Mi primer vuelo 12
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Un par de semanas más tarde me tocaba volar de nuevo a Zurich. Se repetía el mismo patrón que mi primer día de trabajo, ida y vuelta por la mañana, ida por la tarde, pasábamos la noche en la capital suiza y de vuelta a Madrid al día siguiente bien prontito.

Y además se repetía la tripulación al completo. Fran e Ismael como pilotos, Leticia de sobrecargo, Beatriz, Sandra y yo.

Hacía varias semanas que no tenía noticias de Ismael, cosa que me sorprendía bastante.

Desde el último puente aéreo que coincidimos, no lo había vuelto a ver y tampoco se había puesto en contacto conmigo en forma de mensaje.

¿Es que ya se habría olvidado de mí? Ojala que sí, y es que todavía recordaba cómo me ordenó masturbarme en el baño y yo como una idiota lo hice, alcanzando el orgasmo en apenas un minuto.

Confieso que por la noche me costó conciliar el sueño. Estaba muy alterada, con los nervios a flor de piel y con esa excitación latente a punto de explotar dentro de mí. Frente al espejo me fui poniendo el uniforme y miré a Sebas durmiendo bocabajo. Fue como un deja vu.

Igual que el primer día.

Y cuando ya estuve vestida y con la maleta preparada, me di los últimos retoques frente al espejo y antes de salir de casa, metí las manos por debajo de la falda y me quité las braguitas. Lo hice casi sin pensar, de manera automática. No quería que Ismael se enfadara y mucho menos que me castigara.

Ya me lo había advertido la otra vez. Si volvía a incumplir sus órdenes, el siguiente castigo sería físico.

El viaje en coche hasta el aeropuerto fue una tortura.

Me calentaba sobremanera ir sin ropa interior para satisfacer a Ismael, me hacía sentir sucia, lasciva, sumisa, y cuando me bajé del coche, tenía mi entrepierna más húmeda de lo normal.

Antes de llegar al briefing me metí en uno de los baños de la terminal y quise imitar a Beatriz, primero quitándome la camisa y luego el sujetador, desnudándome de cintura para arriba, antes de volver a colocarme la camisa, anudándome un pañuelo al cuello para intentar disimular los pezones rozando la tela.

Tendría que perfeccionar la manera de colocar el pañuelo, porque desde luego que a mí no me quedaba tan bien como a Beatriz y por más que tiraba de las puntas hacia abajo, estas se levantaban descubriendo mis pezones, que por supuesto estaban completamente erectos.

Me recompuse la camisa frente al espejo, metiéndola bien por dentro de la falda y me retoqué el moño del pelo y el maquillaje.

Yo me veía muy guapa, con un brillo intenso en la piel, los labios hinchados y húmedos y un color especial en las mejillas.

El corazón ya me latía a toda velocidad, apenas faltaban tres minutos para el comienzo de la reunión y salí decidida hasta la salita asignada a tal efecto.

Al llegar ya estaban todos.

Leticia miró el reloj impaciente, aunque no pudo decirme nada, pues había llegado treinta segundos antes de la hora asignada.

Y todos se giraron hacia mí y de repente se hizo el silencio, con lo que todavía consiguieron que me ruborizara más.

Sandra sonrió y luego me fijé en los dos pilotos, que se encontraban apartados en una mesita, tomando un café.

Fran Lomas me saludó con la mano y yo le correspondí e Ismael se me quedó mirando y afirmó con la cabeza.

Solo pude aguantarle el puso tres o cuatro segundos y después retiré la mirada.

Parecía satisfecho y como si tuviera superpoderes, estaba claro que ya había adivinado que no llevaba la ropa interior debajo del uniforme.

Me acerqué hasta Sandra y apenas pudimos hablar ni cinco segundos, pues enseguida comenzó Leticia.

―Bueno, ya estamos todos, podemos empezar... cuando se siente Andrea...

―Sí, perdón... ―y tomé asiento junto a mi compi.

―¡Qué guay, tía!, tenía muchas ganas de que me volviera a tocar contigo ―dijo Sandra muy emocionada y me dio la mano, entrelazando sus dedos con los míos.

Escuchamos atentas las consignas de Leticia y cuando terminó el briefing me tomé un café rápido con Sandra y Beatriz, en la que con las prisas, no había reparado en su presencia.

Se había atado el pañuelo al cuello, igual que yo, y le caía perfecto hacia abajo hasta cubrirse los pezones, pero era más que evidente que ella tampoco llevaba sujetador.

Vi cómo se quedó prendida de mis pechos y sin que se lo pidiera se ofreció a ayudarme.

―Te queda muy bien el pañuelo ―me dijo Beatriz―, aunque si quieres te puedo echar una mano con el nudo...

―Eh, sí, claro, claro, soy un poco desastre para estas cosas ―y mientras yo hablaba, ella se situó detrás de mí y me lo soltó.

No sé cómo lo hizo, pero de repente mi pañuelo tenía más caída y pudo ocultarme en parte, la erección de mis pezones. Luego nos miramos cómplices, pendientes la una de la otra, sin tan siquiera escuchar lo que decía Sandra.

―Esta noche salimos a tomar una copa, eh...

―Yo paso, conmigo no cuentes ―le advertí.

―Vamos, tía, no seas cabrona, seguro que lo pasamos bien.

―Bueno, luego hablamos, no te pienses que te vas a quedar descansando tranquilamente en el hotel... ―me amenazó Sandra.

―Venga, chicas, nos vamos ―intervino Leticia―, y cuidado con esos cafés, no os vayáis a manchar los uniformes...

―Sí, mamá ―susurró Sandra cuando la sobrecargo pasó a nuestro lado, sin que ella lo escuchara, provocando las risas de las tres.

Por el pasillo de la terminal se formaron varios grupos claros; Sandra y yo en el medio, Leticia y Fran que iban los primeros y detrás de nosotras Ismael y Beatriz.

―Ya está zorreando con Fran... joder, me da hasta pena ―me soltó mi compañera, que no soportaba ver a Leticia con el piloto.

―¿Y tú qué tal con él?

―Bien, la semana pasado volvimos a acostarnos, y hoy como si nada, casi ni me ha saludado el muy imbécil...

―¡Qué capullo!

―Hoy no pienso decirle nada, mira, que haga lo que quiera, si le apetece follarse a esa zorra pues que le aproveche, yo no voy a ir detrás de él como una niñata...

―Haces bien, Sandra... y además ya sabes cómo son estos, basta con que se den cuenta de que vas detrás de ellos para no hacerte ni casito...

―Por eso.

―¿A ti te apetece estar con él?

―Bueno, llegado el momento ya veremos, si surge o no... y cambiando de tema, oye, me encantó lo de mandarnos mensajitos después de... mmmmm, ya sabes, me puso mucho, tía, es una pena que estos no congeniaran para repetirlo, ya sé que Roberto es a veces un poco impertinente...

―No, no se cayeron muy bien, tuve que dar lo mejor de mí para que a Sebas se le pasara el cabreo, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja, solo Roberto sabe sacar de sus casillas así a la gente, pero bueno, es su manera de ser... luego tampoco es tan mal tío y en lo suyo es muy muy bueno...

―No, ya lo veo... no hace falta que lo jures, ¡menudo cuerpo tienes! ―quise tirarle un piropo a mi amiga.

―La que también está buena es Beatriz, de un tiempo a esta parte, ¡madre mía cómo se ha puesto!, ¿has visto qué culo y qué piernas tiene?

―Sí, ya lo creo... tiene unos muslazos impresionantes...

―¿Verdad que sí...?

∞∞∞

―Estarás contento, ¿no?, ya cumple tus órdenes sin rechistar, hoy hasta se ha quitado el sujetador también... ―le dijo Beatriz mientras caminaban por el pasillo de la terminal hasta el avión.

―Lo sé..., ya sabes que hoy es tu último día, esta noche tienes que ir a hablar con ella.

―¿Esta noche?

―Sí...

―¿Y si se niega...?

―No lo hará, Chloe.

―¿Seguirás llamándome así?

―No, mañana ya serás Beatriz, quedarás liberada de todas tus obligaciones...

―Ismael, entiendo que la hayas elegido a ella, la verdad es que es muy guapa, es buena chica, y tiene un cuerpo muy bonito, sobre todo esas piernas...

―dijo mirando los glúteos de Andrea moviéndose a cada paso que daba―, pero te pediría que lo reconsideraras, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa que me pidas... ¡por favor, no me cambies por ella!

―¿Hiciste lo que te pedí?

―Sí...

―Cuéntamelo.

―Me he acostado con un chico del gimnasio... tiene veintitrés años... después de entrenar le invité a tomar un café y bueno...

―¿Dónde te lo follaste?

―En el coche... fui bastante directa, le dije si tenía algo que hacer, que podíamos ir a dar una vuelta después del café... y lo pilló a la primera.

―¿En tu coche o en el suyo?

―En el mío, hay un pinar cerca, aparcamos en un sitio apartado y lo hicimos allí... fue bastante rápido... me senté encima de él y terminó en un par de minutos...

―¿Te corriste?

―No... solo estaba cachonda porque lo hacía para ti... ¿sabes?, le dije que me llamaba Chloe...

―¡Qué zorra eres!

―Ahora ni le saludo en el gimnasio.

―Buena chica, aprovecha que hoy es tu último día... luego cuando estemos en Zurich, pásate por mi habitación.

―De acuerdo, muchas gracias...

∞∞∞

No me separé de Sandra en todo el día. Viajamos hasta Zurich ida y vuelta y después picamos algo que nos habían preparado en una de las salitas de la compañía.

Por la tarde volvimos a salir para Suiza y durante toda la jornada, mi compañera, aunque es verdad que no habló con Fran ni una sola vez, estuvo pendiente en todo momento de sus movimientos, esperando que fuera él el que se acercara a hablar con ella.

Pero el piloto no le hizo ni caso, pasó de Sandra olímpicamente y no solo eso, es que parecía que ya había hecho planes con Leticia, cuando les vimos hablando durante la comida y se despidieron con un “vale, luego nos vemos”, que soltó bien alto la sobrecargo para que todos lo escucháramos.

Llegamos al mismo hotel de Zurich ya bien entrada la tarde y mientras caminábamos con nuestras maletas de mano por los pasillos del hotel, Sandra me sugirió que saliéramos por la noche a tomar una copa.

―De verdad que no me apetece, Sandra...

―Venga, tía, no seas así, no me dejas sola.

―Es que no me apetece nada arreglarme y... ¡uf, qué pereza!

―¡Jo, de verdad!, para una vez que nos toca juntas y encima podemos aprovechar.

―¿No te ha dicho nada Fran? ―pregunté con la esperanza de que tuvieran una cita.

―No, creo que ha quedado con Leticia... ―murmuró, pues justo en ese momento pasaba a nuestro lado junto con Beatriz.

Y la sobrecargo se nos quedó mirando con una sonrisilla de superioridad que enervó todavía más a mi compi.

―¡Y una mierda! ―soltó cuando las dos se metieron en sus respectivas habitaciones―. Si esta se piensa que voy dejar que se vaya con Fran así de fácil, lo lleva claro...

―¿Y qué vas a hacer?

―Fastidiarles el plan, solo por putear a esta idiota merecerá la pena rebajarme un poquito... venga, porfi, porfi, ven con nosotras, no me dejas sola con Fran y Leticia, así no cantará tanto...

―Lo siento, Sandra, esta vez no...

―Jooooo...

―Bueno, voy a ver si me pego una ducha, que tengo unas ganas locas de quitarme el uniforme, tenemos una horita y media ahora, si me tumbo yo creo que me duermo...

―¿A las 20:30 quedamos para cenar?

―Vale, pero no te pongas tan guapa como el otro día...

―Eh, recuerda que yo voy a salir, tengo que ponerme presentable... voy a mandarle un mensaje a Fran ahora...

―Está bien... en un ratito nos vemos... ―le dije entrando en mi habitación.

El día se me había hecho largo. Demasiado.

Estaba deseando quitarme el uniforme. Había tenido que estar muy pendiente intentando que apenas se notara que no llevaba sujetador bajo la camisa, pero sobre todo en no manchar la falda.

Y es que según transcurría la jornada, fui notando que mi humedad no dejaba de ir en aumento.

En el último vuelo, mientras el avión despegaba, levanté mi faldita al sentarme y crucé las piernas.

Me puso extremadamente caliente el roce de la cara interna de mis muslos, y sentí una necesidad imperiosa de masturbarme.

Cada vez que me levantaba de la silla, me tocaba pasar un pañito con disimulo, y luego lo dejaba en el reposa brazos para que Sandra no se diera cuenta.

Además, no sé si había sido cosa mía, pero notaba que Beatriz estaba muy pendiente de mí; y es que me inquietaba desconocer su relación con Ismael. Lo único que sabía es que ella también obedecía sus órdenes y que ya de madrugada, el Comandante terminó en su habitación.

Fue casi una liberación cuando por fin me desnudé y me dispuse a meterme en la ducha. Sin embargo, antes de entrar, escuché que alguien llamaba con los nudillos en la puerta de mi habitación.

¿Quién sería?

Mi primer pensamiento se fue a Sandra, y envolví mi cuerpo desnudo en una toalla, pero según avanzaba hacia la puerta tuve mucho miedo de que al abrir me encontrara allí delante al corpulento Comandante.

Me aterraba la idea de que Ismael se presentara en mi habitación y con el corazón latiendo a toda velocidad, abrí la puerta y asomé la cabeza.

―Hola, Andrea... perdona que te moleste... si te pillo mal vengo luego, eh... ―me dijo Beatriz―. Me gustaría hablar contigo...

―Bueno, me iba a duchar... ¿pasa algo?

―No, no, tranquila, estoy en la 411, cuando termines, ¿puedes venir tú?, es importante...

―Eh, vale... da igual entra si quieres...

―¿Estás segura?

―Sí, claro, ¿de qué se trata...?

―Está bien ―afirmó Beatriz que apenas había tenido tiempo de dejar la maleta en su habitación, presentándose con el uniforme―. Ven aquí conmigo, por favor ―me pidió sentándose en el borde de la cama, dando unos golpecitos con la mano para que la acompañara...