso no lo tenía prohibido. Pero sabía que si empezaba ya no iba a haber marcha atrás. Pocas veces había estado tan excitada y me situé bocarriba, con las piernas abiertas.

“No, joderrrr, aaaaaah, no lo hagas”.

Rodeé el ombligo con mi dedo y lo fui descendiendo hasta que llegué al coño. Mis caderas se tensaron con un leve roce y lo situé en el centro de mi sexo. Lo moví en círculos, muy despacio y tras soltar otro gemido, me clavé un par dedos.

“Aaaaaah, Diosssss”.

Levanté y dejé caer el culo sobre la cama, masturbándome con un sentimiento de culpabilidad que todavía hacía que incrementara más el placer. Aquello estaba muy mal y sin embargo, me ponía terriblemente cachonda.

“Mierda, voy a correrme, mierda, mierda, aaaaaah”.

Mis dos dedos entraban y salían con suavidad, soltando cantidades ingentes de flujo que se fueron depositando sobre las sábanas. Me apreté los pechos con la mano libre, pellizqué mis pezones y antes de gritar, me tapé la boca con la mano.

Ahogué como pude mis gemidos rabiosos, y al sentir que mi orgasmo comenzaba a brotar en lo más profundo, puse los dedos en forma de V invertida, acariciándome el clítoris y aumenté la presión a la que me rozaba.

“Aaaaah, joder, no puedo mássss, aaaaaah”.

Un fuerte temblor me sacudió por completo y me mordí el puño justo cuando empecé a correrme con una intensidad hasta ahora desconocida para mí.

Cerré los ojos y fantaseé con Ismael, no habían pasado ni treinta minutos desde la firma y ya estaba incumpliendo el punto de 3 de mis deberes.

Eso no impidió que mi orgasmo fuera brutal, excelso, un gustazo con el que liberaba la tensión de todo el día.

Luego me dejé caer en la cama, derrotada, vacía.

Me arrepentí al instante de lo que acababa de hacer, pero la culpa también había sido de Ismael.

El muy cabrón me había dejado demasiado cachonda en su habitación y yo ya se lo había advertido.

De repente tenía mucho calor y me sobraba hasta la fina sábana, que aparté, desnudando mi cuerpo todavía con la respiración acelerada.

Ya no había vuelta atrás. Me había portado mal y ahora tenía que esperar mi castigo. No le iba a hacer mucha gracia a Ismael cuando se lo contara... aunque tampoco tenía por qué hacerlo, ¿no?