Mi primer vuelo 13
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Su cruce de piernas era realmente espectacular.

Me quedé unos segundos turbada por su imponente presencia, y a pesar de mi altura, medio desnuda y envuelta en una toalla, me sentí muy pequeña al lado de Beatriz. La falda se le había subido al sentarse y me mostraba orgullosa sus muslos duros y prietos.

¡De un primer vistazo no era una mujer de las que llamaba la atención, pero si te fijabas bien en ella, estaba jodidamente buena!

Yo me encontraba un poco nerviosa, pues no sabía qué es lo que quería Beatriz, y es que desde el primer día, en el que pillé a Ismael entrando en su habitación, ella había estado muy pendiente de mí, observándome a cada momento, como si quisiera decirme algo.

Y ahora, allí la tenía sentada a mi lado. Carraspeó antes de empezar a hablar, pero se quedó en silencio, pensando bien lo que iba a decir.

―Pues tú dirás... ―quise empezar, al ver que no terminaba de dar el paso.

―La primera noche que estuviste en este hotel, viste a Ismael entrar en mi habitación de madrugada...

―Bueno, no sé si era la tuya...

―Claro que era la mía, solo quería explicarte lo que...

―A mí no tienes que darme ninguna explicación, Beatriz, somos compañeras y ya está. Nos llevamos muy bien y lo que haga cada una en su vida privada es muy personal, yo ahí no me voy a meter...

―Sé que estuviste con Ismael en la cafetería, me lo contó...

―Ah, ¿sí?, bueno, eeeeeh, nos quedamos a tomar algo, pero no pasó nada entre nosotros.

―Conmigo no hace falta que disimules, Andrea. Has tenido una primera toma de contacto con Ismael, y te está tanteando, aunque no le haga falta...

―¿Que me está tanteando?, ¿a qué te refieres?

―Ya te he dicho que no tienes que disimular, ¿te crees que no me he dado cuenta de que no llevas ropa interior cuando te toca volar con Ismael?, te lo ordenó él, ¿verdad?

―Prefiero no hablar de eso, Beatriz ―dije avergonzada―, lo que tú tengas con él es cosa vuestra, a mí no me metáis en vuestros líos...

no quiero saber más de este tema, y ahora por favor, si me dejas, quiero ducharme ―dije muy seria poniéndome de pie, pero Beatriz siguió sentada en la cama, sin moverse lo más mínimo.

―Me imagino que llevarás unas semanas confundida, a mí me paso igual al principio, no entendía por qué me comportaba así, me pensaba que era una idiota, casada, con dos hijos, estaba bien con mi marido, tenía una vida normal, tranquila, rutinaria...

, no me faltaba de nada, hasta que se cruzó Ismael en mi camino...

―¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

―Siéntate, por favor, esto que tengo que contarte es muy importante...

―Está bien, pero...

―A ver, por dónde empiezo, ¡uf, son tantas cosas! ―exclamó alisándose la falda y después se tocó el colgante dorado que llevaba en el cuello―. Ya te habrás dado cuenta de cómo es Ismael, le gusta dominar, llevar el control, que se haga lo que él dice...

―Sí.

―Pues es así en todos los aspectos de su vida, ya me entiendes, conmigo apenas tardó unos minutos, como si me hipnotizara, estábamos hablando y de repente, ya estaba obedeciendo sus órdenes...

es algo muy extraño, solo las que lo hemos vivido lo podemos entender, aunque no sepamos explicarlo.

Ismael tiene algo especial, es un seductor, un mujeriego empedernido, se comporta de manera ruda y a veces hasta soez, va tejiendo una tela de araña y te atrapa sin que te enteres y cuando ya no puedes salir, lo que más le gusta es someternos, se excita a través de la sumisión...

―¿Por qué me cuentas esto, Beatriz?

―Te crees que todavía puedes controlarlo ―sonrió tímidamente como si se apiadara de mí―, ahora lo ves como un juego inocente, no le das mucha importancia, vale, sí, te parece muy morboso lo de quitarte la ropa interior porque él te lo ha dicho, y cuando aterriza el avión estás excitadísima, te pasas el día mirando el móvil a ver si te manda algún mensaje...

, todo eso lo he vivido yo... y lo sigo viviendo ―afirmó moviendo la cabeza.

―No sé qué decirte... ―y me encogí de hombros―, la verdad es que me da bastante corte hablar esto contigo...

―No somos las únicas, Ismael tiene muchas como nosotras.

―¿Cómo nosotras?

―Sumisas. Bueno, más bien, tenía, hasta que se mató su hija en un accidente de tráfico, algo se murió con él ese día, pensé que nunca más sería el mismo, estaba apagado, vacío...

, y desde que se encontró contigo en el bar, aquella noche lo cambió todo, no sé qué pasaría entre vosotros, pero Ismael ha vuelto...

―No pasó nada ―le mentí, aunque el color de mis mejillas al ruborizarme me delató.

―Se presentó en mi habitación, llevaba años desaparecido, apenas hablaba conmigo, salvo en el trabajo para cosas estrictamente profesionales y aquella noche vino fuera de sí, nervioso, alterado...

¡vivo de nuevo!, y creo que ha vuelto con más fuerza si cabe...

ya te he dicho antes que tenía muchas sumisas, pero solo una es la “elegida”. Y esa era yo. Bueno, soy yo...

―Vale, ¿y...?, ¿eso qué tiene que ver conmigo?

―Ismael tiene una nueva ilusión, ha visto que tienes alma de sumisa, puede verlo ahí ―dijo apuntándome con el dedo entre los ojos―, lo huele a kilómetros de distancia, como un cazador con una presa, y una vez que empiece contigo no te va a dejar escapar, te llevará al límite, incluso más allá...

además, es obvio que le resultas muy atractiva físicamente, eso desde luego que es un plus también...

Las palabras de Beatriz me pusieron muy nerviosa y aunque intenté aparentar estar tranquila, ella se dio cuenta del efecto que había causado en mí lo que me estaba contando. Era verdad todo lo que había dicho, no lo podía negar, pero no sabía a dónde quería llegar mi atractiva compañera.

¿Qué era exactamente lo que quería de mí?

Enseguida me sacó de dudas.

―Todo esto te estará sonando extraño, como si fuera irreal, pero te aseguro que no lo es...

déjame que te lo explique, ya te he dicho antes que Ismael tenía muchas sumisas, muchísimas, pero solo una es la “elegida”, la más especial, con ella tiene un trato distinto...

e Ismael es muy estricto en ese sentido, jamás incumple las normas...

―¿Qué normas...?

―Son varias cosas, ya te enterarás, tú solo tienes que cumplirlas y él a cambio, no puede mantener relaciones sexuales con nosotras, pero con las otras sumisas sí...

―me respondió―, al menos de manera plena, está prohibido cualquier intercambio de fluidos entre nosotros, ya entenderás lo que eso engloba: besos, sexo oral, penetración, por supuesto...

―¿Y todo eso dónde me deja a mí?, porque no sé lo que me quieres decir... ¡suéltalo!

―Espera, es muy importante que lo entiendas, cuando empecé con esto experimenté cosas increíbles, me pasaba el día pensando en él, no lo podía evitar, cada segundo solo tenía a Ismael en la cabeza, me provocaba una sensación interior muy intensa, jamás pensé que se pudiera sentir nada parecido, y eso por supuesto que afectó a mi relación de pareja, y después a mi vida personal, a mi familia, los amigos, mi ocio...

mi cabeza, ¡pump!, se reseteó por completo...

, era como un robot... no podía hacer nada, Ismael anuló mi voluntad por completo, ¡y a mí me encantaba sentirme así!

..., con las otras sumisas era distinto, solo las quería para follar y ya está...

pero a la “elegida” tenía que darle un tratamiento especial...

―Yo no me he acostado con él... ni lo voy a hacer... por lo que no me considero como una de sus sumisas...

―A mí no tienes que mentirme, si no te has acostado con él estarás deseando hacerlo, y solo yo podré ayudarte cuando...

―No te estoy mintiendo ―la interrumpí.

―La primera “elegida” fue su segunda mujer, Ismael se quedó tan pillado que hasta se casó con ella; unos años más tarde se encaprichó de una de las camareras de la cafetería en la que él desayunaba todos los días, seguía casado, pero eso le dio igual, después vino Susana, era sobrecargo en nuestra compañía, aunque ya no trabaja con nosotros y bueno...

yo soy la cuarta..., es la costumbre, la tradición, Ismael lo quiere así...

y así empezó todo hace muchos años, su mujer quedó para hablar con la camarera y le advirtió de lo que le pasaría si aceptaba ser su “elegida”; ella no lo dudó ni un segundo, le tomó el relevo, hasta que Ismael encontró a otra...

―Susana...

―¡Exacto!, y años más tarde se repitió la historia, la camarera habló con Susana y por último Susana me advirtió a mí, de esto ya hace bastante tiempo...

y ahora, mirando hacia atrás pienso, ¿ha merecido la pena?

, reconozco que ha sido duro, ya lo creo que sí, noches en vela, nervios a flor de piel cada día, cada minuto, cada segundo...

, y yo, pues bueno, podría decirse que he tenido “suerte” más o menos por lo del accidente de su hija, Ismael se olvidó de mí durante bastante tiempo y poco a poco me fui desenganchando de él, que el tiempo todo lo cura es una gran verdad...

, hasta el otro día que se presentó en mi habitación.

Ya te he dicho que Ismael estaba muy apagado, pensé que se jubilaría y se olvidaría de todo esto, que ya pasaba de nosotras... , y entonces apareciste tú.

―Siento haberlo removido, me dio pena y me quedé a tomar una copa con él, yo no quería que eso te afectara y...

―Este colgante se lo regaló Ismael a su primera mujer... ―me dijo cogiéndolo de su pecho y mirándolo detenidamente―. Es de oro y lleva un pequeño diamante incrustado, la luna dentro del círculo simboliza la sumisión...

―Es muy bonito...

―Su mujer se lo cedió a la camarera... y cada “elegida” se lo ha ido pasando a las otras, sucesivamente. Así hasta que llegó a mí... ―afirmó apretándoselo con fuerza contra su pecho, envolviéndolo con el puño.

―¿Y ahora, qué pasa?, ¿necesitas mi ayuda?, ¿estás bien, Beatriz?, ¡estás temblando! ―y puse una mano sobre su hombro para que se tranquilizara.

―¿Es que no lo entiendes todavía?

―¿Entender el qué...?

Beatriz agachó el cuello, se echó las manos a la nuca y se desabrochó el colgante. Lo escondió en su mano, se tocó el pecho desnudo, como si la faltara algo y después extendió el brazo.

―Tú eres la siguiente, Andrea. La quinta y última elegida. Contigo se cierra el círculo ―y abrió la mano, mostrándome el curioso símbolo brillando entre sus dedos.

Mi pecho comenzó a latir con fuerza y negué con la cabeza.

―¿Yooooo?, no, no, no, ¡no lo quiero!... paso de eso...

―Ya se lo he dicho a Ismael, todavía no estás preparada, pero no ha querido escucharme, se ha encaprichado de ti...

―¿Ismael te ha pedido que vengas a hablar conmigo?

―Por supuesto. Yo no estoy aquí por voluntad propia...

¡ahora la decisión es tuya!, yo ya te he dicho lo que te pasará si aceptas...

tu vida cambiará por completo... y no volverás a ser la misma Andrea...

, ¡abre la mano! ―y me agarró de la muñeca para que lo hiciera, dejando el colgante en mi palma―.

No es una decisión sencilla de tomar; tienes unas horas hasta mañana por la mañana.

Lo siento, Andrea. Si aceptas solo tienes que ponértelo al cuello e Ismael lo verá.

A partir de ese momento serás la “elegida”...

―dijo poniéndose en pie y abriendo los brazos.

―No pienso ponérmelo.

―¡Ojalá!, así seguiría siendo mío... pero las dos sabemos que eso no es verdad, ¡claro que lo harás!

, ya no hay vuelta atrás, Andrea, Ismael te ha elegido y tú aceptarás...

―afirmó y me acarició el pelo con ternura antes de darse media vuelta y salir de la habitación, dejándome allí sola con el colgante en la mano...